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Clarice Lispector: la búsqueda de lo neutro
Nurit Kasztelan*

En La pasión según G.H., de Clarice Lispector, nos enfrentamos con un tipo de escritura que podría ser pensada como neutra, a la manera como Barthes definía las escrituras neutras en El grado cero de la escritura (1). Así es como la búsqueda de la protagonista G.H. por lo neutro en el texto (asociado a la ingesta de la cucaracha) es una myse en abisme de la búsqueda de Clarice Lispector de lo neutro en su escritura.
Esta neutralidad puede verse en la negación del sujeto expresivo, que indica un corrimiento hacia la impersonalidad. La proposición de Barthes acerca de “un escritor sin Literatura” se refiere quizá a esta experiencia de despersonalización, como vemos en el final de La pasión según G.H.: “me despersonalizo hasta el punto de no tener nombre”. Sería una búsqueda de la objetividad en el lenguaje. En una crónica de Revelación de un mundo, Clarice confesaba: “Avísenme si empiezo a convertirme en demasiado yo misma. Es mi tendencia. Pero soy también objetiva. Tanto que logro volver lo subjetivo de los hilos de la araña en palabras objetivas.” Según Benedito Nunes, en Clarice Lispector el lenguaje quiere llegar a “lo crudo, lo seco, lo árido, lo inhóspito y lo inexpresivo.”. Lo que ocurre es que las lagunas del discurso terminan siendo expresivas, porque el silencio mismo habla. Se captura “la cosa” en sí misma. Lispector expresaba: “A mí me corresponderá impedirme el dar nombre a la cosa. El nombre es una añadidura, e impide el contacto con la cosa.” Se subvierte la lógica del sentido para llegar a la propia fuente, antes incluso del lenguaje.
Si la forma es entendida como una armonía, lo que vemos a lo largo de La pasión según G.H es como la forma misma entra en crisis. Se abandona la estructura de organización clásica y las categorías narrativas (espacio, tiempo, personajes, punto de vista). Se trata de una escritura donde no hay historia ni trama. Hay un intento de escapar de la lógica de la representación y de la producción de sentido: “Sé que la novela se haría mucho más novela de concepción clásica si yo la volviera más atractiva… pero exactamente lo que no quiero es el marco” Sí, según Barthes, lo neutro es aquello que desbarata el paradigma, una escritura que desbarata el paradigma es una escritura que no puede ser encasillada. No se sabe si es novela o qué es. Quizá por eso, en la crónica “Ficción o no” Clarice insiste: “pero es claro que A pasión según G.H. es una novela”.
La novela comienza y termina con guiones que no pertenecen a un diálogo, por lo que puede pensarse que lo que se pone en escena es la materialidad de la voz. Los guiones generan un extrañamiento, como si marcasen un umbral. Este aparente diálogo son frases dichas a otro pero ese otro nunca aparece como tal, nunca se presenta. Es una interioridad que permanentemente se vuelve exterioridad, como si la diferencia no tuviera sentido y fuera abolida a partir de una noción de escritura y también de vida. Escritura y vida son dos conceptos que va trabajando Clarice como dos neutros, lo que hace que se vuelva imposible discernir entre lo exterior y lo interior. La escritura no transcurre en un ámbito de la conciencia sino que es una materialidad; implica cambios concretos en el cuerpo, que componen un sujeto nuevo.
Clarice realiza trasgresiones sobre los modos convencionales de representación. Así es como la búsqueda de lo neutro cuestiona incluso los límites de lo literario, ya que el único rito que se sostiene es el de la escritura, ni siquiera el de la literatura. De la manera en que lo explicaba Deleuze en La literatura y la vida “Escribir es un asunto… que desborda toda materia vivible o vivida”, la escritura de Clarice aparece íntimamente conectada con un acto vital. Se trata de volver a un neutro posible donde hay un límite al que se llega con el lenguaje y en el cual el lenguaje, para dar acceso a ese misterio, tiene que ser violentado. Justamente fue Barthes quien una vez dijo: “la lengua del escritor es menos un fondo que un límite extremo; es el lugar geométrico de todo lo que no podría decir sin perder”.
Una escritura neutra evita caer en los binarismos: “los lagos no eran ni feos ni bellos. Y era solamente eso lo que aún aterraba mi lado humano”. Como señala Nicolás Rosa en el prologo a Lo neutro: “El neutro no se define por la carencia, una de las formas de lo negativo en desmedro, sino por la impasibilidad de las nociones que provoca la desaparición de lo bueno y de lo malo.” Así, se subvierte el sentido común porque de lo que se trata es de llegar a lo inexpresivo: “cuando el Arte es bueno es porque tocó lo inexpresivo, el peor arte es el expresivo”.
Intentar llegar a la neutralidad implicaría también, como señala Blanchot llevar “la diferencia hasta la indiferencia”, alcanzar un estadio prehumano, no contaminado. Es difícil quizá, encontrar una figura de indiferenciación tal que pueda hablarse de lo neutro, entonces seguimos a Nicolás Rosa, que decía que “lo neutro como figura sólo puede ser dicho en las Figuras del Neutro”. Entre ellas, intentaremos analizar como aparecen en La pasión según G.H. el silencio, el pavor, el adjetivo y lo incoloro.

