| Manual de combate |
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| Charles Bukowski |
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Como Ser Un Gran Escritor
tenés que cojerte a muchas mujeres bellas mujeres y escribir unos pocos poemas de amor decentes y no te preocupes por la edad y/o los nuevos talentos. sólo tomá más cerveza más y más cerveza. Andá al hipódromo por lo menos una vez a la semana y ganá si es posible. aprender a ganar es difícil, cualquier boludo puede ser un buen perdedor. y no olvides tu Brahms, tu Bach y tu cerveza. no te exijas. dormí hasta el mediodía. evitá las tarjetas de crédito o pagar cualquier cosa en término. acordáte de que no hay un pedazo de culo en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977). y si tenés capacidad de amar amáte a vos mismo primero pero siempre sé consciente de la posibilidad de la total derrota ya sea por buenas o malas razones. un sabor temprano de la muerte no es necesariamente una mala cosa. quedáte afuera de las iglesias y los bares y los museos y como las araña sé paciente, el tiempo es la cruz de todos. más el exilio la derrota la traición toda esa basura. quedáte con la cerveza la cerveza es continua sangre. una amante continua. agarrá una buena máquina de escribir y mientras los pasos van y vienen más allá de tu ventana dale duro a esa cosa dale duro. hacé de eso una pelea de peso pesado. hacé como el toro en la primer embestida. y recordá a los perros viejos, que pelearon tan bien: Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun. si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas como te está pasando a vos ahora, sin mujeres sin comida sin esperanza... entonces no estás listo tomá más cerveza. hay tiempo. y si no hay está bien igual.
Bien, Así Es La Cosa…
a veces cuando todo parece ir de mal en peor cuando todo conspira y corroe y las horas, días, semanas años parecen desperdiciados- tendido sobre mi cama en la oscuridad mirando hacia el techo concibo lo que muchos considerarán un detestable pensamaiento: aún es agradable ser Bukowski.
Literatura Contemporánea, Uno
Me emborraché una vez y se lo conté a ella. Cómo había vivido en una choza de papel en Atlanta renta semanal de un dólar veinticinco sin luz sin agua sin sanitario sin calefacción sin nada en mis bolsillos ni siquiera un centavo helaba sin amigos mis padres a 3,000 millas de distancia se negaban a enviarme dinero solamente una carta de mi padre de seis páginas recordándome mis fracasos mi rechazo a enfrentar la realidad de mi estupidez de querer ser un escritor todos mis manuscritos me eran devueltos de las revistas pesaba 198 libras y entonces llegué a pesar 133 había un alambre colgando sobre mi cabeza un alambre que alguna vez albergó una bombilla alcancé aquel alambre sin saber si tenía vida o no agité mi mano acercándola más y más y después me detuve vi algunos periódicos en el suelo no tenía papel para escribir y tiempo atrás había empeñado mi máquina de escribir noté que cada página del periódico tenía un ancho y blanco margen en los bordes tenía un trozo de lápiz recogí el periódico y con el pedazo de lápiz comencé a escribir palabras en los bordes sentado en el umbral congelándome a la luz de la luna para poder ver escribí a lápiz en todos los bordes de todos los periódicos en aquella choza. * me emborraché una noche y de nuevo le conté a ella sobre la choza ella dijo “nunca antes había escuchado esa historia.” ella entonces subió a su nuevo Fiat de diez mil dólares que le regalé en su cumpleaños y condujo hasta el supermercado de la esquina para comprar nuestra cena de esa noche
Platónico
Ella deseaba una tarde platónica y le dije, muy bien pero qué hacemos? Ella dijo, me gusta conversar. Así que la llevé al hipódromo y conversamos. Ella llevaba una cinta india en la cabeza y conversó sobre literatura y yo sobre caballos . Ella iba a enseñar poesía cuando regresara al este después de las carreras, ella mencionó que le gustaba este lugar hispano, que la comida era muy buena, y dado que yo había ganado $65 en las apuestas pensé que estaría bien. La decoración era española la comida mexicana y el hombre al piano cantaba canciones norteamericanas en inglés, estridente. Ordenamos bebidas y cena y ella hablaba fuerte y agudo para que pudiera escucharla por encima del cantante y del piano.. Ella gritó: realmente deseo enseñar! deseaba hacer algo parecido desde que mis hijos crecieron! yo grité: ajá! me empezó a dar jaqueca ella gritó: crees que la poesía puede ser enseñada? yo grité: no! ella gritó: creo que yo sí puedo hacerlo! yo grité: quieres otra bebida? regresé a mi asiento con algo de vodka con seven-up Algún día, gritó, voy a aislarme dentro de mí misma! voy a estar sola y realmente voy a escribir algo! Ella continuaba gritando aunque el hombre del piano ya se había retirado. Mientras ella hacía proclamaciones como que giraba, una semi-danza con repetidos movimientos de los brazos. a veces reía frenéticamente y golpeteaba mis piernas y las pellizcaba. Los dioses no me ignorarán! gritaba. Te voy a llevar hasta tu auto, le dije, este vecindario está lleno de violadores. oh, te agradezco, dijo. Después de subirse al auto y encender el motor bajó la ventana y me besó en la mejilla, y se alejó. Bien, como dicen: el sexo no lo es todo. también está el alma. regresé a mi lugar y empezé a buscar la mía.
