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Memoria e historiografía sobre Malvinas

Mesa redonda con Horacio Banega, Nicolás Lavagnino, María Laura Guembe y Verónica Tozzi; coordinada por María Rosa Lojo.



María Rosa Lojo (MRL): Los que están en esta mesa han participado de la revista No Retornable en un dossier temático sobre Malvinas. Estábamos hablando off the record acerca de lo que hace cada uno. Hay tres personas aquí que se dedican a la filosofía de la historia, que incluso han publicado un libro juntos que se llama Pensar la democracia, imaginar la transición. Nicolás Lavagnino es historiador, doctorando en Filosofía de la UBA. Verónica Tozzi es doctora en Filosofía por la UBA, investigadora del CONICET, profesora adjunta de “Filosofía de la historia” y de “Epistemología de Ciencias Sociales”. Horacio Banega es filósofo también, se dedica además a la sociología, es actor y dramaturgo. María Laura Guembe ha aportado un trabajo muy interesante sobre análisis fotográfico, ella es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y tiene un doctorado en Ciencias Sociales. Los aquí presentes me han aclarado que ninguno de ellos se considera un malvinólogo, sino que utilizan el problema Malvinas como un disparador para pensar la filosofía de la historia.
Dentro de los trabajos de los filósofos, tenemos el de Lavagnino que se ocupa del problema de narrar desde la historiografía y desde el pensamiento este relato de la guerra. Trabaja la oposición entre la ironía y la voluntad romántica. Un relato, y cita a Vicente Palermo, basado en una fábula de caída, regeneración y reparación que queda inconclusa con la derrota. Toma categorías propias de la teoría de la literatura, cosa que ha sido reivindicada por los pensadores de la historia, como Heiden White. Toma categorías de Norton Fry, justamente para definir la ironía, el romance. Lo que se plantea, que me parece especialmente interesante, es cómo salir de una aparente aporía. Por un lado, tenemos un relato que nos paraliza en el relato de corte nacionalista romántico, a modo de la elegía de lo perdido. Por otro lado, tenemos operando desde una ironía disolvente, un relato que nos llama a una resignación realista y antiética. Ninguno de los dos parece ponernos ante una salida propositiva que permita operar sobre la realidad. Este es el gran interrogante que queda pendiente en el ensayo.
Banega también hace un trabajo de tipo filosófico que se pregunta sobre las posibilidades de intervención de un referente que se salga de los discursos coagulados. Su gran apoyatura es la literatura. Me gustaría que en esta mesa nos preguntemos hasta qué punto los ensayistas confían en un conocimiento filosófico efectivo sobre el hecho Malvinas y hasta que punto no ven esa posibilidad mejor encarnada en la ficción. Esa pregunta queda pendiente en el ensayo de Banega que toma como texto clave a Las islas y señala lo que el mismo Gamerro dijo en la mesa anterior: una filiación extraña e inusual.
Laura Guembe se ocupa de las fotos de la guerra. Se ocupa en principio del fenómeno de la escasez de fotos y la elisión de aquellas fotos posibles que pudieron haber indicado conflicto, dejadez. Analiza lo que la prensa quiso mostrarnos. Yo le pregunté antes de entrar si pudo ver la prensa inglesa y me dijo que lamentablemente no. Ese sería un interesante trabajo para hacer. Los recortes siempre existen. El archivo fotográfico de Guembe no solamente se ocupa de la prensa sino de fotos de grupos de soldados y de familiares. También se ocupa de los museos. ¿Qué contienen los museos militares? Señala que son de carácter técnico. Los museos ingleses, en cambio, tienen una postura imperialista: no tanto el regusto del dolor ajeno sino la victoria propia.
Verónica Tozzi hace un trabajo sobre la historia y la memoria. Hay varias cosas importantes de este ensayo que a mí me sirvieron como disparadores. Uno de ellos es el tema de la obscenidad de la comprensión, es decir, hasta qué punto la historiografía con su pretensión de objetividad, que deja afuera la condena moral, produce o no conocimientos. Otro tema importante del ensayo es la cuestión del testimonio que aparece como un eje privilegiado del conocimiento de la guerra, sacralizado como trascripción pura de los hechos ¿Qué valor epistémico tiene realmente este testimonio? ¿Quién interpretamos que tiene derecho a dar testimonio? Por otro lado, la categoría de víctima es tan englobadora que no permite percibir las diferencias entre ellas mismas. Se trata de seres con diversos y múltiples conflictos. Otra cosa que se cuestiona en este relato es el carácter de víctima no interpretante. Nos podemos preguntar, por supuesto, si es posible que exista un testimonio no contaminado por la interpretación, yo lo dudo seriamente. En todo caso, ¿sería más valioso? Otra conclusión que se plantea también, como lo hace Lavagnino, es ¿qué hacer con este material?
En varios de estos trabajos se problematiza el poder interpretativo de los sujetos como agentes de la historia. Mientras los leía, recordaba un tópico que se nos presenta tanto a los literatos como a los historiadores: las masas como agentes. En la vieja concepción liberal se solía hablar de las masas ciegas o manipuladas. Esto tiene que ver, si bien no está planteado en de esta manera, con lo que estos trabajos dicen. La imagen del guerrero también es otro de los temas, que tiene que ver con algo que Elsa Drucaroff desarrolló refiriéndose a la guerrilla que fue objeto de la represión. Es decir, la “angelización” de los guerrilleros, presentados como víctimas inocentes asesinados por casualidad, sin haber tenido ideologías por las que luchaban. Estos guerreros aparecen en el relato dominante sólo como víctimas. Esto se ve muy bien en el trabajo sobre las fotos. Los ingleses muestran a los soldados argentinos hambreados, como por ejemplo, esa de un soldado con la bombilla de mate y lo presentan como un pobre soldado argentino sorbiendo líquido de un coco.
Creo que hay aquí un núcleo muy pregnante de cuestiones para plantear que estos trabajos han abierto de uno u otro modo. La pregunta general que les haría es: ¿Cómo se proponen ustedes, filósofos de la historia, recuperar esta condición?

