Volver Menú
Silvia (1)
de Aquiles Cristiani
(Pánico el Pánico, 2010)
Matías Capelli*

INFORME DE LECTURA

TÍTULO: Silvia
AUTOR: Aquiles Cristiani
GÉNERO: nouvelle
LECTOR: Matías Capelli

Sinopsis: Silvia narra la historia de amor entre una cincuentona sola, Silvia, y Aníbal: cómo se conocen, sus primeros acercamientos, y el desarrollo de la relación.

Argumento: Silvia, el personaje, es una mujer de unos cincuenta años. Tiene un hijo y una hija ya grandes, que no viven con ella y con los que mantiene un contacto esporádico. Silvia vive en una casa en zona norte, un Martínez de clase media trabajadora, entre Maipú y la Panamericana, en las inmediaciones del Unicenter. Se levanta a la mañana, escucha en la radio a González Oro mientras se toma unos mates, después va al jardín de infantes en el que no trabaja de maestra. Uno de los programas que más le gusta hacer por la tarde es ir al Unicenter, deambular por los pasillos, comprar alguna pavadita. La plata no le sobra: en el alquiler de su casa se le va buena parte del sueldo, pero si algo aprendió a esta altura de su vida es cómo hacer para que la plata rinda.
“Siempre antes de entrar se arrepentía de no haber agarrado diez pesos más”, eso suele pasarle a Silvia frente a las puertas corredizas automáticas del centro comercial. Tal es la magnitud de sus ilusiones, y también de sus desencantos, porque a Silvia es como si siempre le faltaran diez para el peso. Y por modesta que sea la medida de su felicidad –diez pesos más, un amor, una casita en Maschwitz–, no le resulta nada fácil conseguirlo ni mantenerlo.
Silvia tiene un hermano, Yico, un busca tan chanta como entrañable que vive pergeñando negocios para ganar veinte pesos. Una vez se asocia a su amigo Aldo y compran unos pañuelos de seda de contrabando en el puerto, que Silvia sugiere son de dudosa autenticidad. O la vez que Yico empezó tratando de sacarle a Silvia treinta pesos y se terminó conformando con dos, para completar lo del remís. Porque los personajes de Silvia andan mucho en remís. Y después aparece Aníbal, el galán. Pero mejor detenerse acá y no develar más detalles del argumento, para no arruinarle la lectura a quienes no tienen el libro.

Valoración: Silvia es una novela anti-indie. Sus personajes no son artistas, ni artistas frustrados, ni burgueses con esplín. El mérito principal de la novela es que logra extraer una belleza singular puliendo la superficie en apariencia gris y anónima que recubre a los personajes, sin nunca acentuar sus rasgos distintivos. Como si lograra que las dicroicas de los locales de Unicenter iluminaran sus rostros con una luz beatífica y celestial.
Cursilerías al margen, por otra parte, en el corazón de la novela late una tesis sobre la mujer, sobre el enamoramiento, que es romántica y a la vez desencantada.
Hay algo conmovedor de Silvia, su entrega abnegada. Silvia está rodeada de hombres que son unos chantas, vendedores de humo, ilusionistas, malabaristas del entusiasmo y el futuro que logran encandilarla. A fin de cuentas Silvia es la única que trabaja, el verdadero sostén, porque los hombres que la rodean no saben cómo hacer para juntar dos mango, y la vez que tienen que ponerse de acuerdo para cavar en el jardín, se terminan agarrando a piñas.
La eficacia del relato reside en el punto de vista elegido. Si tuviera que arriesgar, diría que el narrador no se esconde tras la piel de Aníbal ni se trasviste de Silvia, sino que, como observador, descansa desdoblado entre Yico y Aldo.
Así como el narrador ostenta una habilidad notable para los diálogos, demuestra también un ojo sutil y afinado para el trazar el perfil sociológico de los personajes, su relación con los medios de comunicación y sus hábitos de consumo. La relación con la radio y, sobre todo, con el Unicenter. Cito textual: “Estaba tan acostumbrada a pasar algunas tardes en el shopping que sentía caer el cielo a pesar de la tenacidad de las luces de los negocios”. “Consideró irse, pasar la noche en Unicenter o al menos quedarse en el patio de comidas hasta que cerraran el shopping”.

