Volver Menú
De Uriel Accosta: A Play and A Fourth Group of Verse
de Charles Reznikoff
Laura Wittner*
1
Caminatas de domingo en los suburbios

Sobre piedras musgosas de polvo caliente, no hay sombra salvo las finas, inútiles
siluetas de los pastos al borde del camino;
en la penumbra del bosque, observando las flores azules sobre
tallos finos como hilos.

El limo verde – un matorral de árboles jóvenes de pie en agua
marrón;
con nudos como músculos, un árbol pelado se estira,
muerto; y un pato muerto, con la cabeza hundida en el agua como zambulléndose.

Marea baja. Sólo queda un charco en el lodo hediondo del arroyo.
Alguien tiró una palangana.
En la orilla una pila de latas;
ratas, cubiertas de orín, entran y salen arrastrándose.
Los bordes blancos de las nubes como vetas de una piedra.

2

Perros asustados miran hacia atrás con ojos pacientes;
en las ventanas viejas encorvadas, envueltas en chales;
viejos, arrugados como nudillos, en los porches.

Una perra, espinazo y costillas visibles en el lomo sinuoso,
olisqueaba hambrienta, las ubres hinchadas casi rozando el
pavimento.

Una vez abrió su puerta una mujer sin dientes,
mascando una feta de jamón que le colgaba de la boca como una
lengua.

Aquí es donde venía noche tras noche;
aquí es donde me he ido muchos años.

3
Pordiosera

Cuando tenía cuatro años mi madre me llevó al parque.
El sol de primavera no quemaba. La calle estaba casi
vacía.
La bruja de mi libro de cuentos venía caminando.
Se agachó para sacar unas uvas mohosas de la zanja.

4
Estación de tren en Cleveland

Bajo nube sobre nube el lago es negro;
locomotoras giratorias en el patio
vierten su humo en el tupido cielo.

5
Llovizna

Entre fábricas la grasa serpentea por el río.
Los remolcadores arrastran sus entrañas de humo, como escarabajos aplastados.


6

De entre los cerros sobresalen los árboles;
el cielo cuelga en grumos de nube.

7

Toda la noche sopló el viento.
Por la mañana los marineros
daban vueltas por cubierta para entrar en calor.
El barco se alzaba y caía
sobre las pequeñas olas.
El viento soplaba las capuchas blancas del agua
y las hacía rocío.
Lejos, los gansos salvajes
volaban sobre el lago.

El lago estaba arrugado de olas,
rodando entre las costas.
La costa norte era acantilado,
vacía de casas o árboles;
sobre la chata costa sur
los pueblos se esparcían como parches.
El viento no daba tregua:
soplaba cada vez más frío.
Los marineros andaban por cubierta,
golpeándose el pecho con las manos.
Los gansos salvajes a lo lejos
volaban hacia el sur en escuadras.

8

Pecho y caderas amplios, la cabeza hacia atrás,
ella se pasea, sus tacos altos golpeteando,
habiendo conquistado la problemática juventud y aún sin temor a envejecer.

9

La cabeza inclinada bajo el turbante negro, levanta la mirada hacia
su hija
que a su vez se contempla en el espejo, pelo amarillo y hermosa cara.

10
Un tapiz

Isolda de las Blancas Manos y sus caballeros, tapándose la nariz
y riéndose
de los prisioneros cuyas barrigas abren los soldados, arrojando las entrañas en
vasijas.

11
De visita
I
Casi medianoche. “Buenas noches”. “Buenas noches”.
Cierro la pesada puerta a mis espaldas.
El negro patio huele a agua: ha estado lloviendo.
¿De qué estuvimos hablando?

II
Él se recuesta a lo largo del sofá. Yo hablo. Con los dedos se retuerce
la bata.
Yo hablo. Me saco los bolsillos para afuera.
En sus ojos oblicuos un amable desdén.

12

Este ruido del subte no sonará más fuerte que el viento
en los árboles;
vos también te acostumbrarás. Después de un tiempo te olvidarás de
fijarte
si viajás en subtes o en caballos.

13

Los gorriones le gritan una nota a la aurora:
¿cómo van a aprender melodía
en los ruidos de la calle?

14
Atardecer

Los árboles en el campo sin viento como un rebaño dormido.

15
Veranillo

Los hombres en el campo ya casi terminan de apilar hileras de tallos de maíz
amarillo claro.
Sobre el césped una chica rastrilla las hojas hacia el fuego.

16

Los chicos solíamos cruzar el huerto, la tierra marrón tapada
de manzanitas verdes,
hacia el campo de atrás;
el pasto nos llegaba a las rodillas,
había tantas flores que no nos molestábamos en recoger ninguna –
margaritas y margaritas amarillas, varas de oro y ranúnculos.
Hacía tanto calor que el campo olía a torta horneándose.

