Cuento de desilusion-hada
Apuntes del debate entre Dani Umpi, Gabriel Lagos y Diego Recoba
Deborah Rostán *


El final del Encuentro de Literatura y Cine fue batallado por Dani Umpi, Gabriel Lagos y Diego Recoba, con Miss Tacuarembó en pantalla y papel bajo la mirada cuestionante de Pepi Gonçalvez, quien inició la disputa.

En una mesa anterior "Gris multicolor" integrada por Daniel Elisalde y Mariela García Corrales por un lado, y Gabriela Rama y Deborah Rostán por otro, se habían contrapuesto por los primeros, la mirada académica de un cine culturalmente enaltecido, como lo es la reconstrucción de la urbanidad montevideana a través de El Dirigible, las imágenes del Palacio Salvo -esquina emblemática de la capital uruguaya- y los poemas de Mario Benedetti, Juvenal Ortiz Saralegui y Mario Alfredo Ferreiro. Y una mirada actual, un bifocal diferente para observar nuestra realidad nacional, a través de Miss Tacuarembó y su expresividad fervientemente posmoderna -en un país que, quizás, no lo es tanto- propuesta por las segundas integrantes. A partir de esta dialéctica se polemiza la cultura académica y se la pone en cuestión frente a la otra que no lo es. Se intenta dar preponderancia a otro tipo de novela; ya no a aquella que habla de las insignias culturales, sino la que retoma el relato de la cotidianeidad vivida por cada uno de nosotros; tratando de integrar a la masa "culturalmente aceptada" aquello que Nicolás Der Agopián, moderador de esta mesa, propuso: el Uruguay no sólo de la rambla, los días grises y la cultura media lamentándose en un bar. En nuestro país hay también yupis y empresarios, y gente moderna trabajando y paseando en shoppings.

El hielo se rompe forjando la duda acerca de si la novela de Umpi y el film homónimo de Martín Sastre nos posicionan frente a un cuento de hadas.

La protagonista de la novela y del film, Natalia, es una niña de Tacuarembó, ciudad del Interior de Uruguay que se deja afectar por una realidad televisada, ochentosa, y junto a su amigo "rarito", Carlos, deciden ser famosos y salir de ese pueblo aislado. La irrupción tecnológica en el pueblo periférico es acompasada por un Uruguay deprimido económicamente que se nutre, insistentemente, de un desarrollo deseado desde su historia. Una cultura pop, icónica de los ochenta, llega a un lugar que también resguarda un arsenal de elementos canónicos, mimetizándose, fusionándose los espacios para crear (o recrear) un hábitat que, aunque sin dejar de formar parte del mundo en desarrollo, se posiciona un tanto ajeno a él.

Natalia, parece ser exhortada por el medio televisivo, tanto que vive su realidad a través de Cristal, culebrón de los ochenta que recuadra en el monitor la vida de una sirvienta enamorada del hijo adinerado de sus patrones. Telenovela con las que muchos de nosotros logramos sentirnos identificados. Todos hemos querido ser Ricos y famosos. Pertenecer a la comediática fama del mundo de los artistas. Así, nuestra protagonista Natalia, lucha por eso en su pequeña ciudad. Toda su vida está planeada a partir de la preparación del certamen de belleza más importante de la zona. Nati quiere ser Miss Tacuarembó. Quiere desfilar, cantar como su ídola de la televisión.
Los tres integrantes de la mesa concuerdan en que Nati, la protagonista, logra su objetivo solamente en la imagen mediática que nos plantea el film a manera de video clips acumuladamente acelerados. Mientras, como sostuvo Gabriela Rama, en la mesa anterior, la película se propone ser lo que termina siendo, un conglomerado de guiños sobre exterioridades de una generación, de una época posmoderna. Y el final feliz de cuento de hadas sólo se conquista a través de la lógica hollywoodense, en un relato que eclipsa su cara oscura. Como se canta en uno de los videoclip "Una película de amor, termina siempre bien. La vida sin embargo no, hay que ayudarla con un poco de fe".

En cambio, para la novela, se acuerda una naturaleza dialéctica del fracaso. Ambiente que desmitifica las ansias de alcanzar el desarrollo euro-neoyorquino. Con la novela caemos en razón de estar frente a una inexistencia agnóstica y plurívoca donde nada puede hacerse realidad, donde nada es realidad, donde nada existe. Ni fe, ni familia, ni sociedad. Como dice la protagonista en el texto: "Carlos llora por mí y me promete que nunca le pediremos nada más a Cristo. Yo le digo que Cristo no existe, que es como los Reyes Magos, como los padres." (Umpi, 207). Personajes latinoamericanos en constante búsqueda de un camino que obstaculiza continuamente su andar, y que casi jamás logra anclar en el puerto de la fama. Tal como lo sostuvo Diego Recoba en la mesa, determinando el hecho como una tragedia pop: el mundo de Natalia en la novela se va desmoronando sin levante. Se intenta detener la debacle pero todo parece estar dispuesto para que ella se hunda cada vez más. En una tragedia griega lo inexorable es el destino, en nuestra novela, la cotidianeidad. En la griega el pecado de hybris es querer ser dios, en la novela parece ser el "querer ser una estrella". Sucede, así, un fenómeno que Recoba tacha de actual: la movilidad social, finalmente, es imposible, "si naciste en un pueblo de porquería, vas a ser una pueblerina barata toda la vida."

