Ficciones barrocas
Edgardo Scott *


Ficciones barrocas, de Carlos Gamerro
(Eterna Cadencia, 210)

Siempre es bienvenido un libro de ensayos literarios, y al menos en mi caso, más aun si esos ensayos están escritos por un escritor de ficciones. Deliberada o involuntariamente, cuando analizan un texto de ficción ajeno, los escritores suelen ser muy subjetivos; van a encontrar en el texto aquella idea o formulación que ya han cerrado en su cabeza. Pero sin embargo, la mayoría de las veces, las lecturas de los escritores de ficción, tan intuitivas, inexactas, o forzadas, suelen iluminar y enriquecer, acaso como ninguna otra, al texto elegido. No por nada los que suelen rescatar a grandes escritores de no caer en el olvido, son otros escritores. En este libro, Carlos Gamerro -uno de los autores de ficción más importantes de las últimas décadas- no necesita ni pretende rescatar a ninguno de los autores que analiza. Ni Borges, ni Bioy Casares, ni Felisberto Hernández, ni Cortázar, ni Onetti, ni, incluso, Silvina Ocampo es probable que vayan a ser olvidados. Pero de manera directa o indirecta, Gamerro provoca al agruparlos en torno a la noción de ficción barroca, una serie de preguntas y relecturas que no sólo alteran el punto de vista que cada lector pueda tener de aquellos escritores sino que también interpela las tradiciones y rupturas de los autores argentinos contemporáneos, tanto de la generación de Gamerro (Kohan, Ferreyra, Jarkowski, Muslip, Casas, Becerra, Ramos, etc.), como de las posteriores.

Ficciones barrocas está compuesto por seis ensayos, escritos en diferentes momentos y circunstancias, pero que -advierte el autor- siempre fueron pensados como capítulos de una misma unidad. El primero de los ensayos introduce y sitúa el tema: para Gamerro las ficciones barrocas son/serán aquellas que trabajan una realidad con pliegues. Las ficciones son barrocas cuando complejizan la realidad de la ficción, cuando no trabajan con una realidad única. Sin importar que esa realidad sea una realidad "naturalista", "fantástica", propia del "realismo mágico", o de la "ciencia ficción". El caso es que, para Gamerro, hay en la ficción realidades compactas; realidades homogeneas, coherentes, lisas, sin fisuras. Gamerro no hace un juicio de valor, no dice que en aquellas otras realidades no pueda haber obras de arte valiosas, pero le interesa considerar en los autores citados aquellas ficciones en las que la realidad no es una.

La noción de pliegue, tomada de Deleuze, atraviesa todo el libro y es la roca de base en la que se apoya la exploración y reflexión de Gamerro. "La noción de pliegue remite a los planos de la realidad en contacto (por ejemplo el pliegue sueño/vigilia), en tanto estos estructuran la trama (.) y cuando se trate de elementos aislados (espejos, retratos, sueños, etc.) prefiero el término de motivos barrocos". De esta manera, Gamerro tomará esos momentos de pasaje que ocurren en algunas ficciones, y en muchas de las mejores ficciones de los autores que analiza: en La casa inundada, de Felisberto, en El sur, de Borges, en Casa tomada, de Cortázar, en La vida breve, de Onetti, en El impostor, de Silvina Ocampo, en La invención de Morel, de Bioy Casares. Ficciones donde la realidad interna del relato se puede plegar, desplegar y replegar, generando esa tensión e incertidumbre donde el lector es quien debe definir, si quiere y puede, hacia dónde guiar la experiencia de lectura.

Otro elemento que destaca el libro es el contexto político; las ficciones barrocas de los autores analizados son forjadas entre los años 1940-1960, que por lo tanto incluyen el decenio peronista 1945-55. Sobre todo en el ensayo y capítulo "Julio Cortázar, inventor del peronismo", Gamerro pondera la incidencia de aquella transformación cultural, social y política, en los textos de ficción y sus procedimientos.

Pero además en Ficciones barrocas hay un gesto implícito. Gamerro agrupa y nivela; arma un breve pero efectivo panteón, subraya un cánon. La operación es sutil, pero visible: la lectura, en tanto valoración que hoy pueda haber de Silvina Ocampo, Bioy Casares o Cortázar -sobre todo entre lectores "entrenados"- no es la que existe para Felisberto Hernández, Borges, u Onetti. Sin embargo, a través de la descripción de algunos temas, procedimientos, y también de cierta idiosincracia en torno a la literatura, Gamerro logra superar ciertas modas, prejuicios, o malas lecturas, tan fecundas en el campo literario. Es como si ubicara a estos autores no tanto como representantes de una misma generación sino como vecinos al fin de un mismo territorio. En esa línea, el "anti-peronismo", más o menos expresivo, es un elemento en común. Y sobre todo cierta inclinación fundamental a la hora de concebir sus obras, por lo imaginario, por ese no-lugar, o más bien, lugar privado. Todos estos escritores gustan de llenar de túneles sus ficciones, y de hacer de sus personajes, habitantes de aquellas catacumbas; de hacerlos no estar ni en el exterior ni en el interior, y en cambio, como se cita con respecto a la Santa María de Onetti, estar entre. Vivir en un gerundio; un gerundio a veces agobiante, a veces gozoso, siempre perpetuo. Las ficciones barrocas son maneras de escribir esa posición indefinida o simultánea.

Hay varios hallazgos. Algunos: es brillante y oportuna la inclusión de Philip Dick, sobre todo por el señalamiento de cierta "ciencia ficción" como uno de los últimos avatares de la ficción barroca. También es destacable el lugar que le da Gamerro a una parte, de las ficciones de Silvina Ocampo, sin por eso, desestimar lo desparejo de su producción completa (algo similar ocurre con Bioy).

Acaso como la extraña difusión del psicoanálisis en nuestro país, la ficción barroca, la ficción regida por las leyes de la imaginación, parece constituir uno de los pilares en los que se apoya lo mejor de nuestra literatura. Tal vez porque sea una de las formas que encuentran los escritores del Río de la Plata de consolarse o explicar, de tomar posición al fin, parece referir Gamerro, tanto frente al desasosiego borgeano: "Lo único cierto es que nunca sabremos qué cosa es la realidad", como ante la prepotencia peronista (y por reflejo, también anti-peronista): "La única verdad es la realidad".
Autor
Edgardo Scott nació en Lanús en 1978. En 2004 ganó el premio Lebensohn, de "Cuento breve". En 2005 fundó junto a otros escritores Alejandría, grupo de narradores del cual es integrante hasta la fecha. Con Alejandría y gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes, realizó en 2007 la antología El impulso nocturno. En 2008 publicó Tres mundos, una antología con textos breves de narrativa junto a Clara Anich y Juan José Burzi. También en 2008, por la Edulp (Editorial de la Universidad de La Plata) publicó la novela breve No basta que mires, no basta que creas. Es colaborador en distintas revistas literarias, tanto gráficas como virtuales. En 2010 publicó el libro de cuentos Los refugios. Su blog es www.elcirculointimo.blogspot.com