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Ácida crítica del escritor César Valdebenito
Claudio Inzunza*

Fue siempre interesante leer las páginas del pasquín literario El Amante de la China del Norte, porque, en medio de lo cotidiano, aquellas páginas resultaban un esfuerzo de originalidad y una pequeña esperanza de que el orden actual de las cosas pudiera ser criticable. La constante inquietud que rondaba la costumbre de aquellas lecturas fue siempre ese personaje que se atrevía, a través de sus artículos, a criticar y caricaturizar a los emblemas literarios de nuestro país, así fuera Neruda o Huidobro, Isabel Allende, Lemebel o Rivera Letelier. ¿Quién era ese personaje tan odioso, con comentarios tan aparentemente seguros, que desnudan las grietas literarias de nuestras más altas figuras de la narrativa y la poesía? No se trataba de, como al principio se pudiera ocurrir, un estudiante de Español o algún cercano a las humanidades, sino por el contrario es un matemático fracasado (profesor de matemáticas ejerciendo de escritor) que ha publicado cuatro libros y que se desenvuelve en la conversación literaria como una verdadera enciclopedia pensante, además de manejar autores y títulos despliega agudos análisis y críticas. Su nombre es César Valdebenito, y durante cinco años dirigió el pasquín El Amante de la China del Norte.
En estos tiempos en que los vaivenes de la vida están tan claramente moldeados y en momentos en que, como nunca antes, se había tenido tan enmarcado el destino de las personas es siempre interesante conocer a personajes que en todo este orden de cosas proceden según sus propias motivaciones y que frente a las existencias funcionales del resto se presentan originales, auténticos, irreverentes, y permiten a través de sus puntos de vista que la uniformidad de visiones no nos convierta en fieles militantes del sometimiento intelectual.
Valdebenito aclara dudas sobre su forma de ver la literatura y a los literatos en la siguiente entrevista.

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la literatura y quiénes te han influenciado?

En el plano estrictamente literario he tenido la oportunidad de beber de muchas fuentes, desde que tengo memoria mi padre tenía una biblioteca a escala mayor, no he contado los libros, pero las paredes las cubren estantes y libreros, los closets están llenos de libros, cuatro mil o cinco mil, no sé. De joven leía mucho a los rusos, me fascinaban: Tolstoi, Dostoievski, Gogol, Lermontov y otros; luego descubrí a Hesse, a Poe, Faulkner. En aquella época tenía 16 o 17 años. Las tardes de ocio eran placenteras, y fue entonces que di un salto a la poesía, lo leía todo, la plata que llegaba a mis manos se me iba en libros, mientras algunos iban a pubs y discotecas yo me encerraba en mi casa a leer, recorría librerías y bibliotecas. En aquella época escuchaba la Polonesa de Chopín y Debussy me gustaba tanto como la mugre del pop, es algo que no puedo explicar. La libertad de la musicalidad y el ritmo en la poesía es crucial. Por supuesto Freud es un placer, lo leo para entretenerme no para aprender, es un tipo que me divierte. En el arte el primero que me hizo disfrutar fue Dalí, cuadros japoneses de Utamaru o de Toyokune son preciosos, Da Vinci. En poesía pase por diferentes periodos, fue impresionante partir con Whitman, Pesoa, Kavafis, Eliot, son poetas que puedo releer fácilmente, con un aire bastante lúdico. Síquicamente Palominos ha sido como la espada de Damócles, Palominos es un tipo que cuando quiere es uno de los mil demonios. Pero mi primera y verdadera influencia fue el Baldor, ese grueso libro de Matemáticas con cientos de ecuaciones para resolver. Me deleitaba. Si buscabas allí siempre podías encontrar algo imposible de creer. Me despertó el asombro. Creo que las cientos de horas que pasé frente a ese libro me formaron de manera decisiva. Allí había desconcierto. Era alucinante. En vez de leer el Quijote yo abría el Baldor.

¿En dónde escribes?

He descubierto que necesito un espacio propio, una madriguera. Pero si tengo las ideas verdadera mente claras podría escribir sentado en una pica, sobre un tarro o en una pieza de motel o haciéndome la paja, pero ello no tiene importancia.

¿Cuál es tu lector ideal?

El lector ideal de mis escritos es un católico renegado y un matemático fracasado, corto de vista, disléxico y auditivamente tendencioso, que ha leído más o menos los libros que yo he leído; también tiene que tener más o menos mi edad. Y sería perfecto si fuera delgadísimo, moreno y feo. Por supuesto es un público con una mente aguda e inteligente.

¿Cómo escribes exactamente?

En realidad no hay ningún secreto, uno simplemente descorcha una botella, espera tres minutos y dos mil o más años de artesanía escocesa hacen el resto y en ocasiones unas décadas de artesanía chilena mediante un vino no muy bueno también hace su trabajo.

¿Eso es verdad?

Uno escribe y eso debería bastar. No soy uno de los que se abre el estomago de un tajo para verse las tripas.

¿Entonces cómo funciona la creación literaria?

