Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada
Miguel Angel Petrecca *


Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada, de Diego Bentivegna
(Cabiria, 2010)

Aunque su nombre probablemente no genere hoy demasiadas resonancias en la mayoría del público lector, Leonardi Castellani es una figura clave de la literatura argentina, con un obra vasta y heterogénea que abarca el relato policial (Las nueve muertes del padre Mertri, de inspiración chestertoniana, era considerado por Rodolfo Walsh el mejor producto del género en Argentina) y el ensayo, la crítica literaria, la fábula y el comentario exegético, entre otros géneros. El libro de Diego Bentivegna se propone realizar una relectura de esta obra, condenada a circular en viejas ediciones o a permanecer directamente inédita e inconseguible, centrándose específicamente sobre la obra crítica de Castellani, en la que rescata una visión de la literatura como campo de batalla y una denuncia constante de los presupuestos o lugares comunes que hegemonizan el campo literario en diferentes momentos.

Bentivegna observa en Castellani, en primer lugar, una teoría de la lectura que surge de la conjunción entre dos polos opuestos: un polo cultural, que supone la visión de la lectura como hecho sociológico, y un polo exegético, proveniente de la tradición de la hermenéutica de la Biblia, según la cual toda lectura se inserta dentro de una cadena de lecturas previas, es decir, de una cadena interpretativa (lo cual implica la desubjetivación del acto de lectura). Del lado del polo cultural, Castellani dedica varios textos a reflexionar sobre la lectura como acto moldeado culturalmente, es decir sometido a una serie de normas que determinan modos de leer y definen lo que debe leerse. En esa línea aparecen por un lado sus análisis del fenómeno de la prensa (que cuestionan la visión liberal de la misma como mera transmisora de contenidos objetivos) y de la formación literaria fomentada por la escuela, tanto pública como privada. Respecto a este último punto, Castellani cuestiona una formación que propicia el acercamiento a los textos al mismo tiempo que los mantiene en la esfera de lo inaccesible o arcano. Contra la visión tradicional de la lectura como algo positivo en sí mismo, Castellani señala y denuncia, en ese sentido, que la lectura o los modos de lectura inculcados son también instrumentales a la producción de hegemonía.

Los textos críticos de Castellani analizados por Bentivegna adoptan la forma del panfleto y recurren con frecuencia a la injuria y la parodia, la ironía, los juegos de palabras y la sátira. Ese ethos bélico es, para Bentivegna, el que sostiene la dimensión política de la misma: la crítica es entendida como guerra, acercándose en cierta forma a la concepción schmittiana de lo político, fundada sobre la distinción entre amigo y enemigo. Un estilo belicoso, ajeno al espíritu contemporizador y los buenos modales de la crítica actual, cuyos herencia podría detectarse quizás en el estilo polemizante de las críticas de Alejandro Rubio en la revista Inrcockuptibles, o en ese gran heterónimo colectivo que son los anónimos de los blogs. Este estilo está marcado, asimismo, por la recurrencia a una pluralidad de voces que mezclan y confunden lo alto y lo bajo y construyen un discurso dialógico, donde conviven "lengua culta, variedades dialectales, registro literario gauchesco, variedades dialectales y cronolectos".

Castellani crítico puede leerse tal vez inscripto dentro una tradición de textos fundamentales de la literatura argentina como el Facundo de Sarmiento, Operación Masotta de Correas, Barón Biza de Christián Ferrer, e incluso el Carriego de Borges. Textos, todos ellos, centrados en una figura con la que el autor entabla una relación de identificación ambivalente (fascinación, empatía, distancia...) y marcados siempre por una hibridez desde el punto de vista genérico (ensayo crítico, con fugaces reflejos biográficos en este caso). La fuerza del libro proviene del hecho de que, lejos de proponerse como un mero rescate arqueológico, interroga polémicamente, desde una perspectiva crítica que parece nutrirse del espíritu belicoso que observa en el mismo Castellani, la institución literaria y sus mecanismos de lectura, canonización y omisión. Hay en este libro, en ese sentido, en la medida en que impugna una cierta visión hegemónica de la literatura, algo del espíritu del revisionismo histórico al que Castellani es afín: la historia como un relato falseado que es necesario cuestionar ("indagar la producción de Castellani implica adentrarse en un territorio eludido hasta el fanatismo por las puntillosas historias nacionales"). Esto puede llevar a plantearnos una pregunta: si la relectura de Castellani que lleva adelante Bentivegna no podría insertarse dentro del marco más amplio del clima cultural y político kirchnerista, cuyas críticas a los medios de comunicación encuentran en Castellani un insospechado antecedente.
Autor
Miguel Angel Petrecca nació en Buenos Aires en 1979. Publicó El gran furcio (2004) y El Maldonado (2007), ambos en Gog y Magog ediciones, que codirige junto con Laura Lobov, Julia Sarachu y Vanina Colagiovanni. En este momento prepara la traducción y edición de la antología Un país mental: 100 poemas chinos contemporáneos, que saldrá en agosto de este año por Gog y Magog y de la cual pueden leerse algunos poemas en el blog www.comounamoscadelargaszancas.blogspot.com.