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Sáb. 28/03
Cuqui*

El jueves a la noche vino de nuevo el enfermero. Me vestí como me pidió. Apenas le abrí la puerta de abajo lo hice entrar secamente, no me acerqué ni a besarlo ni tocarlo, en el ascensor tampoco, eso me sorprendió.
Lo noté un poco transpirado, tal vez sucio (¿vendría de hacer gimnasia como la otra vez?). No, pero tenía transpiración en la pera. Pensé que me iba a pedir una ducha. Lo hizo, pero como juego erótico, se quedó con esa fantasía mía de hacerme pis. Me negué porque estaba toda arreglada. No quiso bañarse solo. Venía de hacer tiempo en una pizzería que está a una cuadra de mi departamento.
Seguí manteniendo distancia y la disfrutaba: toda de negro, con mis borcegos, pero el secreto era mi can-can de red ancha sin nada debajo.
Sentados en la cama – sillón, me contaba cosas. En un momento, de la nada, le dije que siempre se me rompían los can-canes en la entrepierna y así sentada me levanté el vestido y le mostré toda la entrepierna rota. Me hizo mostrársela de nuevo para ver bien porque lo había hecho rápido, como quien no quiere la cosa.
Prendí dos velitas de frutilla –para la próxima deberían ser de manzana verde porque es su olor preferido, aunque estas le gustaron mucho-, apagué las luces, menos una del fondo, entrecerré la puerta y escuché un pedazo de “Cementerio de animales” de Los Ramones porque ese día había terminado de leer el libro y estaba fascinada. Después puse el “Erótica” que venía con el libro “Sex”. Quedé vestida sólo con el can-can y me puse a bailar. Lo he bailado muchísimo mejor sola, me inhibí un poco, ¡qué tonta! Pero así fue. No sé si él lo notó, yo me di cuenta porque sé cuánto me suelto.
Después le hice ponerme el corpiño de nuevo.
No dejé que me besara demasiado porque su aliento no estaba fresco... no tenía mal aliento, pero no tenía ganas de besarlo sin la frescura. No sé bien qué hicimos, lo de siempre, pero lo interesante era el can-can: dejé que me lo rompiera. En un momento me quise sentar sobre él y el can-can no daba, podía lastimarle la pija, entonces le pedí que me lo rompiera más y eso que ya me lo había roto muchísimo. Estuvo muy buena su desesperación al hacerlo.
Al sentarme penetrada, me movió como nunca de arriba abajo, con mucha firmeza –bueno, sólo era la segunda vez que nos veíamos-, me pegaba un poco, pero sobre todo me movía, toda transpirada. Le pedí cuatro patas y me dijo que si lo hacíamos así iba a acabar, no me importó. Fue rápido y me seguía rompiendo el can-can mientras me cogía. Creo que él disfrutaba mucho esa textura sobre mi piel.
Me acosté boca abajo y le pedí que se recostara todo sobre mí. Así nos quedamos un rato largo. Charlamos. Luego se sentó y, como había poca luz, nunca me di cuenta de que el preservativo ¡seguía puesto! Claro, tampoco me fijé si se había parado a tirarlo o no... yo estaba tan pasiva... Me subí la cintura del can-can hasta debajo de las axilas y le gustó.
La cuestión es que la seguimos. Probé lo mismo de la otra vez: que me penetrara en falso. Después lo hice quedarse quieto. Es notable cómo cambia mi respiración, como en un momento, es sólo un segundo, hasta dejo de respirar. ¡El orgasmo que tuve fue increíble! Tardé en recuperarme. Él parecía contento cuando abrí los ojos y estaba encima mío. Además, cuando acabo le digo que hagamos lo que él quiera, “total yo ya estoy”. Me quedé respirando. Me incorporé para que él se pusiera boca arriba así yo se la chupaba y le buscaba el perineo según el libro de la cortesana. Me puse frente a él y le dije: “Pará”, respiré profundo y recién ahí estuve lista.
Me pidió que también le metiera un dedo en el ano. Cuando iba a mi habitación a buscar el alicate para cortarme una uña, recordé uno de los consejos de V. Monet: si usás un preservativo o un guante de látex no tenés que cortarte nada. Entonces agarré más forros: uno en el pene, otro en mi dedo y a chupar.
Antes de penetrarlo traté de buscar ese punto, ya me habían hablado de él, pero no creo haberlo encontrado. Él estaba abierto como un bebé o un pollo, y yo dándole. Fue muy fácil penetrarlo: lo chupaba, lo penetraba con el índice y con el pulgar trataba de tocarle el perineo... Con la mano izquierda a veces le acariciaba un pezón. Mucho malabarismo... También los testículos. Daba impresión lo del pollo abierto. Después me cansé y al sacar el dedo salió un olor metálico.
Fui al baño a tirar el preservativo y lavarme las manos. Al volver, comenzó a masturbarse; me preguntó si seguía y le dije que sí. Yo le mordía el cuello –después me retó porque por momentos se lo mordí un poco fuerte- y los pezones. Cuando acabó me froté la panza con su panza baja llena de semen.
