Parque y Sombra
Lucía Delbene *


Parque y Sombra, de Daniel Morena
(Yauguró, 2010)


El Poemario "Parque y Sombra" de Daniel Morena, ha merecido con justicia el premio nacional anual que otorgó la Intendencia Municipal de Montevideo a la poesía en 2010. Esta afirmación surge a partir de diferentes motivos que afloran desde una primera lectura. Entre ellos está la presencia de un nodo centrífugo desde el cual estalla el legado de la tradición cultural de Occidente, un diálogo que plantea el progreso del lenguaje de la poesía no como rechazo de aquella, sino en asunción delicada del fluir del conocimiento en el que la voz es capaz de encontrar su propia envergadura y crear un estilo, en un tiempo en que la tradición de la ruptura agotó su mecánica de periódicos parricidios. La forma se elabora en un acabado minucioso, heterogeneidad que no descompone la unidad; un libro que se presenta como un conjunto integrado en cuatro secciones y cuya elaboración como totalidad, invita al lector a un espacio de misterio que fascina desde las primeras líneas.

El poemario se abre con "Parque", lugar de tránsito que la voz cultiva, migración a Eleusis, ciudad griega en la que se celebraban los ritos propiciatorios de la agricultura, marcha iniciática y secreto que la poesía roza pero no desborda. Atraviesa un territorio poblado de la reminiscencia que la voz permea, no como ornamentación culta o pastiche escolástico que sostuvieran a la frase poética, sino como rémora que llega hasta la orilla de la memoria de la lengua desde su fondo líquido y alimenta la procesión, vieja pulsión de la creación humana. Según Roberto Appratto (1) "la voz poética se desviste de la solemnidad que podría acarrearle su enlace en los contenidos de la cultura para hallar su propia respiración, la palabra que se desenvuelve desde su interioridad contemporánea para modelar una textualidad desacartonada que va más allá del entronque en los motivos arqueológicos del símbolo y del mito". Este es a nuestro entender, una de las claves en que se juega Parque y Sombra, una síntesis armónica entre la tensión que implica el aluvión tremendo de tres milenios de introspección en el diván humanístico y la forma en que esa marea se incorpora a la orfebrería del signo. Desde que el ser humano se integra como parte problemática del estado en que se conoce el mundo, toda intención asertiva resulta sospechosa de mistificación y es en ese punto de inflexión donde el lenguaje también se interroga como forma, y se desplaza tematizando su corporalidad sobre el vacío que implicó el divorcio extremo entre la palabra y la cosa. Esa corporeidad que exhuma Parque y Sombra, se introduce en la geología estratificada de la cultura, en los múltiples relatos y metarelatos que se erigieron como tótems de sentido que la voz testimonia como angustia de la derrución y belleza del reciclaje.

Si la palabra cultura -una palabra tan manoseada hoy que resulta difícil aplicar sin un previo encuadre semántico-, cuya etimología latina colere significa cultivar y se aplicaba a las actividades vinculadas a la agricultura, podemos afirmar que en Parque y Sombra comparece una cultura del lenguaje, en el sentido en que allí contemplamos el trabajo de poda y desmalezado que produce que el espeso bosque se transforme en parque, es decir, en naturaleza mediada, en este caso, por la voz poética y transformada en arte; el lenguaje también es mármol bruto al que se arranca la forma. No obstante el parque jamás olvida al bosque, su origen salvaje, el mito oscuro; el lenguaje que es sentido plasmado en sonido y cosecha del surco milenario que sembró a la civilización, lleva en sí, incrustados como enigmas vivos, el misterio de su epifanía, el secreto para transformarse en belleza y el hacha con que abre terreno a lo desconocido:

"Poda/ La jungla de secretos que habitan los sueños se disipa a voces/ por la mañana al ponerle sonido y letras la boca y la mano;/ la flor recién cortada es flecos. Desgreñado crepúsculo. La fina y abierta creación no trabaja así,/ en flora y fauna deconstelada." (Pleno Abierto)

Este borde del lenguaje, heredado en el código y solidificado en la tradición, es donde la creación se atreve a husmear como el cazador a su pieza, persecución entre el follaje espeso de la lengua cargada de memoria. En ese paisaje, en este recorrido, la voz encuentra los abalorios que si bien no completan su deseo imponderable de saber, son capaces de saciar la sed nacida en la consciencia de sujeto en su fragmentación, en su ignorancia radical, en su condensación fugaz de signo y de sangre, la inescrutabilidad de sí.

