Siguiendo a la guitarra líder
la escena retro de Buenos Aires
Sol Bembibre *


Situación A: "¿Cuál es el mensaje de la canción?" le pregunta algún periodista bronceado y con el pelo rebalsado en gel a la gran estrella de pop-rock. "Quise hablar sobre la autoestima, tú sabes. Debes amarte a ti mismo y ser quién quieres ser. Ése es el mensaje para mis fans" contesta la estrella de pop-rock siguiendo a rajatablas la estrategia del productor.
Situación B: "No se entiende nada la voz" dice el pelusón adolescente en su primer recital en algún antro de la ciudad. Efectivamente, los micrófonos imitación china de Shure que tiene ese lugar amplifican tanto como un vaso contra la pared.


Son contados los casos donde la banda se reconoce por algún integrante que no es el cantante, como puede ser el caso The Who o ACDC. Pero generalmente, las bandas se agrupan en torno a la figura de la voz. En los recitales de estadio, el público pierde su cuerdas vocales cuando el cantante les indica gritar con el clásico ritual de apuntar el pie de micrófono hacia ellos. Cuando un cantante abandona una banda, las chances de éxito son mayores para el cantante que se hace solista que para los músicos huérfanos en búsqueda de una nueva voz. Cuando hay que publicitar una fecha en la radio o en algún medio gráfico, el cantante es imprescindible.
Sin embargo, en la escena under del rock los oídos del público admiten con mayor facilidad letras que no se entienden por problemas de sonido o es sabido que el momento de mayor explosión del pogo es el solo de guitarra. Pero siempre se espera el plus: el cantante haciendo caras o moviéndose o bailando. ¿Y qué pasa si no está esta figura?

Hagan olas

En los pocos lugares de Buenos Aires que sobrevivieron a las clausuras, en los pedazos remendados de la cultura under de los 90s, es posible toparse con recitales de música retro. En esta multifacética escena, como bestias anti-pop, arremeten bandas de surf: chicos con camisas a modo de uniforme, guitarras melodiosas y sin una voz que lidere. Canciones de bandas legendarias como The Ventures o The Surfaris, que han sido concebidas en Estados Unidas, son interpretadas y resignificadas en estos lados y en estos tiempos. Así como también se componen nuevas canciones a partir de sonidos anteriores.
Después de asistir a recitales de The Tormentos, Kahunas, The Vulcanos o Los Zorros Petardos Salvajes nadie pone en duda que estos chicos "rockean". Abajo del escenario hay pogos y gritos por doquier emitidos por distintos cuerpos. Sin necesidad de un cantante que pegue gritos o agite a la gente, se producen desenfrenos y frenesí. Tanto para los geeks entrenados en bandas de surf como para aquellos desafectos a este estilo en particular, este agite se advierte fácilmente. Las cabezas asienten y siguen movimientos veloces en la guitarra y festejan covers del dominio público.

Volver al futuro

No es desconocido para el visitante asiduo del circuito de música de Buenos Aires, las bandas retro: garage, rockabilly, surf, beat. Mancomunadas muchas veces en un mismo evento, fuzz, teclados chillones, melodías chicle, jopos, trajes, camisas coloridas, tatuajes, trémolos, pantalones chupines conviven en comunidad. En otros países estos estilos son cortados prolijamente por la línea que dice "corte aquí". Sea por la falta de convocatoria, de lugares para tocar o de la existencia de líneas demasiado estrictas entre estilos, la escena local ofrece la posibilidad de experimentar todo en una noche.
El hilo de Ariadna en este laberinto de múltiples estilos es el gusto por sonidos y composiciones de tiempo atrás. A a modo de resignificar la música que podrían haber escuchado nuestros padres y gracias a los blogs, rapidshare y otras yerbas, se descubren bandas que permanecieron ignotas por mucho tiempo. Un fanático argentino del rock en los 60s sólo tenía acceso a bandas editadas en el país. Franqueadas estas fronteras, muchas décadas después y en otras condiciones de producción musical, salen a la luz canciones y sonidos vedados para oídos de este hemisferio. El saber elitista de aquellos que podían conseguir LP del exterior es reapropiado por nuevas generaciones ávidas de sonidos diferentes.
En definitiva, una nueva vieja ola se sacude en estos tiempos vertiginosos de múltiple información. Caminen, no corran y mantengan apretado el pedal del fuzz.
*Autora
Sol Bembibre nació en Boedo en 1984. Estudió letras y es profesora de mitología para niños. Toca el teclado y el bajo. Trabajó como DJ y, actualmente, es bajista y cantante de Las Fantásticas Pupés (www.myspace.com/laspupes).