Volver Menú
El Futuro del libro

Que el futuro no es nuestro, ya lo sabemos. ¿Será del libro? ¿Qué será del libro en el futuro? El martes 29 de septiembre, Eterna Cadencia organizó un debate sobre el futuro del libro en el paradigma digital. Estuvieron presentes Carolina Sborovsky (directora de El fin de la noche, sello dedicado a editar libros digitales de ficción), Damián Ríos (director de Recursos Editoriales) y Fernando Pérez Morales (dueño de La boutique del libro). La charla fue moderada por Patricio Zunini.

Patricio Zunini (P) : Hoy vamos a hablar sobre el futuro del libro y el paradigma digitar. Algunos de los temas que vamos a abordar son el e-book y la impresión bajo demanda. Desde hace varios años el libro está puesto en cuestión, y poner el libro en cuestión es poner en cuestión la industria del libro con todos los eslabones de la cadena: el editor, el distribuidor, el vendedor, la prensa y, por supuesto, el lector. Todos los que estamos aquí, apostamos a que el libro va a desaparecer en algún momento. Para algunos será una utopía realizada, para otros no. Hemos convocado para hablar de esta apuesta al futuro a tres personas de diferentes ámbitos que nos vana ayudar a pensar y abrir puertas. Estas tres personas son Carolina Sborovsky, directora de El fin de la noche, que es un emprendimiento de libros digitales apuntando a la ficción. Siempre se dice que las publicaciones académicas son las que más van a triunfar en el mundo digital. Bueno, para romper los esquemas, conseguimos que Carolina viniera. Después tenemos a Damián Ríos, una persona con mucha experiencia en el medio editorial. Hoy es el director de Recuros Editoriales, una empresa dedicada a desarrollar e impulsar proyectos editoriales. Finalmente, último pero no menos importante, Fernando Pérez Morales, librero y dueño de la cadena “La boutique del libro”, librerías que persiguen más la calidad que la cantidad. Para iniciar el juego, la primera pregunta: ¿Cuál es la necesidad de que exista el libro digital?

Carolina Sborovsky (C) : Antes que nada, habría que decir que este cambio es principalmente un cambio de soporte, de técnica, techné. Siempre hay una mediación entre la escritura y el objeto que después uno lee. Por otro lado, me parece que hay un agotamiento del modelo analógico y su forma de distribución. Era un modelo perverso, muy pegado a la lógica de “la novedad”. Muchas veces se asocian las nuevas tecnologías a lo ansioso de la velocidad, pero en este caso me parece que es al revés. Este nuevo soporte contribuye a una mayor permanencia de los libros, de las lecturas y también a una democratización y mayor alcance.
El modelo analógico que se agota hace circular mucha cantidad de libros pero a corto plazo. El año pasado, por ejemplo, hubo más de 20.000 títulos solamente en argentina. El modelo analógico usa una tecnología indirecta que hace que las tiradas resulten muy caras, entonces para amortizar ese gasto se hacen grandes tiradas. Esto llevó a que hubiera cada vez más libros y se produjera un embudo editorial: muchos más libros de los que el mercado podría soportar. Esos libros tenían que rotar muy velozmente en las librerías. Me parece que el libro electrónico es un soporte que viene a plantear una alternativa a esta forma de rotación.

Damián Ríos (D) : A mí me gustaría empezar hablando de las ventajas que tenemos con el libro digital. En principio, sería más barato editar un libro ya que no es necesario hacer una gran cantidad de impresiones. Otra ventaja, que es un gran problema de la industria, es la distribución: el libro digital permite una inmediatez y una reducción de costos. Otra ventaja es el tema de stock. Por ejemplo, uno publica a un autor joven, contemporáneo, con quinientos ejemplares para cubrir más o menos las librerías principales. Si no se vende, los libreros lo sacan de las mesas y, eventualmente, los devuelven, lo que implica un costo de flete y de depósito. Este costo rebote es muy importante. Obviamente hay una cuestión de medioambiente: no podemos vivir consumiendo tanto papel. El pasaje es necesario por este agotamiento de condiciones. Por otro lado, hay toda una generación de chicos que tienen 10, 15 años, que se están educando en el paradigma digital y, en algún momento, van a demandar contenidos digitales.

