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Introducción Dossier León Tolstoi
Marcelo López

Cuando, hace ya un par de años, el staff de la revista empezó a implementar la idea de dossiers temáticos y de autor, fue importante saber qué tipo de necesidad estos trabajos deberían satisfacer. La propia, podríamos decir, ya transcurrido este tiempo. Hacer un dossier analizando la obra de un autor tan enorme como León Tolstoi, en definitiva, no tiene otra expectativa que (re)visitar su obra y, sobre todo, aprender más acerca suyo, trabajando sus libros (novelas, ensayos, diarios, cuentos y cartas) con la visión particular que cada autor ofrece en los artículos que publicamos.

La obra de Tolstoi es, sin embargo, no solamente extensa, sino que además parece fundirse a fuego con las diferentes etapas que el autor experimenta en su vida. Hay relatos de todo tipo a lo largo de esta vastísima obra que dan cuenta de su punto de vista acerca de los mayores males del mundo en el que vive: sobre la guerra, los pecados, las virtudes, el juego, la infidelidad y los celos. “La tragedia de la alcoba”, como él mismo se encargó de definir la nouvelle La sonata a Kreutzer.

Pocos escritores tuvieron una vida tan plena como la suya, plagada de circunstancias que mutan de un momento a otro: “Tolstoi fue presumido, estudiante, camorrero, jugador, soldado, mujeriego, marido, adúltero, noble, anarquista, pecador, vegetariano, místico. Defensor del campesinado. Precursor de la antiglobalización. Desconfiado de la política y, sin embargo, intelectual comprometido.” escribe Guillermo Saccomanno en su artículo. Está claro que quien lleve una vida tan particular tendrá un modo de vivir contradictorio y que, en ocasiones, causa una perplejidad nunca antes vista. “Tolstoi propugnaba la humildad en la fe, pero, ¿hasta dónde, con su omnipotencia, no se creía él mismo Dios?”, se pregunta el autor de La lengua del malón.

Más interesante es saber que este enorme escritor ruso, autor de novelas tan monumentales como Guerra y Paz, o Ana Karenina, en un momento de su vida pretende ser conocido, en realidad, como un verdadero educador, es decir, como el escritor que narrará las historias que podrán entender tanto los campesinos como los soldados, incluido el mismísimo Zar de la antigua Rusia. Con todo, se propone la comunicación sencilla, la transmisión directa de una experiencia que le resulte vital y, de algún modo, pedagógica para su pueblo. “El arte debe tener una utilidad. La educación debe ser una herramienta de transformación social.” (Saccomanno).

Tolstoi fue soldado y estuvo durante algún tiempo en el frente de batalla, experiencia que le sirvió para ser cronista de su generación. La escritora Sofía González Bonorino dice respecto a esto: “En las trincheras su conducta le valió el reconocimiento del zar. Luchó contra los turcos en Constantinopla, luego en el Cáucaso. Participó en la guerra de Crimea. El Cuarto bastión, donde sirvió Tolstói, era el lugar más peligroso de la defensa de Sebastopol. Ya teniente de artillería, escribirá, Relatos de Sebastopol. Inolvidables novelas saldrán de aquellos años de soldado. Infancia, adolescencia y juventud, Los cosacos, Hadji Murat.”

La experiencia de la guerra deja una huella sensible en sus siguientes producciones: “Escribe la guerra. La arranca del tiempo y la vuelve Acontecimiento.” (González Bonorino) De hecho, no estaría mal aventurarse a decir que, esa misma marca, mejor dicho, el hecho de haber convivido con la presencia de la muerte tan de cerca y además en esa condición tan extrema, haya motivado, muchos años después, ya en el ocaso de su vida, esa profunda crisis espiritual que lo conduce, irreductible, a una conversión pseudo cristiana antes de morir.

“Tolstói nunca pierde de vista los valores para él supremos: libertad e igualdad. Intenta reparar lo que no tiene remedio, excepto, sostiene, en una sociedad verdaderamente cristiana. Se siente responsable de la miseria que lo rodea. Y no espera que la solución venga de un determinado sistema de gobierno. El cambio, para él, es individual. Se trata del hombre y su conciencia.” (González Bonorino)

Laura Estrín, en esta misma línea, asegura que: “Con La guerra y la paz confirmamos lo que Sebastopol deja ya suponer: La historia es incomprensible, es más grande que el hombre, es inhumana.” Tan inhumana que, si alguien debía narrarla, al menos intentar hacerlo, es lógico que ese narrador haya sido Tolstoi, quien por momentos, con ese delirio místico característico, jugaría a ser Dios en más de una oportunidad.

