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La sacralidad del mundo en lo cotidiano
Descubrimientos, de Clarice Lispector
(Adriana Hidalgo, 2010)
Nurit Kasztelan*

Clarice Lispector es una escritora con distintos matices. Su escritura se acerca a los extremos de las cosas, al límite de las palabras y al límite del sujeto que narra. Pero pareciera que lo hace distraídamente. Las iluminaciones o momentos epifánicos provienen de situaciones cotidianas y de los gestos más insignificantes. En muchos de sus cuentos, como por ejemplo los de Lazos de familia, lo que se ve es un mundo ordenado, un mundo burgués de clase media carioca que es desestabilizado por pequeñas grietas. Aparece en primer plano el mundo doméstico y la fuerza de los moldes que establecen un tipo de conducta o de modo de ser. En algunas novelas, como La pasión según G.H., Agua viva y La hora de la estrella no hay historia ni trama y la vida cotidiana ocupa un lugar mínimo en el relato. Nos enfrentamos con una ruptura de la linealidad y de las categorías narrativas (espacio, tiempo, personajes, punto de vista).
En las crónicas incluidas en Descubrimientos, que son la continuación del libro Revelación de un mundo, podemos pensar que Clarice Lispector encuentra la sacralidad del mundo al poner atención en lo cotidiano. Las revelaciones surgen a pesar del carácter mundano de las crónicas y el enfoque en detalles irrelevantes. No solo vemos que, como señala la traductora Claudia Solans, “lo doméstico, lo insignificante, incluso lo banal se vuelve tema y problema” sino que es a través de estos hechos menores como aparecen las epifanías.
Clarice reflexiona sobre hechos cotidianos y en apariencia triviales: el primer cosmonauta, el oficio de un sacerdote, el hecho de ir al teatro, el llanto, pero esto es solo en apariencia ya que detrás de cada texto, por más menor que sea, un pensamiento singular y distinto aparece en primer plano. Clarice intenta definir la angustia, la esperanza, la felicidad, a través de anécdotas, sin ser pretenciosa ni usando palabras grandilocuentes.
Lo que caracteriza a estas crónicas es la heterogeneidad de registros. Nos enfrentamos con textos puramente autobiográficos que relatan una anécdota; otras veces, con reflexiones sobre el propio proceso de escritura y también ocurre que el texto se aproxima más al género de la crónica propiamente dicho ya que se reflexiona sobre la actualidad, (específicamente acerca de la vida cultural y económica en la sociedad brasilera entre fines de los años sesenta y comienzos de los setenta). Sin embargo, las crónicas subvierten lo que un lector esperaría de ellas, ya que en las mismas no necesariamente se narran los hechos de la realidad sino la impresión subjetiva que tiene la narradora. Los textos pertenecientes a Descubrimientos, heterogéneos y difíciles de clasificar, muestran de qué modo Clarice pone en cuestión al género “Crónicas” a través de su mirada subjetiva.
En las crónicas no hay orden cronológico, sino fragmentos narrados de forma caprichosa. En su discurrir la escritura desborda el marco periodístico y genera un estilo más cercano al literario que pone en evidencia además su prisma de lecturas. En Revelación de un mundo Clarice afirma “Avísenme si empiezo a convertirme en demasiado yo misma. Es mi tendencia. Pero soy también objetiva. Tanto que logro volver lo subjetivo de los hilos de la araña en palabras objetivas.” Es justamente esta objetividad la que vemos en las crónicas, siempre matizada por una singularidad única. La obra de Lispector ha adquirido difusión especialmente en los últimos diez años, y la publicación de las crónicas nos sirve para repensar aspectos de la misma. Leerlas nos permite descubrir facetas de la Clarice narradora. En la crónica titulada “Acerca de escribir” ella misma explica que “Es a la hora de escribir que muchas veces me vuelvo consciente de cosas, de las cuales, siendo inconsciente, antes no sabía que sabía”. En el libro anterior, Revelación de un mundo, ella se refiere al “impulso de escribir… como si yo tuviera la tela, los pinceles y los colores, y me faltara el grito de liberación, o la mudez esencial que es necesaria para decir ciertas cosas”. Se trata de testimoniar, también aquí, lo indecible del silencio. La escritura de Clarice transita aquello que no se puede decir. Se puede escribir no porque se posea la palabra, sino porque se llega a ella a partir de una valoración del silencio. Se trata de nombrar lo innombrable sabiendo que es imposible y por lo tanto lo que se nombra es justamente esa imposibilidad. La escritura consiste en dar cuenta de ese silencio, en imaginar lo que expresaría si consiguiera derribar la muralla paralizadora.
Algunas de las crónicas publicadas en el Journal do Brasil luego formaron parte de sus libros, como del volumen La legión extranjera. Otras, sin embargo, sólo fueron publicadas en el diario. En relación con esto, Clarice confiesa su desconcierto de encontrarse escribiendo para un público más amplio como lo es el lector del diario: “Es curiosa esta experiencia de escribir más liviano y para muchos, yo, que escribía “mis cosas” para pocos.”

*Autora
Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Publicó Movimientos incorpóreos (Huesos de Jibia, 2007) y Teoremas (La propia Cartonera, Uruguay, 2010). Organiza, con Germán Rosati, el ciclo de lecturas La manzana en el gusano y dirige la sección de poesía de esta revista. Tradujo, junto a Mariana Terrón poemas del libro Uomini Miei de la poeta italiana Alda Merini.