Fernando Pérez Morales (F) : Como librero, lo que siento es que la ruptura es fuerte. Más allá de que todos nos acomodemos a lo que viene, es una ruptura muy marcada. Las ventajas que puede tener el e-book tiene que ver con esta democratización: la editorial más chiquita va a tener la misma cantidad de libros que tenga la editorial más cara - por lo tanto, la competencia va a pasar por otro lado- . También es cierto que en los lugares en los que no llega la electricidad no va a llegar el e-book, quizás a futuro el papel empiece a ser el material para los pobres. O quizás compraremos libros en papel como hoy compramos vinilos en las plazas, como un objeto vintage o un objeto de culto.
Las ventajas de los libros digitales son muchas, los últimos libros que vi son lindos, tienen incluso el ruido de la hoja al pasar, si querés te lo leen. Todo eso facilita la lectura. Una de las grandes cosas que tiene el e-book es la desaparición de los depósitos en las librerías. Las librerías tienen más depósito que salon de venta. Dos de cada tres libros los vas a buscar al depósito. Lo que se está editando es de una inmensidad mayor a la que necesita el mercado, con una cosa muy compulsiva de mandarte los libros quieras o no quieras. Uno, como librero, se está transformando en un devolvedor de libros. Yo soy un excelente devolvedor de libros. No sólo son libros que no funcionaron, sino que algunos ni siquiera van a la mesa. Esos libros que van y vuelven a la editorial gastan el flete al pedo. La librería ideal a futuro va a ser la que no tenga concesiones ni servicios de novedad.
Mi postura es que el cambio del libro al e-book es una revolución, y va a costar adaptarse tanto al librero como al distribuidor, al editor o al lector. Pero creo que se viene, aunque va a haber un mix durante muchísimo tiempo. A mí, de todas formas, me da un frío en la espalda. Ser librero es la profesión que uno elige, que me gusta y me da un placer enorme, y no me veo recomendando chips. El libro como objeto produce algo del orden del afecto. Tampoco hay que tener una postura tan romántica de pensar que lo que viene es peor que lo que hay... pero sí asusta un poco.

P: Hay mucho dando vueltas alrededor de este tema, pero noté que no mencionaron la impresión bajo demanda. ¿Creen que eso podría ser la articulación entre el libro actual y el digital?

C: Espero que sí. El fin de la noche apuesta a la impresión bajo demanda. Nosotros hacemos e-books, pero es un servicio más porque tenemos en cuenta que al lector literario todavía le es un poco hostil encontrarse a una pantalla fría. Todavía hay una ternura y un fetichismo con el objeto. La manera en que trabajamos nos permite hacer apuestas más fuertes a libros que no tienen una venta inmediata garantizada. Vamos vendiendo uno a uno los libros a medida que el lector los requiere. No existe el apremio de que sí o si tiene que vender mil ejemplares el primer mes ni correr por el metro cuadrado en la vitrina. Por otro lado, democratiza mucho la llegada: una vez que el libro entra en el catálogo, jamás se agota ni sale del catálogo; y cualquier persona del mundo que quiera comprarlo lo consigue en cualquier tienda digital. Esta manera de distribuirse tiene que ver más con una lógica del deseo y menos con el marketing.