A La Puta Que Se Llevó Mis Poemas
Algunos dicen que debemos eliminar del poema los remordimientos personales, permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero ¡Por Dios! ¡Doce poemas perdidos y no tengo copias! ¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores! ¡Es intolerable! ¿Tratas de joderme como a los demás? ¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el rincón La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta, pero mis poemas no. No soy Shakespeare pero puede que algún día ya no escriba más, abstractos o de los otros; Siempre habrá dinero, putas y borrachos hasta que caiga la última bomba, pero como dijo Dios, cruzándose de piernas: "veo que he creado muchos poetas pero no tanta poesía."
Los profesionales
Escritores constipados agachándose en sus máquinas en noches calurosas mientras sus esposas hablan por teléfono. mientras la TV suena en el fondo se agachan sobre sus máquinas prenden cigarrillos y desean la fama y bellas jovencitas o al menos algo sobre que escribir. "sí, Barney, él está todavía tipeando. no puedo molestarlo. está escribiendo una serie de novelas cortas para la revista Pinnacle. su personaje central es un tipo que él llama 'Bugblast.' Me quemé mucho con el sol hoy. estaba leyendo una revista en el patio y no me di cuenta de todo el tiempo que estuve allí afuera..." infinitas noches cálidas de verano. las aspas del ventilador golpean y repiquetean contra el armazón metálico. el aire no se mueve. es difícil respirar. allá afuera la gente está esperando milagros milagros incesantes con las palabras. el mundo está lleno de escritores constipados. y lectores ávidos que necesitan montones de nueva mierda. es deprimente.
Llegaron a tiempo Me gusta pensar en escritores como James Joyce Hemingway, Ambrose Bierce, Faulkner, Sherwood Anderson, Jeffers, D. H. Lawrence, A. Huxley, John Fante, Gorki, Turgenev, Dostoievsky, Saroyan, Villon, incluso Sinclair Lewis, y Hamsun, incluso T. S. Elliot y Auden, William Carlos Williams y Stephen Spender y el valiente de Ezra Pound. me enseñaron tantas cosas que mis padres nunca me enseñaron, y también me gusta pensar en Carson McCullers con su Café Triste y Ojo dorado. ella me enseñó muchas cosas que mis padres nunca supieron. me gustaba leer los libros de tapa dura de las bibliotecas en su simple encuadernación de biblioteca azul y verde y marrón y rojo claro me gustaban los viejos bibliotecarios (varones y mujeres) que te miraban seriamente si tosías o te reías muy fuerte, y aún cuando se parecían a mis padres en realidad no había ninguna similitud. ahora ya no leo a estos autores que alguna vez leí con tanto placer, pero es bueno pensar en ellos, y también me gusta mirar las fotografías de Hart Crane y Caresse Crosby en Chantilly, 1929 o las fotos de D. H. Lawrence y Frieda asoleándose en Le Moulin, 1928. Me gusta ver a André Malraux en su traje de aviador con un gatito en el pecho y e gustan las fotos de Artaud en el loquero Picasso en la playa con sus fuertes piernas y su cabeza pelada, y también está D. H. Lawrence ordeñando esa vaca y Aldous en Saltwood Castle, Kent, Agosto de 1963. Me gusta pensar en toda esta gente que me enseñaron tantas cosas que yo nunca había imaginado antes. y me enseñaron bien, muy bien cuando eso era tan necesario me mostraron tantas cosas que nunca creí que fueran posibles. todos esos amigos bien adentro de mi sangre quienes cuando no había ninguna oportunidad me dieron una. Más discusión
