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Por qué el cine 3D esta vez puede funcionar
(o sobre Alice de Tim Burton)
Gerónimo Unibaso y Lorena Curruhinca*

Desde sus comienzos el cine intentó ser 3D; nació del impulso de expresar en dimensión/espacio. Se sabe: el cine es el lugar de las fantasías: representación y prolongación de mundos o la promesa de ello, así, se ha valido de herramientas y contextos (genealogía breve: del cine mudo, al sonoro; la incorporación de color; efectos espaciales, etc.), hasta llegar a la tecnología actual.
La aparición del 3D, en principio, siempre fue comercial. Los defectos que la técnica tuvo en cada época se disimularon en el brillo de la novedad, aunque no pudieron sostenerse demasiado. En 1948, la crisis del cine -producida por la caída de los monopolios en Hollywood y profundizada con la aparición de la televisión- acentuó lo espectacular de lo cinematógrafo: el género épico tuvo un nuevo auge y se probó con múltiples avances, tales como la pantalla panorámica, el cinerama, el cinemascope y el 3D, que tuvo su película en 1952. Estos sucesos fueron fugaces, y a pesar de que Hitchcock rodó en 1954 Crimen perfecto, para ser estrenada en 3D, se descartó esa posibilidad y la película debutó a la manera tradicional, pudiéndose ver la versión 3D recién en 1980.
El fenómeno del pirateo digital es el enemigo declarado de las salas de cine y de sus primos los videoclubes. La contrapropuesta de la experiencia estimulativa que supone el 3D, más la imposibilidad temporaria de descargar, más que en dos dimensiones, da a los grandes estudios Hollywoodenses un resoplo esperanzador a la industria, o como a ellos les encanta decir: “the show business”. Ahí se introduce la parafernalia Avatar, de James Cameron, otra vez, James, metiéndose en la taquilla con eficacia, como antes con Terminator y luego Titanic. Pensar Avatar en términos argumentativos es, casi, cruel: una película realizada para hacer lucir la tecnología, plagada de planos subjetivos que refuerzan el efecto óptico, con una historia limitada y actuaciones medianas –por ser benévolos-; con todo esto como elemento limitante, ¿desde dónde pensamos ahora el cine?, evaluar qué implica –más allá de lo que conlleva esta situación: los televisores para visualizar tal como si estuviéramos en ese “lugar”, a los que millones no podrán acceder; el encarecimiento de las entradas- este nuevo modo de sentir, ya no observar una película. Ni hablar de Clash of the Titans, la cual puede ser considerada el primer fracaso de esta nueva etapa del 3D.
Por eso es, que en medio de tanta publicidad, tantos adelantos, causó temor y ansias entre los fanáticos y cinéfilos que Burton dirigiera Alice.
Burton basa su película en el Jabberwocky, un poema oscuro y sin sentido de Lewis Carroll incluido en Alicia a través del espejo. Al centrar la película en ese poema se libera del peso de ser fiel al original y puede construir su visión. Es por eso que Humpty Dumpty se omite del film, por ser el único personaje que hubiera coartado la libertad del poema.
Alice estaba planeada para ser estrenada entre Avatar” y Clash of the Titans, pero diferencias entre las cadenas de salas de cine de varios países con Disney sobre el calendario de la salida del DVD (Disney está históricamente en la primera fila en la batalla contra la piratería) hicieron que se demorara. Esto no afectó y en la primera semana Alice había recaudado más que el film de los na´vi en las boleterías.
Alice no tiene demasiadas fisuras en su relato y se ve bella –esto es inherente al mundo de Alicia y una marca de T. Burton-. Sin embargo, previsiblemente, la crítica no la recibió muy bien: se le objeta la mala adaptación, la oscuridad, el anacronismo de una moraleja victoriana. Alice, interpela no sólo porque sea la mejor de los productos que hemos visto hasta ahora sino porque tiene la impronta del cine tal como género que penetra en la memoria.
En, Sobre la fotografía, Susan Sontag habla del nuevo código que se aprende a través de las fotos: nos modifican y aumentan nuestras nociones de lo que merece ser visto.
Tal vez, con esta nueva faceta del cine, volvamos a mirar, a seleccionar qué es lo que deseamos observar y no lo que nos están imponiendo.

*Autores

Lorena Curruhinca (Viedma, 1981). Reside desde pequeña en Carmen de Patagones, por lo que se considera maragata. Vive en Bahía Blanca y cursa Farmacia en la UNS e Inglés en la UTN. Publicó la plaquette, “Instantes de Luz”. Colaboró con el suplemento cultural, Nexo, perteneciente al periódico bahiense, Ático. Con Gerónimo Unibaso editan la revista “Esto no es una revista literaria” y junto al editor Diego Rosake organizan la feria de editoriales autogestionadas de Bahía Blanca. Blog: www.principiodeincertidumbre.blogspot.com

Gerónimo Sebastián Unibaso (San Carlos de Bariloche 1977) Reside en Bahía Blanca desde niño. De profesión Maestro Mayor de Obras. Participó en las antologías "Bahía Blanca, la ciudad letrada" del IMFC, “Gruñendo” de Ediciones Hemisferio Derecho y en “Más vale cinco volando-antología poética del sur”, de Ediciones de la Calle. Junto con Lorena Curruhinca edita “Esto no es una revista literaria”. Con ella y también con el editor Diego Rosake organizan la Feria de Editoriales Autogestionadas de Bahía Blanca. Colaboró con el suplemento cultural “Nexo” del periódico “Ático”. Blog: www.espacioreal.blogspot.com