Volver Menú

“La luz vino a pesar de los puñales”: Problemas en torno de la identidad americana.

Narraciones de la independencia. Arqueología de un fervor contradictorio,
de D. Scarvino.
(Eterna Cadencia Editora, Buenos Aires. 2010)

Silvia Hernández*

Narraciones de la independencia. Arqueología de un fervor contradictorio, de Dardo Scavino y editado por Eterna Cadencia, lleva como año de publicación el del inicio de los festejos de los bicentenarios latinoamericanos. Un aporte para leer el presente 200 años después.

Dardo Scavino, filósofo argentino con una serie de libros publicados y actualmente profesor universitario en Francia, publicó en el año del inicio de los festejos de los bicentenarios latinoamericanos su nuevo trabajo: Narraciones de la independencia. Arqueología de un fervor contradictorio. Se trata de un ensayo donde realiza un recorrido a través de documentos de variada procedencia ordenados en primera instancia según un criterio temporal: durante, antes y después de las revoluciones de la independencia. Pero su libro puede asimismo leerse organizado alrededor de una figura central, la del criollo, y de su ambivalencia entre dos narraciones contrapuestas a partir de las cuales se narra: la epopeya popular americana y la novela familiar del criollo.

Scavino responde a una inquietud que, sin duda alguna, tiene fuertes resonancias en la actualidad: la que se interroga acerca de la identidad latinoamericana. Es la pregunta que subyace a buena parte de los festejos de los bicentenarios en los distintos países de América Latina. Sin embargo, a diferencia de las acciones más difundidas de reivindicación de los pueblos históricamente excluidos del continente y de rescate de lo pluricultural, quizás la originalidad del autor sea tomar como centro del análisis al criollo, en tanto sujeto hegemónico.

El criollo, desde la época de la colonia española, ha constituido su identidad atravesado por ese fervor contradictorio, por esa ambivalencia afectiva que hace de él un individuo con dos identidades o, más aún, un individuo pero dos sujetos: un americano para los españoles a la vez que un español para los indios. El criollo pone así en cuestión la concepción que tiene al sujeto como ontológicamente estable, y refuerza la tesis de que la identidad está desdoblada –o, más bien, sobredeterminada- por definición. De esta forma, el criollo no resuelve esa oscilación que lo tironea entre la gens –la sangre española- y la natio –el nacimiento en tierra americana.

Desde el sacerdote peruano Gaspar de Villarroel en el siglo XVII hasta Héctor Murena en la década del ’60 –sin dejar de lado figuras como Simón Bolívar, J. B. Alberdi, Octavio Paz o Pablo Neruda- Scavino va mostrando cómo los criollos protagonizaron y, al final de cuentas, adquirieron existencia, a partir de dos grandes relatos, contradictorios entre sí pero no por eso aislados: la epopeya popular americana y la novela familiar del criollo.

La primera es la que narra la historia de los oprimidos por el invasor extranjero, poniendo de relieve el derecho de suelo, la hermandad surgida del nacimiento en la misma tierra. Esta narración sirvió de base y fundamento no sólo a las guerras de la independencia, gracias a la cual fue posible una alianza entre criollos e indígenas contra un enemigo común –el conquistador ibérico-, sino que también llega hasta la homología trazada en el siglo XX entre la dominación española y el imperialismo yankee.

Por su parte, la novela familiar del criollo pone de relieve el derecho de sangre, que hace del criollo un español nacido en América y que, en tanto español, a fin de cuentas, poseería por herencia las prerrogativas de los europeos. Es la narración que se verifica en las posturas de intelectuales como Alberdi o Sarmiento, pero también en la de aquellos que apelan a una occidentalización de América como forma de redención de los pueblos oprimidos. Scavino va mostrando las formas en que ambas narraciones aparecen, se sobredeterminan, se interpenetran, y, también, se transforman según las modas intelectuales.

Pero decir que el contexto de surgimiento de Narraciones de la Independencia es el inicio de las conmemoraciones de los bicentenarios resulta insuficiente. Es necesario agregar, siguiendo la propuesta teórica de Scavino, que “los Bicentenarios” no existen por fuera de su articulación con otros significantes. Si los Centenarios fueron vistos a través del prisma del progreso económico-tecnológico y del orden político de las antiguas colonias españolas, los Bicentenarios aparecen en un escenario marcado no sólo por la cuestión de la identidad que mencionamos antes, sino también por un creciente interés -que quizás vaya más allá de la academia- por lo discursivo, o, dicho en otras palabras, por el poder de lo dicho en la conformación de realidades: por, en suma, la eficacia performativa del lenguaje.

Si el ensayo de Scavino puede hablar del criollo como un individuo con dos identidades es porque la herencia del psicoanálisis y de las teorías posteriores al giro lingüístico ha hecho mella. El libro concibe una lógica de lo social que se aparta de los principios tradicionales de no contradicción. Más bien, el campo social y político se constituye a partir de la lógica discursiva, aquélla que, según Ernesto Laclau, amplía el campo de la objetividad: dicho en otras palabras, se hace posible así la realidad de relaciones contradictorias, metafóricas, metonímicas. Un recorrido por otros proyectos en torno de los Bicentenarios -y hasta por algunos discursos proferidos por primeros mandatarios- muestra la atención dirigida a los relatos y sus poderes (1).

Narraciones de la Independencia puede leerse entonces con un interés histórico, pero también como un análisis hecho en términos de la lógica del significante propuesta por Lacan y del análisis de discurso derivado de los planteos de Laclau, sin obviar referencias a Lévi-Strauss, Hegel y Sorel, en lo que hace a la constitución relacional de las identidades y a la fuerza real de lo mítico en la dinámica social. En esta clave, la lectura deja como saldo una afirmación que resuena hoy en día aplicada a los objetos más diversos: “el criollo no existe”. Sintagma que por repetido no pierde el valor de señalar ese lugar donde la hegemonía esconde su propio proceso de constitución, es decir, su necesaria contingencia.

Nota
(1) Al respecto, puede mencionarse el video “200 años, 200 voces. La ciudadanía como protagonista” realizado por el CePIA - Facultad de Ciencias Sociales - UBA, o la muestra colombiana Palabras que nos cambiaron.
*Autora
Silvia Hernández es Licenciada en Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA) . Es becaria de CONICET y maestranda en Estudios Interdisciplinarios del Sujeto y la Subjetividad (FFyL-UBA). Ejerce como docente en Teorías y Prácticas de la Comunicación III (Ciencias de la Comunicación, FSOC-UBA). Forma parte del equipo de investigación UBACyT "Discurso, Política, Sujeto: encuentros entre el marxismo, el psicoanálisis y las teorías de la significación", dirigido por el Prof. Sergio Caletti.