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Yo era una brasa
Mariela Ghenadenik*
Yo era una brasa de Roberto Echevarren
(Editorial Hum, 2009)

Esta novela de Roberto Echevarren está dedicada a Lágrima Ríos, la cantante uruguaya, conocida como “la perla negra del tango”, la primera mujer negra que cantó este género en aquel país.

Este libro compone una serie de fragmentos sin trama resistente que proponen universos entre verdaderos y oníricos respecto de lo que podrían ser (o no) piezas desparramadas de la vida de la intérprete. Episodios que no buscan narrar una trama temporal, sino un patchwork de asociaciones que ponen absolutamente en duda cualquier idea y rompen con cualquier intento de relatar hechos verídicos.

Lo que sí se hace evidente es la vida dura de una mujer que nació en Durazno y de muy chica se mudó a Montevideo, donde, conviviendo con curiosos personajes de conventillo y de la noche, fue descubriendo ritmos y maravillándose con las luces de la ciudad, con las películas que llegaban desde Buenos Aires.

La novela de Echevarren trata varios aspectos de la vida de la cantante en esta especie de biografía o pseudo entrevista. El racismo, por ejemplo, es uno de los temas que atraviesan los relatos. También el candombe, la identidad uruguaya, la relación con Argentina y la herencia de Brasil. La historia cuenta que Lágrima Ríos fue discriminada por un sector del ambiente tanguero de Montevideo, situación que la llevó a desarrollarse también como cantante en ámbitos carnavaleros. A estas pampas, el personaje llegó de la mano de Fernando Peña, que la reivindicó a través de algunos de sus personajes -como Milagritos López y La Mega— convirtiéndola en una artista de culto dentro de algunos círculos.

Yo era una brasa tal vez no quiera destruir el mito de la cantante y por eso en el fondo no cuente quién era este curioso personaje de la canción popular. Recuerdos salpicados, como un video clip que narra entre cortes y lagunas, sensaciones en tono nostálgico, con imágenes que son parches de un sinsentido de recuerdos. El personaje es esquivo: una diva, por momentos una travesti, un hombre, una niña, ese "yo" logra disfrazarse y hacerse pocas preguntas a lo largo de las páginas y por momentos se parece un poco a una Alicia en el País de la marginalidad.

El relato en fragmentos logra, con o sin querer, destruir la trama. Tal vez como una manera de derribar el mito a través de imágenes desunidas, palabras que son un chasquido de látigo impulsivo que no intenta contar una historia verídica, sino dejar al lector al borde de una pausa para que él mismo sea el que se formule preguntas, llene los silencios, saque sus propias conclusiones. Y tenga, siempre, una idea de vacío.

*Autora
Mariela Ghenadenik nació en Buenos Aires. Se graduó de Ciencias de la Comunicación (UBA). Algunos de sus cuentos fueron publicados en diversas antologías y suplementos culturales, entre los que se destacan: Cuentos Breves (Mondadori), Studio Shenkin (publicaciones Amia), En Celo (Mondadori) De Puntín (Mondadori), Suplemento de Cultura del diario Perfil. Su cuento "Mi vecina y yo" fue premiado en el Concurso Interamericano de Cuentos de la Fundación Avón y "Las cosas nunca son lo que parecen" fue distinguido en el Concurso de Cuentos breves "Diversidad Cultural en la Argentina" de la Fundación Lebensohn. En la actualidad, trabaja en Comunicación Institucional.