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El lector. Analfabetismo histórico
Eliana Mariano*

Giorgio Agamben, en el capítulo “El testigo” de Lo que queda de Auschwitz, advierte acerca de la incorrección de referirse a la masacre nazi como “lo indecible’, “lo innombrable”, lo que por lo tanto dotaría al exterminio de un carácter sagrado, divino. Y, afirma Agamben, sobre Auschwitz hay que hablar, y seguir hablando y, probablemente, no podamos hacer otra cosa más que hablar de Auschwitz.
Desde hace bastante tiempo ya que podemos ver la aparición de diversas películas que retoman la temática del nazismo (El libro negro, Malditos bastardos, El niño del piyama a rayas, La caída, La ola, etc). Sin embargo, la mayoría de ellas, lejos de indagar en la inarticulación de la palabra de las víctimas, en las lagunas de los testimonios, en la posibilidad de reconstitución de la subjetividad después del trauma, en el intento de duelo colectivo para impedir la repetición, prefieren hundir su reflexión en la lógica interna del plan hitleriano, en las convicciones de los jóvenes alemanes, en los resquicios de humanidad de los funcionarios nazis– “porque ellos podría ser nosotros”- .
La vida es bella quizás sea una de las primeras películas que se le atreve al nazismo desde un punto de vista no centrado en su carácter trágico y que, con la introducción del humor en la escena del campo de concentración, parecería haber contribuido a descongestionar la censura del horror, e inaugurado, posmodernamente, estas posibilidades de relato.
En La ola, por ejemplo, la hipótesis que guía al profesor para llevar a cabo su insólita estrategia pedagógica es que el nazismo podría volver a ocurrir. Y, parece que bastaría solamente con que alguien se lo proponga; un líder lo suficientemente manipulador para incentivar a los jóvenes carentes de espacios donde enfocar sus pasiones. Desafío peligroso al consensuado Nunca más.
Slavoj Zizek en numerosas oportunidades señala en sus libros cómo en la situación posmoderna se politizan aspectos de la vida cotidiana que tradicionalmente no eran campos de lo político pero que, al mismo tiempo, se relativiza la preeminencia de la lucha de clases, colocándola en el mismo sintagma con las luchas por la reivindicación de género, las etnias, lo local, lo ecológico, etc.
Del mismo modo, en films como La ola, la vuelta del nazismo se presenta como un ítem más en los peligros amenazantes que ocasionarían el fin del mundo, así como la rebelión de las máquinas, los desastres ecológicos, el apocalipsis religioso o la invasión extraterrestre.
El film El lector del inglés Stephen Daldry, en cambio, se coloca en la lista de películas que tratan de recordarnos que los nazis también eran humanos. ¿Quién es el lector? El nombre del film nos dirige en primera instancia al personaje protagonista, el adolescente futuro abogado que pierde su virginidad con Hanna, la futura SS, a quien leía las novelas de la escuela, antes o después del encuentro erótico. Sin embargo, luego de ver la película, no podemos dejar de pensar que este nombre no hace más que ocultar, con su modalización masculina –que se traslada del género del título a la enunciación del relato-, el vínculo entre las dos verdaderas lectoras del film: Hanna, la SS y la escritora judía, sobreviviente de un campo.
Michael conoce a Hanna un día en que sale de la escuela. Se siente enfermo y se toma un descanso en el camino. Hanna, que en ese momento trabajaba de guarda de tren, se acerca y lo ayuda a componerse y volver a su casa. Una vez repuesto de su enfermedad, Michael regresa a buscar a la joven solidaria y viven un romance que termina un día en que Hanna desaparece sin aviso. Algunos años después Michael es un estudiante de abogacía y junto a sus compañeros y profesor concurren a presenciar el juicio de un grupo de mujeres SS, responsables de una serie de asesinatos de mujeres judías. Entre ellas está Hanna, que se alistó como SS cuando le ofrecieron un ascenso en su trabajo y ella renunció para no admitir que no sabía leer.
