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Mi madre
de Richard Ford
(Anagrama, 2010)
Tomás V. Richards*
A mamá


A partir de recuerdos personales y datos familiares fragmentarios, Richard Ford esboza en esta breve obra un retrato de su madre. Aquí el autor de novelas como El día de la independencia y Acción de gracias no apela a su inventiva para construir ficción, como de costumbre, sino que debe lidiar con la materia informe de su pasado y del de su madre. En esta doble tarea de creación y memoria se enfrenta con dos cuestiones: por un lado, la de tener que lograr una imagen vívida, no petrificada ni solemne, de su madre y, por el otro, la de tener que suplir la ausencia de datos concretos y hasta la propia ignorancia acerca de ciertos acontecimientos cruciales sin, como ya se dijo, poder recurrir a la imaginación pura y dura.
De antemano vale aclarar que ninguna de estas tensiones se resuelve enteramente. Por momentos, Ford se enfrenta a conciencia con la opacidad del lenguaje y con la imposibilidad de reflejar una vida –o dos, para ser más precisos, puesto que también se trata de la suya propia - a través de palabras, verbos, adjetivos, sustantivos:

Algo, cierta esencia de la vida, no se está vislumbrando a través de estas palabras. No hay palabras suficientes. No hay acontecimientos suficientes. No hay memoria suficiente para recuperar el pasado y hacer que sea preciso, exacto.

Para Proust “no hay melancolía sin memoria, ni memoria sin melancolía”. Ford busca evitar la melancolía, no se enreda con ella, pero tampoco renuncia al ejercicio de la memoria. Bien mirada, su obra es de tono alegre, sin lagrimeos. Es que a pesar del predominio de lo biográfico, Mi madre es mucho más que una biografía. El autor no busca únicamente recordar sino también entender. Mi madre es el relato descriptivo y analítico de un vínculo; es una fábula acerca del origen y el fin de la relación madre-hijo que va de lo particular a lo universal, de la relación de Richard con su mamá a la de todo hijo con su madre; es un intento por comprender aquello que, sin ser tangible, está ahí, frente a uno.
En ese sentido, el libro de Ford es un pequeño ejemplo de lo que Vintila Horia llamaba “la literatura como técnica de conocimiento”. El escritor es alguien embargado en una búsqueda. No hay ciencia literaria ni técnica, hay búsqueda de conocimiento. ¿Conocimiento de qué cosa? En el caso del Richard Ford de Mi madre, lo que se busca es aquello que no puede ser cuantificado, el amor que nace enfrentado con la muerte, el amor en estado puro: el amor maternal, el amor filial, quizá una de las pocas experiencias realmente trascendentes –en todo el sentido de la palabra- que aún nos concede el mundo de hoy.
*Autor
Tomás V. Richards nació en Buenos Aires en 1983 y vive allí desde entonces. Estudia Letras en la Universidad de Buenos Aires hace mucho. De vez en cuando escribe alguna reseña de una muestra de arte para el sitio Ramona Web. Publicó cuentos en diversas revistas literarias y antologías. Recientemente el C.C. Rojas seleccionó un cuento suyo para integrar la Antología de Nuevos Narradores próxima a publicarse.