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Alda Merini
Mariana Terrón y Nurit Kasztelan*
Un día,
hace muchos años,
me equivoqué de puerta
y entré en el limbo del pecado.
Lo llamaban manicomio
pero era sólo un sueño,
y un día me di cuenta
de que había sido olvidada.
Un latigazo de gloria
me sacó de mi aislamiento.
Corrí para recuperar
las potrancas perdidas.
Pero me había convertido en mito,
un mito que destruyó
mis manos de nena.





La luna no se abre más
como un abanico de nuez
en el pozo del manicomio
donde fui sepultada viva
porque tenía razón.
Mi boca comió la tierra,
pero mis labios se volvieron
turgentes y rojos
para llenarte de besos durante la noche.





Quiero morir entre los viejos
en su follaje de oro.
La calle del amor
me fue limitada
por un río de lindas muchachas,
y él que era mi predilecto
se zambullía en sus regazos.
Quiero morir entre los viejos
que besan a su perro
porque no tiene palabras.






En la flor de cada día
que se pierde
y no tiene más una palabra,
yo llevo el ejemplo
de aquello que no sucedió nunca
entre tú y yo.
Una fuga en un dorado accidente
donde los amantes no tienen salvación.
Porque salvar un pétalo de amor
es como salvar una respiración.
Y cuando te beso muero sobre tu cuerpo.




¿Por qué me acaricias los hombros y los senos,
como si fuese tu propiedad?
Sobre la belleza de la mujer se deposita
el polvo del vuelo
como sobre las alas de las mariposas.
¿Por qué crees que teniéndome encerrada
en un florero de piedra,
yo puedo vivir?
Existen conocimientos impalpables y secretos
sobre la poesía
que yo no quiero darte:
por ejemplo el sueño.
Tú no sabes que en el momento en que sueño
yo me refugio en una realidad
que tú no verás jamás
y si me tocas yo me duermo
como un niño secular
que no quiere crecer
como un escudo de paja
que no tiene más tejido.
No debes tratar a la poesía
con tus manos:
ella se enferma y se vuelve árida.
No debes mirar la crisálida
con lujuria:
no se convertirá nunca en mariposa.
No debes dar temblores de placer al cuerpo
que no sean aquellos del amado.
Ella reconoce las caricias del amor
como el hijo las caricias maternas.
Hay hombres que quieren ser
madres de poesía
y en cambio se vuelven sepulcros.


Viene Navidad
y no está tu huella en las miradas.
Los hombres que vinieron después
destruyeron tus grandes huellas.
Eras valiente,
eras un rey,
y mi pobre porte de mujer
era el que corta y cose las telas
de cada redención.
Un poco ángel, un poco demonio,
un poco seductor, un poco amante predilecto
pero siempre volvías por la noche
con un ramo de rosas rojas
y me decías a mí mujer
que era la más linda de todas.
Así decías:
que los hijos que había amamantado
eran afortunados, porque nacieron de mí.
No hay sonido de tu paso alrededor:
malvivientes cansados, inquilinos
que viven de noche
no saben que tú eras el día pleno,
que eras mi marido.
Y que volviendo por la noche
ponías una manta de más
sobre mi rostro
para atenuar los golpes de la vida.
Las mujeres del barrio dicen
que han sido cortejadas por ti,
pero sólo me amabas a mí.
Me amabas tanto, tanto
que, empujado por los celos,
me encerraste en un viejo castillo.



Cuánto resistí por ustedes.
¿Pero vale la pena tener en la boca
un mordisco de una resistencia infinita?
¿Vale la pena
dejar vivir a los poetas
y no matarlos?
Dejen que los poetas
vayan al Paraíso
y besen en los labios
a la Poesía.
Basta un siglo de silencio
para buscar un beso tuyo
y después las tinieblas de lo creado,
de lo no dicho y no visto.
Me faltan siempre
tres monedas exactas
para tomar un café,
para ver si tú me abres.





Nadie sabe que los poetas
vierten agua
como llanto absoluto
y que hay siempre
una golondrina que migra
bellísima y sola,
que va a posarse
en su talento.





El gran sueño de la soledad
a veces se interrumpe,
y se sienta junto al árbol maestro
que debía zarpar por las rimas
de un nuevo día.
Y alrededor llega el principio del tiempo:
un grumete que olvida
la voluntad del mar.





La palabra de la madera
no es uniforme,
es una polifonía
de rumores ardientes
que tienen como diapasón
las hojas movidas por el viento.


Poemas en italiano

Un giorno,
molti anni or sono,
sbagliai una porta
ed entrai nel limbo del peccato.
Lo chiamavano manicomio
ma era soltanto un sogno,
e un giorno io mi accorsi
che ero dimenticata.
Una frusta di gloria
mi alzò dal mio respiro.
Corsi per guadagnare
le puledre perdute.
Ma ero diventata un mito,
un mito che ha distrutto
le mie mani bambine.

...