Habremos charlado de nuevo... Me pidió una pastilla para el dolor de cabeza, había dormido poco ese día. No soy de tener esas cosas, pero por suerte me habían dado una muestra gratis de un medicamento nuevo. Le hizo efecto al instante.
Quise que me hiciera masajes y me hizo extensos en la espalda mientras seguíamos conversando. Fui tan egoísta. Luego de eso me contó cosas heavy metal de su familia.
Le divierte hacer sonidos de pedos en mi panza. Es un chico divino. Pero igual, no me gusta. Le dije que con la próxima chica que salga se va a poner de novio: no lo digo con dolor, lo digo porque es así.
Nos bañamos, él primero porque quería con agua fría, siempre los dos estando en el baño. Yo ya no tenía ganas de lluvia dorada. Lo miraba bañándose, tan grueso, pero su panza no es fofa como la mía, nada en él es fofo, simplemente está más lleno, pero es firme. Tiene los ojos pardos, tirando a verdes, chiquitos. No se había afeitado y me pinchó bastante. A la mañana, cuando bajé a abrirle, yo tenía rojo al costado del cuello –recién nos habíamos echado un polvo y había tenido su cabeza a un costado mío porque no quería besarlo, su aliento no me tentaba en absoluto-.
Su sexo parecía tan chico. Él piensa que tiene buen tamaño... no importa, no le voy a arruinar su fantasía. Además, es tan relativo lo del tamaño... tal vez me parece más chico porque es grandote. Cuando se estaba bañando sentí pena por él, por él en general... es feo sentir eso hacia alguien pero no pude evitarlo.
Al entrar a la ducha vi todas las pecas de su espalda, muy lindas y ¡cuatro arañazos! Le señalé ambas cosas y me empecé a reír, no podía creer que le hubiera hecho eso, parecían hechos por un gatito. Y como justo tenía la imagen de Church, el gato zombie de King, bueno... ese gato me era simpático a nivel visual , nunca me lo imaginé desagradable, para mí se parecía al de Los Simpsons... Eran rasguñones rojos bien nítidos, aunque no tan profundos.
Al rato se puso con el celular, con música de su celu, no la soportaba, se lo dije. Nos acostamos a dormir en la cama –sillón, puso la alarma y empezó a roncar.
Si hubiéramos dormido en cucharita no diría nada, porque me hubiera sentido contenida, pero me dijo que dormía boca arriba o boca a bajo, sino no podía hacerlo. Al principio me recosté sobre su pecho, pero cuando empezó a roncar... Igual me dormí, pero después roncaba como si le burbujearan mocos debajo de la nariz (entre el hueso y el cerebro). Decidí levantarme y dormir sola en la otra cama de una plaza, con las sábanas limpias, en mi dormitorio.
Me desperté a las siete, hice pis, me volví a acostar. No lo escuché roncar porque él estaba boca abajo, ocupaba toda la cama. A las ocho iba a sonar su celu y ya me había dicho que iba a querer un “mañanero” –detesto esa palabra-.
A las menos cuarto me metí un Menthoplus de cereza en la boca y me acosté en un huequito al lado suyo. Hubiera preferido no tener sexo. Cuando sonó el celu, le dije que lo apagara porque no aguantaba la canción. Se quedó con los ojos cerrados un rato y me abrazó, me puse de espaldas y me encantó cómo me acariciaba la cola con mi pequeña bombacha negra. Necesitaba eso. Pero enseguida quiso sacármela –a las nueve tenía que estar en la facu-. Me metió los dedos en la vagina desde atrás, con mucha presión, le dije que aminorara y lo hizo. No dejé que me besara bajo ningún punto de vista. Me dio pena, pero me daba asco.
Intenté tener un orgasmo pero me faltó estimulación. Hicimos esto, aquello y terminamos cogiendo de costado, no cucharita, sino yo de costado y él de frente: sentí su pija en mi pared lateral. Me penetró de manera violenta, sin nada de cariño. Vi cómo le caía una gota de transpiración por el costado de la cabeza al acabar. Luego fue a ducharse de nuevo.
Me cambié para bajar a abrirle y punto. Tal vez le di un beso en la mejilla.

Aclaración
Este relato es un texto extraído del diario que pertenece a Kiki 2
*Autora
Cuqui es escritora, artista visual y tarotista. Como Cuqui ha escrito su obra poética desde los 21 hasta los 28 años. Continúa usando ese nombre en narrativa. La narrativa de Cuqui es obra más bien performática - psicomágica. Kiki 2, texto extraído de su diario, al que pertenece Sáb. es una vivencia expresamente vivida para luego ser escrita. Es para empezar con la narrativa psicótica. Escribió 5 libros de poesía como Natuski Miyoshi desde oct. de 2009 hasta oct. de 2010. Uno de esos libros será editado por Editorial La Tía en breve. Junto a Verónica Montiel integra el colectivo MILISENDRA MILLARMINA. Dictan seminarios de autoconocimiento a través del tarot.