¿Qué es ser indie en la Argentina?
Juan Manuel Strassburger *


¿Qué es ser indie? O mejor: ¿qué es ser indie en la Argentina? ¿Sirve? ¿Tiene sentido? ¿Es una tremenda boludez? Surgido en los 90, en EE.UU., como apócope para reemplazar una terminología ya ganada por MTV (entra "indie" de independent, sale "alt" de alternative); y continuado aca, algunos años después, cuando una serie de nuevas bandas (Jaime sin Tierra, Los Látigos, Avant Press y un larguísimo etcétera) tomaron la posta del llamado Nuevo Rock Argentino (Los Brujos, Babasónicos), el indie siempre dio que hablar. Anhelado, ridiculizado y discutido en partes casi iguales (depende del lugar y la ocasión), de lo que nunca careció sin embargo es de atención. Y eso que pocas veces fue acompañado de grandes ventas o alto impacto social. No importó: las notas, eventos y festivales igual estuvieron al caer. Y las discográficas, ya sea multinacionales o gigantes nacionales (PopArt) como pequeñas y cuasi artesanales (Indice Virgen, Años Luz, Ultrapop), les abrieron la puerta. La clave fue, sin duda, el capital simbólico: esa forma de compensar por otro lado (¿el prestigio?, ¿el estatus?) la falta de billete, tanto para la banda como para el medio o la discográfica y festival. Y sin embargo... "¿Indies? ¡Nosotros más que indies somos indios!", recuerdo que me dijeron Los Alamos en una entrevista (una de las primeras que salieron) que les hice para el Suple NO de Página12 allá por el 2005. "Si les contás a los Yo La Tengo [grupo indie emblemático de EE.UU] las cosas que tenemos que hacer para sacar un disco, primero se cagan de risa y después no te la pueden creer. Nosotros, para bancarnos la jodita, comprarnos las cuerdas y estar equipados, tenemos que laburar 12 horas", se quejaba su cantante Peter. Lo cual lleva a replantearse lo expuesto antes: ¿de verdad tienen tanta coronita los indies? ¿o efectivamente la tienen que pelear como sugiere Peter? La respuesta a esta pregunta no es anodina porque hace al lugar que ocupan las bandas en el imaginario del público, la prensa y el resto de las bandas. Hace, al fin de cuentas, a su credibilidad. Algo así como si la pelean, merecen respeto; si no, bueno..., ni agua. Un poco el pensamiento simplificado de la moral rockera medio. A lo cual yo quiero decir: a) Entiendo las burlas, las broncas, el resentimiento de muchas bandas independientes no-indies por esta situación de privilegio usufructuada tantos años. Demasiadas veces (sobre todo al principio, respecto al rock barrial hegemónico y amenazante) el indie se sintió "superior", "más avanzado", menos "cabeza", por el sólo hecho de pertencer esa elite y ser reseñado en la Inrockuptibles. Y eso, como diría Juanse, generó bronca, chicos. b) Como todo, hay de todo: las cosas fueron cambiando y hoy es común encontrar bandas indies (sobre todo en el conurbano, zonas alejadas de el centro del poder simbólico y material) que se la "bancan" en el sentido más Luca Prodan de la palabra: viven en calles de tierra, les gusta bandas desconocidas que bajan por internet, y no tienen la conexión con nadie del "ambiente": ni periodistas, ni bolicheros ni eventeros (que los hay y muchos). Aún así se las arreglan para tocar, sacar discos digitales y, a su modo, ser felices. Un indie más precario y artesanal, menos autoconciente y refinado, más fresco. Y, a diferencia del anterior, más emocional. Vital. Pienso en El Mató, claro, pero también en La Ola que quería ser chau, Valentín y los Volcanes, SUB, Sr. Tomate, Los Reyes del Falsete, entre muchos otros. Lo cual me lleva a mi tercera y final consideración. c) Creo que ser indie en Argentina tiene sentido cuando surge de un deseo genuino. Una necesidad profunda de expresión que no puede ser saldada de otro modo. El indie --como estética, como sonido, como ética-- existe. No es igual a otra cosa. Y usado nóblemente (ahorrándose ese complejo de superioridad con el que nació), puede ser sin duda una experiencia potente y movilizadora. Como debería ser el rock siempre. Que sea.
*Autor
Juan Manuel Strassburger es periodista de rock y cultura joven, y colaboró, entre otros, con el Suple No de Página/12, La Mano, ElAcople.com, Clarín Espectáculos y Radar. Actualmente es redactor de Tiempo Argentino Espectáculos, lleva adelante el programa La hora pulenta por FM Nacional Rock 93.7, y realiza, junto a Nico Lantos, el Festipulenta, un festival que se propone recuperar la vitalidad en el rock.