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Una traición imperdonable
María Virginia Gallo*

Al hablar de adaptaciones cinematográficas de textos literarios la opinión generalizada de los espectadores versa sobre la “fidelidad” del film, si logra representar aquello que se ha leído en la obra. Como si se tratara de un original y una copia, como si la omnipresencia del texto literario inhabilitara la libre creación cinematográfica.
En el caso en particular de la adaptación que queremos analizar, la que hace Juan Villegas de Los suicidas, novela de Antonio Di Benedetto, estas cuestiones también aparecen con gran insistencia. En la actualidad, el uso de Internet brinda la posibilidad de que nos encontremos con todo tipo de opiniones diseminadas en sitios web y así podemos ver lo que un usuario opina acerca del film: “La verdad pocas veces vi un film tan frío, desapasionado, poco inteligente y patético como el del señor Villegas. Pobre Di Benedetto, que escribió una novela muy digna y se la transformaron en este film impresentable.” (1). Doble traición, al autor y al espectador. Descalificación apasionada, como si Di Benedetto necesitara una defensa. Podríamos comenzar a pensar entonces la recepción de este lector-espectador por la positiva, es decir, la obra de Di Benedetto lo apasionó y lo conmovió pero el film no lo logró. Este espectador juzga a partir de las emociones que le causaron las obras.
Pero dediquémonos a pensar en la opinión de un crítico cinematográfico, precisamente, sobre esta misma crítica de la edición digital del diario La nación, el espectador opinaba lo que acabamos de mencionar. Claudio D. Minghetti sentencia en la última frase del análisis del film: “Villegas, en cambio, no parece estar a la altura del libro en el que abreva.” (2). Todo pareciera indicar que una obra como la de Di Benedetto no conlleva posibilidad alguna de adaptación y termina inevitablemente condenada a la traición.
Parece más interesante pensar a la adaptación de otra forma, como una esfera con relativa autonomía, no tributaria del texto literario: “[…] que entre el mundo del autor o del director hubiera zonas ríspidas, distancias, afinidades y repulsiones; fronteras complejas de atravesar, inexactitudes o vecindades; zonas que enriquecieran la reflexión sobre el tema. Es decir, entre el estilo del autor y del texto, y el estilo del director y el del filme emergencia alguna de las formas posibles de diálogo.” (3). Aquí nos preocuparemos entonces de posibilitar el diálogo interrumpido, de pensar el film de Villegas como una obra en sí misma que pretende crear una nueva forma expresiva, que no se siente deudora de la obra que adapta y hasta que puede incluso otorgarle nuevos matices.
Nos ocuparemos principalmente de uso de la voz en off, recurso bastante vituperado en relación con la adaptación. Cuando se asiste a una clase de guión cinematográfico se explica que el recurso más utilizado para adaptar el monólogo interior de un personaje es el de la voz en off, es decir, fuera de campo, pero que el espectador asocia con el personaje que la produce ya sea por su tono de voz o por un plano en el que éste aparezca. Precisamente, la obra de Di Benedetto está estructurada a partir de los monólogos interiores del personaje principal y Juan Villegas utiliza en la mayor parte de su película la voz en off.
Pero nos interesa mostrar el uso particular que Villegas hace de ese recurso, así que pasemos a analizar ciertas escenas en particular. Tomemos la escena en el interior del colectivo donde tenemos al personaje principal en plano leyendo los relatos acerca de la muerte escritos por niños (tarea que su novia-maestra les hizo hacer por pedido de él), la voz off no termina allí sino que por una elipsis sigue en el interior de la casa. Lo interesante del uso del recurso aquí es la transición espacial que se produce, como si la persistencia de esos pensamientos persiguiera al personaje en diferentes ámbitos de su vida, como si se estuvieran convirtiendo en su vida.