Nicolás Lavagnino (NL): Antes de responder, primero quería agradecerles a la gente de la revista No Retornable por la invitación, que para nosotros es un espacio muy valioso de participación.
La filosofía de la historia lo que sufre es siempre una condición fronteriza que ha mutado desde una suerte de contemplación del trayecto histórico, tuvo una etapa muy epistemológica, hasta llegar a la actualidad a trabajar con cómo lidiar con las palabras que refieren al pasado en común. Ese es uno de los elementos que permite el tránsito a la teoría literaria ya que estamos lidiando con el lenguaje y los discursos. El lenguaje es un modo de interacción continuo que no se desenvuelve apartado del resto del entramado social, y enfrenta problemas similares en aquellos espacios imaginativos como en los que intentan reconstruir un pasado. Probablemente acá me estoy arrogando una representatividad que no sé si tengo, pero lo que nos ha pasado en general es que fuimos derivando casi naturalmente al análisis de textos literarios. Sobre todo porque, en el caso de los desaparecidos o de las excombatientes, los discursos públicos han escalado rápidamente hacia un sistema de posiciones fijas. La problemática está atravesada por esquemas de compromiso relativamente inalterables. Esta situación de cristalización ocurre principalmente en la esfera pública, ya que el espacio de la literatura propende a tener una mayor consciencia de ello ya que trabaja utilizando esos arquetipos, modificándolos, exagerándolos. Se mueve mucho más rápido entre esas tradiciones.

MRL: En Horacio eso es un elemento central: la literatura como la ruptura posible entre los diferentes discursos. Es interesante este planteo de colaboración entre el ámbito de la filosofía y la literatura.