La luna non si apre più
come un ventaglio di noce
nel fosso del manicomio
dove venni sepolta viva
perché avevo ragione.
La mia bocca mangiò la terra,
ma le mie labbra divennero
turgide e rosse
per coprirti di baci durante la notte


...


Voglio morire tra i vecchi
nel loro fogliame d´oro.
La strada dell´amore
mi venne arginata
da un fiume di belle ragazze,
e lui che era il mio prediletto
si tuffava nel loro grembo.
Voglio morire tra i vecchi
che baciano il loro cane
perché non ha parole.


...


Nel fiore di ogni giorno
che si disperde
e non ha più una parola,
io porto l´esempio
di ciò che non è mai avvenuto
tra me e te.
Una fuga in un dorato accidente
dove gli amanti non hanno salvezza.
Perché salvare un petalo d´amore
è come salvare un respiro.
E quando ti bacio muoio sul tuo corpo.


...


Perché mi accarezzi le spalle e i seni,
come se io fossi una tua proprietà?
Sulla bellezza della donna si deposita
la polvere del volo
come sulle ali delle farfalle.
Perché credi che tenendomi chiusa
in un vaso di pietra,
io possa vivere?
Ci sono conoscenze impalpabili e segrete
della poesia
che io non voglio darti:
per essempio il sogno.
Tu non sai che nel momento che sogno
io mi rifugio in una reltà
che tu non vedrai mai
e se mi tocchi io mi addormento
come un secolare bambino
che non vuole crescere
come uno scudo di paglia
che non faccia più tessitura.
Non devi trattare la poesia
con le tue mani:
essa si ammala e inaridisce.
Non devi guardare la crisalide
con concupiscenza:
non diventerà mai una farfalla.
Non devi dare brividi di piacere al corpo
che non siano quelli dell´amato.
Essa riconosce le carezze dell´amore
come il figlio le carezze materne.
Ci sono uomini che vogliono essere
madri di poesia
e invece diventano sepolcri.


....
Viene Natale
e non c´è impronta di te negli sguardi.
Gli uomini che sono venuti dopo
hanno distrutto le tue grande impronte.
Eri coraggioso,
eri un re,
e la mia povera veste di donna
era colui che taglia e cuce i panni
di ogni redenzione.
Un po´angelo, un po´demone,
un po´corteggiatore, un po´amante diletto,
ma sempre tornavi la sera
con un fascio di rose rosse
e dicevi a me donna
che ero la più bella di tutte.
Così dicevi:
che i figli che avevo allattato
erano fortunati, perché nati da me.
Non c´è suono del tuo passo attorno:
malavitosi stanchi, inquilini
che vivono di notte
non sanno che tu eri il giorno pieno,
che eri mio marito.
E che tornando la sera
mettevi una coperta in più
sopra il mio volto
per attutire i colpi della vita.
Le donne del rione dicono
che sono state corteggiate da te,
ma tu amavi me sola.
Mi amavi talmente tanto
che, spinto dalla gelosia,
mi hai chiusa in un vecchio castello.


.....



Quanto ho resistito per voi.
Ma vale la pena di avere nella bocca
un morso di una resistenza infinita? Vale la pena
lasciar vivere i poeti
e non ucciderli?
Lasciate che i poeti
vadano in Paradiso
e bacino sulle labbra
la Poesia.
Basta un secolo di silenzio
per cercare un tuo bacio
e poi la tenebra del creato,
del non detto e non visto.
Mi mancano sempre
tre monete esatte
per prendere un caffè,
per vedere se tu mi apri.


....


Nessuno sa che i poeti
grondano acqua
come pianto assoluto
e che c´ è sempre
una rondine che migra
bellissima e sola,
che va a posarsi
sui loro talenti.


....


Il grande sogno della solitudine
a volte si interrompe,
e siedi accanto all´albero maestro
che doveva salpare per le rime
di un nuovo giorno.
E intorno arriva il principio del tempo:
un mozzo che dimentica
la volontà del mare.


....


La parola del legno
non è uniforme,
è una polifonia
di rumori ardenti
che hanno come diapason
le foglie mosse dal vento
*Autora
Alda Merini nació en 1931 y murió en el 2009 en la ciudad de Milán. Ha publicado, entre otros La presenza di Orfeo (1953), Paura di Dio (1955), Nozze romane (1955), Tu sei Pietro (1962), Destinati a morire (1980), La Terra Santa (1983), Le satire della Ripa (1983), Le rime petrose (1983), Fogli bianchi (1987), Testamento (1988), Vuoto d’amore (1991), La vita facile (1992), Aforismi (1996), Un’anima indocile (1996), La carne degli angeli (2003), Poema della croce (2004). Estos poemas pertenecen al libro Uomini miei (Hombres míos) publicado en el 2005.
*Traductoras
Mariana Terrón nació en Buenos Aires en 1976. Estudió Letras en la UBA.

Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Publicó Movimientos incorpóreos (Huesos de Jibia, 2007) y este año saldrá Teoremas (La propia Cartonera, Uruguay, 2010). Es una de las organizadoras del ciclo de lecturas La manzana en el gusano.