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La Funesiana, una editorial memorable
Sol Echevarría y Daniela Szpilbarg
Editorial Funesiana
14/7/2010

Es la tercera editorial más chica de Latinoamérica, ya que publica 50 ejemplares de cada título en un formato pequeño, encuadernado a mano y forrados con tela. Su taller tiene sede en una casa ubicada en pleno Palermo que pareciera ser un espacio surrealista. Mientras esperábamos (Daniela Szpilbarg y Sol Echevarría), pudimos hacer un tour guiado, a modo de reconocimiento geográfico. Una suerte de comunidad hippie y centro artístico se desparrama en las múltiples habitaciones de ese palacete con olor a okupa. Finalmente Funes (alias de Lucas Oliveira) llegó con un caloventor en mano, para aclimatar la habitación poblada de papeles, témperas y chucherías. Nos sentamos alrededor de la mesita en la que la magia del armado editorial ocurre, y dimos inicio a la entrevista.

NR: ¿Cuándo empezó La Funesiana, cómo fue la idea, cuándo y por qué?

Funes: Bueno, la editorial empezó en el 2007 con Juan Terranova. Un año antes había encuadernado yo mismo mi primer libro (Papel). Cuando vi que funcionaba, armé una presentación y vendí unos 60 ejemplares, aproximadamente. Y cuando vi la plata que había hecho ese día, le dije a Juan: yo puedo hacer una editorial, pero necesito plata. Y él me dijo sí, contá con eso, vamos a juntar la guita. Él pensó que necesitaba como $5000, pero eran $500, nada más, para comprar la prensa. Necesitábamos una prensa y una guillotina pero lo de la guillotina lo reemplazamos con un cuter ya que los libros que teníamos pensado hacer eran chiquitos.
Terranova se encargó de tener la charla con el autor, corregir, editar y pagar el primer título que fue “Escolástica Peronista Ilustrada”, que salió como 200 pesos y los puso él. Esto se relaciona con lo que yo te venía diciendo sobre cómo publicar un libro, dónde está la plata, dónde no está la plata, en qué gastar energías y en que no. Entonces le conté todo eso a Terranova y me dijo: bueno, hagamos algo por fuera, totalmente distinto a lo que está pasando en las editoriales. A partir de ahí empieza a proliferar el catálogo, siempre con la idea de editar, hacer una tirada y presentarla en un bar en el que haya alguien tocando y vendiendo los libros y después vender los libros a pedido. Al principio yo iba a lecturas y le pedía al organizador que me dejara pasar y vender los libros, porque la idea es que no sea algo escondido, que el libro esté disponible. Así empieza La Funesiana, con la idea de ofrecer un lugar de publicación para jóvenes escritores sin que tengan que poner plata.

NR: ¿Y la publicación es indiscriminada? Si viene alguien que quiere publicar, ¿hay un filtro?

Funes: Sí, antes filtraba Terranova y ahora lo hago yo. Inclusive ahora tenemos en el blog los pasos a seguir. De hecho, en el blog hay desde cómo armar tu propia editorial hasta cómo ser parte integrante. Otro de los proyectos que empieza a surgir es la idea de los Aleph, con la idea de empezar a abrir el campo. Por ejemplo, yo voy a tu ciudad, te enseño a encuadernar, a hacer esto con fotocopias en Word y vos hacés un libro sin necesidad de que alguien te tenga que editar. Y eso es lo mejor de la Funesiana, lo más valioso; el haber formado 5 o 6 editoriales. Por ejemplo: en Santiago del Estero tenés que pagar 6000 pesos para publicar un libro de 100 páginas (500 ejemplares) y para la gente de ahí es imposible pensar en esos números. El sueldo ahí llega a 1200 pesos y pensar en 6000, seis veces tu sueldo, para gastar en tu libro que ni sabés cómo vas a distribuir, es una locura. Entonces la idea es que publicar sea fácil, pero a la vez te dé ganancia. Por eso estábamos tratando de entender desde el blog por qué la librería es innecesaria. La librería es innecesaria y además corrupta, la cantidad de ejemplares es innecesaria, la cantidad de libros también. La idea es buscar al lector que lee, no al que le interese figurar en los espacios de legitimación que no tienen que ver con leer. La idea es que la gente quiera comprar un libro por lo que vos escribiste no porque Beatriz Sarlo dice que está bueno. En términos reales, lo que un autor quiere es tener su libro, poder compartirlo con alguien, cruzarse en un café con otro que lo leyó y, quizás, discutir sobre eso.
Y si el libro sale sesenta pesos, no lo lee nadie. O lo lee un montón de gente que no lo conoce. A mí me pasó, con un libro que publiqué hace poco, que sale cuarenta y cinco pesos y no lo lee nadie, ni lo va a leer nadie que yo conozca porque es caro. Ese libro no lo va a leer gente que yo conozco. Lo va a leer otra gente con el prejuicio de creerme “un joven autor”. Estamos trabajando para que todo el mundo pueda publicar, que se arme un “Aleph” en cada ciudad es el sueño, para romper con el mercado editorial.