NL: Tiene que ver con un elemento que es crucial en distintos trabajos, como los de la antropóloga Rosana Guber que trabajaba sobre la subjetividad de los ex combatientes o el de Federico Lorenz y Vicente Palermo, en los que se remarca estas posiciones interrelativas que se congelan. En el ritmo social siempre hay una circulación de las palabras y los relatos. Sin embargo, estas posiciones parecieran demandar que se suspenda la configuración y la emisión discursiva. A los cientistas sociales, es lo primero que nos viene a la mente: ¿en qué parte me meto yo para pensar este panorama? Por el contrario, más allá que la literatura tenga sus propias convenciones que respetar o quebrar, está mucho más libre de eso. Es, además, mucho más conciente de que las palabras siempre son necesarias para la interacción. Participan menos de esa esperanza inútil de que las palabras se detengan y que no haya más.

MRL: ¿El resto?

Verónica Tozzi (VT): Cuando presentaste mi trabajo afirmaste tres cosas que no sé si eran preguntas.

MRL: Eran interrogaciones que me parecieron puntos muy interesantes del trabajo.

VT: Bueno, yo también antes de hablar quería agradecer muchísimo a No Retornable por permitirnos este espacio y, en particular, quería aclarar que Horacio, Nicolás y yo pertenecemos a uno de los grupos de filosofía de la historia de la FFYL de la UBA
Lo que a mí me interesó al escribir este trabajo tiene que ver con la relación que la historiografía tiene o puede tener con los testimonios en el caso de la historia reciente. Con respecto a la noción de obscenidad de la comprensión, quiero aclarar que no es una expresión mía sino del director de cine francés Claude Van Damme, que se refiere a la cuestión específica del holocausto. Él hace una crítica a que todo interés en comprender lo que pasó es obsceno porque exculpa y da sentido a algo que no lo tiene. Yo estoy en contra de esa consideración a nivel general, y sobre todo en el intento de extenderla al caso de Argentina. Creo que comprender no es exculpar a los militares.
En el caso de los argentinos me interesaba ver si en diálogo de los sobrevivientes, tanto del terrorismo de estado como de la guerra, no podía estar operando esta idea de obscenidad de la comprensión. Es decir, de que hay algo en el testimonio que no debe distorsionarse esos discursos bajo ningún tipo de comprensión historiográfica. De alguna manera, esos testimonios tienen un privilegio epistémico basado en la propia experiencia.

MRL: Lo más interesante es cuando percibís que ni siquiera los mismos que vivieron la experiencia pudieran tener una interpretación. Tiene que ser una experiencia en estado puro, cosa que no es posible. Cualquier cosa que nos suceda la vamos a interpretar y, a lo largo de la vida, los mismos hechos son reinterpretados centenares de veces.

VT: Claro, pero la práctica testimonial está muy anclada en su tradición legal o jurídica y, en cierta manera, funciona esta idea de que el testigo transmite una experiencia abstente de su opinión.

MRL: Un tema que se enlaza mucho con esto es el tema del recorte: ¿Qué se recorta en las descripciones de la guerra? ¿Por qué? ¿Quién lo hace?

María Laura Guembe (MLG): Incluso desde la fotografía, lo que se recortan son relatos, los relatos previos a esas selecciones de fotografías. Hasta hace diez años atrás o menos que se prolongó el recorte efectuado después de la guerra.

Público: O hasta ahora...

MLG: No diría que hasta ahora sino hasta el vigésimo aniversario, más o menos, donde empezó a tener más relevancia el testimonio del ex combatiente. Ese blanco es muy importante, porque es lo que marca cómo reaparece todo eso, casi con furia producto de la sensación de injusticia. Eso en la fotografía se ve claramente. Cuando con Federico empezamos a investigar para el libro, lo que nos sorprendió fue que existieron tantas fotografías. No es que no había habido un reporte, sino que no hubo intención de publicarlo. Hay una enorme cantidad de cosas que no se publicaron nunca. Otra forma de recorte muy fuerte se da cuando se publica una fotografía y no se publica nada en torno a ella. Todavía los aniversarios de abril muestran fotos que lentamente van incorporando algunas cosas, pero que dejan afuera relatos. Acá si acompañaría con esa foto inglesa cuyo epígrafe dice “Un argentino miserable bebiendo de un coco”. Ese es el comentario exacto que uno puede leer en los libros ingleses sobre argentinos: que eran miserables, que eran jóvenes, que estaban muertos de hambre y de frío.

