Turistas el nuevo libro de Hebe Uhart presenta una unidad temática en la que pueden verse dos ejes: el turismo y la literatura. Lejos de divergir, estos se juntan, se argumentan. Los turistas no pueden desprenderse de su tedio, y lo llevan a todas partes, se han vuelto niños en ese aburrimiento atroz. Todo se vuelve turístico “Mirá, pasó un trolo napolitano”. Todo se vuelve distinto, nada se cuestiona porque estar de paseo es así, no hay que hacer nada, hay que ver. Y hay que ver eso que está ahí puesto para ser visto, hay que dedicarse a lo obvio, el resto no importa. Lo que vale es ir a lo referencial, ir a lo que todo el mundo sabe que existe, pero pocos conocen. Así, ir a Miami a Italia o Mendoza se vuelven lo mismo. Solo importan los shoppings, la calle Toledo, la Cordillera.
Algo parecido les pasa a los escritores de Turistas, quieren salir de la rutina, pero no pueden hacerlo sin embarcarse en otra. Pero es una distinta, mientras los artistas crean el espacio, una revista, un centro cultural, los turistas visitan estos lugares. Los que ellos arman se van volviendo nuevas rutinas, con complicaciones distintas de las que esperaban. Y el tedio termina avanzando también sobre ellos.
Es aquí donde la narrativa de Hebe Uhart pone el ojo, sobre el espectáculo del turista aburrido, agobiado por esos objetos que lo convierten en paciente. En mero receptor de algo que se asemeja mucho a una ficción. El mundo del turista (y el del artista también) no es el mismo que el del resto de la gente, hay por ejemplo una “policía del turista” que se desplaza en un autito que parece de juguete. Todo es más simple, solo hay que ver, mirar cada cosa pero concentrarse en lo evidente.
La literatura de Turistas es la narración de ese mundo. De un mundo hecho para el recuerdo, para la foto, pero también para la narración. Mientras el viajero se concentra la intensidad en ese viaje, y deja que se los acontecimientos se desencadenen libremente, el turista los encauza. Necesita de lo obvio como argumento de su futura narración, y es que en función de ella viaja.
“Y además yo había visto las fotos de Nápoles y Capri en el suplemento de los domingos y le dije a Aldo: “Nosotros vamos a ir ahí” Esto dice la narradora del primer cuento del libro “Turistas y viajeros”, ella cuenta el viaje que hizo con su esposo y su hijo a Italia. La foto del diario del fin de semana dispara el viaje. Y éste no va a ser otra cosa que una respuesta a esas fotos. Va a ser la búsqueda de la experiencia en la que va a ir a asentarse la narración.
La narradora de otro de los cuentos de Uhart “La excursión larga” plantea este problema recordando a Nietzsche “no depender del afuera, producir desde adentro”. Pero en definitiva se va en el tour. “¿Quién soy yo para decir: “No voy en excursión, voy libremente”? Voy a probar lo que hace todo el mundo. ¿o me creo que yo descubrí la pólvora?” se contesta. Y los llevan como a niños de excursión escolar, señalando qué mirar por la ventanilla, corroborando que hayan llevados los útiles, y no falta ni siquiera el aplauso para el chofer.
Los cuentos de Hebe Uhart no descubren mundos nuevos. No se trata de aventuras por lugares exóticos, ni de descripciones de sitios extraordinarios. Turistas es la narración de esa otra rutina, no menos tediosa que la habitual, de los personajes a los que Uhart nos tiene acostumbrados. Las voces, los recorridos de la gente que recupera las pequeñas historias que hay detrás del álbum de fotos de las últimas vacaciones.
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