Un viaje a través del rock mutante
Esteban Castromán *


SALIDA DEL PANTANO.
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1.
Nos despojamos de un tipo de alga ribereña que rodea nuestro brazo izquierdo antes de atravesar las puertas de vidrio de Fundación PROA. Ya adentro, el guardia de seguridad nos exige amablemente que esperemos afuera, hasta que la ropa que llevamos puesta logre orearse con el viento y para no regar el piso del centro cultural, adentro. Se trata de un domingo afable aunque frío. Y esperar del lado externo no es tan malo porque nos permite sacar instantáneas mentales a los turistas embelezados por la gran araña creada por Louise Bourgeois, a los vendedores itinerantes de merchandising, a las familias que realizan su paseo barrial, a los hinchas de fútbol que inauguran una estampida cuyo devenir aparecerá luego.

Media hora después, movemos nuestro rabillo extenso con cierto cuidado y sentimos que hemos perdido el porcentaje de humedad suficiente para poder ingresar, y ser aceptados sin más, al lugar.

Entramos.

Vamos directamente al auditorio. Presentación de un libro, evento organizado por Estación Pringles. Poetas, teatro declamativo y, después, vacío en el escenario. De repente se escucha el sonido de un partido de fútbol, proveniente de la radio portátil de alguien del público ubicado en primera fila, cuestión que activa abucheos finos, mediante gestos desaprobatorios, y el auditorio empieza a estremecerse con la posibilidad de que alguien esté quebrando el aura artística propuesta por el evento con un simple artefacto de consumo popular.

Sin embargo, se trata de un engaño. Entonces las señoras que se habían incorporado con intenciones de gritar al supuesto intruso "nac&pop" cosas del tipo apagá la radio que esto es arte, vuelven a sentarse. Porque vislumbran que el evento está continuando cuando ven ingresar a los integrantes del próximo acto: un grupo de freakies que encarnan el happening musical denominado Súper Siempre.

Aquí y ahora la cosa sucede de la siguiente manera: al costado del escenario, un perturbado empieza a golpear una chapa oxidada, que funciona como un beat insoportable, junto a un micrófono -artilugio que remite a las estrategias contra toda arquitectura musical prefigurada por el grupo alemán Einstüzende Neubauten-; una guitarra disonante oficia de discurso noise, con algo de space rock, shoegaze y drone; una batería minimalista dispara contratiempos con aires de Primus; un teclado ofrece colchones dream pop para hacer aún más etéreo el desamparo experimental; tres chicas vestidas con velos musulmanes corean un mantra; y una flauta y campanitas y un monje electrificado que oruga sobre el suelo.

La experiencia dura unos siete minutos, tiempo suficiente para relevar la catarsis de cierta escena "culta" que reivindica el experimento sonoro, el tiempo real y la improvisación como obra, en un contexto amparado por las instituciones.

Cabe destacar que más allá del show que acabamos de ver, Súper Siempre es un grupo de no-rock fundado por el músico Alan Courtis, el artista plástico Alfredo Prior, el escritor Sergio Bizzio y el poeta y editor Francisco Garamona. Quizá su estación germinal (en términos musicales) sea el trabajo de Reynols, donde Courtis era uno de sus integrantes.

Reynols fue una prolífica banda de música experimental argentina fundada en 1993 por Alan Courtis, Roberto Conlazo y Miguel Tomasín. Comenzaron su carrera bajo el nombre de Burt Reynols Ensamble pero debieron cambiarlo por cuestiones legales en 1996. Entre los años 1994 y 2002, editaron 38 discos, en Argentina, Inglaterra, Estados Unidos, Italia, Suiza, Holanda, Alemania, República Checa y Japón. Además, sus temas han sido publicados en más de cuarenta compilaciones internacionales.

Para entender la escena de "artistas sonoros" contemporáneos de la Argentina (o noise local) no podríamos dejar que citar nombres como Pablo Reche y Fernando Perales, entre otros.