MRL: Lo que observo en los ensayos de todos ustedes es esta percepción de lo que falta, y la búsqueda de una totalidad que había que reponer desde una mirada comprensiva. Algo que se discute en todos es la cuestión de la diferencia de las identidades y de las voces disonantes que hay en ese panorama aparentemente homogéneo de las victimas supuestas como iguales.

VT: Una de las cosas que trabajo en el artículo tiene que ver con qué tipo de relatos se pueden contar acerca de la experiencia de Malvinas, ligado a esta cuestión de cómo nombrar a estos conscriptos que estuvieron en la guerra. En forma paralela, tampoco la cuestión de encontrar un nombre común solucionaría el problema de la identidad de aquellos que estuvieron en Malvinas. Como señaló María Rosa, el que sean todos reconocidos como veteranos o ex combatientes, no deja de soslayar las diferencias de clase o de experiencias. El punto que más me interesaba es la cuestión de qué es lo que se esconde en reconocerlos como chicos o aceptar que fueron combatientes. Algo que me llama la atención en la circulación de los relatos testimoniales es que hay un escamoteo de aquellos tipos de escenificaciones que nos hagan concebir a los conscriptos como combatientes. Me parece algo fundamental reconocer que relatar una experiencia de guerra son el medio privilegiado para alcanzar la elaboración de una situación traumática. Hay que crear condiciones para que se puedan dar esos relatos. No obstante, de alguna manera la sociedad argentina.
Todos aquellos que no estuvimos de acuerdo con la guerra en el 82, o que decimos que no estuvimos de acuerdo, hacemos una especie de censura con respecto al tipo de relato que los veteranos nos podrían contar respecto de la guerra. Hay tres ejemplos claros. El primero, que me llegó ayer extrañamente por mail, es de una fundación Marambio, que tenía un relato de un suboficial de la fuerza aérea que cuenta un día de la guerra de Malvinas y como frase memorable dice que “Todos aquellos principios que a mí me habían transmitido –dios, patria, hogar- se encarnan en ese día de guerra y adquieren todo su sentido”. Es el típico relato de legitimidad de la iniciativa de ocupación de Malvinas. Este tipo de relato tiene como efecto fundamental, obturar la posibilidad de construir otro tipo de relatos acerca de la experiencia de Malvinas: provoca un rechazo total de la sociedad porque aparecen acompañados muchas veces de la legitimación de la guerra como guerra justa.
El ejemplo más claro de la reacción que circula en la sociedad es la negación de la experiencia de guerra que aparece en la película Iluminados por el fuego. Hay una escena donde cuatro soldados preparan una emboscada, pero inesperadamente en la escena siguiente vemos cómo lo que atrapan es una oveja. El relato que se nos promete de combate es censurado por la idea de chicos muertos de hambre. Esta es una respuesta al relato suboficial de aeronáutica.
Hay otro tipo de relato, no tan popular, como el que aparece en Partes de Guerra de Graciela Speranza, quien escribe también en No Retornable. Su libro no tiene un narrador omnisciente, no hay un historiador sino que es una serie de testimonios de aquellos que estuvieron en la batalla de Pradera de Ganzo y Darwin. Son capítulos de escenas del combate con testimonios de aquellos que cuentan su experiencia desde visiones totalmente diferentes. El libro no genera una posición acerca de la guerra sino que muestra diversas percepciones.
¿Cuál es la razón de la dificultad de dejar que los ex soldados puedan contar relatos sin que eso signifique una legitimación de la guerra? ¿Por qué se relaciona su relato con una reivindicaron de la guerra como guerra justa? Esto tiene que ver con cómo la sociedad se ve respecto a la guerra y a su identidad personal.

