Los Ensayos lacanianos: la letra de un gesto político
Silvia Hernández *


Ensayos lacanianos, de Oscar Masotta
(Eterna Cadencia, 2011)


Ensayos lacanianos es una compilación de ensayos que Masotta publicó tres años antes de su muerte. Allí reúne artículos, ponencias y demás trabajos escritos desde 1964 hasta 1976. Además del prólogo del propio autor, la edición de Eterna Cadencia (2011) cuenta con otro escrito por Marcelo Izaguirre.
El rescate de algunos de los libros de Masotta por la editorial Eterna Cadencia -los
Ensayos vienen tras Sexo y traición en Roberto Arlt, Conciencia y Estructura e Introducción a la lectura de Jacques Lacan- promete restituir algo de las ideas en ebullición en los '60 y '70. Se trata de un debate que tuvo por ejes conceptos, debates y teorías (estructuralismo, Edipo, ciencia vs. ideología, entre otros) que en muchos ambientes fueron víctima de una vulgarización que llevó a desterrarlos sin demasiados replanteos.

Las referencias a los escritos de Oscar Masotta (Buenos Aires, 1930 - Barcelona, 1979) en general se centran más en la aurática figura del autor que en la letra escrita. Mediante epítetos repetidos hasta el hartazgo como el de "el introductor de Lacan en Argentina", se hace de su nombre una marca registrada de la intelectualidad local.
Huyendo de los encantos del personaje, se podría no obstante abordar el contenido de sus libros y artículos desde adentro del campo del psicoanálisis, y entonces aplicar criterios de justeza disciplinaria. Ni lo uno ni lo otro en las líneas que siguen, sino la lectura de un gesto.

La serie de artículos compilados en Ensayos lacanianos revela un gesto político que va de la primera a la última palabra. Detengámonos en la insistencia: el-introductor-de-Lacan-en-Argentina. Masotta no es de ninguna manera el introductor de Lacan -así, a secas- en Argentina, sino que su intervención constituye toda una política de lectura: Lacan se lee así, dice Masotta, y nos da su Lacan junto con el manual de instrucciones. Gesto pedagógico, además. Y no hay pedagogía sin política, o al menos Masotta parece entenderlo en ese sentido.
Él mismo explica el título del volumen en el prólogo de 1976. "Ensayos" como conjunto de tentativas que señalan espacios de investigación abiertos más que reflexiones acabadas. "Lacanianos" no porque refieran a un saber efectivamente detentado por Lacan, sino porque apuntan a las infinitas lecturas de su obra. Si Lacan escribe, Masotta ensaya: en cualquier caso, como dice Izaguirre citando a Verón, lo cierto es que el argentino estaba preparado, gracias a sus lecturas previas -Sartre, Merleau-Ponty, Kojève, Lévi-Strauss, entre otros- para encontrar a Lacan.

Escritura de combate: parte de los Ensayos se sitúan en el momento mismo en que, con retraso respecto de su publicación original, los Escritos lacanianos estaban empezando a ser traducidos al castellano. Para Masotta, esa demora sólo podía ser entendida en términos de disputas entre esas instituciones que Foucault podría haber calificado de sociedades de discurso.

Escritura en el límite de la disolución: Masotta va a plantar bandera justo ahí donde el psicoanálisis se dispersa en derivas ideológicas dentro del campo psi, y también ahí donde toca o se superpone con otras disciplinas. La red lacaniana apresa los pescados de todo lo que se enquista o se desvía de la letra.
A lo largo de los Ensayos hay un trabajo negativo orientado a despegar al psicoanálisis de una serie de presupuestos erróneos así como de malos usos teóricos y prácticos. Masotta va en contra de cualquier forma de desviación realista o empirista en psicoanálisis. Para ello, disecciona cuidadosamente objetos de funciones: en ese trabajo de precisión se juega la disciplina entera. En el primer ensayo enseña que el Edipo no es la anécdota familiar, más adelante marca que el Falo no es el pene, o que la función paterna no es el padre.
Trabajo negativo, entonces, que restituye la fidelidad lacaniana al descubrimiento de Freud: que el inconsciente debe ser entendido en términos de un lenguaje, o, como argumenta en "Aclaraciones en torno a Jacques Lacan", que "el inconsciente está estructurado como un poema". La consecuencia teórica es la de destronar la idea de estructura (donde la parte sólo tiene sentido en el interior del todo) para abrir el campo de la topología organizada alrededor de superficies, torsiones y bordes.
Los Ensayos se enfrentan abiertamente con otras lecturas del psicoanálisis -y, sin duda, es éste el campo de batalla mayor de su intervención, no exento de consecuencias político-institucionales. Se trata, como él mismo lo dice, de reubicar a Lacan "en el campo de su propia reflexión, a saber, la teoría psicoanalítica". Kleinianos y culturalistas merodean las líneas de maneras más o menos explícitas. Pero Masotta es claro: la teoría psicoanalítica no es una psicología de la personalidad, definida por la relación conflictiva entre el yo y la realidad. Lo que Masotta ve en Lacan es que la realidad es el resultado de una estructura de significación, y que es la cadena significante la que funda al sujeto y no al revés.

Escritura al borde de la tragedia: la empresa entera del psicoanálisis depende de sostener ese cuartel anti-empirista y anti-yo. El inconsciente no debe ser sustancializado, no es reductible al ego ni al ello ni tampoco a un conjunto de funciones que operan en la conducta. El psicoanálisis leído por Masotta conceptualiza al inconsciente en términos de modelo, como se formula la lengua o la cultura en Lévi-Strauss.

El géiser de instrumentos psicoanalíticos -así lo llama- es un manantial inagotable que hay que saber dirigir sin perder de vista las enseñanzas que Lacan supo extraer de Freud. La más importante de todas ellas, la que dice que el punto de partida del psicoanálisis no es ningún objeto sino la falta de objetos, se evidencia en la frase repetida hasta al cansancio de que la relación sexual no existe.
El-introductor-de-Lacan-en-Argentina sostiene la coherencia y exhaustividad del psicoanálisis, y pone en escena las coordenadas de una de las vedettes del debate intelectual de la época: ciencia vs. ideología. Para mantenerse en el primero de los campos, el psicoanálisis debe proporcionar los ejes para un trabajo autocrítico dentro de la disciplina que lo aleje de todo desvío moralizante, y rechazar en ese mismo gesto las exportaciones o importaciones parciales de conceptos o fragmentos de teoría. En pocas palabras, debe ser fiel a sus postulados. Qué sea esa fidelidad, es lo que Masotta se encarga de aclarar en el resto de las páginas, marcando recorridos de lectura, revisando cronologías, precisando conceptos aquí y allá, cotejando interpretaciones de otros lectores. En suma, delineando un trabajo positivo, complementario de la crítica anterior.
Autora
Silvia Hernández es Licenciada en Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA). Es becaria de CONICET y maestranda en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad (FFyL-UBA). Es docente en Teorías y Prácticas de la Comunicación III (Ciencias de la Comunicación, FSOC-UBA).