No obstante milenario viaje que se inicia en una cantera helénica, recorre las antiguas cosmópolis de Alejandría y Egipto, para transformarse en Cristo y en el libro conquistador de los padres de la Iglesia y se atreve a beber el vino druídico del estrato celta, la poesía mana pura, sin rémora, gota que cae por la columna recordando su inocencia original y su misión bautismal: es la purificación de la voz en la purgación mineral que va descendiendo manchada de rodar en los siglos y amasada por el dolor de su consumación en lo viviente:

"la poesía gota de agua sin rémora cayendo en columnas finas/ más que poesía dejándose caer brazos del árbol diciendo astillas/.: gastada poesía so pena de hablarla que el antes era mejor/ orar entre las páginas y olvidar sonidos y voces y frases hechas/" (El Roble de Irlanda)

El deseo que se manifiesta como cultura, propulsado por la inercia de su procesión, transgrede los límites que bordean las configuraciones del lenguaje y los significados que en las épocas de enormes crisis de paradigmas se disuelven en su densidad gaseosa, poniendo al desnudo el andamiaje que sostiene una edad. La voz poética se apodera de la presa a expensas de una revelación terrible, su continuidad y su acabamiento, - espero que este fermento alguna vez concluya, evitando en lo posible aquellos versos de Manuel Machado: "Solo / en el parque me han dejado/.y han cerrado." (1)- en tanto que paradojalmente remonta por sobre el hechizo de las constelaciones que dibujaron las sucesivas configuraciones humanas y se construye en el acecho de lo nuevo, en la conquista de la propia voz que constituye el blasón de su gloria.

La puesta de la voz en el verso, su peregrinaje místico, cazador, agricultor, guerrero y esteta, se expande en la diversidad de la respiración, el verso alterna líneas de evolución lenta, que muestra la fruición con que se va construyendo la imagen poética, con otras de parquedad intensa. La estrofa a veces se ciñe en el fragmento, aunque los motivos se van hilvanando como en un tapiz que en conjunto conforma una unidad, pero que también se puede observar en el detalle de sus anécdotas mínimas. En el anclaje cíclico, la voz deberá bajar a los infiernos: debajo del parque subyacen antiguos dolores, el desamparo de la miseria ciudadana, el terror de los verdugos, las víctimas de las guerras, las heridas que no paran de sangrar, un retablo negro bordado en la sombra que ilustra entre la penumbra de una semiluz la crónica pesadillesca con que se alimentan los arcones de la muerte. Un paisaje subterráneo, un Hades repleto de muertos insepultos cuyas voces rebotan entre las hojas, el lugar donde las raíces maceran las culpas colectivas. Tampoco rehúye a la configuración del ícono caligramático o a la variación tonal de la prosa poética e incluso dialógica, con visos dramáticos; es decir que en su conjunto Parque y Sombra presenta paisajes formales variados, heterogéneos, pero que articulan en una figura adecuada para cada unidad, y que en su totalidad muestran un ritmo armónico y regular que sorprende al lector a cada instante. La voz poética construye la fronda que es el lugar de la búsqueda y el templo de la oración, persecución del bálsamo y de la respuesta, acto que nace en lo hondo del árbol, no de su torrente o testimonio, más bien desde el sonido dolorido de la madera haciéndose astillas: la poesía es deseo de llegar a la verdad que se consuela en la belleza como sustituta válida para su impotencia. La poesía es belleza porque es conocimiento en su intuición de verdad. Pero la verdad como el verso y la belleza, no es una sola, Parque y Sombra puede tener tantas lecturas como lectores como otro aspecto de su interés.
Notas
(1) Appratto, Roberto. En presentación de "Parque y Sombra" en La Casa de los Escritores del Uruguay, Montevideo, diciembre, 2010.
(2) Nota Preliminar a "Parque y Sombra" Daniel Morena. Ed Yaugurú. Montevideo. 2010.
Autora
Lucía Delbene (Montevideo, 1972)
Poeta / Garza en garza / Ediciones de Botella al mar / 2008.
Crítica literaria. Filóloga por la Universidad de Barcelona.
Docente de literatura a nivel secundario / Uruguay.
Actualmente se halla en Creta, tras la huella del toro demediado.