Música para animales
Lola Arias *


Lena ( niña, 11 años) y J ( rata, 2 años)
Lisa ( mujer, 35 años) y Muerte ( perro, 4 años)
Dora ( vieja, 70 años) y IT (loro, 6 años)


LENA:
Cuando mi madre nos abandonó, mi padre me regaló una rata recién nacida.
Y yo le puse de nombre Josefina, pero la llamo J. porque no me gustan los nombres largos. J va conmigo a todos lados: al colegio, al parque, al cine. Siempre viaja metida en el bolsillo de la campera para que nadie la vea.
Antes la llevaba con un correa pero todo el mundo se reía de mí. Una vez los chicos de la escuela me robaron a J y la tiraron al inodoro del baño de varones. Yo la rescaté del agua y la sequé con un secador de pelo. Desde entonces, no me gusta que nadie la toque.

LISA:
A Muerte lo encontré abandonado en un estacionamiento el día que llegué a Europa. Caminaba drogado entre los autos y las motos y tenía una pata herida, como si lo hubieran atropellado. Yo me acerqué diciéndole algo así como ¨hola, perro¨ y cuando quise tocarlo, él saltó sobre mí y me mordió la pierna. Una, dos, no sé cuántas veces porque me desmayé.
Cuando abrí los ojos, una lengua rosa y áspera me estaba mojando la cara, era Muerte tratando de resucitarme. Después vino una ambulancia y llegaron dos hombres de blanco con bigotes que me subieron a una camilla. Mientras viajaba hacia el hospital, veía a Muerte a través de la ventanilla corriendo al lado de la ambulancia.
En el hospital me cocieron la pierna con un hilo y me dieron drogas para dormir. Durante los dos días que estuve internada, Muerte me esperó en la puerta, como si fuera mi guardaespaldas.
Cuando salí del hospital, él comenzó a seguirme por la calle. Yo le tiré una zapatilla contra el hocico diciendo ¨fuera, perro¨ pero él seguía detrás de mí, mirándome con ojos de pobre huerfanito. Cuando llegamos a la puerta de mi casa, me pareció que iba a morir ahí mismo y le di los restos de un sandwich viejo que estaba en mi mesita de luz. Mientras lo miraba comer pensé: es como si la muerte me hubiera venido a buscar y se hubiera arrepentido. Y así fue que le puse su nombre.

DORA:
Cuando el médico me dijo que estaba perdiendo la memoria, fui a la veterinaria y me compré un loro porque pensé que si le enseñaba todo lo más importante para mí, el loro lo podía repetir cuando yo me lo olvidara.

LENA:
J depende de mí y yo dependo de ella. A veces quiere correr por toda la casa y otras se pone melancólica y se pasa horas sin querer ver a nadie, encerrada adentro de mis zapatillas. Cuando yo estoy triste, ella se mete adentro de mi ropa para hacerme reir. Cuando ella está triste, yo le doy de comer una banana.

Lena saca una banana del bolsillo y parte una mitad para ella y otra para J. Las dos comen.

A mí también me encantan las bananas.

DORA:
No sé bien cuándo empecé a perder la memoria pero el médico me contó que un día me encontraron perdida en la calle. Parece que iba y venía por la misma cuadra preguntando el nombre de una calle que no existe. Me llevaron a un hospital y me preguntaron el nombre de algún familiar que me pudiera ir a buscar pero como yo no me acordaba de nadie, me trajeron a La Residencia.
Pero yo sé que tengo una hija. Una chica muy temperamental. De niña no podía dormir y siempre me llamaba a los gritos para que me meta en su cama. Después se enojó conmigo y no me quiso ver más. Ella nunca me visita acá en la Residencia. Quizás ni siquiera sabe dónde estoy.
A mí me gusta vivir en la Residencia porque acá somos todos viejos y no hay que andar escondiéndose ni pidiendo disculpas porque el cuerpo no funciona. Afuera a los viejos molestan: en las cajas de los supermercados nos odian porque no encontramos las monedas perdidas en el fondo de los monederos, en la calle porque vamos en cámara lenta, en los cafés nos detestan porque hacemos ruido al beber o al comer con los dientes postizos, en los cines porque olemos como los animales. Acá en la Residencia en cambio todos somos viejos, todos iguales, todos en cámara lenta salvo el loro que vuela y habla todo el tiempo.
Las palabras preferidas del loro son: no, padre, dinero, mesita de luz, revólver, caracol, inodoro, máquina de afeitar, Europa.
El loro repite las palabras

LISA:
Cuando llegué a Europa no conocía a nadie. Tenía una valijita con 3 pulóveres, 1 cepillo de dientes, 6 remeras, 2 pantalones, 7 bombachas, 2 libros, 6 pares de medias, 500 euros que había ahorrado durante un año y un diario íntimo. Muerte se convirtió en lo más importante para mí.