La joven judía, hija de una de las sobrevivientes de la muerte de un grupo de mujeres de la que era responsable Hanna y sus compañeras, ha escrito un libro en el que relata a partir del testimonio de su madre los hechos que ocasionan el juicio. Ella, que se la muestra rica y culta, es la portadora de la palabra, la que por su condición económica pudo narrar, para la enunciación del film, su visión de la Historia.
Hanna, en cambio, personificada por una curiosamente escuálida Kate Winslet, con su vestido raído y su mirada extraviada por la que ganó un Oscar, parece ella misma una sobreviviente y no una asesina. Alguna de las víctimas relata: “le gustaba pedirles a las prisioneras jóvenes que le leyeran historias. Por eso pensábamos que era más humana que el resto, pero después las devolvía al campo para que las matarán”.
El juez le pregunta porqué hizo lo que hizo, porque frente a un incendio en el lugar donde estaban encerradas las prisioneras ella decidió no abrir las puertas para impedir que escaparán y murieron casi todas carbonizadas. Ella responde: “Yo estaba a cargo. ¿Qué hubiera hecho Usted?”
Hanna comete en el juicio el primero de los actos heroicos que el film nos muestra: para no admitir delante de todos que no sabe leer ni escribir dice que leyó el libro de la joven judía y que fue ella sola quien escribió el informe incriminador, endilgándose con esto veinte años de cárcel.
El segundo acto lo realiza en prisión. Michael, sensibilizado por el gesto de Hanna, que por vergüenza oculta su analfabetismo, comienza a mandarle por correo las grabaciones de libros leídos por él. Ella aprende a leer sola, comparando las grabaciones con los libros que toma en préstamo de la biblioteca de la cárcel.
El tercer acto sucede al final del film. Hanna va a ser liberada y Michael va a buscarla, pero ella se suicida y deja escrito en una carta que la latita de té en la que guarda su dinero es para la joven judía hija de la víctima sobreviviente.
Michael trata de cumplir la misión que le deja su antigua amante y visita a la escritora. Ella es ahora una mujer rica, lo recibe en su casa lujosa y escucha la historia que tiene para contarle Michael. No la vamos a justificar porque era analfabeta, son las palabras que la enunciación pone en el discurso de la mujer para limpiar la culpa de haber construido esta tesis durante todo el film. Sin embargo, es difícil adherir, cuando nos la muestran diciendo esto maquilladísima, en el sillón de su mansión.
La escritora no acepta hacerse cargo del destino del dinero de la SS, sólo acepta quedarse con la latita de té que lo guardaba. Cuando era una niña, tenía una parecida en la que guardaba sus tesoros, como hacía Hanna con esta. Como si ambas pudieran ser homologadas, como si ambas tuvieran algo en común. La escritora, que no tiene nombre, perdió su latita cuando la llevaron al campo de concentración –en el que no aprendió nada, no como Hanna, que aprendió todo en la prisión- Y ahora, de algún modo, pudo recuperarla.
Para Michael, Hanna también significó la pérdida de su infancia. Como le señala la escritora, no lo marcó a él tanto como a ella, pero es claro que también impidió que algo de su subjetividad se conformara; su matrimonio no duró, sus parejas no funcionan. Pero la relación con su hija sí parece funcionar, y es curiosamente a quien elije contar la historia de su amante adolescente.
La alfabetización aparece en el film casi como un factor configurante de la moral. Que Hanna no sepa leer ni escribir no sólo la condena, sino también impide que pueda expresar su propio punto de vista. Pero porqué es analfabeta no podemos saberlo, solamente aparece como un factor intrínseco al personaje, una falta estructural, como la que le impide contar la historia a los vencidos. Aunque, en este caso, este tipo de modalizaciones, lejos de reivindicar a los oprimidos, sean dudosamente éticas.

*Autora
Eliana Mariano es licenciada y profesora en Artes egresada de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Dirigió la revista de crítica de arte Zona Churrinche y fue redactora de La ventana indiscreta, publicación de cine y filosofía. Actualmente dicta clases en institutos terciarios de la zona sur del conurbano bonaerense y publica sus textos en www.emtextoscriticos.blogspot.com