La nube musical
La música online, y cómo se oye.
Germán Andrés *


Antiguamente el arte musical fue efímero -es un decir-, puesto que no había manera de "guardar" la música; una vez que acababan los sonidos sólo quedaban en la memoria de quienes los habían escuchado o interpretado. Con los siglos se fueron inventando diversos tipos de escrituras que permitieron atesorar las ideas de los músicos. Hay relevada escritura musical desde hace unos 2.500 años, ya que el afán del hombre por preservar y transmitir es tan antiguo como su noción del paso del tiempo. Fue con el desarrollo tecnológico que se logró también tomar frecuencias, alturas, y así nació una nueva manera de transmisión, muy poderosa: el registro de fonogramas.

En la actualidad, con la digitalización y los rápidos cambios de hábitos en el consumo musical se da una nueva paradoja, ya que la tendencia apunta a que la inagotable cantidad de música grabada (y subida a la red), no se posee pero siempre esta disponible. Para la mayoría ya no es necesario ni siquiera descargarse y "guardar" los archivos de audio a la máquina, pues están todos en línea; en la nube. Pero y con todo, actualmente en Argentina al igual que en la mayoría de los países del tercer mundo, no hay aún servicios locales de bibliotecas de música (vía streaming); sólo se cuenta con iniciativas internacionales (que tampoco son muchas: Grooveshark.com es quizá el caso más reconocido), provenientes de Europa y USA.

Entonces cuidado que esa nube no nos nuble la visión de todo el mosaico folklórico multicultural que hay más allá. No es verdad eso de que "toda la música está en Internet". En la inmensidad sonora del mundo y su historia hay aún tradiciones y sonidos que no se han grabado casi, y sospecho que otras apenas se reconocen fuera de su entorno. Hasta seguramente existen muchas más nuevas propuestas musicales que canales para ser transmitidas, o público para escucharlas.

Igualmente es bueno reflexionar sobre la idea de que la música es cada vez más libre, que no es lo mismo que gratis.

Otro punto interesante del cambio de paradigma en la forma en que nos relacionamos hoy con la música, es la escucha. Primero en cómo la oímos: con todos los avances en el audio y la calidad del sonido que disponemos actualmente parece evidente que es cuando peor se oye la música (hablando en términos masivos): con los auriculares mediocres que hay en el mercado de uso no profesional, por los limitados parlantes de las computadoras, con los tracks comprimidos (sin su rango dinámico completo y originario), o por la radio en frecuencia modulada (FM). Y segundo pero quizá más importante, es lo que sentimos: sobre la apertura y el disfrute durante la escucha. Cuál y cuánta es la predisposición con que nos abrimos al secreto sonoro, es algo que podemos discutir mucho, pero resulta manifiesto que ante tanta oferta musical y la supuesta velocidad con que vivimos haya menor atención, que los archivos pueden borrarse rápidamente si decretamos que algo no nos gusta en una primera oída, o que la música sea sólo mero acompañamiento en segundo plano.

Así, nos estamos perdiendo mucha información, vibraciones profundas y sobretodo mucho goce. Las obras musicales creativas conllevan una labor cuantitativa y cualitativa que no puede ser procesada, ni comprendida -mucho menos juzgada- con aproximaciones o apresuramiento.
Ojala que esta nube no sea tan efímera, así mientras la música este en el aire la podemos respirar profundamente, y nos cambie.
*Autor
Germán Andrés nació en Entre Ríos en 1975. Es escritor y gestor cultural. Desde el 2000 vive y trabaja en Bs. As. como periodista especializado en música y productor independiente. Es coordinador de Clubdeldisco.com, fundador de Arroba Music y editor de música para la revista 90+10, entre otras cosas. www.vermirando.com