Volviendo a PROA, tomamos unas copas de vino a la salida del auditorio y por pudor (o por la extraña sensación de no encastrar del todo en ningún lado, malditos mutantes que somos) nos retiramos sin saludar a los famosos artistas visuales, cineastas, escritores, dramaturgos, periodistas, actrices, músicos, gestores y otros integrantes de la elite artística y cultural de Buenos Aires. Es que tenemos que trasladarnos en bondi -a través del tiempo y el espacio- hacia Flores, un día antes.

2.
Vamos sentados en el sillón trasero junto a la ventana de una unidad pulcra de la línea 25. La extensa cola que portamos no nos permite otra opción; pensamos que deberían considerar otro tipo de fisonomías -como la nuestra, como tantas otras que son distintas al resto- para diseñar los colectivos, pero esa discusión sería un capítulo aparte y se enfocaría en las comodidades del servicio de transporte público para todo tipo de seres, cuestión que en este momento no viene al caso.

Avanzamos por la ciudad. En una esquina que no podemos definir con precisión se suben al bondi tres hiphoperos medio vejetes que primero empiezan a interpretar algunas canciones old school de Public Enemy y Run DMC y que luego, sin abandonar una conciencia de época, van a por hits un toque más masivos de Beastie Boys. Debido a la nocturnidad bizarra del entorno, la mayoría de los pasajeros del 25 que conviven con nosotros conforman una cofradía de individuos cuyo deseo está delineado por el exceso vampírico que sólo una noche puede proveer. Todo estímulo extraordinario es bienvenido, parecen reflexionar en su silencio borracho. Con lo cual, estas píldoras teatrales de rap y sus derivados funcionan como una excusa más para sus raves mentales. El colectivero no se inmuta. Algunos aplauden. Otros bufan. Nosotros, en cambio, agradecemos en silencio la banda de sonido que ofrecen para llegar algo más animados a destino.

Bajamos del bondi a la altura de Flores. Nos sumamos a una fila integrada por cientos de chicos y chicas vestidos de negro, con sus rostros pintados, que han viajado en tren desde distintos lugares de la ciudad y desde la Zona Oeste del conurbano bonaerense, cargando flyers en sus manos que exhiben tipografías similares a las que utilizaban The Misfits en las tapas de sus discos, pero más trasheadas. La cosa marcha rápido y al llegar a la puerta pagamos la entrada. Atravesamos unas cortinas negras, pesadas y, finalmente, ingresamos a la Fiesta Gothic BA.

3.
Warm up: suenan canciones de Bauhaus, The Sisters of Mercy, Ministry, Nitzer Ebb y Nine Inch Nails. Mientras, la pantalla sobre el escenario proyecta sin sonido el film Los Renegados del Diablo (Rob Zombie, 2005) y todos los parroquianos del lugar bebemos tranquilos y a media luz, esperando el número principal de la noche: Chronnenberg.

Los pocos reflectores que brillaban en el lugar hasta recién, ahora se extinguen. Se agiganta una jauría de gritos desaforados. Entonces nos ubicamos a uno de los extremos de la barra para posicionar la extensión de nuestra cola, horizontalmente, en su parte media: ni demasiado arriba (para que nadie se la fume al querer pedir un trago) ni demasiado abajo (para que nadie nos la pise). Y así, en armonía, nos entregamos a la experiencia del espectáculo.

El encargado de inaugurar el show es el mítico punk rocker Marcelo Pocavida (que, entre otros logros personales, disculpas por el capricho reduccionista, supo combatir cara-a-cara con Charly García en un backstage) vestido de cowboy. Entonces nos preguntamos, ¿cuál es la relación entre el gótico con su estética Wrangler? Pero nos dejamos llevar por su discurso gutural, que suena como un Johnny Allon meta-outsider y levemente vikingo. Hasta que entra en escena Chronnenberg, grupo industrial gótico en cuyo CV puede leerse que ha colaborado, entre otros, con Claudio O´Connor (ex integrante de Hermética y Malón).