NR: De alguna manera no es que se va a romper el mercado editorial. Es un proyecto que puede ir en paralelo.

Funes: Sí, va en paralelo. La idea es que sigan saliendo libros, que yo siga encuadernando. Eso me permite seguir conociendo gente, que es lo que más me divierte de todo.

NR: ¿Cuántos libros tienen publicados?

Funes: Tenemos 14 títulos.

NR: ¿Y por qué el formato? No es un libro común… tradicional.

Funes: ¡Es lo más tradicional que hay! Nada más conservador en el mercado editorial.

NR: Pero está hecho a mano.

Funes: Sí, es cierto, tiene un “manufactura” artesanal, no lo hace una máquina pero está cosido y tiene capitel... igual que los libros que hacen las máquinas. Nada más conservador que eso… Había una editorial, Caja Negra, con libros de formatos rarísimos, más novedosos, hacen libros que no parecen libros. Como formato / diseño, lo nuestro sería tradicional.

NR: Lo que tiene de diferente es lo artesanal de cortar, pegar, que lo hace una persona.

Funes: Sí, eso es cierto… pero estás poniendo en la misma mesa un libro industrial y otro hecho a mano. Son lo mismo: lo único que cambia es que yo lo hago a mano y en el otro caso alguien pone “Enter” y sale un libro del otro lado de la maquinola. Está bueno diferenciar entre la editorial independiente, o el movimiento independiente de editoriales, así como está bueno diferenciar las que son subsidiadas, las que son artesanales, editoriales de autor (como Dunken o Milena Caserola). Hay un montón de ejemplos en los que podés empezar a diferenciar o armar un mapa más claro. En realidad, tendría que ser más claro para el escritor joven que quiere publicar, que quiere meterse en el mercado editorial, porque creo que es al único al que le sirve esa información. Si vos querés publicar, tenés que ver lo que escribís, quién lo publica y cómo lo publica. Desde la cantidad de ejemplares hasta la calidad del papel que usa, hay un montón de diferencias. Por ejemplo, nosotros no le cobramos al autor y tampoco hacemos más de 50 títulos, pero eso no quiere decir que los títulos son inconseguibles. Sigo haciendo, reedito, pero lo hago a pedido. El concepto de imprimir y después vemos qué hacemos, ya no lo manejo más. O en realidad nunca empecé con eso, porque veíamos (cuando empezamos con Terranova) que de quinientos libros que imprimían, trescientos quedaban en la nada y doscientos estaban dando vueltas. De esos, cincuenta se vendían en la presentación. Los números salieron de ahí. Los únicos libros que se venden seguro, son los cincuenta de la presentación. Y no pago librerías, no pago distribuidor. Entonces, la mayoría pensó que me iba a ir mal, porque tenías que hacer más, para que la gente los conozca, para que los revisen. A partir de eso, empecé a hacer dos movimientos contrarios: no nos interesa la reseña, no nos interesa el diseño de la tapa, ni la contratapa, ni que figure el nombre, el apellido ni la editorial, en la tapa. Todo eso es trabajo que nos quita tiempo. A partir de un montón de pensamientos sobre el libro, decidimos hacer justamente todo lo contrario. Y a lo largo de una cantidad de títulos, generamos cierta personalidad, como un sello.

