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Cierre de la jornada Debatir Malvinas

Palabras finales a cargo del staff de No Retornable: Sol Echevarría, Alejandro Boverio y Marcelo López.



Sol Echevarría: Para cerrar esta jornada sobre Malvinas, quisiera enmarcar el debate dentro de una línea de trabajo que venimos haciendo con la revista No Retornable. Si bien la revista apareció en el 2005, a lo largo de su existencia tuvo muchos cambios significativos, desde el staff hasta el contenido y su formato. Recién desde finales del 2007, hacemos dossiers temáticos. Los primeros de ellos estuvieron dedicados principalmente a cuestiones artísticas, sobre todo literarias: el problema de la traducción, las intervenciones urbanas, la relación del cine con la literatura. En el anteúltimo número del año pasado decidimos hacer un viraje importante hacia otros terrenos cuando nos pareció fundamental asumir la responsabilidad que creemos que implica tener un espacio de difusión, y tratamos un problema que nos movilizaba: el conflicto entre el campo y la ciudad.
Para entender el conflicto tuvimos que investigar sobre las condiciones que permitieron que éste estallara. Eso nos llevó a darnos vuelta para mirar hacia la historia del país, sobre todo nuestra historia reciente. Digo “nuestra”, no de manera inocente. Ninguno de los que conformamos el staff de la revista atravesamos la última dictadura militar, ni la Guerra de Malvinas. Sin embargo, ambos episodios se nos presentan como una herencia ineludible de la cual necesitábamos apropiarnos, mediante su análisis, de la única manera que nos era posible: la simbólica. Como la investigación que emprendimos sobre la dictadura superaba, por emprender un gran lapso de tiempo y una serie extensa de textos, decidimos reducir nuestra mira a un fenómeno que, comprendido dentro de ésta, fuera más acotado, temporalmente hablando: la Guerra de Malvinas.
Como mencionamos en nuestra introducción, cuando comentamos el tema que estábamos investigando, nos preguntaron: ¿por qué Malvinas? En parte, nosotros también nos hacíamos y aún nos hacemos esa pregunta de manera desdoblada ¿por qué tuvo lugar la guerra? y ¿por qué decidimos analizarla ahora? Enfrentándonos a la idea de que comprenderlo todo significa perdonarlo todo, decidimos analizar la guerra porque creemos que, como dije antes, pertenece a nuestra historia. Nuestra generación está atravesada por un silenciamiento brutal y metódico, llevado a cabo por la última dictadura. La corrupción y el engaño atravesaron por completo lo que hoy en día no estaría mal designar también como guerra sucia. Desde el discurso inflado que Galtieri pronunció desde el balcón hasta los titulares de “Estamos ganando” y las colectas que nunca llegaron a destino, son una prueba de esto, a la que podría sumarse el modo de reclutamiento y otras prácticas aún más aberrantes. Así, debatir la guerra de Malvinas significó debatir todas las operaciones que la hicieron posible.
La guerra de Malvinas es en la actualidad la huella de una derrota bélica. Yo nací en el ´83 y cuando empecé la primaria hacía ya varios años que nuestro país había perdido la soberanía de las islas. Yo, mi generación, entramos en esa pelea ya habiéndola perdido, pero no por eso estamos en falta ni somos perdedores. Porque si nacimos cuando la guerra ya había ocurrido tenemos que poder verla desde ahí y, con las posibilidades y limitaciones que eso implica, deberíamos aceptarla, en primera instancia, para tratar después de entenderla. De alguna forma, tenemos que tratar de asumir esa herencia de la derrota, aprender de ella, aprovecharla, dado que no es posible volver atrás el tiempo.
Decidimos debatir Malvinas porque necesitábamos resemantizar nuestra herencia. Personalmente, y creo que comparto la idea con los otros editores de la revista, creo en la fuerza de la palabra. En nuestra historia reciente, en la dictadura militar durante la cual se llevó a cabo la guerra, la palabra, en verdad ciertas palabras y expresiones, fueron muchas veces proscriptas. Se evidenció su poder de lucha, también su peligro e implicaciones sobre la vida. En los cuartos de tortura, se quebraba el cuerpo para alcanzar la palabra. Para llegar, aunque fuera con un hilo de voz, a alcanzar la confesión delatora. En esos periodos se creyó y también se temió el poder de la palabra. No es de extrañar que, en repudio a esa época, muchos escritores sostuvieran la banalidad de la escritura: la palabra vuelta adorno era una forma de borrar todo ese horror de la lengua. Y quizás eso fue necesario entonces, y lo es de vez en cuando, pero algunos de los escritores y teóricos contemporáneos, como los que hoy estuvieron presentes, también vislumbran la necesidad de retomar dicho poder con toda su furia. Es su manera de oponerse a la dictadura del sentido. Recuperan el horror del lenguaje para exorcizar el horror de la historia.
Como dije, creo que en la fuerza de la palabra, así como que los escritores, críticos literarios y otros intelectuales forman parte de la lucha por el sentido. Esta afirmación trae aparejada una responsabilidad. Como lectores, no sólo de novelas sino de ese texto vivo, extenso y sumamente complejo que es nuestra realidad, somos responsables de sus reescrituras. Es momento de repasar toda esa historia heredada que nos marcó y que se nos presenta anacrónica, pero a la vez actual, en los conflictos que atraviesa hoy en día nuestro país. Este es el comienzo o, dicho mediante una expresión conocida, la punta del iceberg de un trabajo de investigación en el que estamos sumergiéndonos de a poco desde No Retornable.
Antes de ceder la palabra, quisiera hacer unos agradecimientos. En primero lugar, a todos los que participaron de algún modo de la revista: aconsejándonos, colaborando con sus textos, dándonos una mano en la convocatoria, en la difusión de cada número y en su lectura. La existencia de No retornable se debe a todos ellos.
En segundo lugar, a los que hicieron posible esta jornada. Quisiera empezar por Elsa Drucaroff, quien aportó desde el génesis en la organización la charla, dándonos una mano, soportando nuestros errores de principiantes, haciendo sugerencias y críticas, también difundiendo. Su ayuda fue tan importante para nosotros que nunca le agradeceremos lo suficiente. También le agradecemos a María Rosa Lojo, coordinadora de la mesa ensayística, quien viene colaborando desde hace varios números de la revista y en seguida se copó con la propuesta de la charla, releyendo cuidadosamente los textos de los participantes de su mesa, a quien ahora paso a agradecer: Carlos Gamerro, Sebastián Basualdo, Patricia Ratto, Horacio Banega, Maria Laura Guembe, Nicolás Lavagnino y Verónica Tozzi. Agradecemos también a los que difundieron el proyecto, reenviando la gacetilla, convocando gente, etc. Agradecemos fundamentalmente a todos ustedes por estar acá.
Personalmente, y para terminar, agradezco a los co-editores de la revista, con quienes, además de ser amigos, formamos este equipo de trabajo e investigación constante que deriva en cada una de nuestras publicaciones. Ahora si, y con esto, cedo la palabra a uno de ellos.