En un primera momento, nos resulta extraño ese cruce, quizá inconciente, que Chronnenberg realiza entre punkies y heavies, y las consecuencias que tal dicotomía podría provocar; ahora quizá suene un rebate absurdo, pero entre sí solían tratarse como tribus enemigas y más de una vez, en esas pequeñas rencillas urbanas, se han visto volar cientos de botellas de birra cual aviones de cabotaje teledirigidos hacia ninguna parte. Entonces fantaseamos estar ante una embajada artística cuyo protocolo industrial logró finalmente diluir la disputa entre ciertas tribus que se creían antagónicas, para construir una idea-paraguas amparada debajo de una noción de música "pesada" y "extrema", incorporando un colchón electro de base (coherente con la inercia técnica del hoy) y una pantomima que exagera todo tipo de posibilidades, como el gore en el cine. Así probablemente haya nacido este género musical.


4.
La presentación de Chronnenberg es performática: estética de películas de Clive Barker, chicas casi desnudas y ensangrentadas bailan por los alrededores, disfraces de zombis atestan el lugar. Todo es denso, visceral, pesado, bio-maquínico.

Chronnenberg suena como una banda alemana. Claro, no es un grupo "puramente" argentino, al menos ése es su relato y la geografía conceptual que presenta en su MySpace. Un extracto aquí (abróchense los cinturones para la siguiente locura):

"A mediados del año 1537 Stig von Chronnenberg, un acaudalado señor feudal, científico estudioso de la alquimia y las ciencias ocultas, quien, obsesionado con la muerte y el terror de ver morir a sus seres queridos, busca desesperadamente la formula de la vida eterna. En su castillo al norte de la antigua Alemania, comienza sus investigaciones, hurgando en lo religioso, metafísico, demoniaco, científico (.) Dando por muerto a Stig Von Chronnenberg y al resto de su clan, después de dos largos meses cesó la cacería. Los pocos sobrevivientes se refugiaron en las catacumbas del castillo, hasta que amparados por las sombras de la noche lograron huir llevándose consigo el fruto de su ardua e incesante investigación junto con parte de su fortuna. Tras un largo peregrinaje llegaron a un puerto cercano a lo que hoy se conoce como Norddeich en Baja Sajonia, ahí se embarcan en viaje hacia Ámsterdam, luego hacia Norwich y de ahí a Londres. En Londres se establecen por algún tiempo bajo identidades falsas y logran encaminar nuevamente sus investigaciones; experimentos logran dar ciertos resultados, logrando preservar sus cuerpos con vida por sobre el normal de todo ser humano, pero el deterioro físico aun es un problema, las marcas del tiempo si bien no son notorias para su edad cronológica, aun les otorga cierta apariencia subhumana, la mutación en su genética es irreversible. Y deben buscar la manera de detener la degradación de sus células, pues el dolor causado por la bionecrosis se acentúa con el correr del tiempo. Son tiempos duros en la Inglaterra de 1348, la llamada "peste negra" afecta a toda Europa provocando la muerte en un 60 % de la población en unos pocos años. (.) Esta vez su destino los lleva a Sudamérica, Buenos Aires, donde se establecen. En aquel momento Argentina se encontraba en medio de una guerra civil, y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires estaba a cargo de Juan Manuel de Rosas, el momento era de constante belicosidad, Rosas ejercía un poder absolutista. Un terror general reinaba en la ciudad: Cientos de personas eran asesinadas, centenares de casas saqueadas y las calles quedaron vacías. Los antiguos partidarios de los unitarios fueron perseguidos, y también los que fueran sospechados de serlo, por cualquier razón. Los símbolos de los unitarios, y hasta los objetos de colores identificados con ellos fueron destruidos. Las casas, la ropa, los uniformes, todo lo que pudiera ser asociado a ellos fue teñido de rojo. Rosas no detuvo la masacre. El terror de los años ´40 fue la extrema culminación del uso político de la violencia por parte de Rosas y su partido. Hubo varios períodos en los que los opositores fueron perseguidos. En 1842, Rosas se autoproclamó "Tirano ungido por Dios para salvar a la Patria". Chronnenberg trato de tomar partido de esto, poniéndose en conocimiento de la afición de Rosas a las ciencias ocultas. Busca por todos los medios acercarse al dictador, y en una reunión no oficial son presentados. El aspecto de Chronnenberg sorprende e impresiona a Rosas, un hombre en apariencia débil, de andar lento, con cicatrices en casi toda su piel expuesta de un color pálido, ojos de un color sobrenatural, por momentos su lucidez e inteligencia maravillaba, en algunos momentos sus desvaríos hacían dudar sobre su cordura, pero esto solo acrecentaba aun más el interés del militar. La alianza Rosas-Chronnenberg se vuelve un hecho (.)".