LENA:
Mi madre nunca me hubiera dejado tener un animal en casa: ella siempre decía: ¨ no hay nada que odie más que la melancolía de los animales domésticos ¨ Pero ahora J y yo somos inseparables. Leemos juntas, viajamos juntas, comemos juntas. Y también hacemos obras de teatro. A veces son historias de amor y nos besamos en la boca o son guerras con manzanas que hacen de bombas o relatos fantásticas donde hay muchas remeras que vuelan por el aire. A mi padre le gustan mucho nuestras obras de teatro. Una vez por semana representamos las obras después de comer y él nos paga 2 o 5 pesos.

J es una gran actriz, puede hacer de princesa.

J hace de princesa.

Puede hacer de filosofo.

J hace de filósofo.

Puede hacer del caballo de un guerrero.

J hace de caballo de guerrero.

Puede hacer de muerta.

J hace de muerta.

Puede hacer de Dios.

J hace de Dios.

Puede hacer de mí.

J hace de Lena.


DORA:
A mí no me gusta el teatro ni el cine porque hay personas que hacen de otras personas. Pero la literatura sí me gusta porque todo pasa adentro de mi cabeza. Entre los libros que trajeron de mi casa a la Residencia encontré libros en inglés. Yo sabían inglés cuando era niña y me dijo mi compañera de habitación, que a veces cuando sueño hablo en inglés pero cuando me despierto no me acuerdo de nada. Ahora decidí volver a estudiar con los libros pero como nunca sé bien a dónde me quedé siempre vuelvo a empezar desde la primera lección.

MY NAME IS DORA.
I'M FROM ARGENTINA. COWS, GAUCHOS, GUNS, MELANCHOLIC PEOPLE.

Repeat

El loro repite algunas palabras.

WHERE ARE YOU FROM? DO YOU BELIEVE IN GOD? WHERE IS THE BUS STATION? ARE YOU AFFRAID OF DYING? ARE YOU AFFRAID OF YOURSELF? WHERE IS THE TOILETT? DO YOU TRUST ME? DO YOU LOVE ME? CHICKEN OR MEAT?

Repeat

El loro mira con cara de piedra.

THANK YOU.
I LOVE YOU.

El loro repite.

ME YOU SHE HE IT YOU WE THEY
You are IT. Do you understand?

El loro mira.

I AM A WOMAN
YOU ARE AN ANIMAL
IT IS A PARROT

El loro repite.

LISA:
Cuando llegué a Europa no sabía hablar inglés y al principio fue muy difícil conseguir trabajo. Mi primer trabajo fue sostener un cartel. Ocho horas por día parada en el centro turístico de la ciudad con un cartel que decía: ¨RESTAURANT MY HOME: MENU 10 euros¨. Muerte dormía en una mantita a mi lado o daba vueltas alrededor o se iba un rato por ahí y luego volvía con un hueso o algún juguete que le había robado a un niño.
Éramos varios los que hacíamos de cartel humano en el centro: había un negro que sostenía un cartel de GUESS, un gordo con FUJI FOTOS, un viejo chino con un cartel verde que decía GOLF SALE. Entre nosotros nunca hablábamos salvo cuando yo le pedía a otro que me sostenga el cartel del restaurant para ir a hacer pis en Macdonalds. A mí me gustaba ese trabajo porque no tenía que hacer nada, sólo sostener un palo y pensar. Niños, hombres con traje, señoras en tapaditos pasaban delante de mí en cámara rápida y yo iba guardando sus caras en mi cabeza como en un álbum de fotos.
En el invierno, Muerte y yo nos cansamos de estar quietos y conseguimos otro trabajo entregando pizza a domicilio. Yo iba a toda velocidad atravesando el viento con mi casco de moto y Muerte corría detrás de mí con la lengua afuera. Pero como no sé conducir, me chocaba contra los árboles o me caía de la moto y la pizza llegaba como una gran bola de queso. Después de varias rodillas con sangre, manos raspadas y moretones en el culito, el dueño de la pizzería me dijo si no quería trabajar adentro. Pero yo le dije que no gracias, que prefería trabajar en la calle con mi perro.