Alejandro Boverio: No quiero aburrirlos, diré unas breves palabras. Somos pocos, es cierto, pero para mí acá pasó algo importante. Me gustaría llenar plazas, algún día lo vamos a hacer, con un poco de paciencia. Después de haber escuchado las mesas que organizamos hoy, estoy tentado a decir que aquí ha pasado algo que no suelo ver todos los días. Hace cinco meses, en esta misma sala, estaba cerrando con otro grupo de colegas de la facultad de filosofía y letras unas jornadas sobre filosofía y política en el pensamiento de Martin Heidegger y tenía la misma sensación. Creo que en esa oportunidad empecé a ver cómo se gestaba una discusión problemática y contemporánea sobre cuestiones que realmente nos afectan. El problema que hoy se trató aquí, lo que podemos llamar la cuestión Malvinas, en sus aristas específicamente culturales, desde un abordaje desde la ficción y desde la filosofía y la historiografía, va en este mismo sentido. Pensar y escribir sobre nuestros problemas, y hacerlo sin dejar de pretender cierto cosmopolitismo. Borges, en “El escritor y la tradición” no decía algo muy diferente. Creo que ése debe ser el impulso intelectual que dirija de ahora en adelante a nuestra joven generación, que creo ya podemos llamar la generación del bicentenario. Desde que encaramos el proyecto de la revista No Retornable queremos encauzar discusiones que aborden la problemática relación entre literatura o filosofía y realidad. Pero, justamente, esta “y” que en muchas oportunidades aparece como un entramado de problemas teóricos y epistemológicos, pareció llevarse adelante en estas mesas, como así también en el último dossier de la revista. Pero hay un “y” que creo que todavía tenemos que canalizar y al que tenemos que darle lugar que es el “y” de la conjunción entre filosofía y literatura. Muchos de los que están hoy aquí presentes han pasado por la carrera de filosofía o por la carrera de letras. Nosotros también. Pues bien, de lo que se trata es de romper la brecha que existe entre literatura y filosofía y creo que es a lo que tenemos que abocarnos de ahora en adelante. Y esto no es necesariamente una crítica a la academia, pero sí al modo específico en el que compartimenta saberes y muchas veces los confina a una autonomía que los deja girando en el vacío. Era Nietzsche quien decía que necesitamos de la historia y de la filosofía pero de otra manera a como la necesita el holgazán mimado en los jardines del saber. Pues bien, creo que lo que hoy hemos hecho aquí, se encamina en este sentido. Mi invitación, que es también la invitación de Sol y de Marcelo, es que tratemos de darle espacio y lugar a este modo de abordar los problemas. La revista es solo un medio más para ello. Pueden tomar estas palabras como una invitación. Gracias.