5.
¡Wow! Mientas la banda ejecuta su canción Someone en vivo recordamos parte de su parlamento en MySpace y no podemos creer tanto despliegue discursivo. Incluso las incongruencias temporales nos suenan verosímiles (esos pasaje del año 1500 al 1300 como si nada), así como nosotros nos trasladamos desde un domingo en Fundación PROA de La Boca hasta una Fiesta Gothic BA un sábado en Flores.

Balbuceamos, entre guitarras distorsionadas y gritos:

Este show de Chronnenberg, aquí, en este reducto de Flores, sería demasiado noise para un público disco, heavy metal clásico, punk ávido de estribillos o hardcore melódico, arty-intelectual-mainstream capitalino; y demasiado visceral, obvio, sincrónico y coherente para las expectativas del público de Súper Siempre, Reynols y Einstürzende Neubauten.

Aquella performance de Súper Siempre, en ese reducto de La Boca, donde fuimos antes, sería demasiado noise para un público disco, heavy metal clásico, punk ávido de estribillos o hardcore melódico, chicos + chicas + look gótico de la periferia; y demasiado intelectual, obvio, asincrónico e incoherente para las expectativas del público de Chronnenberg, White Zombie y Einstürzende Neubauten.

6.
Entonces conjeturamos lo siguiente con relación al noise: ya sea la aproximación culta como su experiencia visceral, en ambos casos, en tanto búsqueda mutante del sonido, tienen un punto en común: LO INDUSTRIAL.

7.
Abandonamos la fiesta y regresamos en la misma línea de bondi en la cual vinimos hasta Flores: el 25. Echados en el asiento trasero junto a la ventana, acomodamos nuestra extensa cola a nuestro costado sobre los cuatro asientos laterales. Por alguna razón creemos estar tan envalentonados que si alguien quisiera movernos de nuestro lugar, arrojaríamos alguna especie de fuerza sobrehumana que podría vencer a los cultores de todo tipo de disciplinas belicosas cuerpo-a-cuerpo, tales como el boxeo, el karate, el taekwondo y el judo, entre otras. Esa percepción firme nos hace sentir seguros y nos permite relajar para seguir pensando en lo que estábamos pensando hace unos minutos atrás.

LO INDUSTRIAL, esa idea, era lo que craneábamos antes de abandonar la fiesta, ahora lo recordamos. Claro, porque lo industrial ES ni más ni menos que la cosa en sí.

8.
PROA, centro de arte contemporáneo -una industria de consumo cultural no masiva- financiado por el grupo Techint, una fábrica global del acero (y por eso no cobran entrada), "permite" o promueve la performance noise de Súper Siempre, incluso con chapa oxidada ruidosa que va ensuciando en cada golpe la asepsia del escenario de madera. Ese marco institucional, funciona como amparo para un gesto interpretativo que podríamos vincular con los conciertos del grupo alemán Einstürzende Neubauten, a principios de los ochenta.