17

Después de la merienda, los domingos a la tarde, los chicos caminábamos despacio
hasta los terrenos entre la calle y los pantanos;
y sentados bajo el cielo azul claro mirábamos el partido –
en una multitud ruidosa y divertida, los vendedores de limonada alrededor
haciendo sonar sus campanas junto a los carros amarillos.
Cuando volvíamos, la ciudad extendía sus filas de casas a través
de los terrenos –
farol tras farol, a medida que el farolero hacía su recorrido y las mujeres
encendían el gas en las cocinas para hacer la cena.

18

Velozmente la aurora se volvió día. Me fui a la calle.
Fuerte y alegremente piaban los gorriones.
Los faroles seguían encendidos, el cielo era pálido y se iluminaba.
Ocultos en árboles y techos,
fuerte y alegremente piaban los gorriones.


19

Me mostró el álbum. “¿Y ésta?”, pregunté, sorprendido ante
tal belleza.
Yo conocía a la hermana, su cara en cierto modo la de la foto – vulgarizada.
“Mi madre antes de casarse”.
Al entrar, me había topado con
su cara marchita y sus hombros redondeados.
Ahora, después del trabajo, su padre jugando a las cartas con amigos
gritaba más que las máquinas en el taller.
Después, cuando me fui, tuve que atravesar la confitería
con su única vitrina de confites,
en montoncitos en platitos, muchísimos por un céntimo.
No tenían luces en la ventana. Sólo llameaba un mechero en
la tienda vacía.

20

Hacía rato que había oscurecido, aunque faltaba una hora para la cena.
El chico estaba en la ventana detrás de la cortina.
La calle bajo el cielo negro era de un blanco azulado por la nieve.
Enfrente, donde el terreno descendía hacia la vereda,
chicos y chicas se tiraban en trineos.
Los chicos lo perseguían por ser judío.

Al fin su padre y su madre se durmieron. Se levantó y se vistió.
En el pasillo tomó su trineo y salió en puntas de pie.
Nadie estaba en la calle. La pendiente había quedado lisa y
resbalosa – justo a punto.
Se ubicó sobre el trineo y salió disparado. Se tiró solamente
dos veces.
Quedó de pie con nieve hasta las rodillas:
nadie estaba en la calle, las ventanas se habían oscurecido;
las más cercanas a los faroles brillaban, pero adentro los cuartos
estaban oscuros;
en la calle había largas sombras de terrones de nieve.
Tomó el trineo y volvió a entrar en su casa.


21

El abuelo se iba quedando ciego. Se sentaba en su silla junto a
la ventana.
Salía de la casa sólo los días de fiesta – a la sinagoga.
En Rosh Hashaná el chico lo llevó a Brownsville, los dos con miedo.
No pasó nada. Pero cuando volvían, un chico que conducía el carro
del almacén, pasó cerca de ellos
y asomándose, hizo chasquear el látigo sobre sus cabezas.

En Yom Kipur lo llevó el tío.
Era de noche y no habían vuelto. Tenían que haber llegado
al crepúsculo para romper el ayuno.
El chico bajó a esperarlos al umbral.
El abuelo volvía solo.
“¿Dónde está el tío?”. El abuelo no respondió. En su apuro
escaleras arriba tropezó.
Fue hacia su silla junto a la ventana y se sentó a mirar
la oscuridad.
Cayeron lágrimas de sus ojos ciegos y sobre sus manos.
Llegó el tío, con la cabeza descubierta, la sangre manándole del pelo.

22

Pasada su enfermedad, él seguía en cama.
Veía por la ventana cuando no había escarcha
nubes y la rama de un árbol.
Los pájaros cruzaban el cielo,
o un gorrión saltaba entre ramitas.
Él observaba, quieto como la rama;
le parecía que su sangre estaba fresca como savia.
Cuando movía las manos o el cuerpo se movía despacio,
como la rama en el crepúsculo.
Sus padres pensaban simplemente que todavía estaba débil.
En marzo estuvo bien. A menudo cuando entraba a su cuarto,
iba hasta la ventana unos minutos y se quedaba mirando
el árbol.
Y lo miró brotar y las hojitas y las hojas ya
crecidas y las hojas colorearse y caer.
Los padres habían perdido su dinero. Vendieron la casa y
tenían que mudarse.
Subió a su cuarto por última vez.
El tronco del árbol, ramas y ramitas estaban quietos.
Pensó: “El árbol es simétrico... y todo lo que crece...
... en forma... y en cambio a través de los años. Así es
mi vida... y todas las vidas”.
Bajó las escaleras cantando alegremente.
Su padre dijo: “Tantos problemas, y éste canta”.