Rilke, ella dijo, ¿no adorás a Rilke? no, dije, me aburre, los poetas me aburren, son mierdas, caracoles, pedacitos de polvo en un viento barato. Lorca, dijo, ¿qué te parece Lorca? Lorca era bueno cuando era bueno. sabía como cantar, pero la única razón por la que te gusta es porque fue asesinado. Shelley, entonces, ¿qué te parece Shelley? ¿no se ahogó en un bote de remos? entonces ¿qué te parecen los amantes? me olvidé sus nombres... los dos franceses, uno asesinó al otro... bárbaro, dije, ahora hablame de Oscar Wilde. un gran hombre, dijo ella. él era inteligente, dije, pero vos crees en todas esas cosas por la razón equivocada. Van Gogh, entonces, dijo ella. ahí vamos, dije, ahí vamos de nuevo ¿qué querés decir? quiero decir que lo que los otros pintores de la época decían era verdad: que era un pintor promedio. ¿cómo lo sabés? lo sé porque pagué $10 para entrar y ver algunas de sus pinturas. vi que era interesante, honorable, pero no grandioso. ¿cómo podés decir, preguntó, todas estas cosas acerca de toda esta gente? querrás decir, ¿por qué no estoy de acuerdo con vos? ¡para ser un hombre que casi se está muriendo de hambre, hablás como si fueras un tremendo sabio! pero, dije, ¿no se murieron de hambre todos tus héroes? pero esto es diferente; no te gusta nada de lo que a mí me gusta. no, dije, simplemente no me gustan de la manera que te gustan. me voy, dijo. podría haberte mentido, dije, como la mayoría lo hace. ¿querés decir que los hombres me mienten? sí, para llegar a lo que crees que es sagrado. ¿querés decir que no es sagrado? no lo sé, pero no te voy a mentir para que funcione. andá a cagar entonces, dijo. buenas noches, dije. ella dio un bruto portazo. me levanté y prendí la radio. había un pianista tocando la misma pieza de Grieg. nada cambió. nada cambia nunca. nada.
Manual de combate Dijeron que Céline era un nazi dijeron que Pound era un fascista dijeron que Hamsun era un nazi y un fascista. pusieron a Dostoievsky frente a un pelotón de fusilamiento y mataron a Lorca le dieron electroshocks a Hemingway (y vos sabés que se pegó un tiro) y echaron a Villon de la ciudad (París) y Mayakovsky desilusionado con el régimen y luego de una pelea de enamorados, bueno, también se pegó un tiro. Chatterton se tomó veneno de ratas y funcionó. y algunos dicen que Malcom Lowry se murió ahogado en su propio vómito borracho. Crane se tiró a las hélices del barco o a los tiburones. El sol de Harry Crosby era negro. Berryman prefirió el puente. Plath no encendió el horno. Séneca se cortó las muñecas en la bañera (es la mejor manera: en agua tibia) Thomas y Behan se emborracharon hasta morir y hay muchos más. ¿y vos querés ser un escritor? es esa clase de guerra: la creación mata, muchos se vuelven locos, algunos pierden el rumbo y no lo pueden hacer nunca más. algunos pocos llegan a viejo. algunos pocos hacen plata. algunos se mueren de hambre (como Vallejo). es esa clase de guerra: bajas por todas partes. está bien, adelante hacelo pero cuando te ataquen por el lado que no ves no me vengas con remordimientos. ahora me voy a fumar un cigarrillo en la bañera y luego me voy a ir a dormir.
