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La Orilla Familiar
de Ana Guillot
Isabel Krisch*

Ana Guillot presenta en este nuevo libro, largamente gestado, una “Orilla Familiar” que es la recreación, la regeneración evocativa de un pasado propio, genético, familiar, hondo. Aquellos dolores de los antepasados, aquí se hacen propios en la similitud y en la diferencia; pero ellos y éstos le pertenecen. Por eso dice: “me acurruco en el hambre/ muerta de miedo llego/ a esta cita // la piel es una inundación/ de astillas/ y cada trozo es mío/ y duele”.
En “La Orilla Familiar” hay tiempos de antes y de ahora que van y vienen. Hay una niña de trenzas que tiene un “reino de preguntas” demoradas, tal vez, porque ha querido estar “lejos de lo que la haga llorar”, y esa niña va cambiando el cuerpo hasta transformarlo en una “selva en el pubis y un enigma”.
Una mujer ya, “con vértices acuosos”, intenta “zurciendo la memoria”, una “feroz vindicación”.
Vindicación al padre pequeñito, al padre-hijo-huérfano, a la abuela-viuda joven, a los muertos amados, a quienes dedica este poemario.
Ana trae las células alborotadas de su pasado familiar al presente, y justifica así su canto y el de un coro de mujeres en las que se apoya. Y a los antecesores les dice: “que ya es suficiente, que se duerman en paz”. Y expone en paralelo su historia personal, de viuda joven como su abuela Agustina; con hijo huérfano también, como su padre. Y es canto y es grito propio, con el que alivia su memoria cuando dice lo que su abuela no pudo. Cito: “—estará él acá?— dice el pequeño/ la madre no contesta/ los duelos la perforan/ y ella/ que ni siquiera puede/ llorar/ le sujeta la mano/ como si buscara también/ que él la sujete/ es joven y está viuda/ sólo vuelve la espalda/ no se puede nombrar/ lo que no cabe/ (y el grito se encapsula/ en la garganta).
En esta historia que le pesa, que ha considerado contar como homenaje en este libro, hay un pasado inmigratorio de dolor porque la Guerra Civil Española, desde Barcelona en este caso, alejó de la lengua, de la geografía, de las raíces, de las huellas, del muerto, del muertito, a tanta gente. Y entonces, con mucho amor y con piedad creo, hace hablar al abuelo en su cajoncito, así: “el muerto dice/ —podría ser un mapa de mi piel/ una cartografía de los huesos/ pero ahora la mancha/ que no lavo/ que no puedo lavar/ la crema chantilly aceitosa y molesta/ el rojo sudor (que como el mar)/ (hay cadáveres aún en israel)/ podría ser el corazón de un rayo/ un disparo acrobático en el tórax / un voltio sobre el lomo/ como un alambre finito, umbilical/ (la raya en la cabeza)/ no me sale no cruje no florece/ no delimita nada/ nada de nada —dice/ acá en el cofrecito hay un rumor/ arácnido hormigueante cascarudo voraz/ son los otros quietitos como yo/ entonando su propia melodía/ (aunque ellos no retornen con palabras)/ podría ser el apéndice del mundo/ del intestino del libro del ensayo/ no me sale narrar/ no me sale no puedo/ erguirme en esta oscuridad/ en el frío pequeño y zigzagueante/ debajo de los pasos/ de los otros/ podría ser una apetecible lasitud/ estar acá quietito/ pero estoy jodido, absorto, estupefacto/ tan lejos de mi alma (afuera arriba)/ del otro lado del auricular/ del consuelo/ de la tumba. Y entonces, Ana, pone en este poema la universalidad de las guerras, de las otras guerras, de las actuales y terribles que dejan a tantas otras mujeres viudas y a tantos otros niños huérfanos. Y nos muestra que siempre estamos “al filo, en la orilla”.
