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Algunas reflexiones y propuestas para la cuestión Malvinas
Gabriel Sagastume*

I.-

Nos hemos propuesto traer a la cuestión de las Islas Malvinas algunas ideas originales o por lo menos a proponer temas de discusión que puedan haber pasado desapercibidos u olvidados en el debate que como pueblo debemos mantener vivo en torno a este problema.
Me propongo traer un mensaje que abarque mis dos condiciones: como ex soldado que combatió en la guerra de Malvinas y como abogado, profesión que me obliga a tratar de encontrar soluciones pacíficas a los conflictos humanos.

II.-

Nadie duda, ni creo que pueda ser materia de debate en éste ámbito, de la justicia del reclamo argentino sobre la soberanía del archipiélago y de sus islas dependientes.
Sí me resulta interesante e ilustrativo de la coherencia y firmeza del reclamo, traer a colación dos documentos históricos que muchas veces caen en el olvido cuando se recrea la sucesión de datos históricos que reivindican nuestra soberanía: el decreto que creó la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas y la Proclama de Luis Vernet, al tomar posesión del cargo de Comandante.

PROCLAMA DE LUIS VERNET El 30 de agosto de 1829 el Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas, a quien por su labor colonizadora se lo reconociera como el primer “gobernador” de las islas, al tomar posesión de su cargo leyó una proclama y dijo que lo hacía “para ejercer de nuevo un acto formal de dominio que tiene la república de Buenos Aires sobre estas islas Malvinas, las de Tierra del Fuego, y sus adyacentes y demás territorios desde donde acaba la comandancia de Patagones hasta el cabo de Hornos; y al efecto ha enarbolado en este día el pabellón de la República saludándolo en la mejor forma que permite el naciente estado de esta población”.
Finalizó diciendo que “El Comandante espera que cada uno de los habitantes dará en todo tiempo de subordinación a las leyes, viviendo como hermanos en unión y armonía a fin de que con el incremento de la población que se espera y que el Superior Gobierno ha prometido fomentar y proteger, nazca en su territorio austral una población que haga honor a la República cuyo dominio reconocemos, ¡Viva la Patria!”.

El decreto del 10 de junio de 1829 del Gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez que nombraba a Vernet Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas, decía en su exposición de motivos:
“Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la España tenía una posesión material en las Islas Malvinas y de todas las demás que rodean el Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella ocupación por el derecho del primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa y por la adyacencia de estas islas al Continente que formaba el Virreynato de Buenos Aires, de cuyo gobierno dependían. Por esta razón habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre éstas Provincias la antigua metrópoli y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas a pesar de que las circunstancias no han permitido ahora dar a aquella parte del territorio de la República la atención y cuidados que su importancia exige…”
En estos párrafos y en particular en las partes que se han destacado, están sintetizados los fundamentos del reclamo argentino sobre el territorio de las islas en disputa con el Reino Unido.
Es decir, que desde los primeros gobiernos patrios, siempre existieron los argumentos que fundaban la justicia de nuestro reclamo y así se expresaban claramente cuando debían hacerlo.

III.-

Pero la realidad nos indica, que salvo el interregno de los meses de la guerra de 1982, desde 1833 hasta la fecha, las islas están bajo dominio británico.
Y la realidad también nos muestra, como bien lo remarca Federico Lorenz (1) que después de 1982, decir la palabra “Malvinas” remite directamente a la guerra. Ese es hoy el primer significado de la palabra.
Y esto es insoslayable. No podemos olvidar que hubo una guerra y esto nos condiciona. No la podemos olvidar los que estuvimos allí, nuestras familias, y las familias de quienes no volvieron. Y a su vez esta experiencia debe capitalizarse para no cometer los mismos errores en el futuro.

IV.

Propuestas.

1.- La relación con los isleños. Los viajes actuales.

