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Todos somos Osvaldo Lamborghini
Matías H. Raia*

Sobre: Dabove, Juan Pablo y Brizuela, Natalia (comps.) (2008): Y todo el resto es literatura: ensayos sobre Osvaldo Lamborghini, Buenos Aires, Interzona.

Tal vez el 2008 esté llamado a ser el año de Osvaldo Lamborghini. Como si algunas editoriales del mercado literario se hubiesen puesto de acuerdo para publicar todas juntas, todas en el mismo año, algunos libros que refieren a la obra (1) y la persona de Osvaldo Lamborghini [OL]: un batacazo editorial que vendría a poner en primer plano a una figura que ya venía recorriendo su camino a la fama (¿o al canon?) desde hace unos años cuando Aira reeditara en Sudamericana las Novelas y cuentos (2003, 2004) los Poemas (2004) y Tadeys (2005). Volviendo a las publicaciones sobre y de Lamborghini que han aparecido en el corriente año, podemos notar sin mucho esfuerzo que así como la obra de OL ha recibido una apreciación en el marco de la bolsa literaria [http://www.noquierosertubeto.com.ar/archives/category/ambito-financiero/], también sus nuevos libros han aparecido con una elevadísima apreciación a nivel costo que va de los 56$ (Y todo el resto es literatura: ensayos sobre Osvaldo Lamborghini de AA. VV. (Interzona)) a los 550$ (Teatro proletario de cámara de Osvaldo Lamborghini (editor Anxo Rabuñal)), pasando por los 220$ (Osvaldo Lamborghini: una biografía de Ricardo Strafacce (Mansalva)). De este modo, también, el 2008 se convierte en un año en el que el aficionado a la literatura argentina, que ya había frecuentado, al menos, textos obvios y centrales de OL como El fiord o “El niño proletario” y que encontraba en ellos una estética interesante para frecuentar, puede alegrarse por la edición de una serie de libros (un conjunto de ensayos, una biografía y un libro escrito por OL) que parecen explorar con profundidad y dedicación la producción de este ex-autor marginal y secreto y, a la vez, lamentarse por la cantidad excesiva de dinero que debe acumular para poder acceder a dichas publicaciones (una nada despreciable suma de 806$).
En fin, este año, más allá de las dificultades económicas, está llamado a ser el año en el que se peguen en las calles los carteles de “Todos somos Osvaldo Lamborghini” y es por eso que, a continuación, propongo un breve recorrido por el primer intento de un acercamiento múltiple a la obra de Osvaldo Lamborghini desde distintas perspectivas en su mayoría afincadas en la crítica literaria: Y todo el resto es literatura de Juan Pablo Dabove y Natalia Brizuela (comps.) de la ¿extinta? editorial Interzona. Para dicho recorrido que mejor que tomar el apellido de nuestro antes demonizado y ahora casi santificado autor y desmenuzarlo para ver si entre sus letras podemos encontrar los núcleos centrales que trabajan los autores del libro. Empecemos:

Con L de Legible, de Límite, de Lacan y de Legitimación. Esta nueva compilación de artículos sobre los textos de Osvaldo Lamborghini se presenta como una suerte de manual de códigos para acceder a la intrincada estética de OL. En este sentido, varios artículos reponen, en el desarrollo de sus hipótesis, el contexto sociocultural de los 60 y los 70 (véanse, por ejemplo, “Lacan con Macedonio” de Julio Premat y “El arte como crueldad” de Susana Rosano) y todos plantean diversos ejes de lectura para intentar volver legible una escritura que no lo es. Entre estos ejes, los otros los iremos señalando en los demás apartados, el del límite, umbral o borde se propone como central para comprender desde dónde Lamborghini escribe lo que escribe. Por ejemplo, un artículo como el de David Oubiña, “De la literatura entendida como un delirium tremens”, que centra su análisis en El fiord como manifiesto poético y político de la estética del miembro de la revista Literal, nos dice que OL pensaba a la literatura como el sistema que puede decirlo todo, que puede atravesar todos los límites. En definitiva, volviendo sobre la idea de Y todo el resto… como una compilación que quiere volver legible a Lamborghini, podría decirse que el movimiento que comenzó allá en 1989 con la publicación, a cargo de César Aira, de Novelas y Cuentos (Ediciones del Serbal) que ponía en circulación los textos del autor maldito, alcanza un momento interesante con la aparición de este nuevo libro porque si aquella edición implicaba la puesta en circulación, ésta plantea la puesta en legitimación de la escritura lamborghiniana que explorada por diferentes profesores, intelectuales y escritores perteneciente al campo intelectual y cultural argentino, comienza a adquirir un aura de clásico (sí, coincido con la introducción de Dabove y Brizuela: “más un clásico del presente editorial y menos un clásico ‘en la soledad’ de nuestras bibliotecas.” (2) (15)).

