La novela de Matías Capelli desdibuja los límites. En primer lugar, lo límites geográficos: Lekman (el protagonista) es un pintor nórdico que vive en Buenos Aires; Fernanda (su novia) está en Inglaterra becada para escribir acerca de un pintor Turco, pero que vive en Londres; la ciudad de Buenos Aires parece invadida por extranjeros; incluso desde la portada se sugiere la eliminación de las fronteras, en un mapa en donde se mezclan y se unen a través de un mismo camino) Leeds, Londres, Alaska, el supermerado chino de Buenos Aires y el restauran de comidas rusas: “(…) él tenía mucho más para ganar que el resto, ni hablar del inglés, o sea, el turco, que ya era bastante reconocido.” El límite entre la realidad y la fantasía, entre el sueño y la vigilia también aparece desdibujado. El relato te introduce en una noche de insomnio, en la cual Lekman sale a caminar y se pierde en el sueño; Mientras atraviesa un salar en un ómnibus, en un país desconocido, el sueño se mezcla con la realidad y los recuerdos, las relaciones, la introspección y la oscuridad de ciertos pensamientos vienen a la memoria para generar una incertidumbre inquietante, un efecto desestabilizador que deja al lector en medio de lo desconocido a través de una prosa que llega a tener momentos sublimes. Con un lenguaje urbano y culto a la vez, Matías capelli lleva al lector a vivir en ese límite borroso y desconocido, casi sin conciencia en el que cualquier cosa puede suceder y los recuerdos se cruzan con referencias a lecturas de infancia, literatura contemporánea y clásicas (que contribuyen a borrar los límites), dejándonos, al final, con el sabor a soledad con el cual vive el protagonista. |