23

Las seis y oscuro como boca de lobo. Podría haber sido más de
medianoche en la ciudad y ni una luz encendida en las calles.
Habría querido esconderse en la ciudad de ese cielo de estrellas.
Junto a arbustos y a flacos árboles sin hojas andaba sobre los
terrones y surcos congelados.
No había viento a través de esa negrura de campos y lagos;
sólo el sonido de sus propios pies golpeando sobre el camino.
Allí se vertían las estrellas, y allí se desparramaban. Pensó:
La simetría del crecimiento y la vida en la tierra, nuestro sentido de orden,
no controla el universo.


1
Sunday Walks in the Suburbs

On stones mossed with hot dust, no shade but the thin, useless
shadows of roadside grasses;
into the wood’s gloom, staring back at the blue flowers on
stalks thin as threads.

The green slime—a thicket of young trees standing in brown
water;
with knobs like muscles, a naked tree stretches up,
dead; and a dead duck, head sunk in the water as if diving.

The tide is out. Only a pool is left on the creek’s stinking mud.
Someone has thrown a washboiler away.
On the bank a heap of cans;
rats, covered with rust, creep in and out.
The white edges of the clouds like veining in a stone.

2

Scared dogs looking backwards with patient eyes;
at windows stooping old women, wrapped in shawls;
old men, wrinkled as knuckles, on the stoops.

A bitch, backbone and ribs showing in sinuous back,
sniffed for food, her swollen udder nearly rubbing along the pavement.
Once a toothless woman opened her door,
chewing a slice of bacon that hung from her mouth like a tongue.
This is where I walked night after night;
this is where I walked away many years.

3
Beggar Woman

When I was four years old my mother led me to the park.
The spring sunshine was not too warm. The street was almost
empty.
The with in my fairy book came walking along.
She stopped to fish some mouldy grapes out of the gutter.

4
Railway Station at Cleveland

Under cloud on cloud the lake is black;
wheeling locomotives in the yard
pour their smoke into the crowded sky.

5
Drizzle

Between factories the grease coils along the river.
Tugs drag their guts of smoke, like beetles stepped on.

6
Out of the hills the trees bulge;
the sky hangs in lumps of cloud.

7

All night the wind blew.
In the morning the deck-hands
were running around to warm up-
the boat rose and fell
on the little waves.
Now and then it hit
a chopping wave.
The wind blew the white caps of the water
into spray.
Far off the wild geese
were flying over the lake.

The lake was ridged with waves,
rolling between the shores.
The northern shore was cliff,
barren of houses or trees;
on the flat southern shore
towns spread out like patches.

There was no rest from the wind:
it blew steadily colder.
The deck-hands ran about,
beating their arms over their breasts.
The wild geese far away
were flying south in squads.

8

With broad bosom and hips, her head thrown back,
she parades, her high heels clacking.,
having conquered troublesome youth and not yet afraid of age.

9

Head bowed beneath the black turban, she glances up at her
daughter
who eyes in the mirror herself, yellow hair and beautiful face.

10
A Tapestry

Isolde of the White Hands and her knights, holding their noses
and laughing
at prisoners whose bellies soldiers open, pulling the guts into
basins.

11
Visiting

I
Almost midnight. “Good night”. “Good night”.
I close the heavy door behind me.
The black courtyard smells of water: it has been raining.
What were we talking about?

II
He leans back along the sofa. I talk. His fingers twitch at his
bath-robe.
I talk. I turn pockets inside out.
In his oblique eyes a polite disdains.

12

This noise in the subway will sound no louder than the wind
in trees;
you, too, will be used to it. After a while you will forget to
care
whether you ride in subways or on horses.

13

Sparrows scream at the dawn one note:
how should they learn melody
in the street’s noises?

14
Evening

The trees in the windless field like a herd asleep.

15
Indian Summer

The men in the field are almost through stacking rows of pale
yellow cornstalks.
On the lawn a girl is raking the leaves into a fire.

16

We children used to crossed the orchard, the brown earth covered
with little green apples,
into the field beyond;
the grass came up over our knees,
there were so many flowers we did not care to pick any –
daisies and yellow daisies, goldenrod and buttercups.
It was so hot the field smelt of cake baking.

17

After dinner, Sunday afternoons, we boys would walk slowly
to the lots between the streets and the marshes;
and seated under the pale blue sky would watch the ball game –
in a noisy, joyous crowd, lemonade men out in the fringe
tinkling their bells beside their yellow carts.
As we walked back, the city stretched its rows of houses across
the lots –
light after light, as the lamplighter went his way and women
lit the gas in kitchens to make supper.

18

Swiftly the dawn became day. I went into the street.
Loudly and cheerfully the sparrows chirped.
The street-lamps were still lit, the sky pale and brightening.
Hidden in trees and on the roofs,
loudly and cheerfully the sparrows chirped.

