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Joseph Brodsky
Daniela Camozzi y Walter Cassara*
Autumn in Norenskaia

We return from the field. The wind
clangs buckets upturned,
unbraids the willow fringe,
whistles through boulder piles.
The horses, inflated casks
of ribs trapped between shafts,
snap at the rusted harrows
with gnashing profiles.

A gust combs frostbitten sorrel,
bloats kerchiefs and shawls, searches
up the skirts of old hags, scrolls them
tight up as cabbageheads.
Eyes lowered, hacking out phlegm,
the women scissor their way home,
like cutting along a dull hem,
lurch toward their wooden beds.

Between folds flash the thighs of scissors,
wet eyes blur with the vision
of crabbed little imps that dance on
the farm women's pupils as a shower flings
the semblance of faces against a bare
pane. The furrows fan out in braids
under the harrow. The wind breaks
a chain of crows into shrieking links.

These visions are the final sign
of an inner life that seizes on
any specter to which it feels kin
till the specter scares off for good
at the church bell of a creaking axle,
at the metal rattle of the world as it
lies reversed in a rut of water,
at a starling soaring into cloud.

The sky lowers. The shouldered rake
sees the damp roofs first, staked
out against the ridge of a dark
hill that's just a mound far off.
Three versts still to cover. Rain
lords it over this beaten plain,
and to the crusted boots cling brown
stubborn clods of the native earth.

1965

Otoño en Norenskaia

Volvemos del campo. El viento
resuena en los baldes caídos,
destrenza el fleco de los sauces
y silba entre pilas de guijarros.
Los caballos, barriles deformes
de huesos atrapados entre varas,
se quiebran bajo el arado herrumbroso,
con su silueta crujiente.

Una ráfaga cepilla las acelgas escarchadas,
infla pañuelos y chales, hurga
en las polleras de viejas brujas, doblándolas
hasta dejarlas apretadas como repollos.
Con los ojos bajos, destilando flema,
las mujeres zurcen el camino a casa
como si fuera un ruedo monótono,
y se tambalean hacia sus camastros.

Entre pliegues brillan las muslos de una tijera,
y también ojos húmedos, nublados por la visión
de diablitos irascibles que bailotean
en las pupilas de las campesinas, mientras
un aguacero bate la expresión de sus rostros
contra un cristal desnudo. Se esfuman las arrugas
en trenzas, bajo el arado. El viento dispersa
una columna de cuervos, en grupos estrepitosos.

Estas visiones son el último signo
de una vida interior aferrada
a un espectro que siento familiar,
hasta que el espectro se estremece de golpe
con un badajo que chirría en la campana de la iglesia,
con el sonajero metálico del mundo
que yace al revés en un surco de agua,
y el estornino que levanta vuelo hacia las nubes.

El cielo se ennegrece. Con el rastrillo al hombro,
ves los techos mojados que despuntan
contra el pico de una oscura montaña
que no parece estar demasiado lejos.
Quedan aún tres verstas por recorrer. La lluvia
Gobierna esta llanura desolada,
y a la suela de las botas se adhieren grises
y obstinados pedazos de la tierra natal.

1965

Odysseus to Telemachus

My dear Telemachus,
The Trojan War
is over now; I don't recall who won it.
The Greeks, no doubt, for only they would leave
so many dead so far from their own homeland.
But still, my homeward way has proved too long.
While we were wasting time there, old Poseidon,
it almost seems, stretched and extended space.

I don't know where I am or what this place
can be. It would appear some filthy island,
with bushes, buildings, and great grunting pigs.
A garden choked with weeds; some queen or other.
Grass and huge stones ... Telemachus, my son!
To a wanderer the faces of all islands
resemble one another. And the mind
trips, numbering waves; eyes, sore from sea horizons,
run; and the flesh of water stuffs the ears.
I can't remember how the war came out;
even how old you are-I can't remember.

