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Un hogar al fin del mundo: notas sobre Plan B de Marco Berger
Martín Villagarcía*

Plan B (2010) es el primer largometraje de Marco Berger. Estrenado primero en el BAFICI y luego en la cartelera del MALBA, el filme relata la historia que se desarrolla entre Pablo y Bruno a partir del triángulo amoroso que forman con Laura. Si bien el objetivo principal de Bruno es recuperar a Laura (su ex novia), debe recurrir a un plan b que es enamorar a su actual pareja (Pablo) para sacarlo del camino. Sin embargo, la que resulta despejada de la relación es Laura, ya que Bruno y Pablo se terminan enamorando el uno del otro.

NO PASA NADA

En Plan B no pasa nada. Como en la mayoría del Nuevo Cine Argentino, como en las películas de Gus Van Sant, como en las novelas de Marguerite Duras: no pasa nada. La película emplea lo que Roland Barthes llamaría un grado cero de la notación. Los planos son largos, las secuencias de acción llegan a ser mínimas y el diálogo va siendo corroído cada vez más. Sin embargo, el relato está ahí; dos hombres se conocen, se seducen (sin querer) y se enamoran. Entonces sí pasa algo. No sólo algo, pasa todo. La película (la vida) está constituida por esa sucesión de incidentes (“lo que cae dulcemente como una hoja sobre el tapiz de la vida, es ese pliegue ligero, fugitivo, aportado a la trama de los días, es lo que apenas puede ser notado”(1)) que cobran trascendencia en retrospectiva, cuando se produce sentido a partir de ellos. Hay una voluntad de realismo en este proceder, de ser fiel a la experiencia (eje del realismo según Raymond Williams), y la experiencia no es otra que la experiencia argentina: la del vivir-aquí, en este país, en esta ciudad, en este barrio, y la del vivir-ahora, en este momento y con estas personas que comparten un mismo imaginario.

RECORRIDOS Y ESPACIOS

La película tiene tres personajes fundamentales: Bruno, Pablo y la ciudad. Los planos suelen ser abiertos y muestran grandes plazas, grandes edificios, etc. Aún cuando las escenas transcurren en espacios cerrados (como habitaciones o terrazas), la inmensidad y lo infinito persisten en el paisaje de una ciudad que no parece tener límites; y, al no haber una distinción afuera- adentro, la ciudad se convierte en un todo, en el único espacio disponible. A lo largo del filme, los dos protagonistas hacen una topografía de este espacio urbano en el recorrido que emprenden juntos. Marcan sus lugares, de alguna manera los territorializan y los vuelven propios, dejando atrás rastros de sí mismos y fragmentos de una memoria en común que van construyendo. Esto queda muy marcado al final, cuando se nos muestran esos recovecos vaciados y, a pesar de ello, uno siente la presencia fantasmal (y nostálgica) de los dos personajes.

CUERPOS

La corporalidad es uno de los rasgos más prominentes de Plan B. Hay un montón de primeros planos de los bultos, los culos y los torsos de los dos protagonistas. Y es que el acercamiento que planea Bruno (su plan b) tiene que ver con desplegar su cuerpo frente a Pablo para seducirlo (a partir de una presunta bisexualidad que resulta ser falsa), aprovechando cada oportunidad que se le presenta para sacarse la ropa y quedarse en calzoncillos. Sin embargo, Pablo también hace uso de la misma estrategia. Es así como se empieza a jugar una carrera entre los dos por ver quién cede primero a la barrera que hay entre ellos (primero la heterosexualidad, luego la historia personal de cada uno y, por último, la amistad), ver quién es más alto, quién se anima a probar, etc. Resultan clave en esta competencia los momentos que pasan juntos en la cama, aproximándose el uno al otro en medio de los sueños y superponiéndose sin llegar a tocarse. No obstante, la conexión se produce a un nivel distinto (llamémoslo mental) y cuando las cartas están echadas ninguno de los dos logra avanzar sobre el cuerpo del otro; el juego se terminó y ya no se puede jugar más al “como si”.