19

He showed me the album. “But this?” I asked, surprised at
such beauty.
I knew his sister, her face somewhat the picture’s – coarsened.
“My mother before her marriage.”
Coming in, I had met
her shrivelled face and round shoulders.
Now, after the day’s work, his father at cards with friends
still outshouted the shop’s wheels.
Afterwards, when I left, I had to go through their candy store
with its one showcase of candy,
in little heaps in little saucers, ever so many for a penny.
They kept no lights in the window. A single gas jet flared in
the empty sore.

20

It had long been dark, though still an hour before supper-time.
The boy stood at the window behind the curtain.
The street under the black sky was bluish white with snow.
Across the street, where the lot sloped to the pavement,
boys and girls were going down on sleds.
The boys were after him because he was a Jew.

At last his father and mother slept. He got up and dressed.
In the hall he took his sled and went out on tiptoe.
No one was in the street. The slide was worn smooth and
slippery – just right.

He laid himself on the sled and shot away. He went down only
twice.
He stood knee-deep in snow:
no one was in the street, the windows were darkened;
those near the street-lamps were ashine, but the rooms inside
were dark;
on the street were long shadows of clods of snow.
He took his sled and went back into the house.

21

Grandfather was growing blind. he sat in his chair beside the
window.
He went out of the house only on holy days – to synagogue.
Rosh Ha-Shonoh the boy led him to Brownsville, both afraid.
Nothing happened. But on the way back a boy, driving a
grocer’s wagon, drove near them
and leaning out, cracked his whip above their heads.

Yom Kippur Uncle went with Grandfather.
It was night and they had not come. They should have been
home by twilight to break their fast.
The boy went down to the stoop to wait.
Grandfather was coming alone.
“Where’s Uncle?” Grandfather did not answer. In his hurry
upstairs he stumbled.
He went to his chair beside the window and sat looking into
the night.
Tears rolled out of his blind eyes and fell upon his hands.
Uncle came, bare-handed, blood oozing out of his hair.

22

His sickness over, he was still abed.
He saw through the window when it was unfrosted,
clouds and a tree’s branch.
Birds crossed the sky,
or a sparrow hopped from twig to twig.
He watched, becoming quiet as the branch;
it seemed to him that his blood was cool as sap.
When he moves hands or body, he moved slowly,
the branch’s way at twilight.
His parents thought merely that he was still weak.
March he was well. Often when he came into his room,
he went to the window for a few minutes and stood watching
the tree.
So he watched it bud and the little leaves and the leaves grown
large and the leaves color and fall.

His parents had lost their money. They sold the house and
were to move away.
He went up to his room for the last time.
The trunk of the tree, branches and twigs were still.
He thought, The tree is symmetrical... and whatever grows
...in shape... and in change during the years. So is
my life... and all lives.
He went down the stairs singing happily.
His father said, “There’s so much trouble – and he sings”.

23

At six o’clock it was pitch-dark. It might have been after
midnight in the city and no lamps lit along the streets.
He would have liked to hide in the city from that sky of stars.
Beside bushes and thin, leafless trees he walked upon the
frozen clouds and ruts.
There was no wind across that blackness of fields and lakes;
only the sound of his own feet knocking on the road.
There the stars were poured, and there scattered. He thought,
The symmetry in growth and life on earth, our sense of order,
is not controlling in the universe.

Aclaración
Uno de los libros que Reznikoff se autopublicó (1921) fue Uriel Accosta: Una obra y un cuarto grupo de versos. En 1927 reorganizó este “cuarto grupo de versos” y lo incluyó en su libro siguiente, Cinco grupos de versos. Los que aparecen acá traducidos son los 23 primeros poemas revisados de este “cuarto grupo”.
Autor
Charles Reznikoff nació en Nueva York en 1894, en un barrio de Brooklyn que él mismo definió como “un gueto judío”. Se recibió de abogado y ejerció durante un tiempo corto. Como nunca fue ni hizo ningún esfuerzo por ser conocido, prefirió ganarse la vida a través de ocupaciones humildes, que no interfirieran demasiado en su tiempo y sus energías para escribir.
Publicó varios libros de poesía y algunos de prosa, y después revisó, corrigió y reorganizó varias veces su obra para la primera edición de sus Poemas Completos, que publicó Black Sparrow en 1976, unos meses después de que él muriera.
*Traductora
Laura Wittner nació en Buenos Aires en 1967. Es Licenciada en Letras y trabaja como traductora. En poesía tradujo a Charles Tomlinson, John Koethe, James Schuyler, Charles Reznikoff y Kenneth Rexroth. Publicó cinco libros de poemas: El pasillo del tren, Los cosacos, Las últimas mudanzas, La tomadora de café y Lluvias. También publicó libros para chicos: Cahier du temps, Cumpleañeros, La noche en tren y Gato con guantes.