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El último caso de Rodolfo Walsh, una novela
de Elsa Drucaroff
(Norma, 2010)
Marcelo López*
El último caso de Rodolfo Walsh… es una novela que no da respiro al lector: ya desde la primera escena (una “expropiación” por parte de Pablo y Mariana, miembros de la organización Montoneros) se nota el pulso que guiará las acciones. Los personajes viven de esa manera, como si todo lo que constituye su realidad estuviera a punto de quebrarse en cualquier instante, como si el presente de la narración fuera una bomba a punto de estallar. Y que finalmente estalla. Porque aquí todo –las acciones, los personajes, la historia de nuestro país- vuela por los aires. Como esquirlas que lastiman a quienes tocan, las palabras llevan en ésta novela una potencia que arrolla al lector. Si algo hubiera que criticar a la novela de Drucaroff, podría ser que, por momentos, no deja resquicios para que el lector –como un “Walsh” que recopila información en el proceso de lectura-, a su vez, investigue. Los personajes “dicen” todo: al burgués se lo denomina burgués, el milico es llamado milico, etc. Los personajes nombran, y en esa acción de nombrar también dejan demasiado explícito lo que piensan, lo que sienten (1).
En oposición a ésta idea, la presencia del soldado Mendizábal es un acierto, un “héroe” que antes debe ser traidor para contribuir con su propia vida a la causa Montoneros. Un hombre, como pensaría Borges, puede encarnar ambas cosas al mismo tiempo: una traición puede ser un acto heroico.
Por otro lado, la manera en que la autora ha construido al personaje Walsh es interesante: Walsh, como detective del asesinato de su hija, pero también como un artista que opera en su realidad política; Walsh, como un militante intelectual “peligroso” para el orden de la Nación y también Walsh-escritor y periodista políticamente comprometido. Este último aborrece de su pasado como escritor de ficciones “pasatistas”, pasando de crear obras al estilo policial clásico inglés a comenzar un nuevo género en el mundo: la non-fiction periodística. En esa dialéctica que se da entre un género y otro, podemos marcar la doble dicotomía que marcan, en terrenos literarios, libertad e imaginación contra el compromiso y la realidad política.
Los materiales que utilizó la autora para ficcionalizar los momentos históricos que vehiculizan la novela son aclarados al final: el cuento “Esa mujer”, y por otro lado la “Carta a mis amigos”, escrita a finales del año 1976, son los disparadores para querer entender -como el mismo Walsh intentó en vida- esa risa de Vicky en el momento en que, en total disparidad con el enemigo, disparaba con su arma desde una terraza.
La novela de Drucaroff está construida desde los escombros de una historia doblemente verídica (el asesinato de Walsh, pero antes también, el asesinato de Vicky Walsh). El pasado, el material novelable con que se realiza esta ficción, está dispuesto ahí para señalar lo enferma de una sociedad que todavía puede replantearse –debe hacerlo- preguntas acerca de sí misma. ¿Qué), ha pasado? ¿cómo), pudo esto ocurrir? Son preguntas cruciales que debemos hacernos cuando leamos un texto que tenga, como es el caso de dicha novela, una apoyatura tan marcada en la historia. Porque la novela, me parece, busca llegar a esas preguntas: primero, para contestarlas, pero segundo y más importante todavía, para lograr entender acerca de aquello que pasó, algo que todavía no está cicatrizado y cuya marca indeleble, si es que sirviera didácticamente al lector, debería hacerlo para no volver a cometer errores del pasado. Y es necesario, entonces, que la historia no se repita, que quienes pidieron enfáticamente el “orden” en aquella época no vuelvan a hacerlo, con otros rostros, con otros discursos, pero que en el fondo redundan en lo mismo: que tengan en cuenta que aquellos que velan por nuestra seguridad civil, también pueden traer más horror, más caos al caos.
La novela de Drucaroff moviliza. Internamente, sus lectores sentirán que están ante la presencia de un texto que los sacude, es un texto que interpela a cada momento, más allá de esa explicitación que marqué anteriormente. Es una novela ficcional pero aquí, una vez más, la literatura demuestra que, desde esa raíz intrínseca/ficticia que tiene, puede revelar un sinfín de preguntas que cada lector deberá tratar de responderse a sí mismo.
La cita de la canción del Flaco Spinetta (Todas las hojas son del viento), merece una mención aparte: esa canción tiene uno de los versos más hermosos de ese rock nacional (2) en surgimiento…

Cuida bien al niño
Cuida bien su mente
Dale sol de Enero
dale un vientre blanco

dale tibia leche de tu cuerpo

Vale la pena tener en consideración la mención del “niño”, o los niños, esos mismos que fueron a pelear, años más tarde del momento de enunciación del relato, a una guerra injusta, que no merecían pelear bajo ningún punto de vista. Pensar a esos niños de la guerra, como aquellos otros niños que desaparecieron en la Dictadura más sangrienta de éste país, esos niños para quienes no hay memoria posible, ni que les sirva como nuevo vientre para estar entre nosotros o, al menos dejar de ser de una vez por todas, los fantasmas que anidan en nuestra conciencia.
Notas
(1) Por ejemplo: una ex pareja -Sylvia y Manuel Mendizábal- se denomina a sí misma como “dos noviecitos de Belgrano Erre, de los que nunca cruzan la avenida Rivadavia”. El problema que esto trae es una especie de saturación de información, como si todo ya hubiera sido trabajado de antemano para que el lector lo entendiera.
(2) Rock que, como bien dice Drucaroff, logra obtener su categoría de “nacional” cuando la guerra de Malvinas se instala. Antes de esto, todo el rock era visto/entendido como lo foráneo, lo extraño dentro de nuestra cultura, fue necesario que llegara más horror para que “repatriáramos” y jerarquicemos ese movimiento cultural tan fuerte que es el rock.
*Autor
Marcelo López nació el 2 de Febrero de 1981. Estudia Letras en la Universidad de Buenos Aires. Es editor de cuentos de la Revista No-Retornable (www.no-retornable.com.ar). Actualmente dirige el taller literario “Escribamos historias con nuestras herramientas” en el Centro cultural de la Cooperación.
elsrbuenosaires@gmail.com