UN HOGAR AL FIN DEL MUNDO

La amistad (y eventual infatuación) que se produce entre Pablo y Bruno se origina gracias a un imaginario compartido. El primer indicio de esto es el fanatismo que comparten por la serie de TV “Blind”, pero, a medida que el diálogo fluye, ambos descubren que comparten un mismo espacio y tiempo. Es decir, descubren que son contemporáneos y ven que las reminiscencias del pasado que sostienen son las mismas (el View Master, por ejemplo, entre otros juguetes). Por otro lado, hay un recorrido en común, tanto a nivel urbano (van al mismo gimnasio), como en lo personal (los une, además, una misma mujer). Pablo y Bruno comparten una misma forma de vida, y eso es lo que posibilita un vínculo entre los dos que acaba pareciendo inevitable: ¿cómo no se iban a encontrar? Estos dos fenómenos (el imaginario y la forma de vida en común) hacen que los dos personajes construyan su propio espacio, un hogar al fin del mundo donde refugiarse para intercambiar esos bienes que son las palabras (hablando, con la luz apagada, hasta quedarse dormidos), fumar porro y recuperar el tiempo perdido de la infancia, lejos de todo y de todos. Es así como, una vez ganado este espacio, los diálogos resultan superfluos y se borran y lo que importa es la imagen de ellos dos juntos.

NOSTALGIA

Plan B es una película que puede ser pensada a partir de una cuestión generacional. Los personajes (y, por ende, sus circunstancias) están marcados por su infancia en los años ochenta. Nuevamente se puede ver esto en el View Master, pero también en el estilo de vida y, más específicamente, en la falta de técnica. Las computadoras brillan por su ausencia, no hay uso de Internet ni celulares y la serie de la que Pablo y Bruno son fanáticos la miran por TV o la graban en video. Sin embargo, la película transcurre en tiempo presente (la cámara de fotos digital de Pablo es una marca de ello); de esta manera uno puede percibir un dejo de nostalgia por un tiempo donde las relaciones eran más sencillas y menos mediadas y en el que los encuentros se producían en el plano de lo real.
Por otro lado, también hay una nostalgia de la infancia como un tiempo más apropiado para el tipo de encuentro que se produce entre ellos, en el que la sexualidad se vive como juego y no hay tabúes que repriman los instintos. En su relación, Pablo y Bruno reproducen en alguna medida una relación infantil o preadolescente, pasan la película en un pijama party que no parece tener fin.

UTOPIA

Hay algo que nunca está puesto en discusión en Plan B: lo gay. No hay signos de militancia ni de política. O más bien, hay una política de lo no-político. A pesar de ser nombrada (al pasar), la homosexualidad no cobra el espesor de un conflicto. Ni con el afuera (todos los personajes son friendly, no hay horrores ni escándalos ante las confesiones) ni con el adentro, el interior de Pablo y Bruno. Si bien la confusión sí está presente, los dos personajes la resuelven fácilmente. Hacia el final, cuando Bruno blanquea sus sentimientos ante Pablo, le dice que está “enfermo”, pero su enfermedad no es otra que el amor. Plan B adquiere, de este modo, una importancia contextual. Luego de la modificación en la ley de matrimonio (que se trató de la validación de una forma de vida que había permanecido en la oscuridad ya por demasiado tiempo), cabe imaginar que la realidad futura se asemejará a este tipo de ficciones, donde los espacios y los derechos ya estén ganados y la discriminación sea tan solo un mal recuerdo.

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Entrevista a Marco Berger
(x Sol Echevarría y Martín Villagarcía)

¿Por qué el cine? Existiendo medios de expresión como la fotografía, la literatura, etc. ¿Qué es lo que te interesa del lenguaje cinematográfico?

Me gusta contar historias y me gusta mucho el teatro, la representación. Lo que me interesa del cine es que se plasma la idea como en un cuadro y permanece en el tiempo, a diferencia del teatro que es efímero. El cine mezcla literatura, pintura, música, teatro y hasta poesía, dependiendo del uso del lenguaje y los tiempos. Decía Tarkovsky que el cine es esculpir en el tiempo.