D: Me parece que este formato trae muchas ventajas y reduce los riesgos, eso va a aumentar la cantidad de textos en circulación y van a ser más necesarios los especialistas. La lectura de todo ese material, como también lo es hoy, va a ser imposible. Las figuras críticas son las que van a definir qué se lee y qué no.
Después de las ventajas que nombrábamos, a mí me gustaría hablar también de los problemas. En primer lugar, hay que tener en cuenta el problema de la piratería. Prácticamente no hay en Internet contenidos atractivos que no sean pirateados. Desde canciones, películas, programas, etc. Hoy por hoy lo que circula en Internet es gratis y no se paga. En este país, donde todos bajamos material trucho ¿quién te va a comprar un libro digital? En segundo lugar, esto trae un problema para los autores. Si viene el joven Fogwill con su primer libro de cuentos y uno lo edita en digital, y le paga 500 pesos. Ese joven Fogwill tiene que estar sabiendo que cuando tenga sesenta años y una figura de autor, va a ser difícil que algún Alfaguara o sello parecido se juegue por sus cuentos que ya van a estar circulando por Internet. La idea de contratos a 5 o 10 años se pone en cuestión porque todo lo que sale en Internet se vuelve de uso libre, en un punto.
Eso implica un cambio de paradigma. Yo creo que la idea de autor merece ser discutida, porque se va a convertir en problema. De todas formas, son muy pocos los escritores que viven de sus derechos. Seguirán viviendo de becas o de su prestigio intelectual.

C: Me parece que, en todo caso, lo que se va a poner en juego es la calidad de los textos. Frente a la amenaza de la piratería, la opción es hacer libre acceso a la literatura. Nosotros en la editorial mostramos los libros de principio a fin. Nosotros apostamos a que lo que estamos editando está tan bueno que la gente lo va a leer igual.

F: Eso es puro optimismo...

C: Me parece que encanutarse el derecho a que alguien lea algo va contra mis principios de editora. A veces cuando uno está comprando un libro está comprando la tapa o todo el aparato de prensa que hay detrás de ese libro. Me parece que es fundamental para un lector conocer cómo escribe una autor.

F: La venta bajo demanda al librero no lo necesita. Eso achica el mercado y el que más corre riesgo en todo esto es el intermediario. Estamos hablando de un cambio de concepción de librería desde lo estético: no voy a necesitar ni estantería ni depósitos. La gente va a pedirte determinado libro para imprimir y uno lo descarga y se lo da. Como laburo eso me parece un embole. Miremos lo que pasa con la música. Hoy las disquerías están cerrando porque los CD se descargan, se venden en la farmacia o en el supermercado. A mí me parece que hay que tener cuidado con eso. Sostener la librería es sostener una forma de mercado que es la que le da la mirada estética. A mí me cuesta muchísimo imaginarlo, y eso que no soy un tipo que piense que todo tiempo pasado fue mejor. Si queríamos hablar de lo malo que puede generar el e-book. Lo peor que veo yo es la pérdida de la carga afectiva.

C: Hace unos años, librerías como Ateneo y Ghandi empezaron a permitir la lectura de libros en sus locales, dentro de un café que tenían ahí. Eso al principio fue un mini-escándalo. Sin embargo, con el tiempo ese fue el camino que tomaron varias librerías, las cuales se fueron convirtiendo en centros de reunión. Eterna Cadencia, La Boutique del Libro son centros culturales en algún punto. Me parece que eso es todavía más estimulante para un librero ya que no sólo recomienda algún libro sino que crea debates y charlas literarias. Se crea un lugar de acercamiento del lector con el autor. Se liberan de la necesidad de estar vendiendo la última huevada de Dan Brown como libro-producto.

F: ¿Y por qué no? Si la mitad de los huevones quieren leer Dan Brown. ¿Uno no puede tener lo que se vende? Yo vendo Coelho, con perdón de los presentes... El lector, sea cual sea, tiene derecho a comprar por título, por diseño, por foto del autor, por contratapa o por azar. La función del librero es darle a la persona el libro que quiere y no el que yo considero que tendría que leer. Hay lectores para todo, no hay un solo lector. Sería muy aburrido que los únicos lectores sean de Puán. Es mucho más amplio.

