| Notas para un agitador |
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| Verónica Viola Fisher* |
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cuando era pequeño se le cayó un piano en la nuca, desde ese día sus vértebras suenan cada vez que baila sobre la silla eléctrica: no muestra arrepentimiento con palabras, no entona baladas de protesta
Se dedicó a grabar sonatas de guerra, percusión ósea contra tiritar de dientes. La electricidad es buena compañera dice ahora encerrado a perpetua
De la música del cuerpo proviene una verdad indisoluble pero si hubiera caído una hoja filosa sobre su nuca, ¿qué palabras escribiría nunca?
un niño pregunta a otro cuando el mar se agita, habla? shh... le contesta su amiguito al igual que las olas y callan
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En un pentagrama vertical las notas caen unas sobre otras cuelgan sostenidas y en la duración intentan alcanzar el cielo pero solo cuando toca ávido y vulnerable son
contradicción plena: si blandeo el pentagrama llueven uvas negras
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entrar a tiempo la espalda sostenerla derecha flexibilizar el estado nervioso y dirigir el sonido hacia las butacas no olvidar la deuda con el público debe siempre mantenerse seguir la batuta de ciertas quejas elevar el volumen para mostrase amplios mientras no olvidar que la economía en los recursos determina la calidad de vida de ciertas voces
Convicción a dos voces
No sabe (si bajarse los pantalones es una buena estrategia) no pregunta no responde no reflexiona habla habla cada articulación es una clavija los dos omóplatos dos platillos su mirada un silencio de pupila abierta un agujero negro (como el secreto del que no sabe)
entonces ¿cuál es la mejor estrategia? (se agacha y) si no siente nada (está perdido) está perdido
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Cada línea es un nervio expandido y vibra como la cuerda espesa de un contrabajo en manos de un niño.
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Cantar no acatar toma aire y vuelve
teclea letras tras el que hoy cantante y sonante dijo cuál era el precio de su voz
En la sala del hospital no hay mucha luz y cuesta agitar el propio corazón quiero escuchar otra vez a Bach basta de encerarse el oído. Lamento que el episodio haya sido con un piano y no con una herramienta similar donde no golpeadas rasguñadas las cuerdas mueven aunque
si hubiera caído un clave sobre mi nuca nunca hubiera visto la clave ni trunca
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no me desprendo del auricular en funcionamiento veinticuatro horas al día ninguna pieza ningún movimiento de motores ni juntas ni hélices
año tras año peleo por millones de ciclos afinados aunque el instrumento esté desaparecido virtualmente sin desgaste ni averías por el chaleco antibalas que decidí no usar pensando:
contra el destino el movimiento continuo de la lengua no para y en algún momento algo podrá decir
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detrás del encierro asomó un tendón blanco como la espuma del mar y se pierde cuando debe seguir la orquestación que el programa anuncia:
de lo que no se puede hablar, mejor hacer los días están contados son arvejas negras y el guiso se cuece con ojos desconocidos
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Nosotros respetamos el compás de otra lengua hacemos honor al que nos dice lo que no queremos oír, mortales
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La organización de los elementos sonoros hace al compositor. Para distribuir correctamente los gritos del otro se debe conocer cada bolilla cada punto débil, como uno mismo ese otro se retuerce en su instrumento en el amor al aire o al arco guerrero que se agita con más ferocidad que virtuosismo. Cuando te toca tocar, el sentido se pierde en la piel del enemigo: acompañar o estar al frente de la masa sonora no es lo mismo, la quinta fila de violines que el solista. El ataque de cada nota debe ser letal.
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desatar las cuerdas que van tensas desde el cuello a los tobillos cantando
¿admitiendo la afinación como un deseo inalcanzable el destiempo como un error a conciencia?
el cifrado cuesta los dedos cavan en la guitarra y callo tras callo dura la yema la clara idea
bajo la tapa en el cuerpo macizo
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a fuerza de estar en el aire abroché una nota aguda entre dos vértebras
fue un botón demasiado grande en un ojal diminuto, desde la silla eléctrica coreografía me mueve en off
es el sistema de energía convencional es la estructura de los cables y el martillo que cambió las cuerdas del piano por dar una sentencia.
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Hay una mariposa en la palma de mi mano tiene un diente plateado para curar. La radio está alta, cuelga desde el cielo una canción después otra y después piden que cantes pero lo tuyo es el baile, no puedo entonar
entonarme con un tinto espeso eso sí, acá en las tetillas que vibran que sueltan leche oscura
cantar sí pero con el coso hinchado que se mueve como una lengua y dice no perder el equilibrio, la dureza, resistir
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La casa está tomada por la puerta de atrás, fondo blanco y vaciar el contenido lo más rápido posible el agitador no discute sobre el final ni sobre el comienzo de la obra porque ya no quedan más que cenizas de los albañiles y una placa recordatoria del arquitecto. El telón quedó enrollado como los pergaminos que intentamos descifrar y caerá y volverá a levantarse como una guillotina.
En la casa ya no hay elementos para las formas que enloquecidas no tienen donde dormir. La función está a pleno la luz quema a los actores y el único refugio es la propia sombra.
Por la puerta grande entraron para dejar sedimento, base que es borra, aquí no hay pasado nada queda más que restos esfumados en el agua de nuestras canillas. Ahora, puede verse en cualquier lado el blanco ya no precisa disparos el fondo es siempre superficie que de un modo u otro se acomoda.
El agitador no discute sentado. Su actuación es desnudarse, dar una mano de obra al silencio, zarandear los órganos del cráneo bailar lo que se escucha con paso propio mientras, por la puerta de atrás algo asoma
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Desde lo alto observo la vereda de enfrente
la senda peatonal las cinco líneas de cal y los cuerpos detenidos en medio: una pareja es una semicorchea la embarazada una blanca con puntillo esta negra el tiempo marcado
¿por el compositor, el intérprete o por quien escucha?
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tengo la impresión de ser una presión de res extensa sobre la otra que piensa cada nota y
leo leo vuelvo a leer
hay pocas indicaciones tengo el ritmo, fragmentos
cada plato tiene su precio el gusto nunca llega igual para todos se repite algo siempre algo se repite después de
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mira exhausto como preguntando si es un ser humano o un producto humano, todavía pelea, todavía pela lo suyo:
la liquidez pesada está en los fondos desplazados en una ebullición que cerca velozmente orejas planas
Ensayo general
previa entrada a la ciudad golpean la caja torácica y sobre el cordón sentados conversan
no saber pronunciar el cuerpo en contra del cuerpo es lo mismo que ser mudo
Coda
Tengo desprecio para dar, tangible en mis testículos vacíos que supieron ser campanas y colmar un tiempo, futuro.
Nunca quise ser un revolucionario profesional nunca quise leer música ni saberme un prodigio. Los órganos representativos terminan por corromper: la lengua, los ojos, el cerebro.
Moverme, vibrar, abotonado a todo espejo de un reflejo atento, eso requiero agitar lo imposible, de nuevo.
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| *Autora |
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| Verónica Viola Fisher nació en Abril de 1974. Publicó Hacer sapito, -Nusud, 1995- (reedición Gog y Magog, 2005); A boca de jarro, edición a secas, 2002; Arveja negra, -vox, 2005-; Notas para un agitador, la calabaza del diablo, 2008.- |
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