¿Dónde estudiaste? ¿Qué pensás de las escuelas de cine? ¿Te parece que la oferta sigue siendo tan abundante como en los 90?

Estudié en la Universidad del Cine. Creo que pasar por una escuela te abre la cabeza, te llena de herramientas para trabajar y te permite probar cosas que en el ámbito profesional ya no es tan fácil. No tengo idea sobre la oferta de escuelas de cine.

¿Qué pensás de las instituciones nacionales que rodean al mundo del cine?

Creo que el cine es muy caro, por eso no tiene tanto prestigio la UBA. Para estudiar cine se necesita mucho equipamiento y las escuelas privadas tienen el beneficio de tenerlo, lo malo es que es un círculo muy cerrado y mucha mas gente debería poder acceder a escuelas como la FUC. ENERC es la escuela pública por excelencia, pero también es muy difícil entrar y los cupos son limitados. Sin embargo todo aquel que crea que nació para hacer cine debería intentar rendir el examen.

¿Qué cine consumís? ¿Por qué?

Consumo todo tipo de cine, porque me quiero nutrir y ver todo lo que se hace. Igual dentro de todo el cine que consumo, tengo favoritismos y muchas veces veo cosas que me parecen horribles, sin embargo prefiero verlas para tener de donde agarrarme a la hora de criticar o saber que no hacer.

¿Cómo ves el panorama nacional? ¿Hay algo así como un boom en los últimos años? ¿Te parece que sigue funcionando la categoría de “nuevo cine argentino?

El nuevo cine argentino sigue y seguirá existiendo, siempre que haya cosas nuevas va a ver frescura y eso dejara que se mantenga este nuevo cine argentino.

¿Te ubicarías dentro de alguna tradición del cine argentino en particular? ¿Por qué?

No lo sé.

¿Qué directores argentinos te influenciaron? ¿Cuáles de otros países?

De Argentina: Martel, Alonso, Katz y Rejtman. De afuera: Wong kar Wai, Kim ki Duk, Pasolini, Allen y muchos más.

¿Con qué cine te parece que dialogás, con qué películas, directores, etc.?

No sabría decirlo yo, eso.

¿Cómo se te ocurrió la idea de Plan B?

Quería contar una historia de amor entre dos varones y que no este centrado en la sexualidad, sino por el contrario en el descubrimiento. Encare la película como una comedia porque había filmado un corto clásico, uno dramático y hasta uno de ciencia ficción. Quería probar divertir.

¿Cuánto te llevó hacerla? ¿Qué cámara usaste? ¿Cómo fue la producción?

Se filmo en 10 días, con una HD con lentes de 35 mm, con muy bajo presupuesto.

¿Cómo hiciste el casting y por qué elegiste a esos actores?

Manuel y Lucas son los protagonistas de mi primer corto. Mercedes y Damián son amigos personales.

¿Te parece que Plan B es una película gay? ¿Cuál es tu relación con el cine de género?

No creo que entre dentro del cine gay clásico, porque es una película para todo el mundo. El cine de género me encanta, todo lo que hice tiene, aunque sea como premisa, algo de género. Siempre tratando de darle una mirada personal y usando la parte menos pochoclera, por así decirle, y descubrir lo interesante de los climas y colores de cada genero y como pueden ayudar a construir.

Notas
1) Barthes, Roland. “Pierre Loti: Aziy Adé” en El grado cero de la escritura: seguido de Nuevos ensayos críticos. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2006.
*Autor
Martín Villagarcía es argentino y nació en 1986. Es escritor, crítico, ilustrador y fotógrafo. Publicó las plaquetas de poesía Afasia (Color Pastel, 2006), Farsa (Ediciones Proveedora de Droga, 2007) y Cómo desaparecer completamente (y nunca volver a ser encontrado) (Color Pastel, 2010). Estudia Letras en la UBA y colabora con las revistas No-Retornable y El Interpretador. Mantiene el blog El cuarto abierto (www.elcuartoabierto.blogspot.com) y su página personal con fotos, ilustraciones y videos (www.martinvillagarcia.com.ar)