Marcelo López: Como se ha venido diciendo, quiero agradecerles también a todos los demás participantes de éste dossier, ya que de no ser por ellos y su ayuda nada de esto hubiera sido posible de hacer. Ellos son y paso a nombrarlos: Rodolfo Cifarelli, Paola Ferrari, Valeria Iglesias, Juan Guinot, Daniel Guebel, Edgardo Russo, Pablo De Santis, Carlos Gardini, Rodrigo Fresán, Federico Lorenz, Fogwill y Patricio Pron en la parte de ficción. Mateo Niro, Alejandro Soifer, Pablo Debussy, Graciela Speranza y Fernando Cittadini, Gabriel Sagastume y Alejandro Droznes, en la parte ensayística. Martín Kohan y León Rozitchner en las entrevistas. Y también los retratos de Juan Travnik.
Tal como se puede advertir, nuestra intención es ver el presente y revisar, a su vez, el pasado reciente, sin dejar de lado la curiosidad de saber hacia dónde estamos yendo, hacia dónde nos “dejamos ir”. Es el propio espíritu de quienes hacemos a diario la revista, el que puede verse en la búsqueda que realizamos en cada nuevo número. Los temas que analizamos en los dossiers, siempre variables, surgen, no de una necesidad informativa del momento –para eso ya están los diarios y los hay muy buenos-, sino de tratar de comprender el movimiento, fragmentario, difuso, en el que nos movemos a cada instante: la realidad. En ese sentido, veo una ligazón bastante directa respecto a lo que dice Alejandro Boverio acerca de la relación entre literatura y filosofía: ambas nos sirven a modo de herramientas para seguir interrogándonos, porque no somos dueños de una verdad, solamente tratamos de acercarnos y no tener miedo de esas preguntas que van surgiendo en la medida que vivimos. Quiero decir: los dossiers no son temas hiteros que intentamos aprovechar para captar la atención de nadie, se trata de temas que nos interpelan a nosotros de alguna manera más o menos concreta.
Cuando tuvimos esa vuelta de tuerca un poco más política que mencionaba recién Sol, hubo un detonante que me tuvo, lamentablemente, como protagonista. Vivo en el Gran Buenos Aires, en un barrio, La Tablada, que estará siempre ligado por la prensa a un acto de barbarie, como lo fue el copamiento del Regimiento Mecanizado Nº 3 en Enero del ’89. No voy a hablar aquí, ahora, de las cosas que viví en ese momento, pero puedo decir que me marcaron. El 27 de Marzo del año pasado, cuando se estaba gestando la parte más pesada del conflicto campo/gobierno, hubo un intento de saqueo en un gran supermercado de la zona, a un par de cuadras de mi casa. Ver los patrulleros y los carros de asalto andando a toda velocidad por las calles, despertarme y tener un helicóptero sobrevolando la zona, me hicieron recordar un montón de momentos, no solo el copamiento del ‘89, sino el estallido de Diciembre del 2001, en donde también hubo saqueos. En los diarios y en la televisión casi no hubo informes que reflejaran la gravedad de este hecho. Ese silencio por parte de los medios me llevó a creer, paranoicamente, que todo estaba a punto de derrumbarse y que nadie lograba darse cuenta. Eso hizo que me interrogue a mí mismo y querer saber más sobre lo que estaba pasando con el país en ese momento. Así surgió la idea de analizar la situación desde varios puntos de vista: convocamos ensayistas, hicimos debates, nos informamos más sobre la realidad que nos atravesaba.
Debatir Malvinas tiene, en su génesis, también un rasgo subjetivo ¿Cómo se hace para construir una gran mentira por parte de un gobierno de facto, ayudándose de los medios masivos de comunicación? ¿Cómo se hace para no ser víctimas y caer de nuevo en ésas mismas trampas? Creemos que el debate continuo, la pregunta a toda hora por lo que está pasando es algo absolutamente necesario. Nuestra revista tiene como objetivo dar cuenta de ese movimiento constante que es la contemporaneidad: no una respuesta, sino más preguntas acerca de ese movimiento que es infinito.
Mucha de la mejor literatura de nuestro país en los últimos veinte años, y no creo que esto sea un hecho casual, tiene por tema la ficcionalización de la guerra y la posguerra, sus horrores. Particularmente, creo que esas ficciones son, en su mayoría, interesantes, pero no por portar en sí mismas una respuesta, sino por llevar adelante buenas preguntas que son el reflejo de una interrogación ardua por parte del escritor. Como objetos artísticos que son –y no como documentos históricos- esas obras dan cuenta de una parte, en su carácter ficticio, que complementa esa realidad que vive escapándosenos a cada instante.
Es nuestra idea que esas obras, como también los ensayos que promueven el razonamiento sobre dichos conflictos, sirvan para analizar nuestra propia historia. Que ese análisis sirva para problematizar y haga posible una mejor perspectiva de nuestro propio futuro, dependerá de cada uno de nosotros. Espero que les haya interesado el debate y muchas gracias a todos por haber venido hasta acá.

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