MLG: Yo quería hacer una aclaración respecto del concepto de veterano o el concepto de víctima en general, que está muy marcado por las políticas reparadoras. ¿Quién reconoce a quién? Ahí hay dos sujetos, el primero tiene un rol activo en el conocimiento, y generalmente es el Estado. Más allá de los discursos oficiales, también operan estas políticas reparadoras, que en este país tienen una particularidad de ir extendiéndose cada vez más. Las políticas reparadoras de Malvinas comenzaron diferenciando militares de civiles conscriptos y, con los avatares de estos meses, Scioli quiso extender la reparación a todos los que habían estado en las islas. Ahí los excombatientes hicieron escándalos, con razón, porque hubo muchos conscriptos que nunca arribaron las islas. Por otro lado, había muchos militares que fueron pero que tenían una carrera militar, se entrenaron para eso y cobraron por eso ¿Por qué habría que indemnizarlos? Los civiles que estuvieron en la guerra muchas veces se refieren a sí mismos como ex-conscriptos para no quedar asociados al cuerpo militar, pero por otro lado necesitan contar su experiencia de guerra.
La mayoría de los ex-conscriptos que conozco que fueron a Malvinas, estaban convencidos de ir. Para ellos era una guerra justa.

MRL: Ese es un tema del que no se puede hablar, justamente. Los que tenemos la edad suficiente para haber visto la etapa de Malvinas y lo que pasó en la plaza, nos podemos plantear qué gran culpa social es la que queremos lavar.

MLG: Es muy complicado pensar que quienes son víctimas no querían la guerra. Uno termina pensando eso, que las víctimas fueron las que padecieron esa decisión (sin restarle padecimiento a la guerra).

MRL: En ese sentido creo que las novelas, como se analizó en la mesa anterior, muestran otra clase de “víctimas”. Muestran a combatientes con ese costado políticamente incorrecto que no queremos ver, como pasó con los guerrilleros.

Público: Tanto en la novela de Basualdo como en la de Gamerro, el ex-combatiente no es una persona particularmente simpática. Sin embargo, hay una emoción que despiertan estos personajes.

MRL: En Basualdo, el personaje construye toda su idea masculina alrededor del hecho de haber supuestamente sido un héroe de Malvinas. Eso es lo que lo sostiene sobre el mundo.

NL: El problema de los excombatientes tiene que ver con que navegan a mitad de agua entre dos reclamos opuestos, que son los que articulan las dos narrativas maestras del pasado reciente argentina. Hay una idea del ser nacional y un designo trágico del héroe traicionado. Esto puede verse en anécdotas puntuales que intentan resaltar el heroísmo de tal o cual soldado. La traición en esos casos se muestra casi sistémica: un torpedo que no estalla, un avión que no arranca, un refuerzo que no llega. Apuntan a construir un héroe situado que en su caída tematiza valores en decadencia, que son intereses de un grupo social que está perdiendo influencia. Se postula además una identidad basada en una serie de configuraciones idealizadas, que se intenta proyectar esos valores a la esfera pública. Acá los testimonios no importan porque la experiencia específica de los ex-combatientes no suele prestarse en absoluto a esta idealización.
Otra línea interpretativa tiene que ver con construir la guerra como una suerte de anti-clímax previo al retorno de la democracia. Malvinas es claramente una farsa que no ha tenido sentido (acá coincide con la mirada técnica externa que interpreta el conflicto bélico como un disparate), que no podría nunca funcionar, como mencionaba antes Carlos Gamerro. Acá el conflicto toma una línea opuesta a la anterior ya que es anti romántica, basado en relatos realistas desmitificadores. El problema de esa sátira democrática es que tiende a remarcar los aspectos impersonales, la reproducción del orden social y el des-subjetivamiento. Es decir, esta versión muestra el pasado como una pasión inútil que todavía sigue atrapando a algunos que lo transitaron.
Las dos maneras son extremadamente opuestas, y el relato de los ex-combatientes no puede satisfacer ninguna de estos dos tipos de relatos. Desde la mirada trágico-romántica hay un fuerte alegato en pos de fundirse en un relato de la sociedad del presente. Esta mirada confronta con la mirada distanciada que propone un extrañamiento total, expulsando la posible identificación con ese pasado y, aunque nominalmente se le de lugar a la palabra, es una palabra que está desmotivada y carece de una potencia productiva. Entre esas dos columnas queda poco espacio conceptual para considerar de otra manera el status del relato del ex-combatiente. Esto tiene que ver con que formamos parte de una sociedad que no sabe cómo sobrevive en el tiempo.