Grow up, then, my Telemachus, grow strong.
Only the gods know if we'll see each other
again. You've long since ceased to be that babe
before whom I reined in the plowing bullocks.
Had it not been for Palamedes’ trick
we two would still be living in one household.
But maybe he was right; away from me
you are quite safe from all Oedipal passions,
and your dreams, my Telemachus, are blameless.

***

An autumn evening in the modest square
of a small town proud to have made the atlas
(some frenzy drove that poor mapmaker witless,
or else he had the daughter of the mayor).

Here Space appears unnerved by its own feats
and glad to drop the burden of its greatness—
¬to shrink to the dimensions of Main Street;
and Time, chilled to its bone, stares at the clockface
above the general store, whose crowded shelves
hold every item that this world produces,
from fancy amateur stargazers’ tel-
escopes to common pins for common uses.

A movie theater, a few saloons,
around the bend a cafe with drawn shutters,
a red-brick bank topped with spread-eagle plumes,
a church, whose net-to fish for men-now flutters
unfilled, and which would be paid little heed,
except that it stands next to the post office.
And if parishioners should cease to breed,
the pastor would start christening their autos.

Grasshoppers, in the silence, run amok.
By 6 p.m. the city streets are empty,
unpeopled as if by a nuclear strike.
Just surfacing, the moon swims to the center
of this black window square, like some Eccles-
¬iastes, glowering; while on the lonely
highway, from time to time, a Buick beams
its blinding headlights at the Unknown Soldier.

The dreams you dream are not of girls half nude
but of your name on an arriving letter.
A morning milkman, seeing milk that’s soured,
will be the first to guess that you have died here.
Here you can live, ignoring calendars,
gulp Bromo, never leave the house; just settle
and stare at your reflection in the glass,
as streetlamps stare at theirs in shrinking puddles.

1972

Ulises a Telémaco

Querido Telémaco:
La guerra de Troya
al fin terminó; no recuerdo ahora quién ganó.
Sin duda, los griegos, porque sólo ellos dejarían
tal cantidad de muertos tan lejos de su patria.
No obstante, volver a casa no resulta tan sencillo.
Parece que el viejo Poseidón, allá, dilata el espacio
mientras nosotros, aquí, desperdiciamos el tiempo.

¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es éste? No tengo idea.
Ciertamente, podría ser una isla abandonada:
hay arbustos, edificios, chanchos gigantes que gruñen,
un jardín estrangulado en la maleza, campos y piedras,
y hasta alguna que otra reina…¡Telémaco, mi hijo!
Después de tantos viajes, todas las islas se parecen,
y la mente ya no puede distinguir una ola de otra,
los ojos se derriten llagados de tantos horizontes,
y la carne retumba como agua en los oídos.
¿Quién ganó la guerra? ¿Cuántos años tenés?
Quisiera recordarlo, Telémaco, pero no puedo.

De cualquier manera, debés crecer y hacerte fuerte.
Sólo los dioses saben si vamos alguna vez
a reencontrarnos. Mucho tiempo pasó desde que eras
un niño y yo labraba con los bueyes el campo.
Los trucos de Palamedes lograron que no podamos
vivir bajo el mismo techo. Y tal vez haya sido
lo mejor; en mi ausencia, al menos,
estarás a salvo de las pasiones edípicas,
y todos tus sueños, Telémaco, serán transparentes.

***

Una tarde otoñal en la plaza modesta
de un pueblito orgulloso de figurar en el mapa
(¿qué delirio habrá confundió al pobre cartógrafo,
o se acostaría con la hija del intendente?).

Aquí, el Espacio, desconcertado por sus hazañas,
se desprende alegremente del peso de su grandeza
hasta reducirse al tamaño de una avenida;
y el Tiempo, congelado hasta los huesos,
mira fijo el reloj de la tienda y sus estantes
abarrotados de todo lo que se fabrica en el mundo:
desde lujosos telescopios para aficionados,
hasta vulgares alfileres para vulgares usos.

