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El revés de la trampa
Omar Genovese*
El revés y la trama de Maximiliano Crespi
(17 grises editora, 2009)

Hay algo en la memoria que no pasa por la cifra exacta, ni tampoco por la repetición de una secuencia: me refiero a esa construcción imaginaria que se hace verosímil al punto que, en el recuerdo, adquiere ribetes de sueño evocado o falla feliz. Pero, ¿qué intensidad, qué relación de fuerzas se constituyen para que la experiencia reaparezca con detalles tan carnales? Al suponer la racionalidad como asistente, ninguna interpretación justifica la operación, simplemente ocurre, y el significado florece en otro lugar (o no tan otro), a raíz de una lectura de lecturas; cuestión que confirma la sospecha: en la memoria está la baraja y el capricho de la suerte. Hubo un vacío mediático entre el triunfo electoral alfonsinista y la toma efectiva de los medios por parte del gobierno democrático; a la par de los descubrimientos de fosas comunes repletas de cadáveres, las imágenes traían opiniones, debates, cierta pluralidad sin rumbo, inédita. Creo que en Canal 7, un mediodía de sábado y durante una hora, se reprodujo la entrevista a un escritor vuelto del exilio, recorriendo el jardín y las instalaciones de la que fuera su casa. Hablaba de sus dos hijos desaparecidos, del desarraigo, la pérdida de un espacio intelectual... David Viñas era entrevistado por Mauro Viale, en lo que sería el único y último gesto periodístico digno de recuerdo del locutor deportivo. De esa conjugación extraña del fenómeno mediático hasta hoy, ¿qué ocurrió? ¿Hasta dónde ahogó la tenaza social el discurso del crítico Viñas? ¿Qué operación conjugó el campo intelectual (si es que la hubo)?

Tengo ante mí las cien profusas páginas del ensayo de Crespi. En lápiz, anotadas sus páginas, los subrayados, íconos y figuras retóricas que sugiero, toman un cariz extraño. Hay un corpus germinal: ciento cuarenta y cuatro notas al pie. Pequeños universos paralelos a la fuente, cita, y reflexión del autor. Las notas son tan valiosas (o más) que el texto mismo: dicen, por ejemplo, qué universo intelectual concurre hacia Viñas, cuáles sus afluentes (Said, Sartre, Benjamin, Barthes, Williams, Marx...) y cuáles sus críticos o emanadores (Rosa, Sarlo, Link, Astutti, Giordano, González, Croce...). Mientras tanto, en la forma del ensayo de Crespi, en el cuerpo principal del texto, habita el desarme de la operación crítica de su cuño. Si pensamos en una empresa, el autor ha jugado con el riesgo en el riesgo: analizar no sólo el método dialéctico-marxista de Viñas, sino también proyectarlo en su obra, cómo plantó la escena del propio campo en el saber (y qué tipo de conocimiento, cómo tejió la trama de esa elección, pero también...).

Y aquí la trampa. Es imposible negar la materialidad del lector que enfrenta la tarea crítica (Crespi) sobre el universo crítico de Viñas sin adoptar un sesgo de sospecha. En primer lugar, como lector me niego (y como reseñista, o especulador sobre mis conclusiones de lectura) a caer en la trama tejida por el intelectual-crítico afirmado en Literatura argentina y realidad política. Crespi plantea que en el vórtice de esa trama, en la conjugación de lo temporal, ofrece una moneda de dos caras, en la otra está Masotta. Es un alerta, una llamada de atención: hay un habla cuestionada en su intención, hay un fracaso que nos habla antes de leer. ¿Qué nos toca en suerte, a nosotros, lectores? Las dos proyecciones marcan época, zonas de condensación de la historia de la crítica literaria; a la forma evasiva en la introspección discursiva se opone la gestualidad cientificista de una tesis caprichosa y atenta. Viñas elige sus lecturas sin contradecir la estructura que lo asiste para interpretar la trascendencia de los textos (a la vez, enfrentar una tradición del poder), y Masotta lo hace para desarmar la posibilidad del lenguaje, otro abismo (en donde el poder se desmembra en el significante). De hecho, asisten los términos modelo o sistema, al que Viñas plantó con la posibilidad de una fidelidad obsesiva. ¿Soporta el modelo una aplicación en la literatura universal? ¿Sería un experimento teórico capaz de encontrar la fisura del andamiaje Viñas? Si vamos por lo continuo (viñalizando el pensamiento), con la historia que siguió en la intervención de la realidad argentina posterior a la fecha de publicación del libro estudiado por Crespi (1964), el pasaje entre literatura y política se ha estrechado al punto que un goteo escaso de obras apenas marca el sitio de la piedra donde se inscribe lo contemporáneo. Y peor aún, la trama viñal se ha roto, desmembrado, porque en su realización (y tal vez por la forma en que fue tejida) las partes constitutivas adquieren una cierta estabilidad incondicional que, tensionadas, ponen en debilidad el propio discurso estructurado. Un solo ejemplo: tanta voluntad del ensayista por determinar el campo de batalla de su operación crítica lo hizo establecer “manchas temáticas” y fechas (hábilmente señaladas por Crespi) que hacen más a una interpretación histórica revisionista apresurada, que a una verdad trascendente a la luz de los hechos. Si Viñas marca el pasaje fundamental Mitre-Roca como constitutivo del discurso literario nacional, en realidad hace un desplazamiento intencional (por fuera de toda inocencia) a los efectos de encuadrar su visión materialista del salto de literatura confesional a literatura profesional. No peca de exagerado, pero sí de forzar la interpretación en lo elegido. Hay en Crespi una bondad de ensayista que no existe en Viñas: descubre los argumentos con un sinceramiento tal que culmina resaltando la flaqueza de toda esa estructura de recursos teóricos y prácticos. Al momento de la cita, en al menos tres párrafos, la secuencia de la argumentación viñal martilla con el “su”: la propiedad de las características hace diferencia, taladra, determina, y también conspira para definir las armas del enemigo. Pero, ¿de qué enemigo habla? ¿Qué es lo que se habla en el enemigo? Una inmensa voluntad de clase, definida en el amparo sociológico-político: oligarquía. El amo, el señor, atravesó con su poder la discursividad al punto que anula, reprime o condena al abandono las voces díscolas, opositoras, disidentes. Pero (y otra vez), ¿es la oligarquía o es el estado definiéndose en las condiciones de su determinación? Tomemos las fechas. Cien años antes de la aparición de Literatura argentina y realidad política, se produjo la Guerra de la Triple Alianza (conocida como La Guerra del Paraguay, y a la luz de los hechos –resaltados, creo recordar, por Juan Jacobo Bajarlía-, el primer genocidio perpetrado por los estados en la historia de occidente; al que siguieron el genocidio armenio, ucraniano, y el industrializado por Hitler y Stalin contra opositores, gitanos y judíos, y todo aquél que mereciera algún rótulo para su exterminio), precursora de las políticas de sumisión y determinante del rol que tendrían las fuerzas armadas en el continente. Dicha mancha de sangre (ya no temática) adquiere un valor más significativo desde otra fecha: 1974 -diez años después de la publicación de la obra estudiada-, donde se produce el cisma político en torno al lanzamiento del Plan Cóndor como tenaza y continuación política de aquélla guerra de exterminio en la que, por ejemplo, perdiera su propia sangre el educador fundacional, Sarmiento. Y luego, el terror, bajo cuya sombra extendida se produce la lectura de Crespi y ésta deriva como secuela irrelevante; terror en el que Viñas perdió un todo individual, indiviso, como la continuación del nombre, sus hijos.