Así en la Tierra como en el Cielo

A León Tolstoi lo persiguen las dudas a lo largo de toda su vida. Algunas de ellas, acerca de la razón de la existencia y la misión de los hombres en el mundo lo llevan a pecar, en algunos relatos, de cierta moralina que hoy, a nosotros, lectores en estos primeros años del Siglo XXI podría llegar a resultarnos un tanto anacrónica e infantil:

“Claro que hay una moraleja o una moralina en esos cuentos, pero el arte de contarlos es tan superior, que subyugaría el intelecto y el alma de cualquiera”, afirma la escritora Patricia Suárez. “Como todo individuo de genio”, asegura Gastón Navarro en su artículo, “no deja de reflexionar sobre la muerte, a la vez que la rechaza con todo su ser.”

La actualidad que tienen algunos de sus relatos impresiona. En La muerte de Iván Ilich, por ejemplo, parece entender y adelantar en algunos aspectos toda la filosofía existencialista que florecerá a mediados del Siglo XX. Tal como reflexiona Edgardo Scott en su artículo: “A lo que Iván Ilich no puede y no quiere acceder, no es a otra cosa que a la posibilidad de experiencia” Y, a su vez, “esa imposibilidad de experiencia deriva en enfermedad”.

Maximiliano Crespi, por su lado, hace un análisis de la obra de Tolstoi desde la mirada del crítico Jaime Rest, en quien se especializa y a quien lee con profunda atención: “Rest se sale del canon tolstoiano y de algún modo señala indirectamente hasta qué punto ese canon es un relato cuyo verosímil responde a una lógica histórica de lectura [que se articula sobre la “realidad” de los relatos sociales] y que coincide con intereses sostenidos sobre posiciones acríticas respecto de los relatos y sus lenguajes”.

Ante la monumentalidad de las novelas de largo aliento que el ruso ha escrito, podría oponerse algunos de sus relatos cortos, no tan canonizados, para poder ver de qué manera operan en un autor los mecanismos concientes cuando produce una obra cuyos argumentos están a contrapelo de las opiniones que mantiene, de modo “natural” –fingidamente natural, digamos-, todo estrato social dominante y bienpensante.

Ya en plena crisis personal, cuando comienza a tomar lentamente forma su ideal de vida, para terminar trabajando a la par de sus mujiks y la literatura no lo satisface, León Tolstoi publica un singular ensayo llamado ¿Qué es el arte? En este libro se interroga, tal como dice la profesora Susana Cella, sobre “la relación entre el arte y la belleza, la postulación de que el objetivo del arte es la creación de una obra bella.” Sus opiniones sobre otros autores, algunos todavía hoy canonizados, son -como mínimo- lapidarias. El arte que se presenta como elitista, al alcance de unos pocos entendidos es, según Tolstoi, algo inmoral. “El argumento sociológico estaría afirmando que el arte para unos pocos se equipara a la riqueza para unos pocos basada en la explotación de los más” (Cella).

Si el arte tuviera una misión, entonces esta debería ser la de enaltecer los espíritus, la de llevar a quién contempla el objeto artístico a un lugar distinto y transmitirle una experiencia concreta. “Esa misión del arte en el futuro pudo ser leída por Vladímir Lenin desde otra óptica, como un legado para el pueblo ruso, “no para que las masas se limiten a su autoperfeccionamiento y a suspiros invocando una vida conforme a Dios, sino para que se subleven y lancen un nuevo golpe a la monarquía zarista y a los terratenientes” (Cella).

Las ideas que Tolstoi va confeccionando en este particular ensayo son las mismas que terminarán determinando muchas de sus últimas acciones antes de marcharse de Yasnaia Poliana y morir como un pobre, desprovisto de todas sus posesiones, cuando cumple con su “ruptura con el corruptor mundo de la ficción, el lujo y las comodidades” (Gastón Navarro).

Tolstoi es un verdadero titán en una tierra de escritores gigantes. Su literatura sigue presentándonos interrogantes clave que estos trabajos que publicamos a continuación se proponen analizar solo parcialmente. Por eso mismo, porque la literatura es siempre una pregunta que cambia cada tanto de respuesta, es que le dedicamos este dossier.