Un cine, algunos bares, y en la esquina
un café con las persianas bajas,
el edificio de un banco de ladrillos rojos, rematado
por las alas extendidas de un águila; la iglesia
-y su red para pescar a los hombres que cuelga vacía-
sólo llama la atención porque está junto al correo.
Si los feligreses dejaran de reproducirse,
el cura se pondría a bautizar sus coches.

En el silencio, los saltamontes enloquecen.
A las seis de la tarde, la calle queda vacía,
como si hubiese estallado una bomba nuclear.
La luna se asoma y se desliza hacia el centro
de este cuadrado negro, como un furioso
Eclesiastés; en la autopista desierta,
cada tanto las luces de algún auto
iluminan fugazmente al Soldado Desconocido.

Por las noches, no soñás con chicas semidesnudas,
sino con recibir una carta a tu nombre.
A la mañana, al ver que se cortó la leche, el lechero
será el primero en enterarse de tu muerte.
Aquí podés vivir sin almanaques,
tomar antiácidos y no salir nunca; quedarte inmóvil
mirando tu reflejo en el vidrio, como se miran
las luces de mercurio en un charco que decrece.

1972

May 24, 1980

I have braved, for want of wild beasts, steel cages,
carved my term and nickname on bunks and rafters,
lived by the sea, flashed aces in an oasis,
dined with the-devil-knows-whom, in tails, on truffles.
From the height of a glacier I beheld half a world, the earthly
width. Twice have drowned, thrice let knives rake my nitty-gritty.
Quit the country that bore and nursed me.
Those who forgot me would make a city.
I have waded the steppes that saw yelling Huns in saddles,
worn the clothes nowadays back in fashion in every quarter,
planted rye, tarred the roofs of pigsties and stables,
guzzled everything save dry water.
I've admitted the sentries' third eye into my wet and foul dreams.
Munched the bread of exile; it's stale and warty.
Granted my lungs all sounds except the howl;
switched to a whisper. Now I am forty.
What should I say about my life? That it's long and abhors transparence.
Broken eggs make me grieve; the omelette, though, makes me vomit.
Yet until brown clay has been rammed down my larynx,
only gratitude will be gushing from it.

1980

24 de mayo de 1980

A falta de bestias salvajes, desafié jaulas de acero,
tallé los días de mi condena y mi apodo en camastros y vigas;
viví junto al mar, mostré mis cartas en un oasis,
y cené trufas con pobres diablos vestidos de frac.
Desde lo alto de un glaciar, contemplé medio mundo, todo el ancho
de la tierra. Dos veces me ahogué; tres dejé que escarbaran mi médula
con cuchillos. Abandoné el país que me dio a luz y me crió.
Aquellos que me olvidaron poblarían una ciudad entera.
Atravesé las estepas que los hunos cabalgaron entre alaridos,
vestí los trajes que hoy, en todas partes, están otra vez de moda.
Sembré centeno, pinté con alquitrán los techos de chiqueros y establos.
Tragué de todo menos agua seca.
Permití que en mis sueños infectos y húmedos entrase el tercer ojo
de los centinelas. Mastiqué el pan del exilio: es rancio y verrugoso.
Di a mis pulmones todas las asonancias, salvo el aullido;
preferí el susurro. Ahora tengo cuarenta años.
¿Qué puedo decir de mi vida? Que es larga y abomina la transparencia.
Sufro si se cascan los huevos, pero ante una tortilla vomito.
No obstante, incluso cuando mi garganta esté llena de tierra,
la gratitud seguirá brotando de ella.

1980

The Bust of Tiberius

All hail to you, two thousand years too late.
I, too, once took a whore in marriage.
We have some things in common. Plus,
all round, your city. Bustle, shrieking traffic.
Damp alleyways with hypodermic youths.
Also, the ruins. I, a standard stranger,
salute your grimy bust in some
dank chamber storing echoes. Ah, Tiberius!
Here you're not thirty yet. The face displays
a greater confidence in trusted sinews
than in the future of their sum. A head
the sculptor severs in one's lifetime surely
sounds like a prophecy of power. All
that lies below the massive jawbone —Rome:
the provinces, the latifundists, the cohorts,
plus swarms of infants bubbling at your ripe
stiff sausage. A delight in tune
with nourishment by the she-wolf of tiny
Remus and Romulus-the mouths of babes indeed!
that sweetly incoherent mumbling
inside the toga! So we have a bust
that stands for the essential independence
of brain from body: (a) one's own, (b) one
that is Imperial. Should you be carving your
own likeness, you'd produce gray twisted matter.