Esta noche "Tus poemas sobre tus mujeres perdurarán 50 años después de que ellas se hayan ido" me dijo mi editor por teléfono. Querido editor: parece que las chicas ya se han ido. -Sé como te sentís Dame una mujer de verdad que esta noche cruce la recámara hacia mí Y te doy todos los poemas que quieras Los buenos los malos o cualquiera que escriba después de estos. -Sé como te sentís. ¿Sabés cómo me siento? Los Escritores
Harold llamó a la puerta del apartamento. Nelson estaba sentado a la mesa de la cocina comiendo un trozo de tarta de queso y bebiendo una taza de café express. -¿Sí? -preguntó Nelson. Los golpes a la puerta le ponían nervioso. Y cuando se ponía nervioso desarrollaba un tic en la cabeza. Su cabeza empezaba a hacer reverencias. -¿Quién es? -Nelson, soy Harold. -Ah, un momento. Nelson cogió lo que quedaba de la tarta de queso y se lo metió en la boca. Mientras masticaba se le humedecieron los ojos. Pesaba 20 kilos de más. Tragó el último trozo, se precipitó hacia el fregadero, echó agua sobre el plato, se lavó las manos, después se fue hacia la puerta, quitó la cadena, giró el pomo y abrió la puerta. Harold entró. Medía 1 metro 52 cm y era delgado. Tenía 68 años. Nelson tenía unos 30 años menos. Ambos eran escritores pero sólo escribían poesía. Sus libros se vendían muy de vez en cuando y era un secreto bien guardado cómo podían sobrevivir. Ambos contaban con canales de ingresos furtivos provenientes de algún sitio. Pero ninguno hablaba de ello. -¿Quieres un café express? -preguntó Nelson. -Bueno, sí... Harold se sentó. Nelson le trajo una taza enseguida. Después Nelson se sentó a su lado en el sofá junto a la mesita. La cabeza de Nelson empezó a hacer reverencias y a sacudirse de nuevo. -Bueno, Harold, fui a ver al hijo de puta. Me concedió una entrevista. Harold levantó su taza a medio camino hacia la boca. Se detuvo. -¿Follawski? -preguntó. Así era como ellos llamaban a aquel escritor. -Sí. Harold dio un sorbo, volvió a poner la taza sobre la mesa. -Creía que ya no veía a nadie. -¿Estás de broma? Ve a casi todas las malditas mujeres que le escriben o le llaman. Intenta emborracharlas, les hace promesas, cuenta mentiras, se pone pesado con ellas y, si no ceden, las viola. -¿Y cómo justifica todo eso? -Afirma que necesita algo sobre lo que escribir. -¡Qué jodido viejo verde! Continuaron sentados un rato pensando en aquel jodido viejo verde. Entonces Harold preguntó: -¿Y cómo te permitió que fueras a visitarlo? -Probablemente para dar la matraca. Ya sabes, yo lo conocí justo cuando acababa de dejar la fábrica y había decidido intentar convertirse en escritor. Ni siquiera tenía papel higiénico para limpiarse el culo. Usaba papel de periódico arrugado. -¿Así que le viste, Nelson? ¿Y qué pasó? ¿Estaba borracho? -Claro, Harold, estaba borracho corno una cuba. -Se cree que eso es de machos. Me da asco. -No es tan macho. Tod Winters me contó que una noche le dio una paliza que casi lo mata. -¿De verdad? -De verdad. Eso es algo de lo que no escribirá nunca. -Ni soñarlo. Continuaron sentados sorbiendo sus cafés express. Nelson hurgó en el bolsillo de su camisa y sacó un purito. Se lo llevó a la boca, rasgó el celofán con los dientes. Después le quitó uno de los extremos, se lo metió en la boca, se estiró para coger un cenicero de encima de la mesa. -Oh, no enciendas eso, Nelson, ¡es una costumbre asquerosa! Nelson se quitó el purito de la boca y lo tiró sobre la mesa. -Y es que, Nelson, aparte de la maldita peste que echa, está el cáncer. -Tienes razón. Se quedaron otra vez en