LENA:
Mi padre trabaja vendiendo boletos detrás de la ventanilla del subte. A veces yo lo voy a visitar al subte pero casi nunca podemos hablar porque siempre hay una fila de personas frente a él que quieren comprar su boleto. A veces yo hago la cola también para saludarlo pero tengo que hablar rápido porque si no la gente se enoja y si quiero hablar más, tengo que volver a hacer la cola otra vez. Cuando me canso de hacer colas, me quedo mirándolo decir : 90 centavos, tiene monedas? Este es su vuelto . Mi padre es un robot cuando está detrás de la ventanita. No sé ríe ni se enoja ni nada.

LISA:
No es fácil conseguir un trabajo con perro. Un día mientras dábamos vueltas vimos un hombre flaco de unos cincuenta años que cantaba canciones de Velvet Underground en el subte.
Muerte y yo nos quedamos varias horas hipnotizados por el viejo cowboy. Tenía la voz muy ronca de tanto fumar o de tanto tragar viento y había algo especial en su manera de cantar, como si estuviera cantando para sí mismo. Todo el mundo que lo miraba terminaba dándole una moneda.
Yo sólo había tocado la guitarra de adolescente pero aún me acordaba algunos acordes y pensé: yo también puedo cantar. Así que nos acercamos al viejo y le dije que le daba treinta euros si me enseñaba treinta canciones y me ayudaba a conseguir una guitarra. El viejo Bob me pidió que le mostrara la plata y luego dijo que sí con un sonrisa repleta de varios agujeros.
Las clases de música eran largas peleas. Bob ponía mis manos en los acordes y me gritaba ¨ así, eso, no, no, idiota, más despacio, así no vas al llegar a ningún lado ¨ . Bob tenía una manera de enseñar que siempre era igual: nos tomábamos un barril de cervezas y ahí empezábamos a tocar bien.
En ese tiempo, Muerte también aprendió a hace los coros para mis canciones. La primera canción que aprendimos fue Vicious de Lou Reed

Lisa y Muerte cantan Vicious de Lou Reed.

LENA: Yo casi ya no pienso más en mi madre, salvo cuando entro en un lugar donde alguien fumó antes. Mi madre fumaba escondida en el baño. No entiendo por qué se escondía si mi padre y yo nunca estuvimos en contra de que fumara. Era su secreto, ella fumaba en el baño y escribía su diario. Cada vez que yo entraba al baño veía las colillas nadando en el agua del inodoro o apagadas contra el borde de la bañadera.
A mí me gusta guardar las colillas de los cigarrillos porque me hacer acordar a mi madre.
Acá en el bolsillo tengo.1, 2 ,3 ..10 colillas.
A mí y a J nos gusta fumar las colillas.

Lena prende la colilla y le tira el humo a J.

LISA:
Yo fumo cuando alguien me regala un cigarrillo. Los hombres a veces me ofrecen cigarrillos para hablar conmigo. Pero yo no estoy buscando novio ni marido ni un padre para mis hijos. Ya tuve todo eso una vez.
Desde que estoy en Europa, sólo me interesé por un chico. Lo conocí una noche que yo estaba un poco borracha cantando en el pasillo del subte. Ya casi nadie pasaba por ese lugar pero yo seguía cantando. Cantar es una droga para los que hacen música en la calle. Después de horas de cantar, a veces es muy difícil detenerse, como si te hubieras convertido en un tocadiscos que gira sobre sí mismo.
Y mientras cantaba, llegó un chico con una capucha negra. Él tenía dieciocho o veinte años y me miraba a través de la capucha con dos ojos azules como cuchillos. Una hora estuvo inmóvil frente a mí como un robot hipnotizado por la música.
Y Muerte que nunca se interesa por nadie, se acercó hacia él y el chico lo tocó con una mano tan blanca y tan suave que Muerte se quedó acostado a sus pies. Cuando terminé de cantar y empecé a guardar la guitarra, el chico se acercó a mí. Hizo una sonrisa con sus dientes blancos y estiró su mano hacia mí con un billete de veinte euros.
Yo agarré el billete entre mis dedos y él agarró mi mano. Después todo fue muy rápido, como en un raro sueño. Él me apretó contra la pared, me bajó los pantalones en un solo movimiento y sin que yo tuviera tiempo de pensar que era lo que pasaba, estábamos cogiendo en el pasillo del subte.
Mientras tanto, Muerte se había alejado unos metros, como un vigía dispuesto a morder a cualquiera que se atreviera a pasar por ahí.
Cuando terminamos de coger, me dio un beso y se fue. Yo me levanté el pantalón, agarré la guitarra y las monedas y salí caminando con Muerte detrás de mí. Al llegar afuera del subte, el chico de la capucha había desaparecido y el viento me golpeaba tan fuerte que era como si quisiera borrarme la cara.
Después lo volví a ver un par de veces más. Aparecía siempre de noche cuando yo tocaba en el subte con un billete de veinte euros o de cincuenta. La escena era siempre igual: se acercaba, me daba el billete y cogíamos parados contra alguna pared. Yo guardaba el billete en el bolsillo del pantalón sin decir nada pero lo hubiera hecho igual aunque no me hubiera dado el dinero.