NR: ¿Al autor no le interesa que se conozca más allá?

Funes: ¿Salir en la Ñ o estar en El interpretador o en No retornable? Sí que le interesa, pero con esos autores yo no trabajo. Con eso soy muy claro y generoso. ¿Querés figurar acá? Bueno, fijate que hay editoriales que trabajan con ese sistema. El 80% del trabajo que hay que hacer después de escribir el libro, es totalmente ignorado por el autor. No tiene idea qué hay que hacer después de escribir el libro. La mayoría de los textos que yo pongo en el blog diciendo qué hay que hacer después de escribir, los levantan de acá, de allá, algunos tiran mierda, otros dicen: ¿cómo vas a estar diciendo estas cosas? Hay como una cosa de que esa información es poder, cómo se puede publicar, dónde se puede publicar, quién te cobra, quién no, está esa cosa adolescente de que si te cobra va a ser malo. Por ejemplo, los pibes de Milena Cacerola te cobran y tienen un discurso armado. Te dicen, “bueno, vos querés tu libro, esto se paga”. Te informan cómo se hace un libro y te lo hacen de manera que vos te transformes en un compinche de la editorial. Hay como un miedo a que todo el mundo sepa de qué se trata publicar un libro. Hay un total desconocimiento por parte del autor del proceso que comienza a partir de que termina de escribir el libro. ¿Lo mando a un concurso, lo mando manuscrito tres copias a la editorial Anagrama? Como si existiera que alguien alguna vez, en Planeta, lee un manuscrito de un joven autor. Eso no se hace. Las grandes editoriales contratan pequeños editores para ir a buscar talentos. Es lo común. Así funciona; no es ni malo ni bueno: es.

NR: Es decir, esa creencia de que todo fue casualidad y no estrategias o contactos, gente o plata…

Funes: Claro, hay todo un mito de que no tenés que trabajar pero tenés que trabajar. Y trabajar puede ser poner plata o poner trabajo. Llamar a tal tipo, ir a tal lado, conocer a tal otro, aprender, discutir, y volver a aprender. Es una cosa que no para nunca. Entonces cuando vos ves alguien publicado, te ponés a pensar en un montón de cosas detrás del libro. O por lo menos yo. No me quedo sólo con “¡Qué bueno, publicaste, felicitaciones!”, sino que miro la editorial, cuántas páginas tiene, quién diseñó la tapa. No es la inocencia de ver una nueva publicación. Hay un montón de cosas detrás de cada libro que yo trato de contarlas un poco porque quiero trabajar con la gente que quiere el sistema de la Funesiana y porque quiero ayudar al que busca ese sistema. Es válida, también la búsqueda de querer salir en la Ñ, que te lea Sarlo o tener un libro reseñado. Todo ese camino es válido, pero yo no lo hago. Entonces mucha gente me dice eso, la otra vez me pasó esto: alguien me mandó el “Curriculum” del libro (dónde lo habían reseñado, qué concurso había ganado), pero no me mandó el libro en sí.

NR: También están en diferentes circuitos. Por ejemplo, estos libros no están registrados, no tienen número de ISBN.

Funes: El texto está registrado, pero la editorial no saca ISBN. Es decir, no tiene hecho el depósito que marca la ley 23712, que significa, entre otras cosas, dejar no sé cuántos ejemplares en un depósito.

NR: ¿Qué quiere decir esta idea de “quebrar el mercado”?

Funes: Que editar no dependa de muy poca gente, que sea más fácil para todos y también tiene que ver con discutir sobre quiénes y cómo leen. Ahí viene una cuestión que es quién los compra, cuánto salen los libros, etc. La idea de la Funesiana no es la de crecer, progresar en términos capitalistas, hacer sucursales. La nota en la Ñ no me sirve porque el sábado a la mañana sale en todo el país, 5000 personas me mandan un mail y de esas personas, 50 me piden un libro para el mismo lunes.Y no puedo cumplir con semejante demanda. 50 libros los hago para un autor en dos meses. Entonces, si me pongo a coser 50 libros no puedo crecer (en términos de nuevos títulos). Me convierto en esclavo de la demanda. Tampoco tengo la posibilidad de hacerlo porque no cuento con la estructura armada “para crecer”. Tal vez si los mandáramos a imprimir y a coser a otro lugar sí, sería más rápido pero la idea es mantenerse lo más chico posible.