Con A de Autor. Por su parte, Luis Gusmán en “Sebregondi no retrocede” logra dar cuenta a través de una crítica entre biográfica y literaria de la figura de Osvaldo Lamborghini como autor y en ese plano es que plantea su discusión con el albacea Aira. Así, Gusmán escribe, por ejemplo, que los textos de OL muchas veces postulan una “Pedantería esquizofrénica: una demanda de la época.” (49) y de este modo propone no separar al autor y a su contexto de su escritura porque en sus recursos y sus vicios podemos reencontrarnos con rasgos de la época en la que escribió OL. La reposición de la figura del autor en este y otros artículos (en clara sintonía con la monumental biografía publicada por la editorial Mansalva) es uno de los aciertos de la compilación que se resiste a caer en el lugar común de “la muerte del autor” para dar cuenta, en cierto sentido, del autor como punto de encuentro entre el contexto y la literatura.

Con M de Molesto. En la introducción de Juan Pablo Dabove y Natalia Brizuela, compiladores del volumen, señalan lo molesto que resulta escribir sobre los textos de Lamborghini: “Es que no se puede escribir con comodidad sobre Lamborghini, a menos que se haga trampa y se reemplace la escritura con la proliferación de ciertos tropos devenidos en lugares comunes.” (16) OL se presenta como una piedra en el zapato de la crítica literaria y cultural porque su literatura se muestra opaca y evasiva y porque siempre se corre el riesgo de caer en el lugar común o de girar en redondo sobre los mismos conceptos (transgresión y marginalidad podrían ser tranquilamente dos de esos lugares comunes). La compilación Y todo el resto…, en términos generales, sale victoriosa frente a esta imposibilidad de “hacer presente el sentido de la literatura de Lamborghini” porque, a pesar de la complejidad con la que algunos artículos logran dar cuenta de la escritura intrincada de Lamborghini, acepta la dificultad y no trata de explicar de manera total sino que cada autor tira de su propio hilo para desenredar los textos lamborghinianos.

Con B de Basura. La escritura de Lamborghini trabaja con la basura de su época y de épocas anteriores, es decir, con los desechos de diferentes tradiciones y teorías: la gauchesca, Lacan, el estructuralismo, Macedonio Fernández, la revista Literal, la literatura beatnik, Sade, Beckett (véase “La detención de la escritura: Samuel Beckett en Osvaldo Lamborghini” de Reinaldo Laddaga), el naturalismo, etc. Pero también tal como lo señala Luis Chitarroni en su artículo “De la novela al mito: el sentido de un comienzo” lo que podemos encontrar en los textos de OL son “los restos diurnos de las lecturas infantiles [que] empiezan a percudir el estilo con la insistencia de una cigarrillo horadando una memoria de arpillera”. Así, en la suma de sus lecturas, tal como dan cuenta varios de los artículos del libro, OL desarrolla una escritura que a riesgo de volverse una interrogación constante sobre el proceso de la escritura es muy referencial y está anclada en su época. Y si no es referencial por imitación de la realidad o por referencias directas a ésta, sí lo es por las teorías, las estéticas y las lecturas que pone en relieve en sus textos.

Con O de Operación. Si hace algunos años Elsa Drucaroff señalaba la operación Lamborghini, representada por críticos y escritores como Alan Pauls y César Aira, durante fines de los 80 y principios de los 90, que había tenido como objetivo despolitizar la obra del susodicho, con esta nueva compilación se intenta reponer ese sentido político en un espectro amplio que va desde su posición frente a la relación literatura y política (véase “Escribir afuera: literatura y política en Walsh y Lamborghini (Para una lectura de Tadeys)” de Fermín Rodríguez) hasta el lugar de las masas en sus textos (v. “La ficción de las masas” de Graciela Montaldo). Estas perspectivas múltiples inscriben los textos de OL en una trama reconstruida que resulta necesaria para comprender qué resonancias y qué propuestas políticas produce Lamborghini con sus escritos que discuten con la realidad y la cuestionan poniendo de relieve, como dice Rodríguez, “lo insoportable, lo traumático, lo imposible de asumir…” (161).

Con R de Representación. Los artículos de Juan Pablo Dabove (“ ‘La muerte la tiene con otros’: sobre El niño proletario”) y de Gabriel Giorgi (“El crimen, el experimento, la literatura: Osvaldo Lamborghini y la literatura”) ponen la lupa sobre diversos aspectos de la representación en los textos literarios de Osvaldo Lamborghini. El primero renueva las lecturas de “El niño proletario” proponiendo un análisis de la voz montruosa del narrador y del despojamiento de interioridad de ¡Estropeado! para intentar dar cuenta de las “condiciones de posibilidad de la literatura de Lamborghini...” (218); y el segundo lee, desde una perspectiva agambeniana, el lugar de la naturaleza en los textos de OL y concluye que lo viviente se presenta “como potencia anómala, como fuerza monstruosa…” (252).