You haven't reached thirty yet, thus far.
Not one arresting feature to detain observers.
Nor, in its turn, does your observant eye
appear to rest on anything before it:
neither on someone's face nor on
some classic landscape. Ah, Tiberius!
What does it matter what Suetonius
cum Tacitus still mutter, seeking causes
for your great cruelty? There are no causes in
this world —effects alone. And people
are victims of their own effects,
the more so in those steamy dungeons
where everyone confesses. Though confessions
dragged out by torture, like the ones in childhood,
are of a muchness. Far the best of fates
is really to have no part of truth.
It never elevates us. None,
Caesars especially. And at any rate
you seem a man more capable of drowning
in your piscina than in some deep thought.
Plus, shouldn't cruelty be termed a form
of speeding matters up, accelerating
the common fate of things? of a simple body's
free fall in vacuum?—in which, alas,
one always finds oneself when one is falling.

New year. A January pile of clouds
above the wintry town, like extra marble.
The brown, reality-escaping Tiber
and fountains spouting up to where no one
peers down-through lowered eyelids or
through fingers splayed. Another era!
And no one's up to holding by the ears
the wolves consumed with frenzy. Ah, Tiberius!
And such as we presume to judge you? You
were surely a monster, though perhaps more monstrous
was your indifference. But isn't it monsters
—not victims, no—that nature generates
in her own likeness? Ah, how much more soothing
(that is to say, if one should get the choice)
to be wiped off the earth by hell-bound fiends
than by neurotics. Still in your twenties,
with stony looks hewn out of stone, you look
a durable organic engine
of pure annihilation: not some dope,
a slave of passion, channel of ideas,
et cetera. And to defend you from
harsh tongues is like defending oak trees
from leaves, wrapped in their meaningless but clearly
insistent clamor of majority.

An empty gallery. A murky noontime
soiling tall windows with the distant drone
of life. A piece of marble in no fashion
responding to the quality of space. . .
It cannot be that you don't hear me speaking!
I, too, have often made that headlong dash
from rank reality. I, too, became an island
replete with ruins, ostriches. I, too,
struck off a profile with the aid of lamplight.
As for the things I've either coined or said,
it must be said that what I've said is useless,
and not eventually, but already: now.
Can't that be also that acceleration
of history? A bold attempt, alas,
by consequence to overtake causation?
And also in a total vacuum, which
gives no assurance of impressive splashdown.
Should one recant, then? rearrange the dice?
cut yet another deck of cards or atlas?
Who gives a damn: the radioactive rain
will scour us much the same as your historian.
Who'll come around to curse us, then? a star?
the moon? some wandering termite, driven
mad with its multiple mutations, fat
and yolklike? Probably. But having hit
something that's hard in us, it too, I reckon,
will shudder and give up its digging.
"Bust," it will utter in the tongue of ruins
and of contracting muscles. "Bust. Bust. Bust."

1981

El busto de Tiberio

Te saludo, dos mil años demasiado tarde.
También yo estuve, una vez, casado con una puta.
Es algo que tenemos en común. Por lo demás,
en todas partes, está tu ciudad. Ajetreo, tráfico enloquecido,
callejones regados de jóvenes hipodérmicos.
Y siempre las ruinas. Yo, un extranjero común,
saludo tu busto mugriento en alguna bodega
enmohecida de ecos. ¡Ah, Tiberio,
no cumpliste todavía los treinta! Y tu cara muestra
más confianza en sus tendones relajados
que en el futuro de su conjunto. Esa cabeza
que el artista cercenó en el lapso de una vida,
sin duda, suena como una profecía del poder. Todo aquello
que reposa bajo las prominentes mandíbulas es Roma:
las provincias, los terratenientes, las legiones,
más una banda de chicos que mastican tu dura
y rancia salchicha. Un placer a tono
con el alimento de la loba que nutrió
a Rómulo y Remo: ¡Qué boca la de esos nenitos
que balbucean dulce, inconexamente,
debajo de la toga! He aquí un busto
que personifica la independencia esencial
del cerebro respecto del cuerpo: a) la propia,
b) la del Imperio. Si esculpieras tu imagen
producirías sólo materia gris y retorcida.

