Volver Menú
Lacan y el Barroco. Hacia una estética de la mirada
de Luciano Lutereau (Grama Ediciones, 2009)
Alejandro Boverio*

Difícil es encontrar entre las investigaciones nacionales contemporáneas, en el amplio campo de las ciencias humanas, aportes que trasciendan un específico recorte disciplinario y se dirijan en la búsqueda de un espacio de diálogo más amplio. Es justamente lo que, en los últimos años, Luciano Lutereau viene realizando en diversas publicaciones en revistas especializadas, encontrando importantes convergencias entre la fenomenología y el psicoanálisis, y que, con la auspiciosa aparición de Lacan y el Barroco, se consolida como un riguroso trabajo de investigación interdisciplinaria que puede dar a la luz resultados sorprendentes.

Lo interesante de la apuesta en esta obra, que se presenta como introductoria pero que no deja de lado la presición erudita en un trabajo textual que recorre prolíficamente los Seminarios de J. Lacan, poniendo un especial énfasis en aquellos en los que se tematiza un estudio de obras de arte visuales (Seminarios 8-13), es el intento de reconstruir el psicoanálisis lacaniano a través de algunas categorías de la estética barroca. Si, en efecto, desde el título mismo de su investigación, Lutereau se reconoce deudor de la conceptualización del Barroco que desarrolla Deleuze en El pliegue. Leibniz y el Barroco, es justamente en el despliegue mismo de su obra en donde hará coincidir la conceptualización de la imagen barroca con la del pliegue: “la dirección al infinito actualizada en la presencia de una ausencia, la escenificación del infinito en la representación, un interior que se despliega en el interior y un exterior en el exterior, un resto al que solo se accede por la vía significante”. La tensión generadora de la imagen barroca, reservada a un límite irreductible, es justamente en la que Lacan reparará para su primera conceptualización del objeto a. Es así que, si en los seminarios referidos, el psicoanalista francés se abocará a un estudio de algunas obras de Zucchi, Arcimboldo, Zurbarán, Caravaggio y Velázquez, entre otras, Lutereau considerará esos análisis de un modo sistemático para concluir que tal esfuerzo no constituye simplemente un recurso heurístico o meramente metafórico, sino que es un modelo epistémico del cual el psicoanálisis ha de valerse para desarrollar sus categorías. En este sentido es elucidada, entonces, la célebre sentencia lacaniana “me coloco más bien del lado del barroco” en donde barroco sería el método de lectura con el que Lacan habría analizado las obras en cuestión y bajo cuya inspiración habría sistematizado su teoría del objeto a en tal período.

La necesidad de investigar la relación intrínseca entre estética y psicoanálisis no es aquí la afirmación de la existencia de una estética psicoanalítica, en el sentido de la posibilidad de imaginar un psicoanálisis aplicado al arte como una técnica de análisis pictórico, sino, por el contrario, mostrar que el psicoanálisis además de una praxis terapeútica, encierra en sí misma una teoría estética. Desentrañarla es, entonces, el objeto de este estudio que sin dudas se volverá indispensable para seguir abriendo líneas de discusión entre psicoanálisis, filosofía y estética.

*Autor
Alejandro Boverio (1982) es sociólogo, filósofo y ensayista. Se desempeña dando clases en “Teoría Estética y Teoría Política” en la Facultad de Ciencias Sociales y en “Fundamentos de Filosofía” en la Facultad de Filosofía y Letras, ambas de la Universidad de Buenos Aires. Es colaborador en diferentes revistas culturales, entre ellas El Ojo Mocho, y actualmente se encarga de dirigir la sección de ensayos de No-retornable. También mantiene un blog, su dirección: http://pliegues.wordpress.com