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Hacé que la noche venga

Hacé que la noche venga, de Leonardo Oyola
(Mondadori, 2008)

Nicolás Pose*

Desde la publicación de Siete y el Tigre Harapiento (2004), este joven escritor no ha parado de escribir. Recientemente a Oyola le ha sido entregado el premio Dashiell Hammet en el 2007 por su novela Chamamé. También ha publicado Gólgota en España. Para Oyola, los últimos dos años han sido caóticos y al mismo tiempo muy productivos dentro de la escritura; y este final de año no es la excepción, porque Hacé que la noche venga se acaba de publicar por el sello Mondadori.

Hacé que la noche venga, desde los epígrafes y los capítulos que la componen, nombra a famosas series y películas del western más característico, así como Bonanza, El gran Chaparral, Valle de Pasiones, La Rosa Amarrilla, etc. Pero la novela no es un western, ni un policial, ni un relato fantástico, y tampoco es una novela de terror. Lo interesante es que más allá de que la novela no adscriba en totalidad a ninguno de estos géneros, se mueve dentro de todos ellos con comodidad. Por eso es una novela original que mantiene un ritmo constante hasta el final. Un final con persecuciones y tiroteos de película.

Desde el comienzo el relato se proyecta como un policial, exceptuando la voz que narra, nada menos que un “atorrante” o linyera. La acción transcurre en Buenos Aires, en el invierno de 1939, durante la construcción de la línea de subte D, a cargo de la empresa CHADOPYF. El atorrante desde el principio nos cuenta cómo presenció un extraño crimen dentro del túnel donde acostumbraba dormir. Luego habrá más crímenes. Pero lo extraño es la forma en que los crímenes son cometidos. Porque hay en los crímenes una violencia sobrenatural, de ahí que la novela aproveche la creación de ciertos clímax de terror en algunos momentos, ya que no existen explicaciones racionales cuando el protagonista alcanza a ver una parte de lo que ocurre en la oscuridad del túnel. Se habla de un demonio, a veces hasta del mismo Satanás. Esos son los momentos donde la novela ofrece un cruce entre lo fantástico y el terror, manteniendo el misterio de los crímenes, recordándonos quizás a El sabueso de los Baskerville, el famoso policial gótico de Conan Doyle. También, aparece el homenaje a Edgar Poe, sobre el final de la novela.

Si el relato a veces puede ser leído como un policial o una novela de terror fantástico, también tenemos que resaltar que puede ser leído como una novela sobre los hábitos de los atorrantes de aquella época. Porque no sólo aparece el atorrante narrador, también aparecen otros, y circulan historias que el narrador cuenta sobre estos linyeras.

Hay que destacar la ambientación histórica que logra Oyola no sólo por ciertas referencias del período, como la construcción de la línea D, o las referencias al Odeón y el jazz, Antuco Telesca o Peter Fox lo sabía; sino también por el lunfardo que utiliza el narrador, que en todo momento nos mete de lleno en esa época con sólo escuchar sus palabras. Escuchar, porque, a veces, ése es el efecto que produce la lectura por el registro en que está narrada la historia, más cercano a la oralidad que a una prosa para ser leída, donde pudiera ser que el linyera la estuviera contando a otros crotos del zoológico.

La novela de Oyola merece ser leída, porque más allá de la mezcla de géneros, no se nota una indefinición y la novela avanza con ritmo seguro. Si bien aminora su marcha en la mitad, es sólo para que el final explote como debe ser en una buena historia policial con tiros a lo western.

*Autor
Nicolás Pose nació el 27 de Diciembre de 1980 en Capital Federal. Es narrador y músico, actualmente cursa la licenciatura en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve “Homenaje a Pablo Neruda”, organizado por la editorial “De los Cuatro Vientos”.