El cuerpo del delito
Inés Acevedo *


El cuerpo del delito. Un manual, de Josefina Ludmer.
(Eterna Cadencia 2011)


Con esta reedición, Eterna Cadencia continúa renovando la presencia de esta pensadora en las bibliotecas. (Ya reeditó Onetti, los procesos de construcción del relato en 2009, y editó Aquí, América latina. Una especulación, en 2010). Vale la pena entonces retener el lugar de estos libros en la trayectoria total de J. L..


Notas de La autobiografía crítica

Hace unos años, Josefina Ludmer dio una conferencia en la Facultad de Filosofía y Letras en la que cruzó su autobiografía con la historia de la crítica. Este recorrido se puede leer también en el prólogo a Onetti. Los procesos de construcción del relato, en que Ludmer explica el contexto en que se escribió ese libro, de corte estructuralista.

Ludmer reconocía tres momentos diferentes en su trabajo crítico:

1. Psicoanalista y formalista. En los años 70, años de militancia, como formalista confrontaba con los históricos y sociológicos. En aquella época, el estructuralismo y la lingüística garantizaban el poder interpretativo del crítico, se creía en un sentido oculto que era necesario desentrañar. Se buscaba la especificidad literaria, se creía en una literatura objetiva, en que un texto podía leerse a sí mismo, autónomo.

2. En su segunda etapa será "vanguardista y revolucionaria". Era la época de la teoría del texto que reunía marxismo, psicoanálisis, revolución, significante, sujeto, y placer del texto (Barthes, Derrida, Marx). El texto fundía todas las entradas posibles, la crítica era una práctica de fusión. Lo fundamental era el texto producido por la crítica. Había un sentido revolucionario, verbal o sexual. La crítica y literatura eran trabajo material con otros textos. Se estudiaba el proceso productivo del texto. Pero se seguía conservando la idea de autor y obra. A esta etapa corresponde el libro de Onetti.

Luego de esta etapa se realiza un corte en su "vida", con la entrada de "La patria", aparece el yo. Originalmente El género gauchesco fue un libro sobre Martín Fierro, pero se volvió un trabajo sobre el género. Así se dio da un movimiento del texto, y el autor, al género. El campo de lectura se amplía, y aparece una nueva categoría, la máquina de lectura, que es un aparato verbal de palabras que forman formas, arman máquinas para introducir nuevos textos en las máquinas, como programas para leer.

3. El cuerpo del delito corresponde a la tercera etapa, que Ludmer denomina "La contadora de cuentos". En esta etapa se abordan análisis de la cultura argentina a través de sus cuentos. Es el primer libro escrito en computadora, un hipertexto de cuentos. A lo largo de esta etapa aparece la idea de la imaginación pública, una producción social colectiva, una máquina perpetua para la cual la literatura es una entrada.

¿Por qué el delito?

El libro se propone como un manual, da ecciones sumarias organizadas cronológicamente. Esta cronología está organizada en relación a la vida del estado argentino. Es decir, comienza con la generación del ochenta. Las etapas que se dan en el libro son clásicas. Por ejemplo "la generación del ochenta", y la construcción del estado por parte de los "dandies" o "1890-1914" período en que aparece la cuestión social y reformista. Es decir que Ludmer retoma las ideas de Viñas, Jitrik, Sarlo, y muchos otros críticos. En ese sentido es un manual, y al leerlo reconocemos "la clásica historia literaria".
Pero, el delito viene a ser un instrumento que permite articular un relato de estos períodos de manera que en este relato histórico no sean protagonistas ni los hechos de la realidad, ni los procesos "del campo literario", ni, menos que menos, los autores. Ya que el ambicioso proyecto de éste y otros libros es conseguir mostrar cómo la literatura y la vida son una.
Como, siguiendo a Marx, Ludmer observa que el delito organiza la vida social, generando no sólo mercados e instituciones sino sentido común acerca de límites y fronteras morales, el delito es un insrumento que permite organizar la historia literaria del siglo XX. Y no lo hace de una manera "teórica" sino al nivel de relato.
Por poner un ejemplo, la generación del ochenta se encuentra elaborando nada menos que las leyes de educación y registro civil, y entonces los relatos de los escritores del ochenta son cuentos en que se trasgreden esa leyes y al transgrdirla constitutyen sus identidades liberales. Luego, en una segunda etapa, se pasa de la trasgresión al delito, cuando el estado está organizado y al mismo tiempo comienza un esspíritu de alerta ante la modernización, y entonces el delito comienza a formar una frontera que muestra lo nuevo. Así se da una serie de "transmutaciones", en la que el hombre de ciencia, que pertenecía a la etapa anterior se va transoformando en detective, ocultista o torturador, (recordemos los textos de Lugones, Quiroga) y va perpetrando así, diferentes delitos.
En estas narraciones clásicas, el paso de una etapa a otra estaba marcado por "la guerra" o "la crisis del treinta", hechos que marcaban hitos. Pero realmente, ¿cómo se pasa una de etapa a otra, cómo se pasa de 1, a 2? La originalidad del libro está en cómo Ludmer propone un nuevo relato de esos pasajes de una etapa a otra.

El otro libro

Como contraparte a este relato hilado históricamente, hay un segundo libro, de aproximadamente doscientas páginas, que son las notas. Estas notas son intensas explicaciones bibliográficas que en muchos casos se desgranan en análisis de la actualidad o categorizaciones nuevas.
Es un espíritu fresco, es un espíritu nerd, siempre entusiasta, que urga, analiza, compara, queriendo retener el mínimo detalle. El nerd es generosidad pura, porque comparte sus datos con cualquiera, y comparte información -ya que este es un libro de hipertextos-, sin jerarquía. En estas notas tanto hipótesis personales importantes como reseñas de libros que podrían parecer secundarias, como fichas bibliográficas, están en el mismo nivel, a la manera de Borges. El único orden, arbitrario, es el correspondiente al número de nota. Sin duda estas doscientas páginas se leen como un libro aparte, se leen como el placer. Placer del texto, placer de la investigación, placer de la imaginación, a que nos tieen acostumbrados Josefina Ludmer.

El ídolo, la cereza del postre.

Juan Moreira es protagonista de un capítulo entero, y lo es así porque Juan Moreira es literatura y realidad, y es por eso, protagonista del libro. Más allá de que el delito es instrumento crítico, Juan Moreira es el resto de El género gauchesco, y la razón de ser de este libro.
Autora
Inés Acevedo nació en Tandil, en 1983. Se desempeña como profesora del Programa de Español Intensivo de la Universidad de Belgrano. Participó como cuentista en diversas antologías y está a punto de publicar su primera novela, Una idea genial (Editorial Mansalva). Su trabajo de escritura se conectó, en varias oportunidades, con las artes plásticas.