En la década del 70 hubo un acercamiento notable entre la comunidad de la Argentina continental y la comunidad isleña. Recordemos que en esos años y en virtud del tratado con Gran Bretaña de 1971 se mejoraron las comunicaciones con las islas y se establecieron allí las empresas estatales de servicios. Se construyó la pista de aterrizaje del aeropuerto, entre otras importantes mejoras que recibieron “nuestros compatriotas” de las islas.
Esas vinculaciones fueron acompañadas de avances en las negociaciones por la soberanía que nos colocaron a un paso de obtenerla. Se manejaba como posible solución un sistema de arrendamiento por un plazo de varias décadas, pero con el traspaso inmediato de la soberanía, parecido al que permitiera la entrega de Hong Kong a China. Todo eso se derrumbó con la guerra. Los británicos ya no se volvieron a sentar en ninguna mesa de negociación.
Por otro lado, se vieron obligados a incorporar a los isleños a su país con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano del Reino Unido y la situación económica de los kelpers mejoró mucho gracias a las ganancias obtenidas por el otorgamiento de las licencias de pesca en la zona.
La pequeña y paulatina influencia que habían generado los argentinos que se habían instalado o viajado a las islas a raíz de las actividades de empresas como YPF por ejemplo, desapareció súbitamente en 1982. Pero algo nuevo está ocurriendo en estos años.
Poco a poco y cada vez con mayor frecuencia, viajan ex combatientes de la guerra de nuevo a Malvinas.
A los viajes de los familiares de los caídos, que se iniciaran en 1996 y se repitieran casi año tras año, se han agregado ahora los viajes de los ex soldados.
Comenzaron tibiamente, llevados por periodistas, cineastas o documentalistas, sobre todo luego de cumplirse los veinte años de ocurrido el conflicto bélico. Y la influencia que los medios audiovisuales y la prensa provocó en los ex soldados fue determinante para incentivarlos a volver a aquellos lugares donde habían combatido.
Estos viajes, creo que están haciendo un trabajo de hormiga más importante que la tarea de los funcionarios del área de las relaciones exteriores. La vinculación de persona a persona y el trato diario, ameno y respetuoso, es un camino, quizás muy largo, pero seguramente efectivo para lograr por lo menos generar un grado de confianza indispensable para cualquier tipo de negociación o relación.
Es verdad, tal como ya lo destaqué, que los isleños han mejorado mucho después de la guerra. Se construyó un enorme hospital donde antes había uno pequeño. Existe ahora un gran colegio secundario, con biblioteca, pileta de agua caliente, canchas de tenis y de fútbol y posibilidad de becas de estudio en universidades británicas, cuando antes debían viajar a Buenos Aires o a Córdoba los que querían estudiar después de terminar la escuela primaria.
Las casas ya no son de madera, sino de material o de PVC, y todas tienen calefacción, algo que no existía veinticinco años atrás.
Pero todavía podemos llenar necesidades básicas. Se quejan porque sólo pueden ver un canal de televisión. Estoy seguro que les encantaría ver los partidos de fútbol de una de las mejores ligas del mundo, la nuestra, por dar sólo un ejemplo.
Creo que la ropa a la que estamos acostumbrados en el continente, sería de agrado de los isleños que deben muchas veces viajar a Chile para poder comprar las novedades de la moda. Y todavía no he mencionado las carnes, los vinos y demás productos alimenticios que nos hacen famosos en el mundo. No están nuestros productos en las góndolas de “el” supermercado de la capital de las islas y deberían estar.
Empecemos por vincularnos cultural y económicamente, y poco a poco las diferencias se irán diluyendo.