Hay otras influencias históricas como la caída del sustento simbólico del marxismo representado por la Unión Soviética, pero también una supervivencia mutante en la colectivización forzada a través del imperialismo chino. En ése “entre mareas”, el texto de Viñas aparenta perder referentes doctrinarios, pero es su agudeza e inteligencia, que aún lo mantienen en el cénit referencial obligado de la academia (en los cruces, filtraciones y adecuaciones del propio sistema) donde se ha instalado para dar clase, sentar precedente, continuar la tarea. Ahora bien, cuando Crespi compara las argumentaciones de Viñas con las de Barthes, cuando encuentra una reflexión de Benjamin desmontada y vuelta a articular en la literatura argentina, ¿qué nos está sugiriendo? ¿Acaso Viñas emprendió una materia insuficiente? ¿Enfocó el saber en una retícula para restringirse y no atacar otros campos de la cultura? ¿Por qué su retórica emite cierto desapego con la pluralidad? En mí, lector agitado en el debatir debatido, se asoma la sospecha de un temor del crítico Viñas, un reparo íntimo que lo alejó de toda posibilidad expansiva. Al ceñirse en el método, al fidelizar todas las interpretaciones, hizo cautiva toda brillantez de la mente. Él mismo, tal vez, construyó el límite que le impidió proyectarse como un salto dialéctico de lo particular a lo universal. ¿Temor a la filosofía? ¿Temor al riesgo intelectual? ¿Opera su lugar en la academia como cerco y refugio? ¿Acaso lo producido por la política y la literatura desde el retorno al campo cultural argentino (1983-84) corresponde con el armado teórico que promueve?

Si hay algo que puedo reprochar a Crespi es el tono fatídico de las preguntas que me ha generado. Tengo la sensación de que hubo una posibilidad perdida en el método, en la institucionalización de un recurso metodológico. Y eso también habla de la definición ética del intelectual, como advertencia histórica: en la pluralidad del conocimiento, en la síntesis de los cruces, existe una posibilidad de sabiduría que ningún crítico puede soslayar, caso contrario, no hace más que crear restricciones, trabas u omisiones, que puestas a conjugarse en términos políticos lo convierten (aún contra su voluntad) en cómplice del poder.

*Autor
Omar Genovese es escritor, editor, diseñador y especialista en marketing político. Estudió Ciencias Exactas en la Universidad Nacional de La Plata, y Dirección Cinematográfica en EDAC, Avellaneda, Buenos Aires. Formó parte del comité de redacción de la revista de Cinegrafo. Colaboró con el suplemento cultural Cultura y Nación del diario Clarín, en las revistas Caras y Caretas (segunda época) y Nómada (Universidad Nacional de San Martín), con críticas literarias y artículos sobre cine. Es editor del blog cultural colectivo Nación Apache (http://www.nacionapache.com.ar), ganador en dos oportunidades del premio al Mejor Blog de Argentina Mate.ar. Se encuentra trabajando en la selección de textos para la edición de Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur). Tiene publicada una nouvelle on line: Marfil, breviario de un cineasta (http://marfilbreviario.wordpress.com). Además, escribe artículos sobre fútbol para la web Maestros del Fútbol (http://maestrosdelfutbol.com/). Su blog: El Fantasma (http://omargenovese.wordpress.com).