El silencio

Lo neutro sería, en palabras de Barthes, “la postulación... de una posibilidad a callarse”. No se trata del silencio en sí mismo sino de que siempre exista la posibilidad de que el silencio irrumpa. En el caso de La pasión según G.H., la aparición del silencio viene acompañada de su desintegración: “Nunca, hasta entonces, se me había ocurrido pensar que un día me encontraría con este silencio. Con la desintegración del silencio.” Esto se convierte en una paradoja ya que “el silencio no se vuelve signo sino cuando se lo hace hablar, si se lo acompaña de una palabra explicativa que da su sentido”. La protagonista G.H. expresaba esta idea: “poseo mucho más en la medida en que no consigo designar… Lo indecible me será dado solamente a través del lenguaje.”
Si bien en un principio el silencio puede ser pensado como lo que sirve para desbaratar los paradigmas, lo que ocurre luego es que se solidifica como signo, por lo tanto termina siendo incluido dentro de un paradigma. Por eso es que “Lo neutro no se definiría por el silencio permanente… sino por el costo mínimo de una operación de habla tendiente a neutralizar el silencio como signo”. El silencio solamente puede evocarse en una zona límite; la escritura consiste en dar cuenta de ese silencio, en imaginar lo que expresaría ese silencio si consiguiera derribar la muralla paralizadora.(2) G.H. enunciaba: “Hablar con las cosas es mudo… aún estoy viciada por el condimento de la palabra.”
Nos enfrentamos a una oxymoron: ““Estoy pidiendo socorro”, grité entonces de repente con el mutismo de aquellas personas cuya boca se llena gradualmente de arenas movedizas”. Aparece la imposibilidad de testimoniar el silencio ya que, para revelar el que no se pueda hablar, hay que hablarlo en algún momento.(3) Quizá por eso leemos esta declaración de Lispector en la crónica “Temas que mueren”: “como si yo tuviera la tela, los pinceles y los colores, y me faltara el grito de liberación, o la mudez esencial que es necesaria para decir ciertas cosas.” Se produce una aporía, ya que el silencio se torna imposible, hablarlo es deshacerlo, pero no hablarlo es perder su constitución. En palabras de Marguerites Duras: “Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido”.
Se puede escribir no porque se posea la palabra, sino porque se sabe partir desde el silencio. Se trata de nombrar lo innombrable sabiendo que es imposible y por lo tanto lo que se nombra es justamente esa imposibilidad. G.H. quiere relatar un acontecimiento inalcanzable para el lenguaje humano, pone en cuestión el dilema de la imposibilidad de la representación, como dar forma a lo innombrable: “Es precisamente a través del fracaso de la voz como por vez primera se va a oír el propio mutismo y el de los demás y el de las cosas”. Ella no nombra lo innombrable, sino que hace sentir que algo escapa y queda sin representar, inscribe una ausencia: “¿cómo hablarte, si hay un silencio cuando acierto?”. Como señala Pascal Quignard “La mano que escribe es más bien una mano que hurga en el lenguaje que falta”.
La cuestión no consiste en capturar la figura del silencio para entender la figura de lo neutro, sino que se trata del deseo de silencio, éste es el que nos acerca al deseo de lo neutro. Por eso siempre se describen imposibilidades, fantasmas y aporías: “yo sentía perfectamente una resonancia enfática, que era la del silencio rozando el silencio”.