2. Museos de guerra:

Sussanne Brandt, historiadora alemana de la Universidad de Heinrich-Heine de Dusseldorf escribió en Internet (ver www.portal.unesco.org) un artículo donde describe sus visitas a varios museos en Bélgica y en el norte de Francia, en particular al de Peronne, una región donde combatieron australianos, estadounidenses, africanos y por supuesto franceses e ingleses contra alemanes durante la primera guerra mundial.
Lo que se destaca en este museo es que han elegido hacer un recorrido donde el visitante va viendo entre otras cosas, los distintos uniformes que vestían los soldados pero éstos no han sido puestos en un maniquí, tal como se acostumbra, sino que están acostados en el piso, como en una tumba., junto a sus efectos personales, fotografías, cartas, pasaportes.
También destaca la historiadora que se ha procurado conservar y mostrar al visitante los cráteres dejados por los bombas (que todavía perduran) y los restos de trincheras y refugios. Allí también se ven amapolas (poppies) que luego tomaran los ingleses como símbolo de homenaje a todos los caídos en las guerras.
Brandt destaca en su informe que hacer que el visitante vea el tamaño de los cráteres dejados por las bombas es la manera más eficaz para que pueda sentir el poder destructivo de la guerra y la impresión que debió haber causado esa bomba cayendo entre los combatientes.
Hasta el día de hoy los recuerdos de la guerra perduran en los habitantes. Así relata que en Ypres (Bélgica) en un lugar llamado la Puerta de Menin hay una torre que se encuentra levantada en la calle desde donde partían los soldados ingleses hacia el frente. Está cubierta de casi 55.000 nombres de los caídos. No se ha podido recuperar el cuerpo de ninguno de ellos. Han quedado en el campo de batalla. Hoy día, todos los días al anochecer se celebra el ritual del “alto el fuego”. La calle se cierra y varios bomberos tocan en la trompeta la melodía “Last Post” con la que tradicionalmente se rinde homenaje a los soldados caídos. Muchas personas participan todos los días del homenaje, todas portando una poppy en su solapa.
Nos es casual que se hayan conservado las huellas de la 1º Guerra Mundial. En 1921 Francia dictó una ley que declaraba monumentos históricos a los “vestiges et souvenirs de la guerre”, por lo cual debían protegerse y conservarse todos los emplazamientos de batallas, trincheras, túneles, cráteres de bombas o minas etcétera, que dejaran los combates.
La ley decía que las heridas de la guerra debían permanecer para siempre visibles en el rostro de Francia en aras de la educación de los descendientes de las víctimas y de otras naciones.
Los que hemos podido volver a las Islas Malvinas hemos visto los vestigios que han quedado en los lugares donde combatimos. Los agujeros enormes en la tierra que dejaron las bombas, donde ya no crecerá nunca más el pasto. Hemos visto las cruces hechas por los ingleses indicando los lugares donde cayeron, y también las que han levantado en homenaje a todos los caídos en las batallas.
Hemos visto, de nuestro lado, las trincheras y posiciones que dejamos, con nuestros paños de carpa, caramañolas, zapatillas “flecha” y cajas de municiones.
¿Será posible algún día hacer un museo, como que los que describe la historiadora alemana en los campos de batalla de Malvinas?
¿Si colaboramos en la construcción, seremos tildados de traidores a la patria? ¿Servirá para que por lo menos allí, no vuelva a haber una guerra?

3. Las tumbas NN en las Islas Malvinas.

“Soldado sólo conocido por Dios” dice en más de cien de las lápidas que cubren las tumbas del Cementerio de Darwin. ¿Por qué seguimos sin saber quiénes son los que allí descansan?
Hoy todo el mundo sabe que con un análisis de ADN de los restos que allí existan se podrá comparar con los familiares de los caídos en la guerra y recuperar la identidad de nuestros verdaderos héroes.
Esta es otra tarea pendiente. Es una cuestión humanitaria que pasa por sobre cualquier otra cuestión que pueda haber en disputa. Debemos ponernos en campaña para que se haga. Sólo hace falta la voluntad política de impulsarla, y por fin podrán descansar en paz en nuestra tierra, aunque todavía esté ocupada por otros.

Notas
(1) “Las guerras por Malvinas” de Federico Lorenz. Editorial Edhasa. 2006
*Autor
Gabriel Sagastume es abogado, ex combatiente y miembro de la Secretaría de Cultura del CECIM La Plata (Centro de Ex Combatientes en Islas Malvinas)