DORA:
Mi marido murió de una enfermedad, un cáncer de pulmón o algo así. Hace siete, diez años o un poco más, no sé. Yo no tengo imágenes de cómo era él de viejo, se me borraron de la cabeza. Cuando pienso en él siempre lo veo como cuando tenía veinte años.
Mi marido era un poco parecido a IT: la nariz hacia abajo y los ojos verdes bien abiertos. Yo lo conocí en una pileta de natación. Él me miraba cada vez antes de tirarse del trampolín, como si me dedicara cada salto. Un día lo esperé a la salida de la pileta y fingí que me habían robado la bicicleta para hacer que él me llevara en su vespa a casa. Después de ese viaje en moto comenzamos a ser novios y nos casamos.
A mí siempre me gustaron las motos. Hace poco le compré la moto un chico que vive en la cuadra pero los enfermeros me la escondieron porque dicen que no sé manejar. Pero yo siempre manejé, viajé por el mundo sola. Siempre fui muy independiente, no era como esa mujeres que son como perros dormidos. Tuve varios amantes cuando estaba casada. Me enamoraba, me pasaba unos meses de romances a escondidas y al final me cansaba. Era como una fiebre que me ataca de pronto y luego volvía a querer a mi marido como antes.
Acá en la Residencia también hay muchas historias de amor. Algunas veces incluso se escucha que dos viejos están haciéndolo en alguna habitación. Es un sonido raro, como cuando se mueven muebles muy pesados.
Una de las primeras noches acá, tocaron mi puerta y cuando abrí había un viejo desnudo. Era un viejo que yo no conocía y me asusté porque parecía un fantasma con la luz reflejada sobre su piel blanca.

LENA:
Yo no tengo novio. Tuve uno por dos horas pero me peleé porque decía que yo debía usar el pelo suelto y a mí me gusta usar el pelo así, atado con una colita.
Mi padre tampoco tiene novia. Desde que mi madre nos abandonó, nunca trajo una mujer a casa. Todas las noches al llegar del trabajo fuma porro y mira televisión. Nunca tiene ganas de salir, se viste mal y ni siquiera atiende el teléfono. Yo le dije que si quería yo lo podía acompañar a un bar. Yo podía hablar con alguna chica que le gustase o pasarle una carta escrita en una servilleta. Pero él no quiere hablar de eso.

DORA:
El viejo desnudo entró al cuarto y se metió en mi cama sin decir nada. Y no fue el único. De vez en cuando abro la puerta y hay otro viejo desnudo. No es un sueño, es real. Aunque a la mañana desaparecen y después en el desayuno se hacen los desentendidos. El loro sabe de todos los que pasaron por acá. No es así , IT?

El loro mira y no contesta.

LENA:
J tampoco tiene novio. El otro día pasamos frente a la veterinaria y nos quedamos mirando un hamster hermoso que daba vueltas en una rueda. Entré a preguntar cuánto salía pero como no me alcanzaba la plata para comprarle un novio a J, nos consolamos con ir a mirarlo correr detrás de la vidriera.