Las Fiestas Gothic BA se organizan en boliches alejados del centro de la Capital Federal o de la Zona Oeste de la provincia de Buenos Aires -una industria cultural de consumo no masiva-, financiadas por todos los que pagamos la entrada, "permiten" o promueven la performance noise de Chronnenberg, incluso con chicas desnudas, disfraces de zombis y sangre artificial que va ensuciando en cada movimiento la rugosidad de la pista de baile. Ese marco visceral, funciona como recreación contemporánea de un gesto interpretativo que podríamos vincular con los conciertos del grupo alemán Einstürzende Neubauten, a principios de los ochenta.

9.
Entonces -finalmente- concluimos que el grupo alemán Einstürzende Neubauten funciona como un caloventor, consciente o inconsciente, para las distintas estrategias que buscan ampararse en la arquitectura del caos. Porque podemos identificar en ellos el origen de una temperatura sonora ligada a la destrucción física de eso que denominamos simplemente rock.

Y aquellos músicos que buscan coquetear con la salamandra cálida de lo diagonal, y se sumergen en el charco experimental, oscuro, mutante (como en las películas de David Lynch que ahora ya son clásicas para nuestra generación), desprogramático (la idea heiddegeriana de que la reflexión política respecto a la técnica es igual a soberanía), algo afectado pero efectivo (Bataille mediante y su teoría del gasto improductivo como móvil para perpetrarse menos alienados con la cosa en sí), algo after punk en muchos sentidos (Malcom McLaren haciéndonos partícipes hedonistas de la contracultura) y algo popular (para que nuestra culpa respecto a la buenaventura de los demás no empañe nuestra felicidad), pensamos que poseen el don de la verdad. O que serán más felices en esa búsqueda de lo no transitado. Como si estuvieran protagonizando una película de ciencia ficción donde tuviesen el rol de actores de reparto muy talentosos, a la espera de un cazatalentos llamado: NUEVO PARADIGMA.

10.
De todos modos, volviendo al grupo alemán, y a todos aquellos que mencionamos anteriormente, no logramos imaginar cómo serían las versiones futbolísticas de esas canciones interpretadas por hinchadas de fútbol arengadas, un sábado por la tarde.

Claro, el rock mutante aún no podría ser popular debido al tipo de lógica general con que articulamos nuestro existir. Sin embargo, estamos seguros de que adelanta el futuro y que las melodías populares se irán transformando -de una u otra manera- con el tiempo. Como pasará con la política. Con la vida cotidiana. Con las relaciones humanas. Con los consumos culturales. Con la misma idea de vida sobre el planeta.

11.
En medio de esta reflexión sin fondo, bajamos del bondi.

Ahora caminamos unas cuadras hasta llegar al gran envase, amplio, horizontal, espeso, que nos espera detenido por todo lo demás.

Detenido y espeso. Horizontal y amplio.

Esperador.

Demasiado espeso, pensamos.

Demasiado amplio.

Demasiado detenido.

Demasiado horizontal.

Demasiado todo.

Pero un hogar es un hogar, al fin y al cabo.


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REGRESO AL PANTANO.
*Autor
Esteban Castromán nació en Buenos Aires en 1975. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Es uno de los creadores de la editorial Clase Turista (www.edclaseturista.com.ar). Ha publicado 380 voltios (Pánico el Pánico, 2011), La perfección de lo imperfecto (Cacto México, 2011), una serie de micronovelas bajo el título Fin (VOX, 2009), participó de la antología Jam de Escritura 2007/2008 (Mondadori, 2008), fue parte del proceso de elaboración del Manual de supervivencia para los días del Gran Desastre (2008) y el apartado "Remanente" en Horny Housewife Kidnapped (2006). Su novela El alud recibió una mención especial en el Premio Indio Rico 2010, organizado por Estación Pringles. Sus próximos libros son El tucumanazo, El segundo plano de la pornografía y Pulsión.