NR: ¿ “Crecer” significaría publicar más títulos?

Funes: Claro. Pero también crecer significaría vender mayor cantidad de ejemplares por título. Vamos a seguir publicando autores pero imprimir 500 porque se venden 400, no ayuda a la editorial sino que ayuda a un sólo autor, y el plan que tengo es publicar a un montón de gente. Si un autor publica mucho y lo hago todo yo, a “horas hombre”, pierde el autor que le sigue. En ese momento del proceso hay otra nueva discusión con el autor: si vas a publicar con Funesiana, tenés que estar convencido de lo que vas a publicar. Porque si yo me demoro seis meses y pasado ese tiempo vos vas a decir que tu libro “te queda viejo” o “tenías una idea muy errada de la literatura cuando lo escribiste”... y... eso es un problema, porque yo quiero que el que publique esté contento, satisfecho, que banque su propia Historia de la Literatura. Por eso hay una charla previa para que el autor tenga un convencimiento pleno. Si le gusta, genial y si no, esperamos. Eso es lo que pasa con muchos. Es difícil discutir eso, porque la mayoría de los autores no entiende, sólo le interesa publicar y publicar a como dé lugar. Ya. Pronto. Hace poco les mandé un mail a los autores para decirles que quiero publicar sus libros con Copyleft (1) y me respondieron “¿Estás loco? Yo quiero venderlo al libro”. Y la misma fantasía de siempre: “No, yo quiero venderlo, y además, eso te ayuda a vos…”. Y me corren por izquierda porque tienen miedo de que les roben los derechos de los textos. Pero eso puede ir cambiando de a poco, yo porque soy un bruto medio ansioso.

NR: ¿Y ahora quiénes están en la editorial?

Funes: Lucía Pasik y yo. Lucía anda integrando las huestes del rock en este preciso instante pero es el alma creativa de la editorial.

NR: ¿Quién hace todo el trabajo de recibir los mails y leer?

Funes: Eso lo hago yo. Ella es la encargada de la parte estética/creativa. A mí me cuesta mucho pensar en ese sentido. Le cuento más o menos el tema del libro y Lucía piensa y diseña la tapa. Yo pienso en colores y esta chica piensa en texturas, en formas… Es un avión.

NR: ¿Cómo manejan las ganancias?

Funes: Eso te pido que no lo grabes que no quiero hablar de las grandes sumas de dinero que gano. En realidad, lo que hago es mantener la editorial con mi trabajo estatal de librero.

NR: Y cuando vas a dar esos talleres, ¿cobrás?

Funes: No, no los puedo cobrar.

NR: ¿El viaje tampoco?

Funes: Uno sólo fue todo pago, a Santiago del Estero. Pero el resto de los viajes me los pago yo. La idea es facilitar, no complicar.

NR: Me imaginé que…

Funes: No, ahí es donde se rompe, ahí tenés que quebrar “el mercado”. Uno tiene que hacer el esfuerzo. Por ahora puedo ser yo. La idea es no repetir el sistema que dice “El que puede, edita. El que puede, aprende”. Cuando yo voy a un lugar, mi idea es dar clases gratis. No tienen que llevar nada más que el material para armar los libros. Dos o tres cosas las llevo yo. En Santiago del Estero, Juan A. Leguizamón (el Director de Cultura) que es poeta, lo entendió enseguida cuando le expliqué por chat. Lo que hizo fue conseguir que los diarios publicitaran el taller que se iba a dar en la biblioteca del centro de Santiago. Y la gente hacía cuarenta kilómetros por día para venir al taller porque quería encuadernar libros para chicos. Si a ese tipo yo le digo que encima de viajar, pague una inscripción o cuota, no lo hubiera podido hacer.