El color

La oposición significante no se produce entre un color y otro, sino entre lo coloreado y lo incoloro. Incoloro no quiere decir transparente sino de color no marcado, neutro. En palabras de Lispector: “violenta es la ausencia de sabor del agua, violenta es la ausencia de color de un trozo de cristal. Una violencia que es tanto más violenta porque es neutra.”
Barthes retoma a Lao Tsé en Retrato de Lao Tsé por él mismo: “soy como incoloro… neutro como el niño que aún no ha experimentado su primera emoción, como sin intención y sin objetivo”. Leemos en la novela “el desierto pelado y ardiente, que al menos no tenía la dureza de un color.” Lo neutro implica un pensamiento de lo indistinto, se intenta llegar al “gusto de lo vivo. Que es un gusto casi nulo”. Así como lo neutro está relacionado con lo incoloro, se podría hacer una analogía y pensar que también está relacionado con la ausencia de sabor: “Pero lo que mi boca no podía entender era la ausencia de sabor. Lo que mi ser ignoraba era lo neutro”.

El adjetivo

Llama la atención que cuando uno busca en el diccionario la palabra “neutro” la misma es un adjetivo, no un sustantivo (4) y en la novela está usada constantemente como sustantivo. Si bien al principio aparece como adjetivo “Amor tan neutro que”, “Yo, cuerpo neutro de cucarachas”, “El gran castigo neutro de la vida...”, finalmente aparece como sustantivo “Lo que mi ser ignoraba era lo neutro”, y luego aparece siendo modificada por adjetivos “tranquila ferocidad neutra del desierto”, “para que yo llegara a lo tierno neutro de mí”. (5)
Lo neutro es un pensamiento de las cosas como no predicables, puesto que el objeto desaparece en beneficio de la cualidad. “Sabía que sólo cuando no llamase saladas o dulces a las cosas, tristes o alegres o dolorosas…sólo entonces…permanecería en la cosa misma”. Barthes explicaba que “en la tradición filosófica griega, el adjetivo se adjunta a lo neutro… para referirse al ser”. Se trata de buscar al ser en sí mismo, sin atributos, “la cosa viva sin nombre, ni sabor ni olor”. Si Blanchot afirma que “la exigencia del neutro tiende a suspender la estructura atributiva del lenguaje, en relación con el ser”, vemos que en “El misterio del conejo pensante” Clarice escribe “Era un conejo que no hacia otra cosa sino ser conejo”. De lo que se trata es de llegar a lo impersonal, leemos en Agua viva: “Pero también está el misterio de lo impersonal que es el ‘it’.”

El pavor

El pavor es definido por Barthes como un “arribo repentino de energía que inmediatamente desborda cualquier posible defensa”, que hace abandonar el estado de tranquilidad.
Como señala Ferrater Mora, en “el pavor es el estado en que se encuentra un sujeto cuando afronta un peligro para el cual no estaba preparado.” G.H. no está preparada para lo que le sucede: “fatalmente sucumbiré a la necesidad de forma que procede de mi pavor de permanecer sin límites”. Su pavor consiste en el terror de quedar sumergida, desbordada: “En mi miedo de ayer yo estaba sola, y quería pedir socorro contra mi primera deshumanización”.
El reconocer que se tiene miedo es parte de lo neutro; G.H. es consciente de su miedo, lo admite, pero quiere llevar ese miedo hasta un extremo casi imposible: “Comer la masa de la cucaracha, pero comerla toda, y también comer mi propio miedo.” Pierde incluso el miedo a ser comprendida, a escapar de la representación. En la crónica “Miedo de la liberación” leemos: “Paisaje con pájaros amarillos no pide ni siquiera que se lo entienda: ese grado significa más libertad todavía, no tener miedo de no ser comprendido”.