LISA:
Yo siempre me pregunto cuál es el tipo de persona que da dinero a un desconocido en la calle. Casi siempre puedo adivinar qué tipo de persona me va a dar dinero cuando estoy cantando.
En general, me dan dinero los más jóvenes y los más viejos. Las personas entre treinta y sesenta están demasiado preocupadas por sí mismas y no tienen tiempo para darme sus monedas. Los jóvenes andan enamoradizos por las calles y los viejos andan sonámbulos, como despidiéndose de todo. Los niños también corren a pedir monedas a sus padres cuando escuchan cantar a Muerte pero los padres en general tienen miedo de que sus niños lleguen cerca de nuestro.
Acá no somos tantos los que trabajamos en el subte. En mi país, cada vez que viajaba en subte veía cuatro o cinco números: el ciego con la lata de monedas, los niños que te dan un beso y una estampita de Jesús crucificado, los indígenas que hacen canciones folclóricas, las adolescentes con bebés que venden stickers de hello kitty.

LENA:
Yo siempre me pregunto cómo hace mi padre para estar todo el día metido en el subte contando dinero. Si yo fuera cajera de supermercado o de un negocio o de un banco, no podría tener el dinero en la mano y luego dejarlo. Contar dinero te da ganas de comprar muchas cosas.

DORA:
Yo siempre me pregunto cuánto dinero cuesta mantener a todos los viejos del mundo. A veces pienso que un día, la gente se va a cansar de que los viejos sean tan caros para el capitalismo y van a salir a matar viejos. Me imagino grupos de personas ahogando viejos con bolsas de plástico en sus camas de hospital, empujándolos contra los autos en las avenidas, golpeando viejos en la cabeza con palos de golf.

LENA:
Lo bueno de los animales es que no tienen que preocuparse por el dinero. Igual a J le gustan mucho las monedas para jugar al fútbol.

Lena le da una moneda a J y J juega con ella.

DORA:
Lo veo como el titular de un diario: GRAN MATANZA DE VIEJOS. Nadie se va a dar cuenta bien cómo empezó ni dónde pero al cabo de seis meses ya no quedará nadie vivo de más de sesenta años.
Y así la economía de los países se reacomodará, se ahorrarán todo ese dinero de las jubilaciones, las pensiones, los hospitales, los asilos.

LISA:
Yo nunca entendí cómo hace la gente para ahorrar dinero. Yo tengo un billete y lo gasto, luego no tengo más y hago algo para tener un nuevo billete y luego lo gasto apenas me lo dan. Supongo que hay gente que nace con muchos billetes en una cuenta para su futuro. También hay gente que le gusta trabajar y juntar dinero pensando que luego se convertirá en un nuevo vestido, lavarropas, auto, casa.

LENA:
Yo tengo ahorrado 234 pesos en una caja de caramelos de menta. Estoy ahorrando para irme de viaje con mi padre y J. Mi padre necesita vacaciones. Trabaja de seis de la mañana a seis de la tarde debajo de la tierra. Nunca ve el sol ni el cielo ni las nubes ni los pájaros que se paran en los cables de luz. Mi padre dice que a él no le interesa todo eso. Él dice que él viaja adentro de su cabeza. Adentro de la cabina donde vende los boletos tiene pegadas muchas postales de playas y montañas. Una de Río de Janeiro, otra de Cancún, otra de los alpes suizos, otra de un lago que no me acuerdo de dónde es.

LISA:
También hay gente que ahorra porque tiene miedo. Miedo de quedarse sin trabajo, miedo de enfermarse y no tener dinero para pagar su tratamiento, miedo de que haya una guerra o un terremoto y no poder huir por falta de dinero.
También hay gente que ahorra porque no sabe en qué gastar el dinero. Eso me parece increíble, que alguien no tenga imaginación para gastar el dinero siendo que con dinero uno puede imaginar tantas cosas para hacer.

DORA:
Mi hija antes me llamaba por teléfono cada algunos meses, cuando necesitaba dinero. Venía a visitarme con esos jeans medio rotos y el pelo como un nido y hablábamos durante una hora de cualquier cosa. Y justo antes de irse, me decía: tenés algo de plata para darme?. Y yo le daba algo con la mano cerrada, ella lo agarraba y sin mirarlo salía a la calle.
Pero cuando se enojaba conmigo me decía que me muera, morite me decía. Y yo pensaba que ella me iba a matar con esa frase. Cada vez que me decía morite, yo pensaba que esa noche me iba a morir. Pero al final creo que me la dijo tantas veces que me fue alargando la vida.