No cumpliste todavía los treinta, así es. Y no hay
nada en tus llamativas facciones que detenga
a los espectadores. Nada, en tu ojo inquisitivo
parece descansar en alguna cosa:
ya sea el rostro de alguien
o algún paisaje clásico. ¡Ah, Tiberio!
¿Qué importa lo que Suetonio
murmure cum Tácito, buscando las causas
de tu enorme crueldad? No hay causas
en este mundo: sólo hay efectos. Y la gente
es víctima de sus propios efectos,
más aún en las mazmorras llenas de vapor
donde todos confiesan. Por algo, las confesiones
arrancadas bajo tortura, como las de la infancia,
son todas iguales. La mejor de las suertes
es no tener nada que ver con la verdad.
Ella nunca engrandece a nadie,
y menos aún al César. En todo caso,
parecés un hombre más propenso a ahogarse
en su bañadera que en algún pensamiento profundo.
Por otra parte ¿no sería la crueldad una forma
de acelerar el proceso, dándole un envión
al destino de todas las cosas, a la caída libre
de los cuerpos en el vacío, en donde —¡ay!—
uno se encuentra a sí mismo mientras cae?

Año nuevo. Un cúmulo de nubes de invierno
sobre la ciudad helada, como un exceso de mármoles.
El Tíber marrón se evade de la realidad
y las fuentes escupen hacia arriba, desde donde nadie
puede asomarse a mirar — ni con los párpados entornados
ni entre dedos entreabiertos. ¡Es otra época!
Y no hay forma de agarrar por las orejas
a los lobos consumidos por el éxtasis. ¡Ah, Tiberio!
¿Y nosotros pretendemos juzgarte? Fuiste un monstruo,
no lo dudo, pero más monstruosa fue quizá
tu indiferencia. Pero, ¿no son monstruos —víctimas
seguro que no— los que la naturaleza crea
a su imagen y semejanza? Ah, cuánto más tranquilizador
sería (si pudiéramos elegir) que unas repugnantes
bestias del infierno nos borraran de la faz de la tierra
en vez de un neurasténico. Todavía en tus veinte,
con tus encantos tallados en la piedra, parecés
un perfecto y eterno artefacto
de destrucción pura: para nada un adicto,
un esclavo de la pasión, un canal de ideas,
etcétera. Y defenderte de las malas lenguas
es como tratar de defender al roble de sus hojas
envueltas en el vano pero nítido
y persistente clamor de la multitud.

La galería desierta. El mediodía oscuro
ensucia las altas ventanas con el zumbido distante
de la vida. Una pieza de mármol es algo pasado de moda,
responde sólo a la cualidad del espacio…
¡No puede ser que no escuches lo que estoy diciendo!
También yo alguna vez huí precipitadamente
de las categorías de la realidad. Y me convertí en una isla
repleta de ruinas y avestruces. También yo
borré mi prontuario bajo la luz de una lámpara.
En cuanto a lo que haya acuñado o dicho
debe admitirse su inutilidad, no a largo plazo
sino ya: en este mismo momento.
¿No es esto también una manera de acelerar
la historia? ¿Un osado intento, ay,
de tomar el efecto por la causa?
Y también, por supuesto, en un vacío absoluto, lo cual
no garantiza un aterrizaje espectacular .
¿Deberé retractarme entonces? ¿Volver a tirar los dados?
¿Jugar con otro mazo de cartas, otro mapa?
A quién le importa: la lluvia radioactiva
nos fumigará igual o peor que a tus historiadores.
¿Y quién vendrá a insultarnos entonces? ¿Una estrella?
¿La luna?¿Una termita nómada y enajenada por
infinitas mutaciones, gorda y resbaladiza
como una yema? Quién sabe… Pero cuando se choque
con algo duro en nosotros, ella también —supongo—
tendrá un escalofrío y dejará de excavar.
“Un busto,” pronunciará en el idioma de las ruinas
y de los músculos retorcidos. “Un busto, un busto, un busto.”