MRL: Es una sociedad de sobrevivientes a los sucesivos desastres...
Bueno, yo resumiría un poco los puntos centrales que hemos tratado en esta mesa. Lo que yo veo que son propósitos de los investigadores que están aquí son sus preocupaciones. La reposición de una totalidad, por un lado, que tenga en cuenta aquello que se escondió y la reposición de los agentes como agentes. No sólo atañe a los sujetos históricos de la guerra de Malvinas, sino a los que somos sujetos hoy. ¿Cómo pensamos esta guerra? ¿Qué hacemos con lo que pensamos de esta guerra? ¿Cómo construimos un relato que nos movilice como sociedad?
El otro gran agujero negro es la guerra en sí, que es lo que menos parecieran trabajar los relatos. Hay cosas que parecen no poderse admitir desde el progresismo porque son políticamente incorrectas, muchas de ellas fueron discutidas aquí. La cuestión de la “guerra justa” es algo que nos queda por dilucidar todavía. No hablemos sólo de un nacionalismo rancio sino de posiciones como las de FORJA, que fueron en su momento muy movilizadoras para toda la sociedad. Esto es lo que sigue saliendo a flote cuando se piensa qué simbolizó esta guerra.
Mi sensación como lectora y coordinadora de esta mesa, es que me he enriquecido mucho con las lecturas. Me han llevado a pensar, sobre todo en la gran vinculación que hay entre lo que se propone desde la literatura y desde el pensamiento: la reposición de la totalidad, el señalamiento de las diferencias, la ruptura de los esquemas anquilosados, la verdad de la multiperspectiva. En definitiva, son caminos que buscan, en ese sentido, aproximadamente lo mismo.
En estos minutos antes del cierre, abrimos el espacio para las preguntas del público.

Público: Yo le quería preguntar a Horacio, que no tuvo mucho lugar a participar, que en su texto “Escribir Malvinas” se retoma esta posibilidad de pensar el problema de Malvinas, no escindiendo literatura y filosofía, sino pensándolos a la vez. Eso lo hace Horacio refiriéndose a Las islas de Gamerro, recuerdo una expresión que hizo Horacio al respecto: “Es un libro que leí levantando la cabeza”. Quería preguntar, en este marco, ¿Qué veías cuando levantabas la cabeza?

Público II: Te obligaron a hablar... (risas)

Horacio Banega: Este tema me produce cada vez más perplejidad y angustia. Este trabajo que vos me estás citando es del año 2006, a partir de ahí fue sometido a discusiones internas dentro del grupo. Bueno, voy a lo que me pasaba cuando levantaba la cabeza, que quiero aclarar que es una frase de Roland Barthes, que era una pregunta: ¿Qué vamos a hacer con esto? ¿Qué vamos a hacer con esto? Creo que todavía no sabemos que hacer con esto. Los escritores tienen esa posibilidad maravillosa de inventar mundos posibles, donde parece que sí saben qué hacer. Por los temas que se han planteado en esta mesa, queda claro que el problema somos nosotros, no son los ingleses ni los ex-combatientes, que no posibilitamos que se habiliten relatos que enfrenten la experiencia de la guerra. Las únicas posibilidades van, como planteaba Nicolás, entre la sátira y la parodia. El trabajo de Graciela Speranza sobre los testimonios es un trabajo de edición documental más que otra cosa. Con el tiempo se van habilitando otro tipo de relatos. Por ejemplo, era impensable que diez años atrás se haga una película como Crónica de una fuga, que mostraba que los que caían era porque los buchoneaba antes. Recién ahora aparecen ciertos dispositivos de enunciación para otros relatos.
Las preguntas serían ¿Qué vamos a hacer dentro del marco legal con los excombatientes para que tengan su reconocimiento a pesar de haber perdido la guerra? ¿Qué vamos a hacer con el culto a los muertos? Como ciudadano a mí lo que me preocupa es el análisis de la sociedad ya que toda experiencia de guerra es anómica. Esas preguntas existen porque no se han resuelto, quizás haga falta que empiecen a responderse para así poder preguntarnos ¿Qué vamos a hacer con la experiencia de la guerra en su totalidad?