NR: Bueno, pero en este caso, por tratarse del Director de Cultura de Santiago, que es alguien de la instancia estatal, es justo que se le pague el trabajo de una persona que va a brindar una actividad para la comunidad.

Funes: Es bueno que hayas usado la palabra “justo”. Convengamos que a Santiago del Estero no llego si no me pagan el pasaje y el hotel. De hecho lo pagaron, pero no hubo cachet ni se le cobró al que vino a aprender. La idea no es cobrarle al que viene a aprender, porque si no, no viene, porque no puede. O viene otra gente. Al hacerlo gratis, le interesa a una gente, y si cobro, le interesa a otra gente. Entonces filtro por ese lado. “Ah, ¿es gratis? Entonces debe ser una cagada”, “Ah, ¿es gratis? Entonces seguro que no sabe nada”. Mucha gente desconfía de la gratuidad, entonces lo uso, también como una manera de filtrar.
Con los libros lo mismo: yo hago 50 ejemplares. Así filtro a muchos autores, que enseguida te ponen cara. Esa cara de “Uh, qué cagada, yo quería editar mil”. Pero así filtro. Y por ese lado también está bueno que la enseñanza de una encuadernación o de la formación de una editorial sea gratis. Ahí ves a quién le interesa hacerlo de verdad ya que no le pongo casi ningún tipo de traba. La idea es esa. Formar, para que los tipos vuelvan a formar y transmitan eso. Entonces, la factura del libro ya no es un impedimento. Hacer el libro es fácil, no te cuesta nada. Ahora tenés que pensar qué vas a escribir, porque hay un “otro” que lo va a leer. El objetivo ya es el otro, podés ser un Editor (sin eufemismos). Que alguno diga que logró hacer una editorial en Casilda, Santa Fe... eso es genial… otro en Mar del Plata, otro en La Plata.

NR: ¿Hay un filtro de temas? ¿Cómo eligen lo que quieren publicar?

Funes: No, no hay temáticas. Hay cosas que me interesan. Otras que están buenas. Llegó un libro del mexicano Francisco Enríquez Muñoz: “Cuentos tan lindos como un tampax usado flotando en el agua turbia de un retrete sucio” y son 200 cuentos. Y esta buenísimo. Pero ¿de qué le sirve a él salir acá? ¿Por qué no edita allá en México? Hay como mucha carga. La gente tiene mucha fantasía con lo que significa que te publiquen, con lo que significa ser escritor, ser leído. Cosas que van más allá de la realidad.

NR: Y para vos ¿qué es un libro? Hablás de la idea de que hubiera una editorial en cada ciudad ¿por qué te parece una gran idea?

Funes: Un solo texto puede tener una cantidad de lecturas diferentes y eso me parece que implica (en el que lee) un nivel de aprendizaje sobre sí mismo que está bueno. Me parece que lo más importante es lo que le pasa a cada uno cuando lee un libro, y no sé si eso pasa con otra cosa. No hay nada más poderoso que un libro, porque va cambiando a las personas; una por una. Después hay otro tema que es quién puede leer, y cada vez hay menos gente que puede aprender. La escuela es un garrón, nadie termina el secundario, es re-complejo el sistema educativo y el libro no es lo que era antes, pero al mismo tiempo, sigue siendo muy poderoso. Puede transformar a una persona y hacerla mejor. Esa sería la función. Por eso queremos que haya más gente haciendo libros. Así como cambia lo que vos leés, que haya otra forma de escribir. Está bueno que sea, por ejemplo, como el catálogo de Interzona, que es un cambalache de autores y escrituras. Y eso produce pensamiento, la diversidad, la diferencia. Y que no se quede en lo discursivo, en blogs, en la virtualidad (que también tiene su fuerza) sino que sea parte de un objeto que si te lo tiran por la cabeza te va a doler porque es un libro tapa dura de 200 páginas de 80 grs cada una.

NR: ¿Para vos hay alguna correspondencia entre el modo en que se produce, se distribuye y se vende, con lo que dice el libro?