1981

Transatlantic

The last twenty years were good for practically everybody
save the dead. But maybe for them as well.
Maybe the Almighty Himself has turned a bit bourgeois
and uses a credit card. For otherwise time's passage
makes no sense. Hence memories, recollections,
values, deportment. One hopes one hasn't
spent one's mother or father or both, or a handful of friends entirely
as they cease to hound one's dreams. One's dreams,
unlike the city, become less populous
the older one gets. That's why the eternal rest
cancels analysis. The last twenty years were good
for practically everybody and constituted
the afterlife for the dead. Its quality could be questioned
but not its duration. The dead, one assumes, would not
mind attaining a homeless status, and sleep in archways
or watch pregnant submarines returning
to their native pen after a worldwide journey
without destroying life on earth, without
even a proper flag to hoist.

1992

Trasatlántico

Los últimos veinte años fueron buenos casi para todos
salvo para los muertos. Aunque quizá también para ellos.
Quizás el mismo Todopoderoso se haya aburguesado un poco
y use tarjeta de crédito. De lo contrario, qué disparate
sería el paso del tiempo. Así, los recuerdos, las remembranzas,
los valores, las deportaciones. Espero no haber agotado por completo
a mi padre, a mi madre o a mis pocos amigos,
dado que ya no frecuentan mis sueños. Al envejecer,
a diferencia de lo que pasa en las ciudades, en mis sueños
cada vez hay menos gente. Por eso, el descanso eterno
cancela el análisis. Los últimos veinte años fueron buenos
casi para todos y se transformaron
en el más allá de los muertos. Podrá cuestionarse su calidad,
pero nunca su duración. A los muertos, supongo, no les importa
dormir a la intemperie ni quedarse mirando
el regreso de grandes submarinos a su redil originario
después de un paseo por el mundo
sin haber erradicado la vida del planeta,
y sin una bandera digna de ser izada.

1992

A Photograph

We lived in a city tinted the color of frozen vodka.
Electricity arrived from afar, from swamps,
and the apartment, at evening, seemed
smudged with peat and mosquito-bitten.
Clothes were cumbersome, betraying
the proximity of the Arctic. At the corridor's farthest end
the telephone rattled, reluctantly coming back
to its senses after the recently finished war.
The three-ruble note sported coal miners and aviators.
I didn't know that someday all this would be no more.
In the kitchen, enameled pots
were instilling confidence in tomorrow
by turning stubbornly, in a dream, into headgear or
a Martian army. Motorcars also were
rolling toward the future and were mostly black,
gray, and sometimes -the taxis-
even light brown. It's strange and not very pleasant
to think that even metal knows not its fate
and that life has been spent for the sake of an apotheosis
of the Kodak company, with its faith in prints
and jettisoning of the negatives.
Birds of Paradise sing, despite no bouncing branches.

1994

Una fotografía

Vivíamos en una ciudad color vodka congelado.
La electricidad llegaba de lejos, de los pantanos,
y por las noches la casa parecía
manchada de turba y picada por mosquitos.
La ropa era incómoda y traicionaba
la cercanía del Ártico. Al final del largo pasillo
sonaba el teléfono: volvía en sí de mala gana
una vez terminada la guerra.
El billete de tres rublos exhibía mineros y aviadores.
¿Cómo podía yo saber que algún día
todo eso dejaría de existir? En la cocina,
las ollas esmaltadas infundían confianza en el mañana,
transformándose tercamente, en mis sueños,
en cascos o ejércitos marcianos. También los coches
marchaban hacia el futuro: casi todos eran negros
o grises y a veces -los taxis- marrones.
Es extraño y poco agradable pensar
que ni el metal conoce su destino, que la vida
se entregó a una apoteosis de la empresa Kodak,
con su fe en las copias y el descarte de negativos.
Cantan las aves del paraíso, aunque no tengan
ninguna rama donde posarse.

