Silencio hospital
Joaquín Correa *


Mapa Callejero. Crónicas sobre lo gay desde América Latina, de José Quiroga.
(Eterna Cadencia, 2010)

i.
Si pensamos que toda antología es la puesta en acto de la consigna saussureana, podríamos decir que el punto de vista de Mapa callejero no crea sino muestra, revela, su objeto. Quiroga plantea una lectura activa, recortando deliberadamente y sin ningún tipo de prejuicio textos de diferentes cartografías temporales y espaciales, para poner al descubierto no ya lo que de gay explícitamente había allí, sino lo que estuvo desde siempre y pudo haber pasado inadvertido, silenciado. Ése es, tal vez, su mayor mérito.

ii.
La crónica es el eco de las calles. Su escritura lo percibe, lo deja entrar, o lo restringe, lo calla. Su escritura entabla un diálogo, entonces, con la calle. Y lo gay es la calle, en todo sentido: lo que está afuera, en tránsito indefinido, lo que se oculta, el margen, lo que se expulsa de las casas pudendas. Y hay, también, una voz de las calles, un mal-decir: el rumor, el chisme, la crónica, aquello que va de boca en boca, creciendo. El lugar dado a ese eco y a esa voz en la escritura posee dos caras: por un lado, representa una pérdida, al salirse de su lugar y adentrarse en un terreno más escueto, con otra lógica y otras restricciones, pero por el otro significa un gran acontecimiento: el corte del silencio y gracias a él, el descubrimiento de su construcción represiva. Un "nuevo sujeto" dice presente pero también nos marca que ha estado desde mucho tiempo atrás y que ya no puede ser obviado, y que si la crónica fue resistencia, fue la puesta en palabras del saber adquirido en el secreto y lo clandestino de las calles, ahora quiere y puede hablar desde acá, ya no más desde el off side. Una antología política.

iii.
El deseo está en todos los textos de Mapa callejero, y se manifiesta tanto en el ámbito de lo público como en el de lo privado. El pasaje de uno a otro no es inocente sino que es un reflejo del paso del tiempo, de la variación de los índices de lo legítimo y lo legal, del cambio de los contextos económicos: una economía del deseo, ya sea vuelto mercancía o derrochado sin más de forma gratuita no penalizada, se escribe en el anverso de esta antología.

iv.
Desde el primer texto al último hay casi 200 años de diferencia. Los registros de la medicina, la ley, la literatura, la música, la cultura popular (forma y contenido son coherentes: son "monstruosos") se van entretejiendo en el devenir de las páginas. En ellas se forma y disgrega una comunidad: la comunidad gay. No la "comunidad gay" que aparece en los diarios, casi siempre para referirse de forma burlesca a un actor social agrupado en conjunto, sino más bien una comunidad política, como núcleo duro de acción y reacción que se mueve fuera de la ley, por ser segregada y criminalizada por ella pero también para generar un nuevo espacio autónomo, más allá de la ley y de la patria. Podríamos, entonces, expandir las coordenadas más allá del espacio latinoamericano y encontrar afinidades.
En un nivel inferior a todo el resto oímos otra presencia, el susurro de otra presencia. Si en un principio la enfermedad era impuesta por el aparato social desde el discurso médico como mental u orgánica, innata o adquirida, hacia el final de Mapa callejero va creciendo el verdadero monstruo, una verdadera enfermedad: el Sida. Y es ahí que se abre un nuevo silencio, una nueva imposibilidad para decir, para hablar, para identificarse.

v.
La crónica es una escritura del presente, de lo fugaz. Por eso esta antología se hacía necesaria: para ver el arco de todos esos presentes reunidos y cómo se manifestaba lo homo-trans e intersexual en cada situación en particular.

vi.
Hermafroditas, maricones, locas, invertidos, pederastas, uranistas, depravados, degenerados, repugnantes, viciosos, intersexuales, transexuales, gays, lesbianas, hombres, mujeres: seres fuera de todo entramado, que no encajan y que por ello mismo cuestionan el orden (y la existencia misma tal como está presentada) de lo real. En ese sentido, el texto de Mauro Cabral, "Diferencias ambiguas", podría ser tomado como el aleph de la antología. El intersexual (andrógino, hermafrodita) es lo monstruoso para la sociedad: no se lo puede definir bajo ninguno de los sexos establecidos (masculino o femenino) ni aun después de la intervención quirúrgica, momento a partir del cual se le atribuye una identidad (con la cual no nace), va más allá de la ley biológica y encarna la mitología pasada y la esperanza futura de lo gay. Es pocas palabras: es peligroso, es un elemento disyuntor, desestabilizador dentro del cuerpo social, que ahora debe considerarse a sí mismo como enfermo. Lo gay presentado por Mapa callejero se escribe desde acá, variando sólo el grado de conciencia, denuncia y silencio presente en esas voces.
Autor
Joaquín Correa nació en Mar del Plata, en 1987. Es estudiante de Letras. Ha publicado artículos y reseñas en distintas revistas. Mantiene el blog: citasincomillas.blogspot.com