Funes: Es difícil explicarlo. Porque plutón Canta (Cecilia Eraso) no es lo mismo que Escolástica Peronista Ilustrada (Carlos Godoy). Tampoco es que soy un renegado total, hago frasecitas, hago slogans y jugamos a ser comerciales. Jugamos a tirar frases cancheras, sabemos que está bueno y una de las cosas que decimos es: todos los libros de la Funesiana tienen algo en común, y es que son una piña en la boca. Y la idea esa para cada libro se traduce distinto. La idea es transmitirle al otro una forma de escribir. Que una señora flashee con el libro porque tiene una ventanita en la tapa, pero también que lo que dice el libro esté bueno. Eso también es parte de la línea editorial de la Funesiana. Lo que tienen en común es que a mí me gustan. La idea es que lo que se cuenta genere algo, los libros te tienen que generar cosas y moverte la estantería. Desde la incomprensión hasta la fascinación. Además hay mucha política, muchísima política, más allá de la política que hay detrás de hacer el libro así. A mí me interesa que el tipo sea consciente de que es un ser político. Me interesa que los autores de la Funesiana demuestren que participan políticamente de la sociedad a través de lo que piensan / escriben. Ahí tenés otro punto en común. La idea es poner en evidencia que hay cosas que son muy valiosas y que no se les da mucha importancia. Por ejemplo, en términos generales, da la impresión de que la juventud lo único que hace es fumar paco. Entonces la idea es mostrar algo distinto. La política de nuestra editorial llama la atención porque es algo distinto de lo que hacen los otros. Hace un par de años, todavía me quedó grabado, Félix Bruzzone (uno de los cuatro editores de Tamarisco) decía que había que discutir seriamente la tirada de La Funesiana. Discutamos seriamente la tirada de solamente 50 ejemplares. Discutamos qué cosas tiene a favor y qué cosas tiene en contra.

NR: ¿Cuáles son las cosas que tiene a favor y en contra?

Funes: La ventaja es la posibilidad de producción. Hoy hago uno y en dos semanas hago otro. Tiene la ventaja de que no hago doscientos libros. En estas condiciones cincuenta ejemplares me entran justito. A mí me sale 10 pesos hacer cada uno y los vendo a 30. De esos 30 pesos, 20 van para hacer el siguiente libro o para pagar el alquiler del tallercito éste. Además, la ganancia está buena, Planeta no puede ganar ese porcentaje de dinero por libro (y eso nadie lo sabe). Planeta, eh, la misma casa editorial que vende a 70 pesos algunas novedades. Entonces, la ganancia está buena, pero no es tanto, obvio, porque el total de libros vendidos por Funesiana no supera los 60/70 ejemplares. Ahora, con Misoginia Latina (Joaquín Linne), hemos superado ese récord funesiano.

NR: ¿El autor paga?

Funes: No, el autor no paga. Las editoriales pagan el 10% al autor. Entonces dijimos: vamos a pagar el 10% pero en libros. Si se agota en la presentación, imprimimos 20 pero después de recibir 2 o 3 pedidos por mail. Entonces, de esos 20, 2 son para el autor, y 18 para los dos lugares que tenemos de venta: el Centro Cultural Ricardo Rojas y las diversas ferias a las que nos invitan o nos hacemos invitar (donde, por supuesto, no pagamos ningún tipo de comisión).

NR: ¿Y el autor puede publicar después con quien quiera?

Funes: Ese es otro de los proyectos que teníamos, que no se dio, salvo con Música para Rinocerontes, de Terranova. Lo publicamos y lo empezó a leer Carmen Balcells, la representante de García Márquez. Entonces nosotros lo sacamos del catálogo. Terminó publicándolo una editorial boliviana que empezó hace poco, lo que me hizo triplemente feliz: salió el libro, en una editorial nueva, de un escritor que me gusta muchísimo. Y la idea es esa: de repente vos vendiste a otra editorial el libro que publicaste por la Funesiana y nosotros “no te conocemos”, borramos todo de nuestra memoria, no tenemos nada que ver.

NR: Eso porque ellos no quieren publicar nada que no sea inédito...