1994

At a lecture

Since mistakes are inevitable, I can easily be taken
for a man standing before you in this room filled
with yourselves. Yet in about an hour
this will be corrected, at your and at my expense,
and the place will be reclaimed by elemental particles
free from the rigidity of a particular human shape
or type of assembly. Some particles are still free. It's not all dust.

So my unwillingness to admit it's I
facing you now, or the other way around,
has less to do with my modesty or solipsism
than with my respect for the premises' instant future,
for those afore-mentioned free-floating particles
settling upon the shining surface
of my brain. Inaccessible to a wet cloth eager to wipe them off.

The most interesting thing about emptiness
is that it is preceded by fullness.
The first to understand this were, I believe, the Greek
gods, whose forte indeed was absence.
Regard, then, yourselves as rehearsing perhaps for the divine encore,
with me playing obviously to the gallery.
We all act out of vanity. But I am in a hurry.

Once you know the future, you can make it come
earlier. The way it's done by statues or by one's furniture.
Self-effacement is not a virtue
but a necessity, recognized most often
toward evening. Though numerically it is easier
not to be me than not to be you. As the swan confessed
to the lake: I don't like myself. But you are welcome to my reflection.

1994

En una conferencia

Como los errores son inevitables, alguien podría creer
que soy un hombre al frente de esta sala
llena de todos ustedes. Pero en una hora, digamos,
eso se habrá corregido, por mi gracia y por la de ustedes,
y el lugar quedará de nuevo en poder de las partículas elementales,
libres de la rigidez de una forma humana concreta
o de alguna otra clase de concurrencia.
Algunas partículas todavía son libres. No todo es polvo.

Así las cosas, mi falta de predisposición para reconocer
que soy yo quien está ahora aquí frente a ustedes, o exactamente
lo contrario, tiene menos que ver con mi modestia o solipsismo
que con mi respeto por el futuro inmediato de la sala,
por esas partículas que flotan libres como antes dijera,
posándose sobre la superficie lustrosa de mi cerebro.
Inaccesibles al trapo húmedo y ansioso por limpiarlas.

Lo más interesante del vacío
es que se encuentra precedido por lo lleno.
Los primeros que así lo entendieron fueron, creo,
los dioses griegos, cuyo fuerte era justamente su ausencia.
Piensen, entonces, que ensayamos para un bis eterno
y que mi actuación se ofrece, claro está, pour la gallerie.
Todos nuestros actos muestran vanidad. Pero estoy apurado.

Una vez conocido el futuro, es posible adelantarlo.
Así lo hacen las esculturas y los muebles de mi casa.
El anonimato no es una virtud sino una necesidad
que se reconoce sobre todo cuando cae la noche.
Si bien es cierto que, desde el punto de vista numérico,
es más fácil no ser yo que no ser ustedes. Como le confesó
el cisne al lago: no me gusto. Bienvenidos a mi reflejo.

1994

Love Song

If you were drowning, I'd come to the rescue,
wrap you in my blanket and pour hot tea.
If I were a sheriff, I'd arrest you and keep you
in a cell under lock and key.

If you were a bird, I'd cut a record
and listen all night long to your high-pitched trill.
If I were a sergeant, you'd be my recruit,
and boy, I can assure you, you'd love the drill.

If you were Chinese, I'd learn the language,
burn a lot of incense, wear funny clothes.
If you were a mirror, I'd storm the Ladies',
give you my red lipstick, and puff your nose.

If you loved volcanoes, I'd be lava,
relentlessly erupting from my hidden source.
And if you were my wife, I'd be your lover,
because the Church is firmly against divorce.