Quién sabe, esa es la eterna y vieja pregunta, si lo supiera creo que ya me habría colgado de un árbol. Dicho de otra manera, cuando escribes, es como hacerte el harakiri y luego de eso tratar de salir vivo.

Claro, pero ¿necesitas la inspiración?

Lo único que necesito para escribir es un lápiz y un papel o, si prefieres, una pantalla y un teclado o una máquina de escribir. Todo lo demás se tira por la borda. Lo más que puedes pedir es que la inspiración te encuentre trabajando. Pero todo se arroja por la borda. Hay que ser totalmente despiadado para escribir. Totalmente sensible en el momento de crear y totalmente insensible en el momento de cortar. Un crápula.

¿Todo se bota, la decencia igual?

La decencia, el orgullo, todo. Un poema de Villon o de Li Po vale más que un montón de buenas ancianitas.

¿Cuál es el propósito de la poesía?

No tiene ningún propósito. No sirve de nada. Un tipo en un automóvil rojo último modelo puede conquistar a una mujer, a cientos de mujeres. El poeta ni con una carretilla de poemas podría conquistar una pequeña ovejita.

¿Qué opinas del Premio Cervantes que se le entregó, hace un tiempo, a Gonzalo Rojas y la crítica que éste realizó, en su momento, a los homenajes a Neruda?

Hace mucho tiempo el Premio Cervantes viene pegando palos de ciego. La obra de Rojas no es ninguna maravilla, es cierto que tiene algunos poemas validos, pero no es menos cierto que ha escrito una cantidad industrial de poesía muy pobre, insustancial, que deja mucho que desear, en ella no hay lugar a una fusión entre los iniciales impulsos emocionales y una sensibilidad más profunda. Por otro lado se lo pasaba criticando los homenajes que se le hacían a Neruda, yo creo que en esa crítica hay bastante envidia porque en el fondo esos homenajes estaban opacando el premio del viejo, y esa manera de enfrentar la situación de parte de Rojas me parece patética. Por supuesto creo que fue desmesurado, fetichista y poco serio lo que se armo con Neruda. Imagínate los millones que gastó, en propaganda, el gobierno de Chile y otras entidades supuestamente culturales. ¿Por qué no se ocuparon esos recursos en libros para los estudiantes que no tienen que leer o en publicar obras o en los legítimos creadores? Te lo voy a responder: porque eso no vende, no es rentable, políticamente, monetariamente e institucionalmente. Rojas dice que no le interesan los premios, pero utiliza todas las artimañas a su alcance para obtenerlos y, por supuesto, existe cierta camarilla literaria que lo sigue.

¿Por qué rechazas la postulación de Parra al Nobel?

Con la antipoesía de Parra entramos al incierto paisaje de la poesía escrita en Chile. Es evidente que gran parte de la antipoesía de Nicanor Parra se enmarca en el chiste, el verso cursi y ramplón. De tanto tocar lo manido e intrascendente cae irremisiblemente en el lugar común. Reconozco que existe cierto humor, cierta ironía, pero eso no significa sensibilidad, profundidad, singularidad. También es verdad que el poeta es vitoreado por un importante número de lectores, tengo claro que ha ganado premios suculentos, pero eso no lo hace un gran poeta, ni siquiera un poeta pasable, y lo realmente penoso es que ni siquiera ha sido capaz de acercarse a interpretar el verdadero canto de las musas. Y, él, lo sabe. Hasta un cantinero puede estar dotado de humor e ironía y ser aplaudido por el populacho, lo cual no significa que sus palabras estén dotadas del sumo vital. Los que se subieron a la montaña rusa de Parra están tan mareados que ya no se dan cuenta las banalidades que habla.

¿Qué opinión te merece la narrativa actual del país?

Los narradores actuales son mediocres. He tenido el buen cuidado de no aprender nada de ellos. Es frustrante leer a Marcela Serrano, Lafourcade, Lemebel o Rivera Letelier. A lo sumo son capaces de narrar un hecho pintoresco y engañar a ingenuos lectores. La mente no les da para más. Fuguet maneja los códigos narrativos del marketing. Y debo combatir una sospecha de conspiración contra mi cerebro cuando veo que críticos y novelistas aceptan dócilmente como “gran literatura” las insensibilidades y cópulas de Isabel Allende. La sinfonía infinita de Camilo Marks es un fracaso total, es un “autor” sin estilo, no tiene imaginación, todo es muy inmaduro en cuanto a escritura, en cuanto a humanidad, en cuanto a gusto, cada personaje es realmente falso, y cuenta la vieja historia de siempre, su obra es totalmente aburrida, insignificante, grado cero. Uno debe preguntarse si la editorial leyó el bodrio. ¿Cómo puede equivocarse tanto un editor? Para qué hablar de Gonzalo Contreras, un autor que no quiera ser nada de nada, eso no lo entiendo. Marcelo Lillo es un escritor muy distinto, hay algo ahí. En la escritura de Zambra también ocurre algo, su primer texto esta realmente vivo. Los que se acercan a una narrativa más seria son dos escritores ya fallecidos: Pienso en las obras completas de Juan Emar, y algunos cuentos de Coloane que son espléndidos, calan a fondo en el alma humana, aunque El último grumete de la Baquedano es una novelita insustancial y liviana, con todo gusto la quemaría. Hay narradores norteamericanos, europeos y de otras latitudes que me parecen significativos, por nombrarte a algunos: Auster, Mc Carty, y entre los fallecidos Carver, todos los cuentos formidables de Chejov y ahí ya entramos en el terreno de la verdadera literatura.