LENA:
Cuando vivía con mi madre, no podía ahorra nada porque ella me robaba la plata de mi cajita. Yo la escondía en otro lugar pero ella siempre la encontraba. También les robaba a mis amigas del colegio cuando dejaban sus mochilas en el cuarto. A mi madre nunca le gustó trabajar. Cuando era cajera de supermercado, la echaron por atender escuchando música con auriculares. Después trabajó en un negocio de ropa y la despidieron porque les decía a las clientas que eran feas. También trabajó como seguridad en un shopping y se quedaba dormida parada con el uniforme puesto.
Mi madre un día me contó que su madre tenía mucho dinero pero que se lo había ido gastando en cualquier cosa. Yo a mi abuela la vi sólo una vez porque mi madre no se lleva bien con ella. Mi abuela es una mujer muy hermosa. Parece que estaba siempre ocupada y se olvidaba de mi madre cuando era chica. La dejaba olvidada en el supermercado, no la iba a buscar a la escuela, cosas así. Y mi madre creció medio sola. Cuando la fuimos a ver, mi abuela dijo algo que a mi madre no le gustó, creo que dijo que yo era fea como mi madre.
Pero yo no soy como mi madre ni como mi abuela. Yo cuido de J todo el tiempo, nunca me olvido de darle su comida, de bañarla, de dejarla dormir en mi cama. También nos gusta mucho bailar juntas.

Lena pone música en un grabador y baila con J.

LISA:
Ahorrar es pensar en el futuro. Yo no pienso en el futuro. Yo pienso sólo en el presente. Ahora tengo hambre, ahora quiero alguien que me ame, ahora tengo frío, ahora necesito nuevas zapatillas. Ahora es mi palabra predilecta.
Para los animales el futuro no existe. Sólo el instinto de lo que necesitan en el momento. En ese sentido, muerte y yo somos iguales.

DORA:
Desde que empezó mi problema con la memoria, soy más feliz que antes porque no tengo recuerdos tristes. No sé dónde está mi hija, no me acuerdo mucho de mi marido, no extraño a nadie que se murió.
Y en la Residencia gano mucho dinero como adivina. Pero en lugar de adivinar el futuro, yo adivino el pasado de las personas. A los viejos no les gusta el futuro porque saben que en el futuro está la muerte y nada más. Pero les gusta que yo les cuente su pasado como si fuera una película.
Muchos de ellos no tienen memoria casi, como yo. Entonces yo les invento un pasado con algunas cosas que ellos me cuentan y ellos lo creen porque ya no saben lo que fue. Y mis historias son mucho mejores que la vida.

LISA:
Tampoco pienso en el pasado. El pasado es lo que quedó del otro lado del océano: el departamento de dos ambientes, mi hija siguiéndome por toda la casa, Fran tirado frente al televisor como un caballo, mi trabajo en la tienda de ropa para idiotas. Yo me fui de mi casa un lunes a las cuatro de la mañana sin que nadie me viera. Lo último que me acuerdo es de mi hija dormida en el sillón del living antes de cerrar la puerta de casa. Ella estaba abrazaba a una frazada como si fuera un chaleco antibalas y tenía una cara rara, de estar soñando una pesadilla.

LENA:
Yo vi el día que mi madre se fue de casa. Estaba dormida en el sillón y me desperté porque porque escuché ruidos. Entonces vi a mi madre caminado en la oscuridad con un gran bolso de gimnasia. Apoyó el bolso y después sacó plata del saco de mi padre que estaba sobre una silla y abrió la heladera para llevarse un paquete de pan lactal.
Yo la miraba con ojos entrecerrados y me hacía la dormida porque no sabía bien qué hacer ni qué decir. A la mañana siguiente pensé que había sido una pesadilla pero cuando abrí la heladera descubrí que el pan no estaba allí y mi madre tampoco. Mi padre estaba acostado en la cama con los ojos abiertos y al lado de él había una carta.

DORA:
El doctor dice que debería encontrarme con mi familia y yo le digo que mi familia es mi loro y los viejos. Él dice que debería ver a mi nieta, que vive muy cerca de la Residencia y que anda por la calle con una rata pequeña. Yo no recuerdo mi hija embarazada ni un bebé ni una nena ni nada.. Pero hay una nena que aparece siempre en mis sueños. Es un invierno muy frío y yo tengo que ir a buscar a mi hija al colegio. Ese día tuve muchas cosas que hacer y cuando llego a casa a la noche, mi marido me pregunta dónde nuestra hija. Y yo entonces algo corriendo a buscarla y la encuentro en la puerta del colegio dormida tapada con su campera. Yo le grito y ella no abre los ojos. Entonces yo pienso: está muerta, se murió de frío. Empiezo a sacudirla por los hombros, ella abre los ojos furiosa y me muerde tan fuerte que me la arranca la mano con los dientes y la deja caer en el suelo.