silencio durante un momento, pensando más en Follawski que en el cáncer. -Bueno, Nelson, ¡dime qué te dijo! -¿Follawski? -¿Quién va a ser? -Bueno, Harold, ¡se rió de mí! Dijo que yo nunca lo lograría. -¿De veras? -De veras. Imagínatelo sentado con sus tejanos rotos, descalzo, con una camiseta sucia. Vive en esa casa enorme, con 2 coches nuevos en el garaje. Está detrás de una gran cerca. Tiene un sistema de seguridad carísimo. Y vive con esa chica tan guapa que es 25 años menor que él... -No sabe escribir, Nelson. No tiene vocabulario, no tiene estilo. Nada. -Sólo vomitar y follar y putear, Harold, eso es todo... -Y odia a las mujeres, Nelson. -Pega a sus mujeres, Harold. Harold se rió. -¿Dios mío! ¿No has leído nunca ese poema en el que se lamenta de que las mujeres nazcan con intestinos? -Harold, es un tipo condenadamente barriobajero. ¿Cómo logra vender? -Tiene lectores barriobajeros. -Sí, escribe sobre apuestas, borracheras..., una y otra vez. Se quedaron pensando sobre eso un momento. Entonces Harold suspiró. -Y es famoso en toda Europa, y ahora está llegando a Sudamérica. -Un cáncer de imbecilidad, Harold. -Pero aquí no es tan famoso, Nelson. En los Estados Unidos le tenemos calado. -Nuestros críticos saben quién es auténtico. Nelson se levantó y volvió a llenar las tazas, luego se sentó. -Y hay otra cosa, ¡algo desagradable! ¡Bastante! -¿El qué, Nelson? -Se hizo un chequeo general. E1 primero de su vida. Tiene 65 años. -¿Y qué? -Limpio y transparente. Tiene los resultados guardados debajo de una botella de vodka. Los he visto. Se ha bebido suficiente matarratas como para destruir a un ejército. La única vez que no bebió nada fue cuando estuvo en chirona por borracho. Lo único que no dio normal en el chequeo fueron los triglicéridos, tiene 264 menos de los que hay que tener. -¡Al menos le pasa algo! -De todos modos, no es justo. Ha enterrado a casi todos sus amigos borrachos y a alguna de sus amigas borrachas. -Ha tenido suerte no sólo con la escritura, Nelson. -Es como un perro que hubiera logrado cruzar sin mirar una autopista congestionada sin ser atropellado. -¿Y le preguntaste cómo es eso? -Sí. Se rió de mí. Dijo que los dioses están de su parte. Dijo que es su karma. -¿Karma? ¡Si ni siquiera sabe lo que significa esa palabra! -Fanfarronea, Harold. Fui a una lectura de sus poemas y cuando uno de los estudiantes le preguntó qué pensaba que era el existencialismo, le contestó que «pedos de Sartre». -¿Cuándo van a ponerle en evidencia? -¡No veo el momento! Sorbieron sus cafés express. Entonces la cabeza de Nelson empezó a saltar y a hacer reverencias otra vez. -¡Follawski! ¡Es tan feo! ¿Cómo puede una mujer besarlo sin vomitar? -¿Tú crees que realmente ha conocido a todas esas mujeres sobre las que escribe, Nelson? -Bueno, yo he conocido a algunas. Y tienen bastante buen aspecto. No lo entiendo. -Le tienen lástima. Es como un perro con sarna. -Que cruza una autopista congestionada sin mirar. -¿Por qué seguirá teniendo suerte? -Mierda, yo qué sé. Cada vez que sale se mete en un lío. Lo último que he oído es sobre un editor que lo llevó a él y a su novia al Polo Lounge. Se levantó de la mesa para ir al lavabo de caballeros y se perdió. Se dedicó a dar vueltas diciéndole a la gente que eran todos unos impostores. Cuando el maître se acercó para ver qué era aquel escándalo, él le amenazó con una navaja. Ahora no le está permitida la entrada al Polo Lounge. -¿No te enteraste de cuando lo invitaron a la casa de ese profesor y se meó en un tiesto con flores y prendió fuego al gallinero? -No