MRL: Con respecto a lo que dijiste recordé un libro, Las metáforas del fracaso. Pareciera que nuestra condición de existencia fuera el regodeo en el fracaso.

Público III: Si los ex-combatientes, conscriptos, chicos de la guerra o como demonios nos animemos a llamarlos, no tienen nombre es porque no los podemos articular en una línea de victoria, no porque nos regodeemos en el fracaso. En Malvinas el relato difícilmente es heroico. El epígrafe inglés sobre los chicos muertos de hambre que fueron a perder no dice otra cosa que el stablishment en argentina.

VT: Eso está unido a la falta de cuestionamiento del servicio militar, que operó por mucho tiempo en el país. Si la sociedad argentina nunca lo cuestionó, la única que le queda es después echarle la culpa a los milicos. En la colimba le retiran el documento, no puede votar, no es un ciudadano sino un servidor del ejército.

MLG: ¿Por qué tendría que haber un relato de victoria? ¿Por qué no puede haber en la memoria nacional relatos sobre la derrota?

Público III: Porque el relato de victoria es lo que funciona en una sociedad, cohesionándola.

MLG: Yo creo que hay que aprender a contar la historia con esa derrota en el medio, porque es la única manera de pensar Malvinas en toda su complejidad.

Público III: Yo no estoy diciendo lo contrario a lo que vos decís, no es que estoy de acuerdo o que pienso que hay que decir que ganamos... Digo que lo que no se ha podido construir un relato que incluya semejante derrota y nos haya permitido salir airosos.

NL: A mí me parece muy interesante eso precisamente porque marca el hecho de que las maneras que tenemos de pensar la historia del siglo XX van para el mismo lado: la desintegración del sujeto político. Paralelamente, siempre ha sido demasiado pronto para intentar una reconciliación, porque viene una idea de legitimación. Más allá de que se articule semánticamente como una derrota, ese tipo de relatos permite enfrentarse a los grandes paquetes de discursos.

MRL: Me parece que hay una bipolaridad muy fuerte en Argentina: todavía tiene una nostalgia de ser el gran país que no fue, lo cual reflota cada tanto, cuya contracara oscura es la de sumirnos en un pozo para pensar que somos una basura completa.

HB: Dejando quizás lo de Malvinas de lado, en relación a qué es lo que pasa con la sociedad en lo que respecta al tema de la parcialidad o la totalidad, hay que ver si eso sigue siendo el problema ya que la idea del Estado-Nación es del siglo XIX y ahora estamos en el siglo XXI. Habría que discutir eso para pensar la idea de sociedad normal y de anomia.

Público IV: Quería decir que este tema es evidentemente un tema difícil, por eso convoca tan poco.

HB: Habría que recalcar que es el tema es convocado por un grupo de gente joven, que en el 82 quizás ni siquiera había nacido.

MRL: Bueno, los invito a todos a leer esta revista que tiene mucha densidad. No es una revista literaria frívola sino un emprendimiento de envergadura. Todos los que estamos acá les agradecemos este espacio y el que han armado virtualmente.

