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Mujeres
Los domingos son para dormir, de Sonia Budassi (Entropía, 2009)
Matías H. Raia*

En el primer libro de cuentos de Sonia Budassi, Los domingos son para dormir, se nota una preferencia casi obsesiva por narradores en primera persona, femeninos (1), que relatan (confiesan) historias de la vida cotidiana, generalmente, atravesada por conflictos sentimentales y con referencia al comienzo de la vida adulta en comparación con la vida adolescente o infantil. Así, si bien las protagonistas van cambiando de cuento en cuento, una misma voz resuena en cada uno de los cuentos exponiendo problemáticas similares en contextos diversos, problemáticas ligadas con la pareja, el amor y, a veces, el futuro.

Si leemos la contratapa de la edición de Entropía, nos encontramos con una frase que dice respecto de los cuentos de Budassi: “una mirada alejada de cualquier cliché o convencionalismo”. Por el contrario, Los domingos son para dormir es un libro en el que los clichés y los lugares comunes abundan, desde dos perspectivas diferentes: por un lado, las protagonistas son típicas y viven entre lo típico: el domingo post-boliche, la casa desordenada y el llamado de emergencia para ahuyentar la soledad en “Todo lo de anoche”; el viaje al sur con el novio en “Sucede más allá de mí”; la independencia y la convivencia complicada con la amiga en “Las cosas que brillan a mi alrededor”; etc. Por otro lado, aunque los personajes no pueden salir del lugar común, algunas de las voces femeninas tienen conciencia de la vida en el cliché que las arrastra: “Tarde o temprano todos dicen cosas que no sienten: fue amor a primera vista, me gustan los Beatles, tus amigos me caen bien, pedir perdón no me cuesta nada, ésa también es mi comida favorita, nos ronco, es la primera vez que me pasa, adoro a mi mamá y a mi papá, era el mejor alumno de la división, tengo muchos amigos. Incluso dicen: te amo, quiero que tengamos un hijo, que viajemos juntos, quiero que conozcas a mis padres, crueldad llena de pudor pero otras vez son cosas que pasan más allá de mí.” (p. 82, “Sucede más allá de mí”).

Así, la narrativa de Budassi no escapa al convencionalismo (2), se narra desde el cliché y por obsesiva repetición se lo vuelve exagerado, monótono y molesto. Todas las narradoras tienen conflictos sentimentales respecto de una pareja real (pasada, presente) o virtual (futura); todas las narradoras remiten, a veces con nostalgia, a veces con distancia, a la infancia o a la adolescencia; todas las narradoras exploran sus sentimientos y, de una forma u otra, definen su propia personalidad; todas las narradoras hacen comentarios sobre sus familias, sobre la vida en familia en oposición a la vida adulta independiente; etc. En este sentido, el coqueteo literario con el lugar común se vuelve un arma de doble filo: los cuentos de Los domingos son para dormir corren el riesgo de volverse repetitivos, redundantes, como si, a pesar de las diferencias entre las tramas, el libro estuviera constituido por un solo relato, escandido por diversos títulos, con mínimas variaciones entre parte y parte, con un estilo interesante pero uniforme y siempre la misma dirección (salvo “La verdad del Lena”): la exploración de la subjetividad femenina, sus triunfos y fracasos, sus historias mínimas y sus sentimientos, sus fantasías y sus realidades.

Finalmente, el estilo narrativo en Los domingos son para dormir se construye desde un relato en primera persona en tiempo presente que merodea el libre fluir de la conciencia, intercalado por comentarios entre paréntesis o entre guiones. Dichos comentarios intercalados: expanden, niegan o matizan lo dicho; intercalan lugares comunes con cierta ironía; refieren a momentos de la infancia o a fantasías compensatorias; etc. El estilo es original pero las intercalaciones, que al principio resultan llamativas e interesantes, hacia los últimos relatos se vuelven un poco insistentes. Otras características del estilo de Budassi pasan por la enumeración de objetos y situaciones que componen escenas de la vida cotidiana (“…volver a casa, cocinar, hacer todo lo que una buena hija debe hacer, arreglar el jardín, bañar al perro y lavar el auto…”); la aparición de frases que condensan convicciones vitales (“Despertar es horrible siempre.”); el planteo de las posibilidades futuras (“Quizás volver al campo alguna vez, es tarde y me esperan, ventilador en el techo y el vago sonido de alguien…”); etc. (3)

En definitiva, Los domingos son para dormir de Sonia Budassi nos propone una colección de cuentos homogénea, entre los que se destacan “Seis menos dos” y “Fuera de temporada”, con un estilo narrativo original pero que corre el riesgo de volverse repetitivo y nos invita a una exploración de los sentimientos y los pensamientos de la subjetividad femenina a través del trabajo narrativo con los clichés y los convencionalismos de la vida cotidiana.

Notas

(1) La excepción a la regla es “La verdad del Lena

(2) En el trabajo narrativo con el cliché, hay cierta relación con los cuentos de Silvina Ocampo. Sin embargo, en los cuentos de Budassi aparece el cliché como motivo pero no está extrañado a través de lo siniestro como en el caso de Ocampo sino que se lo trabaja desde la exageración y la recurrencia hasta el hartazgo.

(3) El tono hace recordar a Néstor Sánchez pero, claramente, la prosa de Budassi tiene menos complejidad que la del autor de Siberia blues. Dicho aspecto no es ni negativo ni positivo, la complejidad no es garantía de nada.

*Autor
Matías H. Raia es estudiante de Letras en la UBA y participa del blog Golosina Caníbal [www.golosinacanibal.blogspot.com].