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La imagen lo es todo
Introducción

El pensamiento de la sociedad actual no puede dejar afuera de su interrogación uno de sus índices más manifiestos: la imagen. Desde que la mercancía ha devenido, con el marketing, en imagen, ella ha tomado una fuerza inigualable. En todas las esferas de la sociedad la imagen parece incidir de un modo preciso, desestimando cualquier tipo de especificidad, o acaso rompiendo los límites de las diferentes esferas de lo social y, con ello, su relativa autonomía.

La cultura de la imagen se impone con la fuerza del desarrollo tecnológico y desplaza en ese movimiento el espesor de la palabra, con lo que ello conlleva: la percepción y reproducción de estas imágenes, con un trasfondo imaginario marcado u oculto, implican nuevos modos de comprender y accionar sobre el mundo. La imagen en la política es sólo un ejemplo de ello, cuando vemos que se ha convertido en la piedra de toque de la lucha para acceder a espacios de poder, o para conservarlos. Así, la política también entra en el juego del marketing teletecnológico (Gran Cuñado no es más que un índice de ese proceso de enormes dimensiones), al tiempo que la posibilidad de contar historias parece relevada por los álbumes de Facebook y los estados de Twitter.

Si en su carácter específicamente representacional, el mundo moderno es concebido como una imagen, la época actual ha dado un paso más, ha desprendido la imagen de cualquier dimensión referencial y la ha constituido en un absoluto: la imagen pura.

En el marco de la cultura y específicamente del campo literario, la imagen también toma dimensiones hasta hace poco desconocidas. Y es en el mercado en donde parece haber sido llevada a su extremo, la construcción del público literario está dado entonces en gran parte por la construcción de una imagen del escritor, de una imagen editorial: la proliferación de presentaciones, encuentros y lecturas parecen ser un indicador de ello. La imagen también se presenta en la forma de un imaginario narrativo. ¿Cuántas imágenes se nos aparecen hoy en día como un nuevo realismo, bajo el modo del giro autobiográfico o íntimo, pretendiendo relevar la realidad desde la ficción? Es interesante preguntarnos cómo se muestran estas imágenes en la narrativa ya que, si la ficción implica cierta aceptación del pacto de verosimilitud para que el lector pueda “entrar” en el mundo imaginario, ¿esto lleva a la suspensión de los dispositivos de crítica sobre el vínculo entre ese mundo posible con la realidad?

Este dossier se propone, entonces, analizar, desde el ensayo, la dimensión de la imagen en sus aristas políticas, sociales y literarias, sin dejar de lado la posibilidad de contar la imagen, en ese sentido también presentamos una sección especial con relatos.