tiene ni un puto gramo de clase. -Nada en absoluto. Otra vez se sumieron en un silencio momentáneo. Entonces Harold suspiró. -No sabe escribir, Nelson. -Y no tiene educación literaria, Harold. -Es un maleducado y un mal leído, Nelson. -Un pichaboba. Un completo pichaboba. Le odio. -¿Por qué lo leen? ¿Por qué compran sus libros? -Es por el estilo simple que tiene. Esa falta de profundidad les da confianza. -¡Aquí nosotros escribiendo algunos de los versos más grandiosos del siglo XX y ese pichaboba de Follawski llevándose los aplausos! -Tiene un espíritu despreciable. -Es un impostor. -¿Cómo puede una mujer besar esa cara tan fea? -¡Tiene los dientes amarillos! Entonces sonó el teléfono. -Disculpa, Harold... Nelson contestó el teléfono. -Dígame... Ah, mamá... ¿Qué? Bueno, no lo sé. No, no creo que sea una buena idea. No, no lo creo. Bien, mamá, vamos a dejar este asunto... Ya sé que tenías la mejor intención. Vale. Oye, mamá, ahora estoy en una reunión. Estamos trabajando en la organización de una lectura de poesía en el Hollywood Bowl. Te llamaré pronto, mamá. Un beso... Nelson colgó de un golpe. -¡ESA PUTA! -¿Qué pasa, Nelson? -¡Está tratando de encontrarme un TRABAJO! ¡ESO ES LA MUERTE! -¡Santo cielo! Pero ¿es que no comprende? -Me temo que no, Harold. -¿Follawski ha tenido madre alguna vez? -¿Estás bromeando? ¿Que una cosa así venga de otro cuerpo? ¿Un cuerpo humano? Imposible. Entonces Nelson se levantó y comenzó a deambular por la habitación. Su cabeza se sacudía más que nunca. -¡DIOS MÍO, ME CANSA TANTO ESPERAR! ¡ES QUE NADIE PERCIBE EL GENIO! -Bueno, Nelson, mi madre, no. Hasta la noche en que murió, no. Pero, al menos, sí tuvo inteligencia suficiente para ahorrar e invertir su dinero. Nelson volvió a sentarse. Se cogió la cabeza con las manos. -Jesús, Jesús... Harold sonrió. -Bueno, a nosotros nos recordarán 100 años después de que él haya muerto... Nelson retiró las manos, miró hacia arriba. La cabeza rompió todos los récords de inclinaciones para arriba y para abajo. -PERO ¿NO TE DAS CUENTA? ¡AHORA LAS COSAS SON DISTINTAS! ¡ES POSIBLE QUE PARA ENTONCES EL MUNDO HAYA VOLADO EN PEDAZOS! ¡N0 SEREMOS APRECIADOS NUNCA! -Sí -dijo Harold-, sí, eso es cierto. ¡Ah, qué maldición! En algún lugar de una ciudad sureña Follawski estaba sentado a su máquina de escribir, borracho, escribiendo sobre dos escritores que había conocido. No era un gran relato, pero era necesario. Escribía un cuento al mes para una revista de sexo que publicaba religiosamente todo cuanto él les enviaba. Sin importar lo malo que fuese. Posiblemente, debido a su fama internacional. A Follawski le gustaba que sus páginas aparecieran entre fotografías de coños despatarrados. Se imaginaba a alguna de las modelos de las fotos hojeando la revista y topándose con uno de sus relatos. -¿Qué mierda es esto? -dirían. Chicas, contestaría él si pudiese, esto es la frase simple, sin confusiones, el diálogo realista. Ésta es la forma en que debe hacerse. Y sólo podréis besar mi fea cara con los dientes amarillos en vuestros sueños. Yo ya estoy comprometido. Follawski sacó la última página de la máquina, la unió con un clip a las otras y luego buscó un sobre de papel manila. Ésa era la parte más pesada del trabajo de ser escritor: meter lo escrito en el sobre, poner la dirección, pegar el sello y enviarlo, después, por correo. Y normalmente le llevaba un par de copas de vino rematar una de las formas más bonitas que se han inventado para pasar la noche. Se sirvió la primera. |
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