LENA:
Esta es la carta que dejó mi madre antes de irse. La llevo guardada en mi bolsillo junto con J y va conmigo a todos lados.

Queridos Lena y Fran:
Un día cuando salía para trabajar me quedé inmóvil frente a la avenida sin poder cruzar la calle. Tenía mucho miedo, un miedo que nunca antes sentí, como si un animal me estuviera comiendo los órganos por dentro.
Entonces me quedé ahí parada, mirando pasar los autos por la avenida, uno tras otro como nubes a gran velocidad. Y no podía llorar, ni gritar, ni moverme. Era como si mi cuerpo se hubiera congelado y mi mente pensaba que me estaba muriendo.
Entonces vino un ciego y me dice: ¿me ayuda a cruzar la calle? . Y yo no podía contestar pero lo agarro del brazo, el ciego camina firme sin soltarme y no sé cómo me deja en la guardia de un hospital. El doctor me da unas drogas y me dicen que es normal, que en las grandes ciudades cada vez hay más gente que tiene ataques así.
Y cuando volví a casa, pensé: tengo que irme de acá a un lugar donde nadie me conozca y yo no conozca a nadie. Levanté el teléfono y compré el billete más barato que había para cualquier país de Europa.
Durante dos meses supe que me iba a ir y pensaba decírselos pero nunca encontré el momento perfecto. No espero que lo entiendan pero ojalá que me perdonen.
PD: Les saqué 500 pesos a Fran y 89 a Lena pero no se preocupen porque se lo voy a devolver.
Con el corazón como un lavarropas.
Lisa

LISA:
Yo creo que un día voy a volver a casa pero ahora soy feliz con Muerte. Muerte se levanta con el sol, come de mi mano, canta conmigo, duerme al costado de mi cama. Ya no tengo miedo de cruzar sola las avenidas. Muerte va abriendo el camino delante de mí.

LENA:
Las ratas viven de uno a tres años y como J ya tiene dos años, todo el tiempo pienso que pronto se va a morir. Entonces voy a tener que hacerme amigos y tener novios y hacer todas las cosas que hacen las otras niñas.

DORA:
Yo no necesito ninguna familia. Y no tengo miedo de estar sola porque IT está siempre cerca de mi diciendo palabras que me hacen reir. Tampoco tengo miedo de morir. Ya vi morir a por lo menos diez viejos desde que vivo en la Residencia. Todos los viejos mueren igual, todos dicen mamá antes de morir.
*Autora
Lola Arias (1976) es escritora, directora de teatro, performer y cantante. Sus textos transitan la frontera entre la ficción y lo real. En teatro trabaja con actores, no actores, bailarines, músicos, niños, bebés y animales. En "Striptease"(2007) un bebé de un año es el protagonista de la obra; en "El amor es un francotirador" (2008) los actores cuentan historias de amor mientras toca en vivo una banda de rock; en "Mi vida después" (2009) seis actores reconstruyen la juventud de sus padres en los 70 a partir de fotos, cartas, cassettes, ropa usada, etc. En Alemania dirigió "Familienbande" (2009) en el teatro Kammerspiele Munich y "That enemy with in"(2010) en el teatro HAU, Berlin. En colaboración con el artista Stefan Kaegi dirigió Chácara Paraíso , una instalación biográfica con policías brasileños, y Airport kids, un proyecto sobre niños internacionales en suiza. En el 2010 curaron Ciudades paralelas, un festival con 8 intervenciones en el espacio público. Además, junto con Ulises Conti, compone música y toca en vivo. Grabó el disco "El amor es un francotirador" (2007) y Los que no duermen (2011). Publicó: Las impúdicas en el paraíso (poesía, Tsé-Tsé), La escuálida familia (teatro, Libros del Rojas), Poses para dormir (Antología dramaturgias. Entropía), la trilogía Striptease/ Sueño con revólver/ El amor es un francotirador ( teatro, Entropía). Sus textos fueron traducidos al inglés, francés y alemán.