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This is my generation
Alejandro Henchoz*

Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac
(Entropía, 2008)

La pregunta que Žižek se hace en “Lo real y sus vicisitudes” es “¿por qué vuelven los muertos?” y la respuesta es previsible: porque no están adecuadamente enterrados; la perturbación en los rituales funerarios convierten a esa muerte en un núcleo traumático que retorna para reclamar simbolización. Por eso, la violencia estatal de la década del setenta y los muertos que ésta dejó van a volver una y otra vez hasta que queden integrados en la memoria histórica. En Las teorías salvajes ese retorno adquiere un tono paródico que señala: por un lado, una cierta nostalgia por las condiciones de posibilidad que aquel momento desplegaba para la acción épica; por otro, las posiciones actuales en torno a las relaciones entre violencia, cuerpo y deseo.

A través de una prosa que se divierte con juegos acrobáticos sintáctico-culturales, ejercicios de sofisticación académica y momentos de alta poeticidad, Las teorías cuenta las historias de Kamtchowsky, una joven intelectual, directora de cine experimental que no participa de los cánones de belleza contemporáneos, y sus recorridos por la Buenos Aires “cultural” (festivales, Malba, lecturas, etc.) con su novio y una pareja de amigos-amantes. En esos recorridos lo que se va trazando es la cosmovisión que sostiene los discursos de los jóvenes de clase media alta, ajenos a cualquier referencia al trabajo no ligado al mundo cultural pero siempre dispuestos a postular una teoría acerca de lo que fuera (“era abominable la cantidad de pavadas que era capaz de escribir”) en los blogs o en las charlas. Paralelamente, hay otra historia: una estudiante de Filosofía (Rosa), que es la narradora a lo largo de todo el texto, obsesionada con un profesor y con la posibilidad de corregir y desarrollar una vieja teoría en la que aquél trabajó años antes (la teoría de las transmisiones yoicas). Y en esa patología de Rosa el intento de llegar al profesor necesita ser mediado por otra relación con un viejo escritor y ex militante montonero (Collazo), por lo que a la relación imaginaria se le sobrescribe una relación real que se plantea en términos de guerra y de conflicto de género pero también generacional. Además, la novela contiene varios pasajes en los que se relatan rituales de pasaje o iniciación, siempre violentos y bestiales, en diferentes tribus y comunidades. Esos párrafos que abren algunos capítulos se iluminan con el fondo político de los setenta, casi como si esa década hubiese sido una especie de doloroso pero necesario rito de pasaje de una edad a otra en la sociedad argentina.

Las Teorías además incorpora (paródicamente) el género del diario íntimo: Kamtchowsky, a pedido de su madre, debe pasar a máquina los cuadernos de su tía desaparecida. Y en ellos, lo que se pone en cuestión es, básicamente, la relación entre cuerpo y política; porque los ideales revolucionarios exigen el sacrificio del cuerpo deseado. Kamtchowsky (que tiene un blog, acaso el reverso del diario íntimo) y sus amigos dejan en claro que se ha operado un cambio en el estatuto de las relaciones entre cuerpo y política; varias veces repiten “Esto no es los ´70”: si los setenta exigían poner el cuerpo para hacer política, la generación de Kamtchowsky reescribe la tragedia en forma de farsa, quedándose con el cuerpo para sí mismos (una política sin cuerpos): la violencia se convierte en un juego en Internet (Dirty Wars 1975); si los setenta querían cambiar el mundo, Kamtchowsky cambia Google Earth, en un paso que va de la utopía a la cachada. El juicio que la novela postula sobre aquella época se cifra en una escena en la que Rosa y Collazo están cazando y ella dice: “Miro la escopeta que tengo en las manos y casi no puedo aguantarme la risa” (aunque la risa puede tener un sabor amargo si es que, en realidad, esconde el miedo).

Incorporando a la novela un elemento más propio de los blogs (las imágenes que acompañan los posteos), referencias filosóficas, erudición pop ochentona y con un final “alephiano” que –sin exagerar- ya está entre los mejores finales de la literatura argentina, Las teorías salvajes es una novela que, más profundamente, intenta pensar la violencia constitutiva del humano, postulando una mirada jocoso-pesimista de la experiencia histórica donde la posibilidad de no repetir errores no está entre las opciones y la épica queda reducida a una broma de adolescentes tardíos. Reír por no llorar.

*Autor
Alejandro Henchoz nació en Buenos Aires mientras en Nueva York se editaba Marquee moon. Actualmente da clases de español a extranjeros y contempla los últimos instantes de la carrera de Letras en la UBA. Tiene una novela inédita y es culpable del blog anaufragar.blogspot.com, donde escribe con curiosa irregularidad.