Participantes

Horacio Banega nació en Santa Fe el 14 de marzo de 1964. Es Licenciado en Filosofía, Magíster en Sociología, Doctorando en Filosofía. Docente FFyL-UBA y UNQuilmes. Actor, director y dramaturgo. Entre sus obras escritas y estrenadas se encuentran Hijos Naturales, Nombres Civiles (editada en el volumen colectivo Teatro x la Identidad, Eudeba, 2001); la obra comisionada por la Dirección General del Libro, Un ritmo inevitable, en colaboración con Federico Penelas en el 2002, y Ushuaia, estrenada en el 2004.

Maria Laura Guembe es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Se dedica a la investigación sobre archivos de fotografía histórica argentina. Ha publicado diversos trabajos sobre el tema en revistas de locales y extranjeras. Su último trabajo fue el libro de fotografías titulado Cruces. Idas y vueltas de Malvinas, (Edhasa, 2007), producido en coautoría con Federico Lorenz. Creó y coordinó el archivo fotográfico sobre terrorismo de Estado en el marco de la asociación Memoria Abierta. Trabajó en la curación y producción de muestras fotográficas temáticas que itineran actualmente por distintos países. Ha ejercido la docencia en la Universidad de Buenos Aires, en varias escuelas de cine y actualmente trabaja en capacitación docente en el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde dicta cursos sobre fotografía y memoria, y sobre historia reciente.

Nicolás Lavagnino es Profesor en Historia (UBA). Doctorando en Filosofía (UBA). Becario doctoral (UBA). Docente en la cátedra de Filosofía de la Historia del Deptartamento de Filosofía (FFyL-UBA) e Investigador en el Instituto de Filosofía “Alejandro Korn” (FFyL-UBA). Ha publicado artículos en las revistas Cuadernos de Filosofía y Nuevo Topo, en Epistemología e Historia de la Ciencia (FFYH-UNC) y en los volúmenes colectivos Pensar la democracia, imaginar la transición y Conocimiento, normatividad y acción. Áreas de Investigación: filosofía y epistemología de la historia, teoría literaria y análisis del discurso historiográfico.

María Rosa Lojo es escritora e investigadora del CONICET, especialista en Literatura Argentina. Tiene trece libros en ficción y poesía, cuatro en ensayo, y un centenar de publicaciones en medios académicos. Figuran entre sus últimos títulos la novela Finisterre (2005), el libro de cuentos Cuerpos resplandecientes (2007) y el poemario Esperan la mañana verde (publicado en Estados Unidos en edición bilingüe de Brett Sanders, 2007). Obtuvo diversos reconocimientos literarios, entre ellos el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires, el Municipal de Buenos Aires y el Kónex. Dicta en la Universidad del Salvador un Seminario-Taller de Doctorado. Dirige tesis y proyectos de investigación nacionales e internacionales. Su último libro publicado como investigadora es la edición crítica de la novela Lucía Miranda (1860), de Eduarda Mansilla (editorial Iberoamericana/Vervuert, 2007).

Verónica Tozzi es doctora en Filosofia por la UBA. Investigadora independiente CONICET, Profesora Adjunta de Filosofía de la historia en la UBA y de Epistemología de las Ciencias Sociales en el postgrado de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Ha estado a cargo de la edición (traducción y estudio crítico introductorio) de "El texto histórico como artefacto literario" de Hayden White, Paidos 2003. Es coeditora de "El giro pragmático en la filosofía", junto con Cabanchick y Penelas, Gedisa, 2003. Se especializa en la "Nueva filosofía de la historia" y problemas de representación histórica del pasado reciente en la Argentina. Sus artículos más recientes son: “Posguerra, “realismo figural” y nostalgia. La experiencia de Malvinas” Revista Signos Filosóficos, (2008) UAM, México; “Tomándose en serio la historia. Danto, esencialismo histórico e indiscernibles.”, Revista de Filosofía, (2007) UMC España, Vol. 32, número 2, pp. 109-126 y “La historia como promesa incumplida. Hayden White, heurística y realismo figural.”, Diánoia, (2006) UNAM, México, Vol. LI, numero 57, pp. 103-131.

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