D: Sí, claro –aparte: Puán no es una sola cosa, pero bueno-. Cuando cambia tanto el modo de circulación, a veces una forma de entender el panorama es preguntarse ¿quién se va a quedar con la plata? Creo que hay un capital en cada uno de los sectores que se va a redistribuir. La industria editorial se va a ver forzada a hacer buenos catálogos para competir, y los libreros van a tener que recomendar, de tanta cantidad de textos que van a haber. Eso va a seguir valiendo plata.

C: Lo que digo es que si se viene la venta bajo demanda y el e-book hay que pensar una alternativa al funcionamiento actual de las cosas. Si algo está cambiando uno puede hacer muchas cosas, pero lo peor es no querer aceptar que esos cambios se vienen encima. Esta es una forma de pensar en conjunto, y a mí se me ocurre que las librerías pueden ir virando a espacios de acercamiento, como centros culturales.

Público (Pablo Toledo) : Incluso no es necesario que la librería transforme su aspecto. Puede tener un salón con los mismos libros, los mismos estantes y las mismas mesas que ahora. Después, cuando alguien te pide un libro, el librero en vez de ir al depósito va y lo imprime. Entonces ¿cuál es la diferencia?

F: Es cierto, no lo había pensado así, pero ¿cómo nos diferenciamos las librerías si todos vamos a tener los mismos libros?

Público (Pablo Toledo) : Perdón, ¿Coelho lo tenés vos sólo?

F: Noooo... pero yo traigo libros que otro librero no tiene, y viceversa. Hay un juego de selección del material que le da un perfil a la librería.

Público (Pablo Toledo) : La diferencia son los libros que tenés en exhibición, lo que recomendás y mostrás. Después vas a poder imprimir muchos más, los que quieras.

Pablo: El libro digital va a ganar lectores que prefieren bajarlos de su casa. Es lo que pasa con los discos: por más lindas que sean las disquerías y por mejor exhibición que tenga, muchos prefiere bajarlos de su casa. Al perderse clientes, muchas librerías van a cerrar. A mí me parece que las que van a cerrar son las grandes cadenas.

C: Las grandes cadenas son como Carrefour y Norte, prácticamente indiferenciadas unas de otras. Aplanan las diferencias y ven a los lectores como consumidores. Personalmente, creo que el librero se va a valorizar todavía más, porque va a estar la necesidad de que alguien pueda recomendar. La gran marea de títulos que hay disponibles generan eso. El cambio de movimiento va en dos direcciones. El World Wide Web va a permitir que el libro se consiga en todas partes, sea más democrático y fácil de leer. Por otro lado, eso también va a permitir existir a las literaturas regionales porque va a acortar las distancias. En Argentina el 70% de las editoriales están en Capital Federal mientras el interior es un páramo. Hay un abismo ahí. Muchas comunidades no tienen una literatura contemporánea que las represente. Al hacer tiradas más chicas, se va a poder representar muchas voces que hoy en día no tienen una oportunidad.

P: Algo llamativo de esta charla es que, bajo la consigna de hablar del futuro estamos hablando mucho del presente. Nos preguntamos cómo es la industria, cómo son los lectores hoy, qué prefieren. EL libro digital nos obliga a pensar un poco cómo es el libro hoy. Tango unas preguntas individuales, que se pueden hacer grupales. Damián, ¿tu trabajo como seleccionador de cuentos donde una antología es un todo, cómo puede impactar en este medio?

D: La dificultad es grande, pero creo que eso ayudaría a antologar mejor, a prologar mejor y a elegir mejor. Igual hay que diferenciar la impresión bajo demanda del libro digital. El libro bajo demanda es un híbrido, que se vuelca sobre el papel y el producto es un libro como cualquier otro. Con Internet el paradigma es diferente. Por ejemplo ¿la editorial va a negociar con el servidor? En ese caso estamos hablando de un sistema sustancialmente distinto.

P: En una atomización en la que de repente entren escritores que antes no tenían acceso, ya sean escrituras regionales o marginales ¿Cómo se va a formar el canon?