Funes: Claro. Ahí está, son poalíticas editoriales, cada uno tiene su política.
Un día alguien inocentemente, me dijo: bueno, hacé un montón de Funesianas y para que esté distribuido el libro en todo el país, mandás el PDF a todas las editoriales en su ciudad. Pero ¿vamos a publicar allá cosas de acá? ¿Cuando pueden editar cosas de ahí? ¿Para qué le voy a pedir a un pibe de La Plata que saque un libro de la Funesiana? ¡Que saquen sus propios libros, sus propios autores!

NR: Pero si son editoriales que tienen la misma política de publicación, compartir puede ser leído como copar pero también puede ser leído a la inversa, para que se conozcan los autores de Buenos Aires en el interior del país y el interior de Buenos Aires.

Funes: Es ingenuo creer que no vas a copar Catamarca. Es inevitable, Buenos Aires ya se impone en un montón de lados. Entonces, fomentar eso no está bueno.

NR: Pero pensando que casi todo el mercado del libro está copado por empresas que no son argentinas, y que son más fuertes que lo que puede ser la Funesiana (copan un montón de provincias) no estaría mal que existan pequeñas editoriales federales para que por ejemplo un salteño pueda leer a un mendocino.

Funes: Bueno, pero tiene que cambiar una idea: que se publica al que más vende. Y eso es lo más difícil. Porque vos no vas a sacar a alguien que no vende nada. Cuando cambie eso, cuando dejen de pensar que para “progresar” hay que ganar plata y ser famoso, va a cambiar lo otro. No le pedís al Gobierno que promueva cosas que todo el mundo ya conoce. Le pedís que promueva cosas que no se conocen. Desde el Gobierno tenés que fomentar actividades que no tengan mucha fama. Cuando cambie eso, se va a conocer Salta, Córdoba, Mendoza, Chubut cuando veas que a las editoriales no les importa si se vende o no. No funciona pensando en términos de “vender o no vender” cuando construís Cultura, hacés (o querés hacer) Literatura. Importa que se conozca lo que dice esa persona. Y ahí es donde está el problema con las editoriales… porque las reglas son una cagada. Entonces hay que tratar de diferenciarse de eso, para salir un poco de ese juego. Salir del discurso: “Consigamos que esto salga en algún lado, para que lo conozca más gente para que lo compre más gente. Tenemos que salir en la Ñ que la lee mucha gente”. Ahí pregunto: ¿qué te preocupa a vos? ¿Escribir bien? No, a vos te interesa conseguir el mail de Diego Erlan para que te ponga en la agenda, para que te haga una nota y/o publique una reseña. Pero, ¿hacer una editorial es conseguir un mail? No. Así discutimos con mucha gente. Lo mismo que pasó con las antologías que publicó Mondadori, que fueron una cañita voladora. Decían: “Los 130 mejores exponentes de la literatura joven argentina”. Primera antología: 20 nombres. Segunda antología: 20 nombres, (de los cuales 10 eran de la antología anterior). Y el tercer libro, 15 de 20 eran repetidos. Entonces, después ves que dos autores por cada antología son publicados individualmente por Mondadori. Es un sistema de apropiación de la literatura a cargo de un monstruo editorial, al cual el autor tiene que ceder porque le pagan. Esa etiqueta que dice “Las 130 voces más originales de la joven literatura argentina” es una mentira. Pero la señora cree que es verdad, el que lee la Ñ cree que es verdad. Ahí me corro, porque esas reglas están hechas para que ganen dos y no está bueno. Por eso (y más) aparecen la FLIA, editoriales hechas a mano, cooperativas como Milena Caserola. Entonces la idea es abrir un poco y ser conscientes de todo el manejo que hay detrás. Y si vos comparás este libro de la Funesiana con este de Entropía estás cometiendo un error, que es ponerlos en la misma mesa. Pero si vos no los comparás, se pueden valorar los dos desde lugares totalmente distintos porque no son lo mismo.









Notas
(1) El Copyleft, sería, en pocas palabras, publicar y reenviar el PDF del libro para que cualquiera pueda descargarlo y leerlo en su computadora. Saldría con la leyenda: “Este libro puede ser copiado, distribuido y modificado bajo la condición de reconocer al autor/los autores y mantener la licencia de ‘copyleft’ para las obras derivadas”.