Con G de Gramática. Los dos artículos dedicados al análisis de la poesía de Lamborghini (“Osvaldo Lamborghini o la muerte del poema” de Tamara Kamenszain y “Ni siquiera la llanura llana” de Delfina Muschietti) coinciden en señalar el enfrentamiento de OL con la gramática y la normativa, un intento de “salir de la cárcel de la lengua”. Desde su resistencia a los recursos poéticos y a la rima (Kamenszain) hasta su trabajo incesante con el significante montado en la repetición, la negación el exceso (Muschietti), la poesía de Lamborghini, aunque sería extensible en ciertos aspectos también a su narrativa, establece una batalla en la que la gramática de la lengua castellana es una de sus principales enemigas.

Con H de Hostilidad. Según Oubiña, El fiord como manifiesto de la obra de Osvaldo Lamborghini implica el dialogismo, el intercambio y la confrontación con un discurso otro. Justamente, la confrontación con el realismo que caracterizó a los escritores agrupados en torno a la revista Literal es una de las características que se refleja en la hostilidad y la violencia que ponen en escena los textos de OL. Una violencia que se encarna en los cuerpos y que atraviesa la lengua y sus normas para desarmarla, para confrontarla. Casi todos los artículos del libro dan cuenta de esa cualidad, ese vicio de la escritura lamborghiniana y le otorgan diversos significados para intentar dilucidar el por qué y el para qué de esa hostilidad.

Con I de Ilegible. “Incomunicable”, “intraducible”, “intratable” leemos en la introducción a la antología de artículos. El nivel de la antología en su enfrentamiento con la obra de Lamborghini, en su intento de volver legible esa obra ilegible del héroe marginal de la literatura argentina, es parejo y puede resultar útil, si se logra atravesarlo ya que en varios tramos se pone árido y tan ilegible como OL mismo, para comprender en términos más cabales la producción lamborghiniana. Lo que sí lamento es la ausencia de Nicolás Rosa quien según los compiladores había prometido un artículo con el título “Atlético Boxing Club de Almagro”, crítico literario poco mencionado en el libro más allá de la dedicatoria de sus compiladores y de sus lúcidos y prematuros artículos sobre Osvaldo Lamborghini. Una pena.

Con N de Negación. En la suma de artículos de la compilación lanzada por Interzona queda claro que la obra de Osvaldo Lamborghini se caracteriza por su negación, por su potencia negativa frente a diferentes objetivos: las instituciones, la literatura, el género, la gramática, la política, la realidad, etc. Incluso la posibilidad de canonizar a Lamborghini parece una idea ridícula respecto de esta característica negativa de su escritura que haría casi imposible formatear sus textos para hacerlos ingresar en el panteón nacional. Por otra parte, ¿de qué canon estaríamos hablando? ¿De un canon recluido en los pasillos universitarios, en las librerías palermitanas y en los blogs literarios? ¿O bien, Osvaldo Lamborghini debería ser lectura obligatoria en las escuelas? ¿Debería ser repartido en las canchas y en las calles como los cuentos de Fontanarrosa? En fin, me parece lejana y muy discutible la idea de que Lamborghini pueda ser incluido en el canon argentino, no obstante, es evidente el intento por valorizar su obra y por ponerla en relieve que se está dando por estos años.

Con I de Idiota. Finalmente, después de terminar Y todo el resto es literatura, me sigue quedando, más allá de mi gusto por la obra de OL, el mismo interrogante que Graciela Montaldo señalaba respecto de la obra, oh casualidad, de Aira: “A menudo sus declaraciones, sus ficciones, sus desmesuradas puestas en escena, constituyen a Aira en un escritor poco claro. Poco claro como escritor, al punto de no saber si tomarlo en serio o no…”. Es decir, el típico interrogante: ¿Osvaldo Lamborghini es o se hace? ¿Es un genio o un idiota?

Notas
(1) Sí, claro, la discusión sobre si al conjunto de textos de Osvaldo Lamborghini se les puede llamar “obra” o no está abierta. Me inclino por la primera opción, es decir, desde las publicaciones de la obra de OL en Sudamericana (antes en Ediciones Del Serbal, pero lo de Sudamericana es más notable por la cantidad) que ha intentado publicar casi todo lo escrito por este autor, me parece innecesario discutir sobre si hay obra o no porque materialmente la hay. Después si esa obra tiene una coherencia interna, si muchos de los textos parecen borradores o works in progress, esa ya es otra discusión.
(2) Esta afirmación me genera algunos interrogantes: ¿Por qué sucede esto? ¿No será que Osvaldo Lamborghini es ilegible? ¿No escribía, acaso, para un circuito de circulación de la cultura restringido en el que el que no conocía los códigos precisos no podía acceder? ¿No sucede lo mismo aún hoy? ¿Puede volverse clásico u ocupar un lugar en el canon un autor tan difícil de leer? ¿De qué canon?
*Autor
Matías H. Raia es estudiante de Letras en la UBA y participa del resucitado blog Golosina Caníbal [www.golosinacanibal.blogspot.com].