Se plantea, entonces, para la novela, la existencia de un imaginario colectivo imbuido en la frustrante cotidianeidad vacua de aspiraciones, que reconstruye esa latinoamericanidad de la que formamos parte. Mientras la película excede en recursos coloridos para mostrarnos idílicamente que todo es posible y podemos llegar a ser felices -y hasta comer perdices- en la montaña con el nombre adorado, como en el mejor de los cuentos de hadas.

Entre idas y vueltas del micrófono que se pasea voceando el pensamiento de los contrincantes, la charla trae ahora otro tema a la reyerta.

La literatura de la posmodernidad que se cita, envidiosa de un final feliz que termina por traslucir su extremo fracaso, puede, por su condición, disecarse en tantos registros, considerados algunos, no del todo buenos. ¿Qué piensan de esta posmodernidad ideológicamente agobiante, asertiva de diferentes tipos de comunicación emergentes?

Lagos argumenta a favor del no grato final feliz rebuscado que imita lo barato de los ochenta. Se atiene mejor a un Puig latinoamericano que llega a calcar los mapas en que estamos insertos los artistas uruguayos. Prefiere dejar de lado la película de Nati convertida en hada, y atenerse sí, a lo que de alguna manera, somos. Una reconstrucción de la cultura a través de Madonna, Flashdance, la telenovela, los rankings, Björk, Enya, reality shows, pero siguiendo la línea uruguayesca falta de identidad, y no aquella que forzosamente la ha encontrado en la paradoja engañada del film.

Dani Umpi trae su vivencia personal de ser más conocido en el exterior. Su obra se conoce en más alta medida en Argentina que en su propio país, por ejemplo. Lo que no desestima, pero en parte, puede cuestionarse. ¿Será que aunque pretendemos ser pops y hablar un spanglish rosado que compra dólares, no somos tan abiertos a los cambios en nuestro país? Dani no es considerado escritor, por no cumplir con los requisitos estéticos, literarios o de comportamiento del perfecto escritor moderno. La posmodernidad literaria llega tarde a Uruguay. La imagen del escritor y su deber ser, siguieron muchos años aferrados a cánones modernos (el escritor con jaqueca, sentado en un bar, tomando grappa y escribiendo, evitando ir al fútbol y a las discotecas, prefiriendo las buhardillas y las tertulias). Arquetipos tan rígidos con que también se cargará la posmodernidad.

Diego Recoba, en otra línea, hace explícita su opinión de que la posmodernidad ha redescubierto una literatura de campera de jean. El adjetivo evoca a quienes posan para ser parte de "el medio" convirtiendo su arte en la pose misma, tanto que el vacío posmoderno inunda sus líneas sin decir absolutamente nada es pos del avance cooltural. Al mismo tiempo que reconstruye la idea de aquellos que van sólo por la pose, incita a los que quieren hacerse pasar por "populares" -del pueblo- vistiendo "a lo popular". Es decir, aquellos que abandonan el "saco y corbata" buscando mejores réditos económicos, y terminan por engrosar las filas de una literatura inerte.

Nos intenta mostrar, así, que no debemos incurrir en el error de aceptar todo como parte del fenómeno posmoderno. La valoración artística debe seguir abogando por un enriquecimiento poético, en el sentido que propone Jakobson, al tiempo que reproduzca un sentimiento político socioeconómico. Tolerar las representaciones del arte no significa dejar de tener criterio crítico para alimentarse con ellas.

Uso campera de jean, soy posmoderno, pero no escribo una literatura de campera de jean. Esa es la premisa que Recoba quiere dejar en claro.

Sin vestirse de rockers, aunque tendiendo a la moda ochentosa, los postulantes comienzan de este modo a dar por terminada la querella de la posmodernidad convertida en cuento de hada. Y es Pepi Gonçalvez quien agrega la frutillita a la torta preguntando a la audiencia cuántas personas escritoras o directoras de cine; creadores, en sí, se encuentran en la sala. Lo sorprendente, es que no llegan a colmar los dedos de su mano quienes, desde la sala, afirman serlo. Asombrada nuestra moderadora de la alta convocatoria que ha logrado este evento, aun cuando no son tantos los hacedores de la materia prima.

Puede ser que el cine y la literatura nos hayan empezado a invadir desde otros lados, y llegan ahora a lugares que no esperábamos.

No lo sabemos.

Quizás estoy queriendo crear un cuando de hadas.
Notas
Novela: Umpi, Dani. Miss Tacuarembó. Montevideo, Planeta, 2010.
Película: Miss Tacuarembó. Dirección: Martín Sastre. Uruguay, España, Argentina. 15 de julio de 2010 (Argentina).
*Autora
Deborah Rostán es estudiante avanzada (a punto de egresar) de la Licenciatura en Letras, en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UdelaR). Estudiante del Instituto de Profesores Artigas, especialidad Literatura. Generación 2008. Colaboradora Honoraria del Departamento de Letras Modernas, Área Literatura Española. Ayudante Grado 1 del Departamento de Literatura Uruguaya, del Instituto de Letras en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UdelaR).