Otra de estas transiciones aparece cuando el protagonista baila con Blanca en un boliche, compañera de trabajo que lo ayuda en la investigación que está realizando, la transición pasa esta vez desde el interior del boliche hacia la ciudad vacía, también hay un cambio respecto al movimiento de cámara, de la cámara fija se pasa a una cámara en mano con sucesión (montaje) de imágenes de la ciudad. Además, el sonido ambiente (música) del boliche contrasta con el silencio de la ciudad en la madrugada. ¿Podemos criticar a la voz en off desligándola de la transición de imágenes? Parece difícil, por no decir reduccionista, esta operación. Si así lo hiciéramos, no podríamos apreciar la propia creación del personaje dentro del film, de esas sensaciones particulares que se aparecen como imágenes al espectador. La transición es una forma de construcción de la interioridad de este narrador protagonista, del acompañamiento a la soledad, del todo a la nada que culmina con una frase: “Tengo ayer, no sé si tendré mañana”. En la obra de Di Benedetto, por el contrario, este monólogo anterior prosigue después de esa frase: “Tengo ayer, no sé si tendré mañana. No poseo más que una certidumbre, la de que, en algún momento, moriré. Sueño con mi profesora de inglés. Dice que estudie, que debo irme. Parece que dice escapar” (4). La decisión de Villegas de terminar la voz en off en esa frase enaltece la potencialidad de las imágenes, deja la indecisión en el vacío de la ciudad, la poética frase de la obra literaria se magnifica. No se trata de una copia del texto literario sino de una construcción con otro lenguaje, el cinematográfico, a partir de ese texto.
Otro de los usos de la voz en off aparece, esta vez sin transiciones entre escenas, en el departamento de la pareja y compañera de trabajo del protagonista, Marcela. El montaje entre imágenes es acelerado, se suceden planos de corta duración del mobiliario del interior del departamento, un departamento vacío que contrasta con la voz off: “Vamos al departamento de Marcela, pasamos la noche juntos, me siento feliz, creo que ella también”. Las imágenes del departamento sin personajes en relación con la voz off parecen antagónicas, la espacialidad marca la ausencia de ese vínculo y aquí podríamos ver una transición con la escena anterior donde Marcela le dice al protagonista en las calles de la ciudad: “A veces siento que no doy más, no te podés imaginar” y después ambos se abrazan. La angustia de Marcela, el vacío del departamento y la disonancia con la voz off anticipan el final.
Por último, otra transición aparece el día del cumpleaños del protagonista que coincide con el suicidio de su padre. Marcela y él están desayunando en la cocina, él se va y queda en plano Marcela sola, aparece la voz en off: “No le digo a Marcela que es mi cumpleaños, no sé porqué” y después la transición al cementerio, plano general vacío hasta que aparece el protagonista y otra vez la voz off “Volví a venir, no sé porqué, ni siquiera me acuerdo tu cara (…)”. La repetición del “no sé porqué” conecta la transición, la misma frase se resignifica. Si sólo analizáramos la voz en off del personaje no podríamos vislumbrar la construcción espacial a través de las imágenes, la vinculación entre escenas a través del montaje y, además, la música, irreproducible en este análisis.
Podríamos analizar también el final, pero la traición de Villegas sería aún más imperdonable en relación con la potencia poética del final de Di Benedetto:
“Son las 11.
Tendré que avisar, lo cual será engorroso.
Debo vestirme porque estoy desnudo.
Así se nace” (5)
Una traición más, entre tantas, como esta misma que ahora escribimos, necesarias.

Notas
(1) Opinión de un usuario en relación con el artículo: Minghetti, Claudio D. “Adaptación fallida de un relato”. Edición digital del diario La nación.15 de Octubre de 2006. Sección espectáculos. [Consultado en : http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=846352]
(2) Ibid.
(3) Wolf, Sergio, Cine/ Literatura. Ritos de pasaje, Buenos Aires: Paidós Estudios de Comunicación, 2004.
(4) Di Benedetto, Antonio; Los suicidas, Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2006. p.75.
(5) Benedetto, Op. Cit. p.196
*Autora
María Virginia Gallo nació en Buenos Aires en 1982. Está terminando la Licenciatura en Letras (UBA) y es Realizadora Integral de Cine y Televisión. Amante de la escritura y el periodismo (que espera continuar ejerciendo algún día), actualmente mantiene un Blog: http://www.buenosairesencronicas.blogspot.com/