1995

Canción de amor

Si te estuvieras ahogando, yo acudiría al rescate,
te envolvería en mi manta y te daría un té caliente.
Si fuera comisario, te detendría
y te metería en una celda con llave y candado.

Si fueras pájaro, grabaría tu trino más alto
para escucharlo toda la noche.
Si fuera sargento, serías mi recluta, y te aseguro
que no podrías resistirte a mi entrenamiento.

Si fueras de la China, aprendería tu idioma,
encendería mil inciensos, vestiría exóticos trajes.
Si fueras espejo, irrumpiría en el baño de damas
para ofrecerte mi labial rojo y maquillarte la nariz.

Si amaras los volcanes, yo sería lava
surgiendo implacable de mi fuente oculta.
Y si fueras mi mujer, yo sería tu amante,
porque la Iglesia se opone firmemente al divorcio.

1995

To my daughter

Give me another life, and I'll be singing
in Caffè Rafaella. Or simply sitting
there. Or standing there, as furniture in the corner,
in case that life is a bit less generous than the former.

Yet partly because no century from now on will ever manage
without caffeine or jazz. I'll sustain this damage,
and through my cracks and pores, varnish and dust all over,
observe you, in twenty years, in your full flower.

On the whole, bear in mind that I'll be around. Or rather,
that an inanimate object might be your father,
especially if the objects are older than you, or larger.
So keep an eye on them always, for they no doubt will judge you.

Love those things anyway, encounter or no encounter.
Besides, you may still remember a silhouette, a contour,
while I'll lose even that, along with the other luggage.
Hence, these somewhat wooden lines in our common language.

1994

A mi hija

Dame otra vida y seguiré cantando
en el café Raffaela. Y me quedaré ahí sentado
o parado como un mueble en un rincón
si esta vida nueva es menos generosa que aquella.

Así y todo, en parte porque desde ahora ningún siglo podrá
arreglárselas sin jazz ni cafeína, soportaré este sufrimiento
y a través de mis huecos y mis grietas, de todo el polvo
y los barnices, te observaré, en veinte años, en tu florecida flor.

Recuerda que, en general, seguiré existiendo. O más bien
que un objeto inanimado podría ser tu padre,
en especial si los objetos son más viejos o grandes que vos,
así que miralos atentamente, porque sin duda te juzgarán.

Ama esas cosas, te tropieces o no con ellas.
Además, quizá todavía recuerdes una silueta, un contorno,
cuando yo haya perdido hasta eso, junto con el resto del equipaje.
Así, estos versos, algo acartonados, en nuestra lengua en común.

1994
*Autores
Daniela Camozzi nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, en 1969. Es traductora de inglés. Cursó estudios de letras y análisis del discurso y actualmente estudia edición en la UBA. Ha publicado artículos, poemas y traducciones en revistas literarias y culturales. Presentó trabajos de investigación en los dos últimos Congresos Latinoamericanos de Traducción. Desde 2006, forma parte de la Clínica de Escritura Poética de la Biblioteca Nacional e integra las antologías que, desde ese año, publica el sello Ediciones La Biblioteca. Publicó La felicidad ajena (Huesos de Jibia, 2008) y Canción de cuna y otros poemas (Huesos de Jibia, 2009) antología de poemas de Joseph Brodsky que tradujo con Walter Cassara. Está traduciendo una selección de poemas de la poeta estadounidense Muriel Rukeyser. Publica textos suyos y de otros autores en sus blogs www.lareconstrucciondeldeseo.wordpress.com y www.fusionesyconversiones.blogspot.com

Walter Cassara cursó estudios de literatura y filosofía en la UBA. Es poeta. Publicó Juegos Apolíneos. (editorial Siesta, 1988); Rígida nieve (editorial Tsé-Tsé, 2000), El paseo del ciclista (ediciones del Diego, 2001) y Máquina de trinar (Huesos de jibia, 2007). Colabora habitualmente en ADN y otras publicaciones del medio.