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Historia y Poesía en Las Cuatro Estaciones, de Arturo Carrera.
(Mansalva, 2008)
Gabriel Cortiñas*

El poeta llega a Krabbe —la última estación, el invierno— y ahí pregunta por la humanidad, por aquello que fue dejando su contextura en los ecos de un significado, pregunta por aquello que quizá dejó pasar su cuerpo: “El nogal dio una nuez que pesa toneladas/ El árbol es una hierba delicada ahora/ una especie de helecho aspáragus al lado/ de su gigantesco fruto de oro.” ¿Qué es el fruto gigante de un árbol atrofiado sino un producto que anula a su productor? La última estación obliga a releer el libro entero, obliga a replantear la dirección de un mensaje, un mensaje que nace en la primavera: “¿llama un gallo? ¿Se dirige a cada uno/ o a su comunidad de centinelas?”. Las cuatro estaciones, el último libro de Arturo Carrera, es una astilla clavada, debajo de la uña de la memoria, que explota el paisaje en los ojos del viajero, del lector, y afirma la filiación de la poesía a la historia.

Según Cecilia Pacella “el arco iris es también una ilusión, un truco con luz que inventan los dioses para maravillarnos: la luz que se refracta en pequeñas gotas de agua formando todos los colores, así la memoria se refractará en las palabras formando la poesía (1). Esta vez será la distracción la que refracte el brillo de algo que pasó, en otra estación:

“Estábamos en esas resonancias
que expresa cada paraje en cada uno;

estábamos en el silencio que astilla
el grito del pájaro.

Pero ¿cómo? ¿Cómo
se llama? ¿Qué cantó cuando sin querer
nos distrajimos?”

El recuerdo se interrumpe por el movimiento de una formación que anuncia su partida, aunque la estación exista más allá del andén. El movimiento y la detención del convoy entran en juego con la expansión y posterior suspensión de los ramales, sustentando así la sintaxis de un libro que dice algo con su sola presencia, el tema del ferrocarril y el olvido. El viaje aparece como un “pequeño relampagueo continuo” que permite un movimiento hacia el más allá de las vías y hacia el más acá de la memoria. El viaje del tren entonces, como algo que se forja al calor de una frágil combinación: progreso y memoria. ¿Pero qué memoria? ¿Cuántas memorias posibles hay? Los chispazos del vagón cuando frena serán los chispazos de la memoria que empieza a tallar el poema sobre una silueta difusa, y por mucho tiempo olvidada, en el medio de la pampa: el Estado Nacional.

“Y en el poema más burdo y en el más sutil entrara
como al descuido una lista de pequeñas ofrendas
y detalles felices,

las croquetas deliciosas, su pasión peronista,
¿cosas que no tienen que ver? ¿Ajos y zafiros otra vez
en el barro?”

El libro está dividido en cuatro secciones —Lartigau, Quiñihual, Pringles, Krabbe— que Carrera entiende como eslabones de una misma topografía, pero con una resonancia histórica que cruza constantemente la línea que separa lo público de lo privado. La incertidumbre que da comienzo al libro —aquel canto del gallo, como el eco de un dibujo perdido— se va develando al llegar a la última estación. La esperanza que resiste aún en el otoño, como un niño cargado de futuro, se vuelve certidumbre en el invierno cuando llega a conocer la materia con la que se está trabajando: “el leño húmedo que traen los que nacen” es un ímpetu “que no puede durar mucho.” Esta definición del poema que hereda de sus precursores emparienta dos temas que reaparecen constantemente en el libro. El mismo Carrera, en un ensayo sobre Paul Groussac afirma que “La captación de un instante pleno vale tanto para la poesía como para la historia.” Ese instante —en Las cuatro estaciones— ocurre de golpe, como un rayo que cruza la pampa cuando el viajero se distrae, cierra los ojos por un segundo, y sin haber visto nada, sabe, porque tiene la sensación en el cuerpo, que algo muy breve, algo muy fino como el pelo de un recién nacido, cambió para siempre la historia, cambió para siempre el poema.

Notas
(1) Cecilia Pacella en Muerte e Infancia en la poesía de Arturo Carrera, Recovecos, 2008.
*Autor
Gabriel Cortiñas nació en 1983 en la Ciudad de Buenos Aires, en el 2007 publicó Brazadas (editorial Huesos de jibia). Su blog es www.brazadas.blogspot.com