El activo de lo neutro

Siguiendo a Barthes, podemos pensar que el activo de lo neutro busca una relación justa con el presente, que entra en consonancia con lo que enuncia G.H.: “el instante, este instante – la inmediatez- no es imaginable, entre la actualidad y yo no hay un intervalo: es ahora, en mí”. Quizá uno de las crónicas de Revelación de un mundo sintetice esta afirmación: “ver el huevo es siempre hoy: apenas veo el huevo ya se siente haber visto un huevo, el mismo, hace tres milenios.” Así es como es la noción de temporalidad la que se ve subvertida: “Mi pasado que era mi continuo presente y mi futuro continuo”.
“ver el huevo es siempre hoy: apenas veo el huevo ya se siente haber visto un huevo, el mismo, hace tres milenios.” En Clarice Lispector, Revelación…, op.cit. p. 165.
Para poder encontrarse, G.H. tiene primero que perderse y atravesar un camino de angustia. Clarice Lispector nos hace atravesar ese camino de “pasión” enfrentándonos con un tipo de escritura neutra, impersonal. En palabras de G.H: “la gran neutralidad neutra de lo que estaba viviendo me superaba en su extrema objetividad”. Se incurre en una paradoja, ya que para llegar a lo expresivo es necesario dejar hablar a lo inexpresivo, llegar a un grado cero de la escritura: “sólo puedo alcanzar la despersonalidad del mutismo si antes he construido todo una voz.”
Esta paradoja entra en consonancia con el pensamiento de la deconstrucción, que es un pensamiento de lo imposible ya que de lo que se trata es de presentar aporías que no tienen resolución. Si este pensamiento cuestiona el concepto de subjetividad como un sujeto idéntico a sí mismo, podemos pensar que Clarice Lispector inventa una nueva subjetividad mediante la escritura. Esta nueva subjetividad trae aparejada un cuestionamiento de lo que tradicionalmente se entiende por lo moral (“tener otra moral, tan despojada, que yo misma no la entienda y me asuste” alejándonos de las nociones tradicionales de civilización y humanidad y acercándonos del lado de lo vivo. Diría Clarice en Agua viva: “Me basta lo impersonal vivo del it”.
Según Blanchot, “en el espacio neutro del relato, los portadores de palabras… caen en una relación de no identificación consigo mismos: algo les ocurre que sólo pueden reaprehender desprendiéndose de su capacidad de decir ‘yo’”. La experiencia de despersonalización que vive G.H., el punto de no retorno en el que se ve sumida, es una abertura hacia lo otro, donde no sólo ocurre la pérdida de la noción de una identidad estable sino también la invención de una nueva subjetividad prehumana. Quizá por eso en el último capítulo el “yo” aparece entre comillas, como si la escritura hubiera despojado al sujeto de su cuerpo. Esta negación del sujeto expresivo es parte de la búsqueda de Clarice Lispector por la neutralidad en su escritura, que culmina en un corrimiento hacia la impersonalidad.

Notas
(1) En El grado cero de la escritura, Barthes mostraba que “en las escrituras neutras… se puede fácilmente discernir el movimiento mismo de una negación y la imposibilidad de realizarla en una duración, como si la Literatura… sólo encontrara la pureza en la ausencia de todo signo, proponiendo… un escritor sin Literatura.”
(2) “El silencio no puede encontrarse, buscarse, evocarse sino en una zona límite de la experiencia humana, allí donde el sujeto juega con su muerte (como sujeto)”. Roland Barthes, Lo neutro, op.cit. p. 78.
(3) “Cuando la lengua está tan tensa que empieza a tartamudear, o a susurrar, balbucear…, todo el lenguaje alcanza el límite en que dibuja su afuera y se confronta con el silencio.” Gilles Deleuze, (2006), “Tartamudeó”, en La literatura… op.cit. p. 75.
(4) Vemos la definición de la Real Academia española: Neutro 1. adj. Indiferente en política o que se abstiene de intervenir en ella. 2. adj. Electr. Se dice del conductor conectado a tierra. 3. adj. Electr. Dicho de un cuerpo: Que posee cantidades iguales de electricidad positiva y negativa. 4. adj. Quím. Se dice de las moléculas que no se mueven en un campo eléctrico, bien por no poseer carga o por tenerlas compensadas. 5. adj. Quím. Dicho de un compuesto o de una disolución: Que no tiene carácter ácido ni básico. 6. adj. Zool. Se dice de ciertos animales asexuados en el estado adulto, como las abejas obreras.
(5) Nuevamente ocurre lo que revelaba Barthes “cuando la lengua […] quiere expresar lo Neutro de la sustancia, no encuentra el sustantivo, sino el adjetivo, y lo desadjetiva mediante un artículo neutro”.
*Autora

Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Publicó Movimientos incorpóreos (Huesos de Jibia, 2007) y Teoremas (La propia Cartonera, Uruguay, 2010). Organiza, con Germán Rosati, el ciclo de lecturas La manzana en el gusano y dirige la sección de poesía de esta revista. Tradujo, junto a Mariana Terrón poemas del libro Uomini Miei de la poeta italiana Alda Merini.