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Alta Rotación
de Laura Meradi (Tusquets, 2009)
Alejandro Boverio*

Decir que Alta rotación nos lleva de gira por una serie de trabajos precarios que hoy en día sojuzga a miles de jóvenes en virtud de sus apremiantes necesidades, es solo una parte de la verdad de este magnífico libro de crónicas. Vertiginoso, avanza con la velocidad del trabajo nada precario de una narrativa que se encuentra consigo misma: escritura, a un tiempo, meditativa y resuelta.

En una época en que la vieja retórica de la denuncia parece perimida, Laura Meradi asume la tarea denuncialista trastocando su tono clásico. Roberto Arlt y, siguiendo su línea, los muchachos de Contorno, han dado una batalla legítima, importantísima, que no puede dejar de reconocerse, y acaso ésa sea la función del acápite con el que inicia este libro de crónicas, que refiere a El juguete rabioso. Pero sabemos que en la época de la mercadotecnia, con todos sus nuevos modos de dominación, la lengua debe cambiar, debe buscar formas inéditas para enfrentarse a una realidad velocísima que agobia sin que ya nos demos cuenta. Si las aguafuertes arltianas asumían la necesidad de acercarse a la marginalidad y pobreza que la nueva ciudad empezaba a generar sistemáticamente, lo hacían para juzgarla de un modo decisivo. Meradi, en cambio, decide someterse a su dinámica pero para mostrar sin ningún juicio categórico cómo funciona el trabajo basura en nuestra sociedad contemporánea. Mostrar cuál es su dinámica, cuáles son las lógicas estratégicas precisas con las que, en el tiempo de la tecnificación, operan una plétora de empresas del área de servicios para, en última instancia, maximizar sus ganancias. Los nombres propios de dichas empresas, es preciso destacarlo, no son elididos: McDonald’s, Italcred, Carrefour, Phonetech. Pero acaso lo más interesante de la apuesta de Meradi es que sus crónicas se inscriban en el punto exacto en que esa operatoria pone en juego la subjetividad de sus compañeros de trabajo. Meradi se enlista en esas empresas, como una más, y decide correr en carne propia la suerte de la mayor parte de su generación. Pero no es una más, no podría serlo de ningún modo: ella está escribiendo todo lo que ve, todo lo que escucha, todo lo que vive. Hay un momento reflexivo en ese movimiento que sin dudas está ausente en sus compañeros, y es ello lo que le permite tomar conciencia. Acaso ese movimiento sea el que hace valiosa a la literatura, el que la eleva a lo más alto de nuestra cultura. Sin embargo, esa distancia que toma no impide que la vivencia en carne propia no sea en ningún sentido metafórica: ella misma se enferma por trabajar en esas condiciones, su cuerpo somatiza el efecto nocivo de su trabajo, y todo ello es también parte de sus crónicas.

Lo atractivo del trabajo literario de Meradi es que acomete un problema que ha sido abordado en términos macro por las sociologías contemporáneas en boga, pero al contrario de ellas, aguza su mirada en el plano del sujeto, en cómo el entramado de dispositivos del mundo del trabajo precario juega con la subjetividad y las relaciones humanas, y, en ese sentido, inscribe en términos literarios aquello que las investigaciones foucaultianas sobre la microfísica del poder realizaban desde una mirada filosófica. El juego literario al que se nos invita en estas crónicas es el de visualizar todo ese campo, sin que se escape nada, en la búsqueda de una visión absoluta, total. Es este mismo juego el que lleva a la autora a reflexionar en medio de su vorágine, la de la vida y la de su escritura, las consecuencias éticas de llevar adelante una tarea que es menos etnográfica que de espionaje. En este sentido, el nuevo género que se construye con Alta Rotación es la traducción literaria del reality, con todo lo que ello conlleva en términos políticos. Justamente, si es preciso estar a la altura de denunciar el modo de operatividad de dispositivos monstruosos e invisibles, ello sólo es posible con una tecnología literaria que contraataque valiéndose de sus mismos recursos. Alta Rotación lo hace de un modo magnífico, al tiempo que asume como propia la tarea de visibilizar lo invisible. Así, además de ser en su originalidad una obra literaria acabada, su función es eminentemente política. En un sentido absolutamente novedoso, Meradi responde al llamado de Viñas y los contornistas: politizar la literatura.

*Autor
Alejandro Boverio (1982) es sociólogo, filósofo y ensayista. Se desempeña dando clases en “Teoría Estética y Teoría Política” en la Facultad de Ciencias Sociales y en “Fundamentos de Filosofía” en la Facultad de Filosofía y Letras, ambas de la Universidad de Buenos Aires. Es colaborador en diferentes revistas culturales, entre ellas El Ojo Mocho, y actualmente se encarga de dirigir la sección de ensayos de No-retornable. También mantiene un blog, su dirección: http://pliegues.wordpress.com