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Buscar el golpe
Germán Rosati*
Todos los boxeadores buscan
la panza de sus oponentes
porque ahí los puñetazos cortan limpio.
Hay que ir desprendiéndola de a poco
con golpes hechos de filo y de paciencia.

Hay que trabajarles la panza a los contrincantes
como a un pez recién sacado del agua.

*

Hay que colocar el golpe
con precisión en el punto
escondido entre la nariz y el labio
para que se le llenen
de lágrimas y sangre los ojos.

Ese golpe es bello
cuando usted pega ahí
parece que el oponente llorara rojo
que la boca le explotara
en mil gotas de agua roja.

Si usted Bonavena pega en ese lugar
en el instante justo
tiene media pelea ganada.

*

Le duelen los nudillos a Ringo
todos los días le duelen
después de los entrenamientos
durante las peleas después de las peleas
le duelen
cuando acaricia la piel de las mujeres de Parque Patricios

los nudillos son el punto de contacto
mediado por los guantes
entre el cuerpo de Ringo y la piel de los boxeadores
y se van desgastando en ese roce
se le van pelando y le duelen, le arden
como una quemadura de aceite hirviendo
como desprenderse la piel de los nudillos con un pelapapas.

*

Jamás pelié infiltrado jamás
me pinché la piel para adormecerla
si yo le tengo miedo
hasta a las inyecciones

una aguja que te duerme
no es honesta como una derecha
bien colocada
en el medio del ring.

es una modorra
sucia
química

te tienen que tener dormido
para andar marcándote la piel
con un cuchillo
y esa marca no se va, esa marca de metal
se queda en la piel grabada a fuego
y se le forma a uno
una cicatriz para siempre.

*

Tiene razón, Bonavena,
la infiltración es la mentira
que el boxeador se hace a sí mismo

es como esos tipos que solo pueden
levantarse una mina estando borrachos
porque sobrios ni se animan
a dirigirles la palabra

si duele la mano
se aguanta el dolor y se sale
a pegar con el puño cerrado
o no se pelea nada y se queda en el banco

pero nunca, bajo ninguna circunstancia
sin importar lo que haya en juego
se esconde el dolor
bajo el manto químico de la anestesia.

*

A mí me preguntan quién es
el mejor boxeador del mundo
y yo digo Accavallo.
Pero vos le preguntás
a cualquiera y te dice Cassius Clay.
¡Pero si nunca lo vieron pelear!
No lo vi pelear yo... lo vi por televisión,
¿cómo voy a decir Cassius Clay?
¿Por lo que leo? ¿Cómo
voy a creer por lo que leo?
(1)

*

Clay lo golpea, le castiga la cara
su cara sin marcas casi.
Esos manotazos duelen como una ametralladora
sobre el torso, sobre los brazos
y si el reglamento se lo permitiera, seguro
descargaría cartuchos
sobre la entrepierna de Ringo.

A Ringo lo lastima esa pregunta
esa sola pregunta de Clay
como cuchillo de carnicero.
“¿Y…, Ringo, qué te pasa?”.

*

Si los gringos supieran que yo fui pionero
en eso de morder a los contrincantes

esa sensación que te agarra
cuando sabes que la victoria
se te escapa
se pierde
como el tuco entre los fideos de la vieja

cuando estuviste contando todos los golpes
y sabés que la suma te pone por lejos abajo
ahí, en ese instante en que se te escapa
el grito de la victoria y se aloja
en esa desesperación justo
cuando los dientes se vuelven
la extensión del puño cerrado.

Ojos fieros, ojos
chúcaros, ojos de tigre,
ojos fijos y sin miedo.
Así se tiene que mirar al oponente
una vez que se hizo contacto visual,
solo queda llegar al final de la pelea
sin bajar los ojos.

*

Son ojos morados para mirar la vida los ojos
de los boxeadores toman el tono
de la sangre coagulada bajo la piel
ojos de hematoma que duelen

ojos morados que en color y consistencia
se confunden
con una compota de ciruela,
ojos morados para mirar la vida del color de la ciruela
de ciruela fresca, no pasa,
porque la ciruela pasa es arrugada y seca y le falta la savia
la adrenalina que chorrea junto con la sangre
desparramándose ahí arriba en el piso del ring.
*

Cuando cae el oponente solo resta
dejar que el grito de la victoria
se empaste en la garganta
como un alarido de guerra
en la estepa del ring.

*

Yo también busco lo mío
ser campeón del mundo
cazar plata y vivir bien. A mí
me dicen que soy ídolo
yo no creo ser ídolo creo
ser popular
pero no creo que ningún
muchacho de mi edad
quiera ser como yo

el ídolo es
humilde
sencillo
y yo no soy ni humilde ni sencillo.

Yo no soy derrotado
porque el humilde es derrotado
la modestia es vanidad.
(1)

Aclaración
Esta serie es una selección del libro inédito que lleva el mismo nombre.
Notas
(1) Estos poemas fueron construidos sobre la base de la palabra directa de Ringo Bonavena. La intervención poética sobre ese texto es el corte de verso. Se trata de un monólogo que Bonavena pronunció en una mesa redonda sobre la juventud argentina. Fue publicado en el número 4 de la Revista “Extra” de octubre de 1969… en el mes del Cordobazo.
*Autor
Germán Rosati (Ciudad de Buenos Aires, 1982). Es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y, actualmente, becario doctoral del CONICET.
Como poeta ha publicado Boca de Tormenta (Huesos de Jibia, 2008) y algunos textos en la antología publicada en Resistencia Poemas con famosos, Ediciones Ananga Ranga, 2010. Además, ha recibido una mención especial por el libro Buscar el golpe (inédito) en la edición 2009 del Premio Literario Indio Rico- “Leónidas Lamborghini” de la Asociación Estación Pringles.
Coordina, desde 2007, el ciclo de lecturas La manzana en el gusano junto con Nurit Kasztelan y Heber Ortiz. Administra el blog http://www.floresyfloresta.blogspot.com.