C: Podemos mirar el pasado reciente cuando las pequeñas editoriales, que son más osadas a la hora de arriesgar y que tienen un catálogo más definido, empezaron a funcionar de probeta de ensayo. Por ejemplo Cucurto que después saltó a Planeta, o Bruzzone que ahora salió en Mondadori. Detrás del canon hay una lucha política acerca de cómo se define la literatura y un señalamiento de que se lee y que no. El desafío está en esas pequeñas editoriales que se animan más. Es cierto que a veces lo más independiente corre el riesgo de volverse monogámico. Eso le hace mal a la literatura y le hace mal a la crítica. Por ejemplo, a mí me encantan los blogs y salen cosas buenas de ahí, pero también hay discusiones ridículas: una pirotecnia desmedida que en seguida se apaga. Estamos en un momento de cambios y el campo literario se está reconfigurando. El lugar de la crítica quizás es ordenar y agrupar un terreno que está muy difuso.

F: Yo creo que hoy en día no venden ni los críticos ni los suplementos culturales. Yo me crié como librero en una época en la que iban los lunes con los suplementos culturales y ese era un referente fundamental. Hubo una decadencia fuerte de la crítica. Se cuida mucho más el estilo que lo que dicen. La venta de libro ya no pasa por ahí. No es cierto que las grandes editoriales tengan más espacio que las independientes en los suplementos. Por ejemplo, nadie tuvo la publicidad que tuvo Interzona en los medios literarios y Interzona ya no está.

D: La tapa de La Nación hace quince años te garantizaba un éxito de ventas. Ahora sólo te garantiza comments en los blogs y esas cosas. La verdad que es muy relativo.

P: Yo tengo una pregunta más para hacer. Se ha mencionado ha Amazon, Google y Amazon. ¿Qué tenemos que aprender de ellos?

F: Google tiene millones de texos bajados, corregidos y disponibles. Faltan dos o tres cositas. Están esperando el momento. Es un monopolio enorme. Aprender... no sé, quizás ir a pedirle un curro.

C Creo que si no podés contra el enemigo, tenés que chuparle la sangre. Tenemos entonces que jugar con esas herramientas que nos propone. Nosotros anexamos los libros a Google porque funciona como una pantalla. La verdad que Google funciona bien, y Amazon genial. Son los grandes colosos y me parece que la forma es hacer de la necesidad una virtud.

F: Tratar de hackearlos a ellos es casi quijotesco... Eso pasa con los grandes monopolios. Ahora las grandes librerías están todas en Internet también, porque sino no existen.

P: Pero, por ejemplo ¿Cuánta gente ve un libro en Cúspide pero va y te lo compra a vos?

F: No lo sé. Es cierto que yo todavía manejo mucho lo que es la fidelidad. Gente que ve libros en otro lado y después me los compra a mí. A veces no. Igual una fidelidad mejora la relación. Igual creo que los blogs de las librerías le funcionan a todas las librerías, no sólo a mí. Es información que circula.

Público: Yo escuché las razones positivas y las negativas. Pero ¿cuánto tolera leer una persona un libro en una computadora?

F: Los readers nuevos permiten que te quedes patas arriba en la cama, no necesitas ningún cable. Desde ese lugar no vas a tener problemas.

D: Los e-books tienen una pantalla que no genera tanta luz y no fatiga la vista. Sin embargo, es un punto interesante. Dicen que para libros de textos y referencia va a ser un buen reemplazo porque reemplazarían el bodoque de siete mil quilos. Pero se hizo una encuesta entre alumnos, que les dieron un lector de Amazon y dijeron que preferían el libro de papel.

F: Sin embargo ya no se venden enciclopedias ni diccionarios de grandes tomos.

D: Hay algo de eso. Pero muchos siguen prefiriendo el viejo formato. El libro de papel tiene, por más raro que suene, una tecnología insalvable.

Notas
Agradecemos a Eterna Cadencia por dejaros desgrabar esta charla-debate que organizó.