¿Qué estilo literario prevalece?
Un estilo coloquial fluido y flexible que pasa de la descripción trivial a destellos de un lirismo desteñido, como manchado de lavandina.
Un uso notable del diálogo, poco frecuente en nuestra literatura, le da velocidad a la novela y una densidad palpable a los personajes La novela está compuesta por fragmentos o escenas que comienzan a acelerarse y acortarse a medida que el desenlace se aproxima.

Observaciones sobre el contenido:
Está Silvia, el tema que Elvis Presley le escribió a su corista de toda la vida; está la Sylvia de Pulp, con y griega, de This Is Hardcore, está la Silvia Prieto, de Martín Rejtman. Silvia tiene un poco de todas esas Silvias y alejándonos del recurso fácil de seguir encontrando homónimos, cabría mencionar recuerda a Felicidad, la protagonista de Un corazón simple de Gustave Flaubert.
Un dato de color: Silvia es descendiente directa, tataranieta o bisnieta, de Heinrich Schliemann, el arqueólogo que descubrió las ruinas de Troya en Grecia hacia 1870. La referencia a la cultura clásica resuena distorsionada: Silvia y Aníbal hablan en la cama sobre mitología, sobre historia, sobre las joyas de Helena de Troya. De chicos, antes de empantanarse en la medianía social, viajaron dos veces a Europa y compartieron días de verano con sus primos en el castillo familiar en Alemania. Es un recuerdo que perdura, una llama de distinción que todavía arde en la memoria familiar de Silvia.

¿A qué publico se dirige?
Indistinto. Aunque puestos contra la espada y la pared en la inútil necesidad de encasillar al lector ideal, diría que como las buenas canciones de Leonardo Favio, Silvia es una balada triste que conmueve por igual a madres, hijas y abuelas, y que todo hombre debe leer, como las novelas de D. H. Lawrence, para saber de qué se trata.

¿Lesiona a alguna persona o entidad?
Tal vez mujeres extremadamente susceptibles puedan sentirse afectadas por ciertos comentarios de Yico que pueden ser interpretados como sexistas, pero eso sería leer la novela fuera del contexto de sus personajes. Por ejemplo, en un momento de complicidad Yico le dice a Aníbal: “Mirá, para mí, son tres o cuatro cosas; tres cosas que hay que hacer. A una mina, a una mujer, tratándose de mi hermana, la tenés que hacer reír, te la tenés que ya sabemos qué, y tenés que ver qué cosas le ponen los pelos de punta. Si me preguntás “¿meto los dedos en el enchufe?”, yo ya te digo “no seas gil”. Ahora, no me preguntés dónde tienen las guachas el enchufe, porque justamente lo que hay que ir manejando es eso, a éstas se les corre el moño, ¿viste? Hay que ir con tacto simplemente.”
Pero en defensa de Yico podríamos decir que es un consejero unisex. Algunas páginas antes él mismo le había dicho a Silvia, su hermana, acerca de Aníbal. “No esperes ser el centro de sus pensamientos, es mejor que ocupe la cabeza con algo que lo entusiasme”. Este lector extremadamente susceptible a un nivel exasperante también podría sentirse lesionado u ofendido en su inmaculada sensibilidad cuando los personajes tienen pensamientos clasistas, como cuando Aníbal piensa “Existía una historia así, como la de Edipo, estaba seguro, en la villa esas cosas pasan, no es novedad.”
Pero la respuesta es negativa: en líneas generales la novela no lesiona a ninguna persona ni entidad.

¿Aconseja su publicación?
SI

¿La regalaría?
SI

Aclaración
(1) Este texto fue leído durante la presentación de Silvia el sábado 2 de octubre de 2010 en Purr libros.
*Autor
Matías Capelli nació en Buenos Aires en 1982. Es editor de la revista Los Inrockuptibles y colabora con diversos medios gráficos. En 2008 publicó su primer libro, Frío en Alaska.