En este ir develando su historia, suma a su voz la de Helena, Andrómaca, Hécuba, Casandra, Clitemnestra, mujeres que comparten la historia, mujeres arquetípicas que “corifean” cantando, diciendo, lamentándose, condoliéndose, exaltándose, también vestidas de luto. De otros lutos. Mujeres sufrientes que le ayudan a develar aquel enigma. Y a ellas se les unen otras, calladas, acalladas: “la que no sabía que se podía gozar”, “la que se equivoca de hombre”, “la que arroja la llave”, “la que mueve los labios y hay que adivinarle la plegaria”, “la que intenta no ser carnada del semen blanquecino y pegajoso”, “la que tiene branquias pequeñitas”, la geisha del jarrón chino”, “la mujer erógena”. Todas son/somos siempre “hermanas-hermanitas”, un “panal a punto de estallar”. “El universo que es una boca que se abre”.
A la figura de un padre, se suma la referencia a los otros padres —literarios— como César Vallejo que le recuerda que “hay golpes en la vida, tan fuertes, tan certeros”, yo digo que esos golpes nos hacen retrotraer la nuca atrás. O Juan Rulfo que le cuenta “vine a Comala a buscar a mi padre” y “mi padre es también el tuyo”, yo digo el padre de todas. O Saer o Pessoa o Castillo, que en otro tono, este último exclama: “la grandísima perra”. Y entonces, digo yo, el homenaje.
Esta Orilla Familiar, que Ana Guillot separa en diez capítulos fue traducido al catalán por Peré Bessó, que es un Licenciado en Filología Moderna, Catedrático de Lengua y Literatura, y con la incorporación de esta lengua al libro yo entiendo que las orillas de Europa y América, finalmente, se unen.
La voz de Ana es sólida por donde se la mire. Indiscutible. Y es una voz única y personal. Fuerte. A estas alturas, creo yo, los enigmas ya le están revelados.
Sus curvas de mujer ya han abierto todas las puertas para ir a jugar, ya no juega, ya no es inocente ni está dormida. Ya no hay inocencias. Y Ana Guillot tiene, seguramente, muchos más posibles espacios que desarrollar y que dejar como legado a la literatura moderna.

*Autora
Argentina, nacida en Capital Federal en 1953, docente, Profesora de Geografía, egresada del Instituto Nacional Superior del Profesorado “Joaquín V. González”. Realizó una especialización hacia las Ciencias Sociales en la Universidad de San Martín. Además, es Correctora Literaria, egresada de la Universidad de Belgrano. Asistió a Talleres Literarios desde 1993 y se formó con la profesora y escritora Ana Guillot. Editó cuatro libros de poesía: Cruzar el Lodazal (1997), Que se rompa el amarillo (2000), Entre la Roca y el Aire (2005) y Apenas una línea, roja (2008).
Forma parte de las siguientes antologías: Antología del Taller de la Siesta, Años: 1993, 1994, 1995, Sombreros en venta (1996), 20 Voces Destacadas de la Poesía Argentina Tomo II (1996), Que no vaya a suponerse (1997), La voz viene del pasillo (1999), Mientras limpiamos la jaula (2001), El Placard (2003), No toda belleza redunda en felicidad (2008), Al Sur (2008) y XII Encuentro Internacional de Poetas, Zamora, Michoacán, México (2008). Ha realizado tres biografías: Via Garibaldi 25. Camerano (2006) y De mi tiempo, simples memorias (2008) y Luna, luna, luna, danos salud y fortuna (2009). Condujo “Mejor esos mundos”, un programa de cultura en radio Fénix, de la localidad de Martínez.
Se dedica a la docencia, a la corrección literaria y a escribir biografías “terapéutico-literarias”, como las ha dado en llamar. Ha participado de encuentros literarios en nuestro país y en el exterior. Sus poemas han sido publicados en numerosas revistas del medio cultural de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y en España, Paraguay, México y Puerto Rico. Como así también, en numerosas páginas web. Sus trabajos han sido traducidos al catalán, al inglés y al alemán.