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Lo inconcluso, reunido
Esteban Leyes*

Sobre Lata peinada (2008) y Ahora o nunca (2009) de Ricardo Zelarayán Editorial Argonauta, Buenos Aires

Hasta hace un año, la mayor parte de la obra de Zelarayán no estaba en las librerías. No por que las ediciones estuvieran agotadas, sino por esos otros libros que ya conocíamos y seguían inéditos.
Sabíamos de ellos por prólogos, entrevistas, revistas, rumores, y fotocopias. Por eso quizás este libro sale como si hiciera mucho tiempo que faltara.
Si ya en Roña criolla (1991) el autor planteaba que el libro se trataba de poemas que “se escribieron inesperadamente en 1984 para terminar con las vacilaciones que me impedían comenzar una larga novela aún inconclusa”, luego en el prólogo de La piel de caballo (1999) dirá: “me he perdido en Lata peinada, una novela enorme y torrencial (…) que ya ha comenzado a perderse a su vez”.
Fue recién hace un año que pudimos leer esa novela.

Lata peinada tenía toda esa historia desandada antes de la primera página. Así como las voces que encierra el libro, parecen desbordarlo, escaparse de las tapas, también las historias mismas se le escapan. Las historias de Lata peinada salieron en los diarios, recorrieron los bares de buenos aires, estuvieron en las casas de varios escritores. Siempre dentro de esta mitología, su autor ha ido tramando una obra en la fábula de perder lo que se escribe, como señala Laura Estrin. Y apoyado en el gran peso de la oralidad en sus textos, hay una apuesta fundamental por el habla y los sonidos. A las palabras de Zelarayán no hay viento que se las lleve. Pero al mismo tiempo todo lo escrito está siempre a punto de perderse. Es en su sonido, en su música pesada y constante en donde perdura su obra, no en las páginas escritas que se seguirán perdiendo todo el tiempo. Así también, perdurando en el aire de las palabras, que se irá ensanchando su obra, en los márgenes de sus libros.

Si Lata peinada existía ya desde los prólogos de los libros anteriores, si esos anuncios del autor hacían presente la novela, en Ahora o nunca, la reunión de su poesía, vemos como las variaciones, las faltas son las que anuncian a su autor.
De manera inversa aquí el autor “retoca” libros ya publicados, propone variantes, presenta ensayos en que un mismo poema aparece mas de una vez “versionado”. Aquí es la poesía la que anuncia que hay detrás un autor inquieto, que pierde, que quizás olvida, que reformula.
Es la certeza del autor, del hombre que aún esta escribiendo los poemas que leemos, lo que le da a todo el volumen el carácter de inconcluso.

De aquel circuito al que no se le podía sacar una palabra, en La piel de caballo, de aquella melodía, aparece aquí de ahora descarnada. Aparecen las partituras, los tachones con tinta abundante en las páginas, que se reiteran con variaciones más o menos pequeñas, más o menos musicales.
Zelarayán dijo que la prosa era poesía o nada, y también parece ser Ahora o nunca. Ahora, y siempre ahora por eso es posible la variación, la versión múltiple de un poema, o la versión única de varios. Algo de eso pasa en estos poemas reunidos, tenemos varias versiones de un mismo poema, y por otro lado, tenemos solo uno o dos poemas de una serie que se perdió, que se disgregó como las historias de lata peinada.
Difícil reunir la voz, algo que no se une, algo que no se aquieta.

Estas reuniones con Zelarayán que nos proponen los nuevos libros, son justamente eso, un acercamiento a lo que no concluye, al libro que pone a Zelarayán en el centro de su fábula de digresiones, de repeticiones, y lo aleja definitivamente de las etiquetas.

*Autor
Esteban Leyes nació en Buenos Aires en 1985. Es estudiante de Letras de la U.B.A. Publicó un poemario en la revista española Paderne na palabra das súas xentes y participó en lecturas y publicaciones de talleres literarios y revistas. En 2007 publicó su primer libro de poemas Las heladas por la editorial El caballo perdido.