¿Cómo ves a los críticos en Chile?

¿De qué críticos me hablas? Camilo Marks es un chapucero, en sus columnas de la Revista de Libros de Artes y Letras en el diario El Mercurio dice una cantidad de barbaridades. Tiene la mentalidad de estudiante de segundo de español. No sabe distinguir a un escritor de una mula. El caballero Marks es una mosca sumida en las heces. Es otro de esos supuestos columnistas impostados con fecha de caducidad. Imagínate que en una columna escribe sobre Gore Vidal y basta con leer las contratapas de los libros de Vidal para escribir lo que el señor Marks publicó. Es imposible tomar con seriedad sus juicios. Le gusta tapar con delgadas cortinas de humo su estupidez e ignorancia literaria. En Chile la gente es feliz si hay alguien que les ensarta el dedo en la boca. Y todo con un nivel intelectual muy pobre y chabacano. No sé como a El Mercurio no le da vergüenza publicarlo.

¿Pero aparte del Camilo Marks?

Contrapongo a él a un crítico genuino como es Ignacio Valente. Un crítico con mayúsculas. Un crítico que lee, su mirada es vital, personalísima y ha puesto los puntos de discusión sobre la mesa. En cuento poeta, Valente no tiene nada que ofrecer.

¿Y tus primeras lecturas de poetas chilenos?

A los doce años leí a Fernando González Urizar un poeta muy malo. Hubo algunos otros.

¿Qué pensás de los poetas mayores, como Rokha o Neruda?

De Rokha nunca ha sido un poeta mayor, su única habilidad era cocinar longanizas, su poesía no tiene rigor ni oficio; Neruda es un payaso político, sus panfletos literarios y poemas parecen sacados de novelitas rosas. Sus Odas, sin ningún destino ni fin son un montón de palabras tiradas al vacío, sólo en Residencia en la Tierra encontramos algunos versos dignos de destacar, dos o tres versos con los que por fin se sumerge en las profundidades de la verdadera poesía, pero nada más. La mayor parte de su Canto General es cursilería política de baja estofa, algo muy difícil de aguantar. Ni siquiera los cuatro o cinco versos excelentes de ese libro son capaces de redimir el resto del bodrio. Poesía al servicio del poder, al servicio de Consulados y Embajadas, lo que quiere decir que esa “poesía” no tiene nada que ver con poesía; en este sentido Gonzalo Rojas es otro espeluznante pajarraco que, con parte sustantiva de su producción, cae en el lugar sin limites de la mala poesía chilena. Su erotismo desgastado, de escasa vitalidad, y unas metáforas seudo-intelectuales conforman un híbrido (Rojas es un tipo que no pincha ni corta). Abusa del barroquismo. Farfulla y parlotea. Es alambicado. La poesía de Rojas está tan podrida como los mediocres poemas de Darío o de Teitelboim; Lihn es una niñita mimada, su literatura de playa apesta; cuando pienso en gran parte de la poesía chilena me huele a una gran letrina... ellos nunca entendieron que las artes son inseparables, son una piedra irreductible, si entendemos esto podemos iniciar un camino electivo en donde todo a uno lo exalta.

(Se da una pausa, toma un sorbo de café y arremete de nuevo)

Zurita es un cadáver literario. Fíjate que un par de meses antes de obtener el codiciado Premio Nacional, el beneficiado escribe un libro de poemas adulando al Presidente Lagos, se titula: Poemas Militantes. Me pregunto: ¿Poesía al servicio de la política y de beneficios propios? Es una marranada. Para mí no existe el canon ni la voz de la tribu, me gusta el caos, la nada, todo de nuevo... de chico me fascinaba Atila el Huno, me gustaba la visión de una lluvia de bombas atómicas.

*Autor
Claudio César Inzunza Villena es director del periódico SiEN, medio de prensa universitaria que circula en las universidades de Concepción y director de Proyectos de Conce.Info TV, primer canal de televisión por Internet de la región del Bío-Bío.
Organizó varias actividades culturales, como la Semana de la Cultura/Política/Sociedad, en conjunto con la Federación de Estudiantes de la Universidad del Bío-Bío, el seminario y encuentro cultural “Chile Quiere Dignidad”, seminario debate sobre la Ley General de Educación, el Seminario “Crisis Energética y Sustentabilidad”; las tres actividades realizadas en la Universidad del Bío-Bío.
Actualmente prepara y gestiona para su transmisión en televisión abierta los programas “Mal Educados” y “Foro Educación”; también el lanzamiento Concurso Audiovisual de Microprogramas de Televisión.